viernes, 13 de septiembre de 2013

Matrimonios y algo más ...


Habiéndome adentrado en la lectura del libro “Volver al amor” cuya autoría corresponde a Marianne Williamson (auténtica celebridad en Estados Unidos, donde expone sus ideas sobre espiritualidad y enseña los principios básicos de Un curso de milagros. Es fundadora de organizaciones sin ánimo de lucro que proporcionan servicios no médicos a personas con enfermedades graves) y del cual ya les he acercado algunas reflexiones en un compartir anterior, nuevamente me siento motivada para citarles otro texto que -a mi entender- contiene una sabiduría y una riqueza de Vida absolutamente imperdible. En un tema tan fundamental como lo es el de las “relaciones matrimoniales”, el aporte que Marianne nos acerca en las páginas 177 a 186 -desde mi punto de vista- resulta de capital importancia a los efectos de realizar un profundo análisis de nuestros sentimientos, conceptos y/o vivencias habidas con respecto al “matrimonio”.

Comienza el texto con el título de “El matrimonio” y, seguidamente, nos dice que:

“<Juntos asumisteis la empresa de invitar al Espíritu Santo a formar parte de nuestra relación.>

Al matrimonio, como a todo lo demás, tanto lo puede usar el ego como el Espíritu Santo. Su contenido no está nunca predeterminado. Es un organismo viviente que continuamente refleja las opciones de los individuos que lo forman.

Muy poco hay en este mundo que siga siendo sagrado, pero hay algo que debe ser tratado con reverencia para que la trama moral del mundo no se desintegre: un acuerdo entre dos personas. Un matrimonio iluminado es un compromiso para participar en el proceso de recíproco crecimiento y mutuo respeto, compartiendo el objetivo común de servir a Dios.

Un hombre me contó una vez que su relación con su ex mujer funcionó estupendamente durante el primer año que vivieron juntos. En aquella época ambos participaban activamente en una organización dedicada al crecimiento personal, pero cuando la abandonaron, el matrimonio se fue a pique. De todos modos, esto no significa que el matrimonio no tuviera nada a su favor, sino que más bien revela la importancia de un contexto mayor que las preocupaciones personales de uno de los miembros de la pareja e incluso de los dos.

¿Por qué el matrimonio es un compromiso más profundo que otras formas de relación, como la de una pareja que simplemente convive? Porque es un acuerdo en el sentido de que, por más que pueda haber una buena cantidad de sacudidas y gritos, nadie se irá dando un portazo. Ambos tenemos la seguridad de que podemos expresar cualquier emoción que brote de nuestras profundidades -y si somos honestos-, de que hacerlo en este ámbito es seguro. Nadie se irá.

El compromiso del matrimonio se declara públicamente. Cuando hay invitados a la boda y la ceremonia es religiosa, se cumple con un ritual en el que las plegarias colectivas forman un círculo de luz y de protección en torno de la relación.

Un matrimonio es un regalo de Dios para un hombre y una mujer, un regalo que después Le ha devuelto. La esposa de un hombre es literalmente un regalo que le hace Dios. El esposo de una mujer es el regalo que le hace Dios. Pero los regalos de Dios siempre son para todos. Por lo tanto, se supone que un matrimonio ha de ser una bendición para el mundo, porque es un contexto en el que dos personas pueden llegar a ser más de lo que habrían sido solas. Para el mundo entero es una bendición la presencia de gente sanada. Uno de los ejercicios del Libro de ejercicios reza así: <Cuando me curo, no soy el único que se cura>.

El apoyo y el perdón de nuestra pareja nos permiten situarnos más magníficamente en el mundo. Un curso de milagros nos dice que el amor no ha de ser exclusivo, sino inclusivo. Hace varios años se popularizó una canción cuyo estribillo decía: <Tú y yo contra el mundo>. Si alguna vez un hombre me dijera eso, yo le diría que me cambio de lado. No nos casamos para escapar del mundo, sino para sanarlo y unirlo.

Bajo la guía del Espíritu Santo, un matrimonio se compromete a crear un contexto en el que los recursos individuales de cada uno, tanto materiales como emocionales y espirituales, estén puestos al servicio del otro. Lo que demos recibiremos. Servicio no significa sacrificio de uno mismo, sino dar a las necesidades de otra persona la misma importancia que a las nuestras. El ego insiste en que una persona gane a expensas de la otra. El Espíritu Santo entra en cualquier situación llevando el triunfo a cada uno de los que participan en ella. En el matrimonio tenemos una maravillosa oportunidad de ver a través del espejismo de las necesidades separadas. La pareja no ha de pensar solamente en lo que es bueno para él o ella, sino en lo que es bueno para los dos. Esta es una de las muchas maneras en que el matrimonio puede colaborar en la sanación del Hijo de Dios.

Como sucede con todo, la clave del éxito de un matrimonio es la percepción consciente de Dios. El matrimonio Le es ofrecido para que lo use para Sus propios fines.

Es verdad el refrán que dice que la familia que reza unida se mantiene unida. El matrimonio iluminado incluye la presencia de un tercero místico. Se pide al Espíritu Santo que guíe las percepciones, los pensamientos, los sentimientos y las acciones para que en esto, como en todas las cosas, se haga la voluntad de Dios así en la tierra como en el Cielo. ...”


Espero que hayan ustedes disfrutado de esta lectura tanto como yo lo he hecho. Poco y nada quedaría por agregar; aunque sería oportuno -tal vez- recordar unas célebres palabras que dicen: “no separe el hombre lo que Dios ha unido”. TODOS SOMOS UNO. TODO ES UNO.


Bendiciones.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La Ley del Exito ...


En esta oportunidad, les acerco un texto que me parece de suma importancia para toda persona deseosa de “... lograr prosperidad, salud y felicidad mediante el poder del Espíritu”, según puede leerse en la portada del libro titulado “La Ley del Éxito” y cuya autoría corresponde a Paramahansa Yogananda (1983-1952; mundialmente conocido como una de las personalidades más ilustres de nuestro tiempo, habiendo dado a conocer a millones de lectores la perenne sabiduría de Oriente a través de la célebre historia de su vida).

Coincido con lo expresado en la solapa delantera del mismo cuando dice que “Mientras más rápidamente se mueve el mundo, más importante se torna la necesidad de disminuir nuestro propio ritmo y mirar hacia el interior de nosotros mismos, a fin de descubrir qué es lo que nos hace verdaderamente feliz. Este libro de extraordinaria visión constituye una guía, profundamente motivadora y de extraordinario sentido práctico, para el desarrollo de los atributos innatos que nos permitirán alcanzar las más altas metas y el éxito perdurable. Obra plena de sabiduría práctica y perceptible, La ley del éxito examina los orígenes espirituales de la creatividad, el pensamiento positivo y la voluntad dinámica, así como también el poder que tienen el autoanálisis y la meditación para conducirnos al éxito. La ley del éxito nos muestra cómo cada uno de nosotros puede atraer en forma natural la armonía y la felicidad -lo cual es la medida de la eficacia real con que vivimos cada fase de nuestra existencia-, desarrollando los potenciales ilimitados que provienen de las fuerzas más recónditas de nuestro ser.”

En mi búsqueda permanente de lograr una unión plena con Dios, siento que esta clase de lecturas me ayudan a transitar el extenso camino de regreso a nuestro verdadero hogar: nuestro Yo Superior. Ese Yo que se hace uno con Dios y que se simboliza con la palabra “AMOR”.

A mi criterio, resulta por demás interesante reflexionar sobre un tema que para todos los seres humanos, es origen de vaivenes emocionales de diversa índole. En las páginas 40 a 49, encontramos una referencia más que válida -en mi opinión- a los efectos de dirigir nuestro accionar hacia metas viables de ser alcanzadas:

“... La vía de la meditación ...

... A través del poder de la concentración y de la meditación, es posible encauzar el inagotable potencial de tu mente en tal forma que te conduzca hacia la materialización de tus deseos, protegiendo a la vez todas las puertas contra la entrada del fracaso. Todos los hombres y mujeres de éxito dedican un tiempo considerable a la concentración profunda. Ellos son capaces de sumergirse hondamente en el océano de sus propias mentes, descubriendo allí las perlas de las soluciones correctas para los problemas que les preocupan. Si aprendes cómo retirar tu atención de todos los objetos de distracción, concentrándola por entero en un solo objeto, aprenderás también cómo atraer a voluntad todo cuanto necesites.

Antes de comprometerte en cualquier asunto de trascendencia, siéntate serenamente, aquieta tus sentidos y tus pensamientos, y medita profundamente; serás guiado entonces por el gran poder creador del Espíritu. A continuación, deberás emplear todos los medios materiales necesarios para conquistar tu meta.

No necesitas en tu vida sino solamente aquellos objetos que te servirán de ayuda en la realización de tu propósito fundamental. Todo aquello que tal vez deseas, mas no necesitas, puede desviarte de tal propósito. Sólo se alcanza el éxito cuando se subordina todo lo demás en función de su objetivo primordial.

El éxito se mide por la felicidad

Piensa detenidamente si acaso la conquista de la meta que has elegido te significará o no el éxito. ¿Qué es lo que constituye el éxito? Si dispones, por ejemplo, de salud y de riquezas, mas tienes conflictos con todo el mundo -incluso contigo mismo- entonces tu vida no es ciertamente exitosa. Vana se vuelve tu existencia cuando no puedes encontrar en ella la felicidad. Cuando pierdes tu fortuna, has perdido poco; cuando pierdes la salud, has perdido algo de mayor trascendencia; mas cuando pierdes tu paz mental, entonces has perdido, en verdad, el mayor tesoro.

El éxito, por lo tanto, debería medirse por el criterio de la felicidad, es decir, por tu capacidad para permanecer en serena armonía con las leyes del cosmos. No es posible medir correctamente el éxito aplicando los barómetros mundanos de la riqueza, el prestigio y el poder, ya que ninguno de ellos garantiza la felicidad, salvo que sean empleados en forma correcta. Y para poder hacer un uso correcto de tales dones, debemos poseer sabiduría, y amar a Dios y a los hombres.

Dios no te premia ni te castiga. El te ha dotado del poder de autopremiarte o de autocastigarte, por medio del uso o abuso que hagas de tu propia razón y de tu fuerza de voluntad. Cuando se transgreden las leyes de la salud, la prosperidad y la sabiduría, inevitablemente se debe sufrir la enfermedad, la pobreza y la ignorancia. Así pues, deberías fortalecer tu mente, y rehusar continuar soportando la carga de tus propias debilidades psicológicas o morales, adquiridas en el pasado: quémalas en el fuego de tus divinas resoluciones presentes y de tus buenas obras actuales; a través de esta constructiva actitud, alcanzarás la libertad.

La felicidad depende en cierto grado de las condiciones externas, pero, fundamentalmente, de nuestras actitudes mentales. Para ser felices deberíamos poseer buena salud, una mente equilibrada, una vida próspera, un trabajo adecuado, un corazón agradecido y, sobre todo, sabiduría o conocimiento de Dios.

Si adoptas la firme resolución de ser feliz, ello te ayudará. No esperes que las circunstancias se modifiquen, pensando erróneamente que es en ellas en donde yace el problema. No hagas de la infelicidad un hábito crónico, afligiendo así a quienes te rodean y a ti mismo. El hecho de que seas feliz constituye una verdadera bendición, tanto para ti mismo como para los demás. Si posees la felicidad, lo posees todo; ser feliz es estar en armonía con Dios. Tal capacidad de ser feliz viene a través de la meditación.

Permite que el poder de Dios guíe tus esfuerzos

Pon en acción el poder que ya tienes, empleándolo en propósitos constructivos, y desarrollarás así mayor poder. Avanza en tu sendero con una actitud de inquebrantable determinación, empleando todos los atributos del éxito en tu empresa. Sintonízate con el poder creador del Espíritu. Estarás entonces en contacto con la Inteligencia Infinita, capaz de guiarte y de resolver todos los problemas. Así, desde la dinámica Fuente de tu ser, manará un ininterrumpido flujo de poder que te capacitará para desempeñarte en forma creativa en cualquier esfera de actividad.

Antes de decidir cualquier asunto de trascendencia, siéntate en silencio, pidiéndole al Padre su bendición. Si obras así, en el fondo de tu poder, actuará el poder de Dios; en el fondo de tu mente, estará su mente; y en el fondo de tu voluntad, su voluntad. No puedes fracasar si Dios trabaja contigo; y cuando así sucede, todas tus facultades aumentan su poder. Cada vez que realizas tu trabajo con la idea de servir a Dios, recibes sus bendiciones.

Aun cuando tu trabajo en esta vida sea humilde, no te sientas obligado a justificarte por ello; siéntete más bien orgulloso de estar cumpliendo con la tarea que el Padre te ha dado. El te necesita en tu lugar particular; no todos pueden desempeñar el mismo papel. Mientras trabajes con el objeto de complacer a Dios, todas las fuerzas cósmicas colaborarán armoniosamente contigo.

Cuando convenzas a Dios de que le deseas a El por encima de todo, estarás en armonía con su voluntad. Cuando continúas buscándole, a pesar de todos los obstáculos que surgen a tu paso para alejarte de El, estás empleando la voluntad humana en su forma más altamente constructiva. Y es en esa forma como pondrás en acción la ley del éxito, conocida por los sabios de la antigüedad, y comprendida por todo ser humano que haya alcanzado el verdadero éxito. El poder Divino está en tus manos, si realizas un decidido esfuerzo por hacer uso de él para alcanzar la salud, la felicidad y la paz. En la medida en que abarques estas metas en tu vida, avanzarás ciertamente por el camino de la autorrealización (o realización de tu Ser espiritual), hacia tu verdadera morada en el Señor.

Afirmación

Padre Celestial, yo razonaré, ejerceré mi voluntad y actuaré, mas te pido que seas Tú, Padre Celestial, quien guíe siempre mi razón, mi voluntad y mi acción, hacia la meta correcta.” (*)

(*) resaltar es de mi autoría


Bendiciones.


martes, 10 de septiembre de 2013

El Perdón en Los Milagros ...

A poco de comenzar a leer el libro titulado “Volver al amor” me sentí inspirada a compartir, con ustedes, algunas reflexiones contenidas en el mismo. La autoría de tan magnífica obra -cuya lectura recomiendo- corresponde a Marianne Williamson (auténtica celebridad en Estados Unidos, donde expone sus ideas sobre espiritualidad y enseña los principios básicos de Un curso de milagros. Es fundadora de organizaciones sin ánimo de lucro que proporcionan servicios no médicos a personas con enfermedades graves). Su genuino talento para trasmitir las efusiones que el Espíritu infunde en todos los Seres Humanos (sin distinción alguna) y su expresión abierta a la hora de relatar experiencias de su propia existencia, invitan a aquietar nuestra Mente y a re-conectarnos con nuestro Corazón, dejando una estela de Paz a medida que vamos adentrándonos en la naturaleza de nuestro verdadero SER.

Como bien dice en la contratapa del libro: “Con los años hemos ido perdiendo la enorme capacidad de amar, nos alejamos del poder de la imaginación y de la fe en los milagros de que disfrutan los niños. Lo hemos ido sustituyendo por normas, obligaciones y obsesiones que nos impiden ser felices. Volver al amor es una guía espiritual para recuperar esa capacidad perdida, para regresar al prodigio de nuestro nacimiento, para aceptar el amor que nos hemos estado negando. A partir de su experiencia en Un curso de milagros, Marianne Williamson da un nuevo sentido a la terminología religiosa y busca su esencia, su significado más íntimo y profundo. Con su guía, podremos acercar lo milagroso a los problemas de cada día, el trabajo, la salud, las relaciones personales...”


“Tu santidad invierte todas las leyes del mundo. Está más allá de cualquier restricción de tiempo, espacio, distancia, así como de cualquier clase de límite”.

Esta expresión puede leerse en la introducción que se encuentra en el capítulo 5, titulado Los milagros; precediendo al texto que bajo la denominación El perdón, nos acerca otra expresión tan cierta como la anterior:

“Ante el glorioso Resplandor del Reino, la culpabilidad se desvanece, y habiéndose transformado en bondad, ya nunca volverá a ser lo que fue.”

En las páginas 79 a 84, descubrimos que:

“<Los milagros ocurren naturalmente como expresiones de amor>. Reflejan un cambio en nuestra manera de pensar, un cambio que libera el poder de la mente hacia los procesos de sanación y rectificación.

Esta sanación asume muchas formas. A veces, un milagro es un cambio en las condiciones materiales, como puede ser una cura física. Otras veces es un cambio psicológico o emocional. Y no tanto un cambio en una situación objetiva -aunque con frecuencia también eso ocurra- como en la forma en que nosotros la percibimos. Lo que cambia es, principalmente, la manera como se nos aparece en la mente una experiencia, es decir, la vivencia que tenemos de ella.

El mundo humano, con nuestra absoluta concentración en el comportamiento y en todo lo que acontece fuera de nosotros, es un mundo engañoso. Es un velo que nos separa de un mundo más real, un sueño colectivo. El milagro no consiste en disponer de otra manera las imágenes del sueño. El milagro es despertarnos.

Al pedir milagros, lo que buscamos es un objetivo práctico: un retorno a la paz interior. No pedimos que cambie nada externo a nosotros, sino algo que está en nuestro interior. Vamos en busca de una perspectiva vital más suave, más tierna.

La vieja física newtoniana sostenía que las cosas tienen una realidad objetiva independientemente de cómo las percibimos. La física cuántica, y más especialmente el principio de incertidumbre de Heisenberg, nos revela que a medida que nuestra percepción de un objeto cambia, el objeto mismo, literalmente, también cambia. La ciencia de la religión es la ciencia de la conciencia, porque en última instancia toda creación se expresa por mediación de la mente. Así pues, tal como se afirma en Un curso de milagros, nuestra herramienta más eficaz para cambiar el mundo es nuestra capacidad para <cambiar de mentalidad con respecto al mundo>.

Como el pensamiento es el nivel creativo de las cosas, cambiar la mente es la potenciación personal fundamental. Aunque escoger el amor en vez del miedo sea una decisión humana, el cambio radical que ésta produce en todas las dimensiones de nuestra vida es un regalo de Dios. Los milagros son unas <intercesiones en nombre de nuestra santidad>, procedentes de un sistema de pensamiento que se encuentra más allá del nuestro. Es la presencia del amor, las leyes que rigen el estado normal de las cosas quedan superadas. El pensamiento que ya no tiene ningún límite nos aporta una experiencia que ya no tiene ningún límite.

Nuestra herencia son las leyes que rigen el mundo en que creemos. Si nos consideramos seres de este mundo, entonces nos regirán las leyes que lo rigen: las de la escasez y la muerte. Si nos consideramos hijos de Dios, cuyo verdadero hogar se encuentra en un nivel de conciencia allende este mundo, nos percataremos entonces de que <no nos gobiernan otras leyes que las de Dios>.

Nuestra percepción de nosotros mismos determina nuestro comportamiento. Si creemos que somos criaturas pequeñas, limitadas, inadecuadas, tenderemos a comportarnos de esa manera, y la energía que irradiaremos reflejará esa creencia, no importa lo que hagamos. Si pensamos que somos criaturas magníficas, con una abundancia infinita de amor y de capacidad de dar, entonces tenderemos a conducirnos de esa manera, y la energía que nos rodee reflejará nuestro estado de conciencia.

<Los milagros, como tales, no se han de dirigir conscientemente>. Se producen como efectos involuntarios de una personalidad amorosa, de una fuerza invisible que emana de alguien cuya intención consciente es dar y recibir amor. A medida que nos liberamos de los miedos que bloquean el amor que llevamos dentro, nos convertimos en instrumentos de Dios, en Sus obradores de milagros.

Dios, en cuanto amor, se expande constantemente, floreciendo y creando nuevas pautas para la expresión y el logro del júbilo. Cuando a nuestra mente, centrada en el amor, se le permite que sea un canal abierto por el que Dios se expresa, nuestra vida se convierte en el medio de expresión de ese júbilo. Este es el significado de nuestra vida. Estamos aquí como representaciones físicas de un principio divino. Decir que estamos en la tierra para servir a Dios significa que estamos en la tierra para amar. ...”

“... El Curso habla del plan de Dios para la salvación del mundo, lo llama <el plan de los maestros de Dios>. El plan llama a los maestros de Dios a sanar el mundo valiéndose del poder del amor. Esta enseñanza tiene muy poco que ver con la comunicación verbal, y todo que ver con una cualidad de la energía humana. <Enseñar es demostrar>. Un maestro de Dios es cualquiera que opte por serlo. <Los maestros de Dios proceden de todas partes del mundo, y de todas las religiones, aunque algunos no pertenecen a ninguna religión. Los maestros de Dios son los que han respondido>. La frase <Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos> significa que <a todos se los llama, pero pocos se preocupan por escuchar>. La llamada de Dios es universal, se emite para todas las mentes en todo momento. Sin embargo, no todos optan por atender a la llamada de su propio corazón. Como demasiado bien lo sabemos todos, poco les cuesta a las voces chillonas y frenéticas del mundo exterior sofocar la tímida vocecita interior del amor.

Nuestro trabajo como maestros de Dios, si decidimos aceptarlo, consiste en buscar constantemente, en nuestro interior, una mayor capacidad de amor y de perdón. Hacemos esto mediante una <forma selectiva de recordar>, mediante una decisión consciente de recordar únicamente los pensamientos amorosos y de desaferrarnos de cualesquiera pensamientos atemorizantes. Este es el significado del perdón, una importante piedra angular de la filosofía de Un curso de milagros. Como muchos de los términos tradicionales usados en el Curso, también éste se utiliza de una manera nada tradicional.

Tradicionalmente, pensamos que perdonar es algo que debemos hacer cuando creemos que alguien es culpable de algo. En el Curso, sin embargo, se nos enseña que nadie es culpable, que no hay culpa, porque sólo el amor es real. Nuestra función consiste en ver, a través de la falsa idea de la culpa, la inocencia que está más allá. <Perdonar no es otra cosa que recordar únicamente los pensamientos amorosos que diste en el pasado, y aquellos que se te dieron a ti. Todo lo demás debe olvidarse>. Lo que se nos pide es que extendamos nuestra percepción más allá de los errores que nuestras percepciones físicas nos revelan -lo que alguien hizo, lo que alguien dijo-, para captar la santidad en ellos que sólo el corazón nos revela. Entonces, de hecho, no hay nada que perdonar. Lo que tradicionalmente se ha entendido por perdón -lo que en el Canto de la oración se llama <perdón para destruir>- es, por lo tanto, un acto de enjuiciamiento. Es la arrogancia de alguien que se ve a sí mismo como mejor que otra persona, o quizá como igualmente pecador, lo que sigue siendo una percepción errónea y una expresión de la arrogancia del ego.

Como todas las mentes están conectadas, que alguien rectifique su percepción es, en algún nivel, una sanación de la mente de la raza humana como tal. La práctica del perdón es la contribución más importante que podemos hacer a la sanación del mundo. De personas enfadadas no se puede esperar que creen un planeta pacífico. A mí  me divierte recordar cómo me enojaba cuando la gente no quería firmar mis escritos en petición de paz.

El perdón es un trabajo de dedicación completa, y a veces muy difícil. No conseguimos perdonar siempre, pero hacer el esfuerzo es nuestra vocación más noble. Es la única probabilidad real que podemos ofrecer al mundo de volver a empezar. Un perdón radical es una liberación completa del pasado, tanto respecto a las relaciones personales como respecto a las tragedias colectivas. ...”

¡Cuánto bien nos haría que nuestros semejantes Barack Obama y Bashar al-Assad entendieran esto y lo pusieran en práctica!. ¡Cuánto bien nos haría como “Humanidad” (recordemos que TODO ES UNO y que TODOS SOMOS UNO) que estas palabras calaran hondo en el Corazón de estas dos personas que ocupan un lugar tan destacado en este bendito planeta Tierra!.

En sentida unidad con todos aquellos que eleven plegarias y/o alcen sus voces -en todas partes del Universo- abogando por la Paz Mundial, los invito a reflexionar sobre todo lo que acaban de leer y a interceder, los unos por los otros, a fin de contribuir en la gestación de un nuevo orden mundial basado en el AMOR.


Bendiciones.

lunes, 26 de agosto de 2013

Intoxicados ... pero de Amor

Hace un par de días, y debido a que mi mascota -un caniche toy llamado Tony- fue diagnosticado como diabético (¡jamás había escuchado que la diabetes también fuera patrimonio canino!), me enteré -gracias a las sendas explicaciones de la veterinaria que lo atendió- de cuán peligroso puede ser el hecho de que los riñones no funcionen como la Madre Naturaleza les ha indicado que sí lo hagan. Según fui informada, este par de órganos -tanto en humanos como en los animales- cumplen la función de limpiar la sangre de las impurezas del cuerpo (son filtros sumamente selectivos), procediendo a su eliminación a través de la orina. Y no sólo se encargan de tan saludable tarea sino de otras muchas, tan importantes como ésta; pero ¿saben ustedes qué sucede cuando no funcionan correctamente?. Pues resulta que realizan la tarea inversa: desechan todo lo que sirve y se quedan con todo lo que no sirve. En pocas palabras: las toxinas no son eliminadas y comienzan a intoxicar a todo el organismo. ¡Un verdadero desastre!.

Esto me llevó a reflexionar acerca de un tema que nos atañe a todos los Seres Humanos. Como tales, contamos con un cuerpo físico -el cual puede enfermarse producto del mal funcionamiento de un órgano-  pero también contamos con un cuerpo psíquico, uno mental y uno espiritual. Entonces me pregunto: ¿Dónde se encuentra ese “sosias” del “riñon” que debería filtrar los pensamientos, los sentimientos y las emociones tóxicas para luego proceder a eliminarlas? ¿Qué pasará cuando aquello que pensamos o sentimos está “intoxicado”? ¿Qué pasará cuando nuestras emociones están “intoxicadas”?. Tal vez, sea la cultura del “ego” aquella que sin darnos cuenta, va introduciendo -lenta pero certeramente- hábitos y costumbres que van intoxicando -poco a poco- nuestros pensamientos, emociones y sentimientos.

Al parecer, la Humanidad está transitando una época que se podría definir como caótica y muy convulsionada por una serie de sucesos, tantos naturales como gestados por la mano del hombre. Y en este proceso, todas nuestras vivencias se ven afectadas por todo tipo de vibraciones que impactan en nuestros distintos cuerpos: físico, mental, psíquico y espiritual. De todos ellos, sólo uno permanece invariable: nuestro cuerpo espiritual. Nuestra verdadera naturaleza se halla en el Espíritu. Como bien dijo alguna vez Teilhard de Chardin: “Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana y no seres humanos viviendo una experiencia espiritual”. ¿Por dónde empezar entonces a “desintoxicarnos”? ¿Cómo es el proceso de “Sanación” que nos lleva a purificar nuestras emociones, sentimientos y pensamientos?. Al respecto, algunas religiones o creencias ofrecen herramientas tales como la “meditación” o la “oración” (entendida esta última como plegaria) para ayudarnos en nuestro camino de regreso a casa, de retorno a nuestra verdadera morada, a nuestro verdadero hogar: el Espíritu que todo lo anima. Nos ayudan a “filtrar”, a “eliminar” todo lo que no sirve -y que por ende nos “intoxica”- y a rescatar todo aquello que nos hace sentir plenos, felices.

A propósito de ello, en el libro “Poder Gracia Libertad” – La fuente de la felicidad permanente, cuya autoría corresponde al talentoso Deepak Chopra, en las páginas 155 a 158, contamos con una excelente reflexión acerca de un tema muy afín como lo es el de las “adicciones”. Al respecto nos dice que:

“… La adicción es la enfermedad número uno de la civilización, y está directa e indirectamente relacionada con todas las demás enfermedades. Además de las adicciones físicas, como la adicción a la comida, el tabaco, el alcohol y las drogas, hay adicciones psicológicas, como la adicción al trabajo, al sexo, a la televisión, a comprar, a parecer joven, a controlar, a sufrir, a la ansiedad, al melodrama, a la perfección.

¿Por qué somos adictos a todas estas cosas? Somos adictos porque no estamos viviendo desde nuestra fuente; hemos perdido la conexión con nuestra alma. Usar la comida, el alcohol o las drogas es esencialmente una respuesta material a lo que no es realmente físico en su base. La embriaguez, por ejemplo, es en realidad un olvido de la memoria personal para poder experimentar la alegría de lo no personal, lo universal. Lo que buscamos es alegría pura en vez de la mera sensación, o incluso el olvido de la sensación. El comportamiento autodestructivo es un anhelo espiritual no reconocido. Todas las adicciones son en realidad una búsqueda del júbilo del espíritu, y esta búsqueda tiene que ver con la expansión de la consciencia, la intoxicación del amor, que es consciencia pura.

Una y otra vez, la gente ha intentado superar sus adicciones con métodos psicológicos y conductistas. Ninguno de ellos ofrece una cura permanente. La única cura para la adicción es espiritual. Anhelamos la experiencia extática, que es una necesidad tan básica como la necesidad de comida, agua o cobijo. Extasis, o ekstasis, significa literalmente salirse. El verdadero éxtasis es salirse de la esclavitud del mundo del materialismo, sujeto al tiempo y sujeto al espacio. Ansiamos salirnos de las limitaciones del cuerpo. Ansiamos ser libres del miedo y la limitación. Anhelamos el olvido de nuestro ego para poder experimentar nuestro Ser infinito.

Empieza hoy a trascender tus comportamientos adictivos observándolos sin juzgar. Despierta cada día con una oración: <Gracias, Dios, por hacerme tal como soy>, y luego obsérvate a ti mismo. Sé un testigo de tus pensamientos, tus estados de ánimo, tus reacciones, tus comportamientos. Representan tus recuerdos del pasado, y al observarlos en el presente te liberas del pasado. Al observar tus comportamientos adictivos observas tu condicionamiento. Y cuando observas tu condicionamiento te liberas de él, porque no eres tu condicionamiento; eres el observador de tu condicionamiento.

Observa el silencio entre tus pensamientos, tus acciones, tus reacciones, y sentirás la presencia del espíritu en la quietud de esos espacios. Con la mera observación de ti mismo das comienzo al proceso de curación y transformación. Y si continúas practicando la conciencia siempre presente de tu propio ser, comenzarán a florecer el entendimiento, la intuición, la imaginación y la intención. …

… No importa lo histérico que parezca tu entorno, permanece alerta y sobrio en tu conciencia observadora siempre presente. Toma la determinación de no involucrarte en el melodrama que te rodea. Recuérdate a ti mismo: no soy ni superior ni inferior a nadie que existe. Santo o pecador, el espíritu que reside en mí, es el espíritu divino.

… Ninguno de nosotros somos los papeles que desempeñamos. Una vez que reconocemos esta verdad resulta fácil perdonar todo lo que percibimos como ofensas. No sentimos el deseo apremiante de poner etiquetas, evaluar, analizar o juzgar, ni a nosotros mismos ni a los demás. Cuando no necesitamos poner etiquetas o juzgar es más fácil abandonar el deseo de controlar y manipular a los demás.

Conociendo la verdadera naturaleza de la realidad es posible trascender el sufrimiento. Cuando trasciendes el sufrimiento, ayudas a los demás a trascender el sufrimiento. Según prosigues en tu viaje de curación, ayudas a los demás a curarse. Y puedes empezar a curarte observando sin juzgar tus comportamientos adictivos. Cuando encuentras tu verdadero ser, cuando te vuelves total, la única intoxicación que tienes es la intoxicación de la consciencia pura, el Ser puro. …”


Luego de tan magnífica explicación, creo que muy poco queda por agregar. Tal vez, sencillamente baste con recordar -una vez más- que TODO es UNO. TODOS SOMOS UNO.


 Bendiciones.

jueves, 15 de agosto de 2013

Cuerpo y Mente: sus ritmos y sus ciclos ...

En esta ocasión he decidido compartir con todos ustedes, algunos fragmentos que pueden leerse en el libro titulado “Poder Gracia Libertad” – La fuente de la felicidad permanente cuya autoría pertenece al gran Maestro Indio, Deepak Chopra (guía renombrado en todo el mundo en los campos de la salud integral y el potencial humano. Sus libros han sido traducidos a más de cincuenta idiomas, y viaja frecuentemente por todo el mundo promoviendo la paz, la salud y el bienestar). Admiradora de este genuino talento; su capacidad para transmitir con claridad conceptos que tienen fundamento científico me sigue cautivando. De lectura fácil y muy amena, esta nueva obra de Deepak es otro aporte de Luz y Sabiduría.

Y hablando de Sabiduría, en las páginas 167 a 170  encontramos una invitación muy especial bajo el título:

Escucha a la sabiduría de tu cuerpo
 
“... ¿Puedes experimentar este momento como el latido de la vida de los eones que baila en cada una de las células de tu cuerpo? ¿Puedes percibir con profunda convicción que eres la tierra, el agua, el fuego, el aire y el vacío del espacio? ¿Puedes sentirlo y saberlo en lo más hondo de tu ser? Si es así, entonces escucha a la sabiduría de tu cuerpo.

Tu cuerpo te está hablando continuamente a través de señales de bienestar y malestar, place y dolor, atracción y repulsión. Cuando escuchas los matices sutiles de las sensaciones de tu cuerpo estás accediendo a la inteligencia intuitiva. Esta inteligencia es contextual, relacional, nutritiva, integral y sabia.

La inteligencia intuitiva es más exacta y precisa que todo lo que existe en el ámbito del pensamiento racional. La intuición no es un pensamiento; es el ámbito cósmico, no local, de información que te susurra en el silencio que hay entre tus pensamientos. De manera que cuando escuchas a la inteligencia interna de tu cuerpo, que es el genio sumo y supremo, estás oyendo al universo y accediendo a información a la que la mayoría de las personas normalmente no tiene acceso.

La ciencia ha mostrado que las células del cuerpo son hologramas del universo, lo que significa que toda la información que es posible conocer en el universo está codificada en la estructura celular de cada célula. Cada parte de un holograma contiene toda la información de la totalidad: por eso se le llama holograma. La intuición no es otra cosa que un estado de conciencia intensificado que llega con la familiaridad con los ámbitos de información de tu propio cuerpo. Esta información está codificada holográficamente en cada célula de tu cuerpo. Y si simplemente accedes a un poco más de información, te vuelves, según los patrones corrientes, intuitivo.

Escucha a la sabiduría de tu cuerpo. Toma consciencia de las sensaciones de tu cuerpo, y conocerás todo el cosmos, porque el cosmos entero se puede experimentar como sensaciones de tu cuerpo. En realidad, estas sensaciones son la voz del espíritu, que te habla al nivel de sensación más refinado de tu cuerpo. ...

... La próxima vez que necesites tomar una decisión, en vez de tratar de comprenderla intelectualmente, presta atención a las sensaciones de bienestar y malestar de tu cuerpo, y sigue tus sensaciones intuitivas. La comprensión intelectual está bien, pero no siempre es la prueba final de que estás tomando la decisión correcta. Antes de tomar una decisión, pregúntale a tu cuerpo: ¿Qué te parece esto? Si tu cuerpo te envía una señal de bienestar y ansia, sigue. Si tu cuerpo te envía una señal de desasosiego físico o emocional, ten cuidado. Cuando te enfrentes a cualquier situación, pregúntale a tu cuerpo si se siente cómodo o no. Si la sensación en tu cuerpo es buena cuando haces algo, entonces ésa es la decisión correcta. Si hay una sensación incómoda en tu cuerpo, entonces lo que estás haciendo no es lo correcto. ...

... Cuando estás relajado y fluyes con el universo, entonces en cada latido de tu corazón hay algo llamado variabilidad, que es una variación natural que va con la naturaleza flexible del universo. Es simple, es fluida, y entonces prevalece el sistema nervioso automático. Pero cuando estás estresado, cuando tienes demasiada adrenalina, el corazón late como soldados marcando el paso.

El corazón no es sólo una bomba; es un órgano que siente y piensa. Pero, a diferencia de la mente racional, siente y piensa intuitiva y creativamente con amor, compasión, interconexión e inseparabilidad. Tu corazón late debido a algo llamado marcapasos. El marcapasos no es una sola célula; son cien células que se activan al mismo tiempo, con la misma frecuencia y al mismo compás. Cada célula tiene un impulso eléctrico, y cien células tienen que activarse coherentemente para crear el marcapasos.

Cuanta más flexibilidad y variabilidad hay en tu corazón en cada latido, más creas un campo electromagnético coherente. Cuando sucede esto, el descanso de las células adquiere esa coherencia, y tú irradias un campo de energía electromagnética coherente, que es el aura. El aura es simplemente la coherencia o emisión luminosa de tu corazón. Irradias ese campo energético al universo, y cuando ese campo energético es coherente, te armonizas con los elementos y fuerzas del universo. Esto es muy poderoso, porque la actividad del universo es tu propio ser interior que viene desde un nivel de existencia mucho más profundo. De manera que si tienes un <deseo de corazón>, deja que tu intención proceda de las profundidades de tu ser, donde tu alma se está localizando como tu corazón. Dirige tu atención a tu corazón, aunque sea momentáneamente, y si sientes amor, compasión, paz, armonía o risa, esto creará un campo electromagnético coherente. Entonces simplemente deja que tus impulsos surjan de tu corazón, de lo más profundo de tu ser, y el deseo orquestará su propio cumplimiento. ...”

Y hablando de quienes somos, en las páginas 172 a 178, podemos seguir descubriéndolo bajo el título:

Presta atención a los ritmos y los ciclos de tu cuerpo

... En última instancia, el cuerpo es sólo vibración, y la vibración del cuerpo tiene que corresponderse con las vibraciones que constituyen el universo. Esta correspondencia, o entrar en una relación rítmica, se llama sincronización.

La sincronización fue descrita por vez primera por un físico que hizo un interesante experimento con cinco relojes. Cada reloj tenía un péndulo más o menos del mismo tamaño, y empezó a hacer oscilar los péndulos en momentos diferentes. Después de unas cuatro horas, todos los péndulos empezaron a oscilar sincrónicamente al mismo ritmo. Puedes repetir este experimento muchas veces, y descubrirás que, aunque hagas oscilar los péndulos en momentos diferentes, después de un tiempo todos empiezan a oscilar al mismo ritmo.

La sincronización es un fenómeno universal y comienza en el momento de la concepción. Los ritmos de un bebé empiezan a sincronizarse con los ritmos cósmicos a través de la fisiología de la madre. A lo largo del embarazo, e incluso después de que el bebé haya nacido, el ritmo cardíaco del bebé se sincroniza con el ritmo cardíaco de la madre, y continúa haciéndolo mientras esté cerca de ella. Puede que el ritmo cardíaco no sea el mismo, pero hay una relación rítmica entre los dos. ...

... Cualquier estímulo sensorial -ya oigas, veas, huelas, saborees o toques algo- cambia la química del cuerpo-mente en menos de una centésima de segundo. Si sabemos eso, podemos elegir el estímulo apropiado para influir en la química en una dirección favorable.

Teóricamente, si estuvieras completamente sincronizado con el cosmos, si estuvieras en total armonía con sus ritmos, y si no tuvieras absolutamente nada de estrés, habría muy poca entropía en tu cuerpo. Tu cuerpo no envejecería si estuvieras totalmente sincronizado con los ciclos del universo. Si experimentara entropía sería a la misma escala que el universo, es decir, ciclos cósmicos o eones de tiempo. Pero tu cuerpo-mente no está totalmente en sincronía con los ritmos del universo, y ¿a qué se debe esto? Al estrés. En cuanto tienes un pensamiento, cualquier pensamiento., interrumpe la tendencia innata de los ritmos biológicos a sincronizarse con los ritmos universales. ...

... Entre las seis y las diez de la mañana y entre las seis y las diez de la noche es cuando tu cuerpo está hipermetabólico, o en la fase más baja del metabolismo. Trata de pasar algún tiempo en silencio alrededor de las seis de la mañana y de las seis de la tarde. Idealmente, lo mejor es meditar en la primera parte de esta fase y hacer ejercicio en medio de esta fase..., especialmente si lo haces para perder peso.

Entre las diez de la mañana y las dos de la tarde es cuando el fuego metabólico está en su punto más alto. Este es el momento de ingerir la comida principal del día, porque tu cuerpo metabolizará mucho mejor la comida. Entre las dos y las seis de la tarde es un buen momento para estar activo, para aprender nuevas habilidades mentales o para acometer actividades físicas. Entre las dos y las seis de la mañana es un buen momento para soñar.

Alrededor de las seis de la tarde, y preferiblemente antes de la puesta del sol, es un buen momento para cenar. Es mejor que la cena sea una comida ligera, y tener un intervalo de al menos dos o tres horas entre la cena e irse a dormir. Trata de irte a la cama hacia las diez o las diez y media de la noche, y dormirás de manera ideal y tendrás sueños estupendos. ...

... La salud no es tan sólo la ausencia de enfermedad; es un júbilo que debería estar dentro de ti en todo momento. Es un estado de bienestar positivo, que no es sólo físico, sino emocional, psicológico y a la postre incluso espiritual. La tecnología no te pone sano. Lo que te pondrá sano es estar en sincronía con las fuerzas del universo, sentir que tu cuerpo forma parte del cuerpo de la naturaleza, entrar en comunión con la naturaleza, entrar en comunión con tu alma, tomarte unas pausas de silencio y soledad.

Tu cuerpo es más que un sistema sustentador de la vida; es la expresión de tu alma en el viaje de su evolución. El cuerpo es un templo sagrado en el que te has parado durante unos pocos momentos en tu viaje cósmico. Mantén este templo limpio y puro. Escucha sus gritos de placer e incluso de éxtasis. Eres un niño privilegiado del universo, y ésta es tu morada por ahora. La caravana de la vida se parará en otros sitios, en otros tiempos. Estás en un viaje de curación y transformación, y la oportunidad para tu siguiente salto cuántico de creatividad es ahora mismo. ...”

Un llamado a “tomar consciencia”. Una invitación a adentrarnos en el “auto-conocimiento”. Una oportunidad de “evolucionar”. Sincronizarnos con el Universo: una “misión que es posible”. Una tarea en común. Una experiencia que nos hará sentirnos plenos. La eternidad del aquí y ahora. Quien quiera sumarse a los que ya hemos emprendido este camino, será absolutamente “Bienvenido” ...



Bendiciones.

Ser como DIOS: una meta posible ...



En esta oportunidad, aún cuando comulgo con la doctrina de la Iglesia Católica Apostólica Romana, quiero acercarles a todos ustedes, algunos textos que pueden leerse en el libro titulado “Ser como Dios” – Kabbalah y nuestro último destino, cuya autoría pertenece a Michael Berg (imparte clases en el Centro de Kabbalah y da conferencias en todo el mundo; a los 28 años de edad logró una hazaña de gran trascendencia: realizó la primera traducción completa del Zóhar sagrado al inglés). Desde el primer momento, el título de este libro me cautivó por completo. Contando con una mente abierta a encontrar “la unidad en la diversidad” -como bien, tiempo atrás, nos invitó a recordar el Papa Francisco I- sentí en lo profundo de mi interior que leerlo sería de gran provecho para mí. Hoy quiero compartirlo con todos aquellos que sientan curiosidad -al igual que yo- de saber cuál es el camino a seguir para llegar a “Ser como Dios”.

Bien dice en la contratapa del libro que: “Por primera vez en la historia, una oportunidad extraordinaria está a disposición de la humanidad: la oportunidad no sólo de rezar a Dios, obedecer a Dios, temer a Dios o rechazar a Dios, sino de ser como Dios. Esta revelación sobre el destino de la humanidad fue descubierta por el erudito kabbalista Michael Berg mientras traducía el Zóhar, los 23 volúmenes antiguos en arameo que comprenden el texto clave de Kabbalah. Al revelar esta posibilidad a la humanidad, Berg explica el método de transformación mediante el cual un gran número de personas puede escapar de la prisión de la naturaleza del ego, y con toda su alegría y audacia, llegar a <Ser como Dios>.” 
 
En las páginas 11 a 15 podemos leer que:

La roca forma parte y es de la misma naturaleza que la montaña, pero cuando se desprende deja de llamarse montaña y pasa a llamarse roca. Ni un solo átomo de su esencia ha cambiado, pero al sacarla de la montaña se convierte en otra cosa. Ahora, si devolvemos la roca a la montaña, entonces, ésta deja de ser una roca. Es decir, la existencia de la roca no está determinada por su sustancia, sino por su relación con la montaña de la cual se originó.

La Kabbalah enseña que así como las rocas provienen de las montañas, los seres humanos provienen de Dios.

A NIVEL DEL ALMA, LOS HUMANOS TIENEN EXACTAMENTE LA MISMA ESENCIA QUE DIOS. EN ESENCIA, LOS HUMANOS SON COMO DIOS. ENTONCES, ¿CÓMO NOS CONVERTIMOS EN ROCAS?

La Kabbalah habla de una energía negativa en el universo, una especie de herramienta cortante que nos desprende de Dios. Esta fuerza tiene un nombre extraño con el cual estarás muy familiarizado al final de este libro. SE LA CONOCE COMO DESEO DE RECIBIR SOLO PARA SI MISMO, TAMBIEN SE LA CONOCE COMO NATURALEZA EGOÍSTA. UN ESTADO EN EL QUE NOS MANTENEMOS CASI TODOS LA MAYOR PARTE DEL TIEMPO Y QUE POR LO TANTO, ES LA CAUSA DE TODO NUESTRO DOLOR Y SUFRIMIENTO

De eso precisamente trata este libro, de vencer esa energía, de revelar nuestra esencia verdadera y legítima, de llegar a ser como Dios.


Este libro es una guía para ese viaje supremo. Su meta es mostrarnos el camino, motivarnos, ofrecernos herramientas, orientación y valor. ... Podemos decir, entonces, que este libro se hace realidad gracias a una licencia que nos otorga nuestro universo. Gracias a esta decisión divina y a la ventana en el cosmos que se ha abierto en esta era, la sabiduría de la Kabbalah está ahora a disposición de hombres, mujeres y niños.

Antes de continuar quisiera explicar lo siguiente: la palabra Dios no es un término ideal. Jamás ninguna palabra ha cargado con un peso tan grande de significados e interpretaciones erróneas. Por esta razón, los kabbalistas rara vez usan esta palabra. Luz del Creador es una expresión más precisa, porque el Creador que conocemos es una energía de generosidad y realización. Es la Luz del Creador la que experimentamos cuando nos invade la alegría o cuando la belleza ilumina repentinamente nuestras vidas.

Dicho esto, como la palabra Dios representa en general a un ser divino de perfección total y potencial supremo, lo utilizaremos aquí en ese sentido, independientemente de cualquier creencia religiosa.

  Una vez, un grupo de almas descendió a 
este mundo por una escalera. Al llegar
al último escalón suspiraron, saltaron hacia
el mundo y se convirtieron en seres
humanos. Suspiraron porque sabían que su
nacimiento, su entrada a este mundo, significaba
separarse de Dios.

A medida que pasaban los días en la tierra,
estas almas no dejaban de saltar en un
 intento por alcanzar el último peldaño de la
 escalera, querían regresar al cielo.
Algunas saltaron en vano unas cuantas
veces y luego se conformaron con la existencia
 humana. También había otras que no
querían resignarse y saltaron cientos, hasta
 miles de veces; pero al final fracasaron y
 tampoco alcanzaron la escalera al cielo.
 


Sin embargo, una persona fue diferente. El
empezó a saltar, siguió y siguió saltando y
 nunca dejó de hacerlo. Finalmente Dios lo
 recogió y lo llevó de nuevo al cielo.


Puede que no lo parezca, pero este libro es un enorme anuncio de neón. Su mensaje es: SIGUE SALTANDO. LA TAREA NO CESA. SIGUE SALTANDO. LOS PROBLEMAS DE LA VIDA PUEDEN PARECER INSUPERABLES. SIGUE SALTANDO. INCLUSIVE PODEMOS OLVIDAR LO QUE ESTAMOS TRATANDO DE ALCANZAR. SIGUE SALTANDO.

Y si tenemos alguna pregunta, la pregunta no es: por qué, cuándo, quién ni qué. 

LA UNICA PREGUNTA ES: ¿YA LLEGUE A SER COMO DIOS?”.

Pueden estar seguros que de su lectura, extraerán incontables herramientas y una guía completa para poder llegar a "Ser como Dios". Un libro que habla del Amor, de la Humildad, de la Compasión, de la Fe, de la Esperanza. En definitiva: un libro que habla de DIOS. Recomendable para cualquier "Ser Humano" de cualquier estrato o condición socio-económica; para cualquier "Ser Humano" que adhiera a cualquier clase de creencia religiosa y/o filosófica y/o política o no; un libro para TODOS porque TODO ES UNO. TODOS SOMOS UNO.



 
Bendiciones.




domingo, 28 de julio de 2013

El "Mal" o cuando Dios usa disfraz ...

Intuyo que somos muchos los Seres Humanos que, una y mil veces, nos preguntamos lo mismo: si Dios es verdaderamente omnipotente (que todo lo puede) y omnisciente (que todo lo sabe) ¿porqué permite el “mal”?. Y creo que a todos nos sucede lo mismo: nos quedamos sin respuesta… Seguramente, Dios tiene poderosísimas razones por las cuales lo permite, lo ha permitido y lo seguirá permitiendo. Es cierto que como Seres Humanos, experimentar el “mal” es una situación que nos provoca dolor, mucho dolor. Pero también es cierto, como bien dice en la contratapa del libro “Por qué Dios permite el mal y cómo superarlo” de Paramahansa Yogananda (1893-1952) que “… Mas allá de las sombras mismas de esta vida se encuentra la maravillosa luz de Dios. […] Cuando comulgues con Dios, ni todas las calamidades del mundo podrán arrebatarte el Gozo y la Paz que se experimentan al estar en comunión con El. …”.

Este libro que acabo de mencionar y cuya lectura recomiendo a todos ustedes, resulta sumamente fácil de leer; cuenta con un lenguaje accesible por su claridad a la hora de transmitir conceptos, reflexiones e interpretaciones y nos acerca una respuesta a este interrogante. Su autor es mundialmente conocido como una de las personalidades espirituales más ilustres de nuestro tiempo.

Así como intrigantes me resultan las preguntas que este yogui se formula en el libro, así de fascinantes me resultan las respuestas que nos da:

(páginas 2 a 3) “… Y si el mal no viene de El, que es el Supremo Creador de todas las cosas, ¿de dónde proviene? ¿Quién creó la codicia? ¿Quién creó el odio? ¿Quién creó los celos y la ira? ¿Quién creó las bacterias nocivas? ¿Quién creó la tentación sexual y la tentación de la gula? No se trata de invenciones humanas. El hombre jamás las habría experimentado si no hubieran sido previamente creadas.

Hay personas que pretenden demostrar que el mal no existe, o que se trata de un factor meramente psicológico, pero no es así. La evidencia del mal se encuentra aquí, en el mundo, y no podemos negarla. Si no existiera el mal ¿por qué habría Jesús orado: <y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal?> El está afirmando claramente que el mal existe.

Lo cierto es que realmente encontramos el mal en el mundo. ¿Y de dónde proviene? De Dios. El mal nos brinda el contraste que nos permite reconocer y experimentar el bien. Dondequiera que se manifieste la creación también existirá el mal. Si escribieras un mensaje con tiza blanca sobre una pizarra blanca, nadie lo vería.

Por lo tanto, sin el oscuro pizarrón del mal, las cosas buenas del mundo no podrían destacarse en absoluto. Por ejemplo, Judas fue el mejor agente publicitario de Jesús. Mediante su malvado acto, Judas hizo a Cristo eternamente famoso. Jesús conocía el papel que debía desempeñar, así como todo lo que le ocurriría, a fin de que pudiera demostrar el amor y la grandeza de Dios; y se necesitaba un villano para representar esta escena. No obstante, para Judas no fue beneficioso elegir ser aquel cuyo malvado acto ensalzó, por contraste, la gloria del triunfo de Cristo sobre el mal.”

Bajo el título ¿Dónde se encuentra la línea divisoria entre el bien y el mal?, leemos:

(páginas 4 a 5) “Es difícil saber dónde se encuentra la línea divisoria entre el bien y el mal. Ciertamente, es terrible que las bacterias maten a dos mil millones de personas cada cien años; ¡pero piensa en el caos que supondría la superpoblación si no existiera la muerte! Y si todo en la Tierra fuera bueno y perfecto, nadie consentiría en abandonarla: nadie querría retornar a Dios. Por lo tanto, en cierto sentido, la desgracia es tu mejor amiga, porque te impulsa a buscar a Dios. Cuando empieces a ver con claridad la imperfección del mundo, comenzarás a buscar la perfección de Dios. Lo cierto es que Dios no utiliza el mal para destruirnos, sino para que en este mundo nos desengañemos de sus juguetes y podamos así buscarle.

Este es el motivo por el que el Señor mismo permite las injusticias y el mal. Pero yo le he reprochado: <Señor, Tú nunca has sufrido; siempre has sido perfecto. ¿Cómo sabes lo que significa el sufrimiento? Sin embargo nos haces pasar por estas pruebas, aunque no tienes derecho a hacerlo. Nosotros no te hemos pedido nacer como mortales y sufrir>. (A Dios no le importa que discuta con El; es muy paciente). Y el Señor responde: <No necesitas seguir sufriendo; les he conferido a todos el libre albedrío para elegir el bien en lugar del mal, y así volver a Mí>.

Así pues, el mal es la prueba que Dios nos pone para confirmar si le elegimos a El o preferimos sus regalos. El nos creó a su imagen y nos dio el poder de liberarnos; pero no utilizamos ese poder.”

Si lo que han leído hasta ahora los ha dejado boquiabiertos, prepárense para deleitarse con lo que sigue: “La película cósmica”

(páginas 6 a 10): “Existe otro punto de vista que deseo explicar con respecto a la dualidad constituida por el bien y el mal. Si un productor cinematográfico realizara películas que tratasen únicamente sobre ángeles, y las exhibiera en las salas de cine todos los días -en las sesiones de mañana, tarde y noche-, pronto se vería obligado a cerrar su negocio. Sus producciones deben tratar temas variados para que atraigan la atención del público. ¡El malo siempre hace parecer mucho más bueno al héroe! Y nos gustan los argumentos llenos de acción. No nos importa ver emocionantes películas sobre peligros y desastres porque sabemos que sólo son películas. Recuerdo que una vez me llevaron a ver una película en la cual moría el héroe; ¡era una verdadera tragedia! Tras acabar la proyección, permanecí en la sala hasta que comenzó la siguiente sesión de la película y vi al héroe nuevamente vivo; me retiré entonces del cine.

Si pudieras ver lo que ocurre detrás de la pantalla de esta vida, no sufrirías. Se trata de un espectáculo cinematográfico cósmico. Esta película que Dios proyecta sobre la pantalla de la Tierra no tiene valor alguno para mí. Miro el haz de la luz de Dios, que proyecta estas escenas en la pantalla de la vida, y veo que las películas de todo el universo provienen de ese haz luminoso.

En otra ocasión, estaba yo sentado en una sala de cine, contemplando el emocionante drama que se desarrollaba en la pantalla. Miré luego hacia la cabina de proyección y vi que el operador de la cabina no mostraba el menor interés en la película, debido a que ya la había visto muchísimas veces. En lugar de mirar la pantalla, aquel hombre estaba leyendo un libro. La máquina proyectora hacía su trabajo: había sonido y el haz de luz llenaba la pantalla con escenas realistas, de modo que el público se encontraba atrapado por el drama. Yo pensé: <Señor, Tú eres como ese hombre que está sentado en la cabina de proyección, pues permaneces absorto en tu propia naturaleza de dicha, amor y sabiduría. Tu máquina de la ley cósmica arroja sobre la pantalla del universo escenas de celos, de amor, de odio y de sabiduría, pero Tú permaneces sin involucrarte en tus espectáculos>. De edad en edad, de civilización en civilización, se repiten las mismas películas antiguas, una y otra vez; sólo cambian los personajes que representan los distintos papeles. Pienso que Dios debe de aburrirse un poco con todo esto, y que debe de estar cansado de tanta repetición. ¡Es un milagro que el Señor no tire del enchufe y detenga el espectáculo!

Cuando aparté la vista del haz de luz que proyectaba las escenas de acción sobre la pantalla, miré al público que se encontraba en la sala y vi que estaban experimentando todas las emociones que los actores representaban en la película. Sufrían con el héroe y reaccionaban ante la maldad del villano. Para los espectadores, se trataba de una experiencia trágica. Para el operador de la cabina de proyección, sólo era una película. Y así ocurre con Dios. El ha creado películas de luces y sombras, al héroe y al villano, el bien y el mal, y nosotros somos el público y los actores. Tenemos problemas sólo porque estamos demasiado identificados con la puesta en escena.

Sin sombras o sin luces, no podría haber película. El mal es la sombra que convierte el haz único de la luz de Dios en películas o formas. Por consiguiente, el mal es la sombra de Dios que hace posible este espectáculo. Las sombras oscuras del mal están entremezcladas con el haz luminoso, blanco y puro, de las virtudes de Dios. El quiere que no te tomes estas películas muy en serio. El director de una película ve los asesinatos y el sufrimiento, la comedia y el drama, como formas de crear un interés en el público. El permanece sin afectarse por la escena, aunque la dirige y la observa. Dios desea que nos comportemos con desapego y que tomemos plena conciencia de que sólo somos actores o espectadores de su drama cósmico.

Aunque Dios lo posee todo, podríamos atrevernos a decir que El tiene un deseo. El desea saber quién no se dejará intimidar por esta película, y quién representará correctamente su papel y volverá a El. No puedes huir de este universo, pero si actúas en esta obra con la mente fija en Dios, serás libre.”



Bendiciones.