Bendiciones.
martes, 21 de octubre de 2014
martes, 7 de octubre de 2014
Perdón: si es auténtico, es Radical ...
Mientras me encontraba meditando, surgió
en mi mente -hace un par de días- la idea de trabajar sobre el Perdón. Tal vez,
este compartir, resulte una forma de plasmarlo en palabras. Es por ello, que
hoy quiero hacer referencia al “Perdón”.
Indagando
en el Diccionario de la Real Academia Española (en consulta efectuada vía
internet), pude obtener las siguientes acepciones de la palabra “Perdón”:
1.-
Acción de perdonar.
2.- Remisión de la pena merecida, de la
ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente.
3.-
Indulgencia (remisión de los pecados)
4.-
Utilizada para pedir disculpas.
5.-
Utilizada para interrumpir el discurso de otra persona y tomar la palabra.
6.-
Utilizada en forma interrogativa para expresar que no se ha entendido algo.
7.-
Utilizada en forma coloquial significa gota de aceite, cera o material similar
que cae ardiendo.
8.-
Utilizada en plural (perdones) significa obsequios que se traen de una romería,
tales como frutas secas, dulces y otras golosinas.
Se
me ocurre pensar que, teniendo en cuenta, el nivel generalizado de violencia
mundial, quizás, nos hayamos olvidado de llevar a la práctica el uso del
“Perdón” como expresión de la “acción de remisión de las ofensas recibidas, de
las deudas u obligaciones pendientes y de los pecados cometidos”. Y creo estar en lo cierto si digo que -en
este aspecto- el “Perdón” bien entendido empieza por casa; es decir que
tendremos que comenzar a perdonarnos a nosotros mismos, antes de poder llevar
el “Perdón” a nuestros semejantes. Es menester reconocer que en nuestro
interior es donde se origina todo nuestro mundo; aunque parezca mentira, ello
es verdad. A fin de clarificar el concepto que intento transmitir, voy a
contarles una historia que me fue contada hace un tiempo. Espero que el relato
guarde fidelidad en su contenido, ya que voy a expresarlo con mis palabras.
Aquí va:
“Había una vez un hombre que tenía dos
hijas pequeñas, cuyas inquietas mentes hacían que, muchas veces, su progenitor
no pudiera gozar de unos minutos de merecido descanso para poder leer el
periódico. Por ese motivo decidió, un hermoso día de primavera, llevarlas a un
parque cercano a fin de que las pequeñas pudieran retozar libremente.
Una
vez llegados al parque, el joven padre se instaló en un banco a la sombra de un
frondoso árbol; lugar éste que le permitía observar permanentemente a sus
hijas.
Un
sabio anciano y vecino de la familia que solía visitar el parque, se encontraba
en esos precisos momentos en el lugar; razón por la cual el joven progenitor
tuvo la brillante idea de indicarle a sus hijas que recurrieran a él ante
cualquier pregunta que quisieran hacer. De este modo, el abnegado padre podría
disfrutar de la lectura del periódico.
Inquietas
niñas como eran, no tardaron en remitirse al sabio anciano a presentarle sus
dudas y consultas sobre aspectos varios. Con mucho amor, él contestaba cada una
de las preguntas que se le formulaban, no sin antes, esbozar una amplia sonrisa
de complicidad. Adoraba a los niños y los niños lo adoraban a él.
En
una ocasión, la más grande de las niñas capturó una hermosa mariposa de colores
muy vivos y brillantes. Y tuvo una idea que comentó inmediatamente a su
hermana. Irían donde el sabio anciano y le preguntarían: <Señor, entre mis
manos tengo una mariposa: ¿está viva o está muerta?>. Si la respuesta del
sabio era que estaba viva, apretando sus manitos le daría muerte y así al
abrirlas, el anciano comprobaría que había fallado en su respuesta. Si por el
contrario, la respuesta del sabio era que estaba muerta, abriría sus manitos
inmediatamente para dejar a la mariposa volar en libertad, lo que implicaría
que el anciano hubiera fallado en su contestación.
Acto
seguido, se dirigieron al sabio y le efectuaron la pregunta. La respuesta no se
hizo esperar y, como era de prever, resultó sumamente sabia: <mi querida
niña, eso depende de ti, la respuesta está en tus manos>...”
Para
una mayor comprensión del valor del “Perdón”, me parece oportuno acercarles
algunos pasajes extraídos del libro “Perdón Radical”, cuya autoría
corresponde a Colin Tipping (nacido en Inglaterra; emigró a los Estados Unidos. Fundó junto a su esposa el Institute
for Radical Forgiveness Therapy and Coaching. Actualmente se dedica a impartir
cursos de formación de coaching y enseñanza de la terapia de Perdón Radical).
Creo sinceramente que nadie mejor que
un experto en la materia como él, para aleccionarnos al respecto. Este
conocimiento llegó hasta mi hace un par de años, merced a la oportunidad que
tuve, por intermedio de Andrea Sydow (coach certificada), de conocer la técnica
del Perdón Radical.
El
capítulo 11 (página 109) lleva el título “Transformar el arquetipo de víctima”, y nos
dice que:
“Como vimos en el capítulo anterior,
nuestra misión original es transformar el arquetipo de víctima y elevar la
conciencia del planeta. Pero ¿qué significa transformar algo? ¿Y cómo eleva
esto la conciencia?
Lo
primero que hay que comprender es que podemos cambiar algo sólo cuando lo
elegimos como misión espiritual. No decidimos nuestra misión en este mundo, lo
hicimos en el mundo de la verdad divina antes de encarnarnos.
En
segundo lugar, hemos de darnos cuenta que transformar algo de
ninguna manera significa cambiarlo.
De hecho, para transformar algo debemos experimentarlo plenamente y amarlo tal
como es. Por ejemplo ¿y si tu misión individual implicaba nacer en una familia
maltratadora para vivenciar el maltrato de primera mano y conocerlo como
víctima o como perpetrador? Recuerda que al encarnarte olvidas haber aceptado
la misión. Si recordaras tu misión no podrías experimentar la energía ni los
sentimientos de víctima en su plenitud. La vivencia de ser victimizado es lo
único que te permite darte cuenta de lo que subyace más allá de la ilusión de
víctima y que es la proyección de tu sentimiento de auto-odio. Cuando se es
capaz de ver más allá de la ilusión del maltratador, de reconocer en esas
acciones una llamada al amor y de responder con amor total y aceptación, la
energía de víctima se transforma y se eleva la conciencia de todos los involucrados.
Además, la energía que mantiene el patrón de maltrato desaparece y el
comportamiento cesa inmediatamente. En esto consiste la transformación.
Por
otro lado, si no reconocemos la verdad en la situación o no vemos más allá de
la ilusión e intentamos modificar las circunstancias físicas, encadenamos la
energía que sostiene el patrón de maltrato en su lugar y nada cambia. Lo que
resistes persiste.
Sólo el amor transforma
Sólo
el amor tiene la capacidad de transformar energías como el maltrato a los niños,
la especulación, el asesinato y el resto de los así llamados males del mundo.
Ninguna otra cosa tiene efecto. Las medidas, de por sí humanas, que se tomen
para cambiar esas situaciones como sacar a un niño de un entorno nocivo, no
generan transformación. La razón es sencilla: en primer lugar derivan del
miedo, no del amor. En segundo lugar, nuestra intervención y nuestros juicios
mantienen los patrones energéticos del maltrato y los anclan todavía más.
Esto
explica por qué la decisión de transformar algo sólo puede tomarse desde el
mundo de la verdad divina. Los seres humanos estamos tan aferrados a nuestras
creencias acerca del dolor y el sufrimiento, el miedo y la muerte, que aunque
lleguemos a considerar que el alma de cierto niño haya venido a este mundo para
vivenciar el maltrato y realmente quiera sentirlo, resulta imposible quedarnos
parados y presenciarlo. La misión parece fácil desde el mundo de la verdad
divina, pero las cosas se presentan muy diferentes aquí abajo, en el plano
físico. ¿A quién se le ocurriría dejar a un niño en un entorno que le maltrata?
No podemos evitar intervenir; al fin y al cabo ¡hacerlo es humano!
Como
vimos en un capítulo anterior es preciso rendirnos ante la idea de que el
Espíritu sabe lo que hace. Si una intervención a su favor no sirviese al
supremo interés del niño, las cosas estarían dispuestas pro el Espíritu de tal
manera que nadie se enteraría. Si por el contrario, el Espíritu determina que
una intervención sirve al bien supremo del alma del niño, la propiciará. No es
nuestra decisión pero como seres humanos debemos siempre responder de la manera
más humana, afectuosa y compasiva posible sabiendo al mismo tiempo que el amor
está contenido en la situación ...”
Como habrán podido observar luego de la
lectura efectuada, hay mucho trabajo por hacer dentro de uno mismo. Hoy me permito sugerirles que una buena forma de
comenzarlo es dando lectura completa al libro. Particularmente, lo considero
una “Obra Maestra”. A mi me ha ayudado muchísimo en mi despertar espiritual y
estoy convencida de que seguirá ayudándome en el futuro.
Quiero finalizar este compartir,
recordándoles -una vez más- que “TODO ES UNO”, “TODOS SOMOS UNO”.
Bendiciones.
viernes, 19 de septiembre de 2014
Secretos no tan secretos ...
Hace un par de años, llegó a mis manos un
libro que me ha conmovido como pocos en mi vida. El mismo se ha basado en
-desde mi punto de vista- una maravillosa idea de solicitar a 15.000 personas
de Estados Unidos y Canadá, que recomendaran a personas que ellos consideraban
“ancianos sabios”. La respuesta, llegó a la cifra de casi mil nombres. Acto
seguido y mediante entrevistas previas, se llegó a la conclusión de hallarse en
presencia de 235 personas que habían sido identificadas como “sabias”. Las
mismas tenían entre 59 y 105 años. Casi todas eran de América del Norte, pero tenían etnias, culturas, religiones, orígenes y estatus profesionales
distintos. Las preguntas que se les realizaron fueron cinco: 1) ¿Qué fue lo que
te hizo más feliz? 2) ¿De qué te arrepientes? 3) ¿Qué es lo importante y qué no
lo es? 4) ¿Cuáles fueron los momentos cruciales que te cambiaron la vida? 5)
¿Qué te gustaría haber sabido antes?. Al finalizar con las conversaciones, se
obtuvieron cinco secretos muy definidos; a saber:
1º - Sé coherente contigo mismo
2º - No tengas de lo que arrepentirte
3º - Sé amor
4º - Vive el momento
5º - Da más de lo que recibes
El libro mencionado se titula “Los cinco secretos que hay que descubrir
antes de morir” y su autoría
corresponde al talentoso John Izzo (reconocido psicoterapeuta, licenciado en
religión y psicología. Ha recorrido el mundo para hablar a más de un millón de
personas de cómo hallar la felicidad y el sentido de la vida). Un ser que
además -en mi opinión- es una persona “Sabia” y absolutamente “Consciente del
Sentido de la Vida”.
Cada tanto, suelo releer algunos relatos
elegidos al azar. ¿Qué significa elegir al azar? Pues simple y sencillamente,
tomar el libro entre mis manos y abrirlo en cualquier página. Siempre resulta
para mí, un verdadero deleite repasar las historias y/o reflexiones que
contiene.
Me parece propicia la ocasión, entonces, para
acercarles algunos textos que pueden encontrar en las páginas 78 a 96:
“… El amor como opción
Para
hablar del amor, primero debo definirlo. Amor es una palabra con muchos matices. Debemos diferenciar
entre el sentimiento de amor y la decisión de amar. El amor es a menudo percibido por la sociedad como una
emoción única. Decimos que <está completamente enamorada de él>, que
<amamos el golf y la pizza>, que <somos amantes de la juerga>, y
así sucesivamente, pero en estos casos nos referimos al sentimiento del amor.
Sin embargo, al escuchar a los entrevistados, me empecé a dar cuenta de que,
cuando hablaban de la importancia del amor en sus vidas, definían el amor más
como una elección que como un sentimiento. El secreto para tener una vida feliz
y con sentido era decidir ser una persona con amor, ser amor.
Aunque
puede que no tengamos la capacidad de sentir amor cuando queramos, tenemos
siempre la facultad de ser amor. Vivimos este secreto de tres formas. Primero,
decidimos amarnos a nosotros mismos. Segundo, decidimos actuar con amor hacia
las personas más allegadas a nosotros (la familia, los amigos, etc.). Y finalmente
tenemos que decidir dar amor en todas nuestras interacciones. […] El amor al
que me refiero no es el sentimiento del amor; es la decisión de ser personas que den amor. Al
escribir sobre el tercer secreto, que es ser amor, no me refiero al sentimiento del amor sino a la decisión
de amar.
Primero, ámate a ti mismo
La
primera forma en la que podemos vivir este secreto es decidiendo amarnos a
nosotros mismos. Si no tomamos la decisión radical de considerarnos personas
dignas, no podremos encontrar la felicidad. El amor a nosotros mismos resulta
indispensable para convertirnos en seres humanos espiritualmente sanos. Para
algunos, el amor a uno mismo puede resultar algo natural porque la educación y
la experiencia nos proporcionan un sentimiento profundo sobre propia valía, pero hay otras personas a las
que les cuesta amarse a sí mismas. […] Una
de las formas más importantes en las que decidimos amarnos a nosotros
mismos es vigilando cómo nos alimentamos. Dicen que somos lo que comemos pero
desde un punto de vista espiritual, somos lo que pensamos. Los seres humanos
tenemos una media de 45 mil a 55 mil pensamientos diarios, una auténtica y
constante conversación interior. Nos pasamos el día hablando con nosotros
mismos. La mayoría de nuestros pensamientos son benignos, pero muchos tienen un
gran impacto en cómo nos vemos a nosotros mismos. Por ejemplo, cada vez que nos
decimos cosas como <Soy un perdedor>, <No merezco que me amen>,
<No soy guapo>, <Tengo que demostrar mi valía frente al resto de
personas>, <Estoy gordo>, <No soy un buen padre>, <No soy una
buena persona>, estamos minando nuestro amor hacia nosotros mismos. […]
Priorizar el amor
La segunda parte de este secreto es decidir actuar con
amor hacia las personas más cercanas y hacer que las relaciones de amor sean
una prioridad en nuestra vida. Cuando pregunté a la gente cuál era su mayor
felicidad, sus primeras respuestas siempre hacían referencia a sus esposas,
maridos, hijos, padres o amigos. Y cuando pregunté sobre el arrepentimiento, las
primeras respuestas también tuvieron que ver con sus relaciones, la falta de
prioridad que les habían dado o la sensación de no haber actuado con amor hacia
lo que más les importaba. Hace muchos años, siendo yo sacerdote, un anciano
resentido me dijo: <Me he pasado la mayor parte de la vida centrándome en
las cosas. Las personas siempre estaban en un segundo lugar en mi lista de
prioridades. Ahora que doy cuenta de que mi BMW no me viene a visitar al
geriátrico>. […] Un estudio de una prestigiosa universidad indicaba que en
un hogar medio la proporción de mensajes negativos en relación con los
positivos es de catorce a uno; por cada
comentario positivo que le hacemos a un miembro de la familia, formulamos casi
catorce comentarios críticos. Un estudio parecido señalaba que uno de los
elementos comunes en los matrimonios felices y duraderos era una relación de
siete a uno de los comentarios positivos frente a los negativos en la
comunicación. Y está en nuestras manos cambiar esa proporción. En cada momento,
podemos ofrecer amor y afianzar nuestras relaciones. Podemos decidir ver el
contexto global. […]
Haz el bien si puedes,
pero nunca hagas daño
[…] Al cabo de poco de realizar las entrevistas empecé
a darme cuenta de que el tercer secreto no era simplemente obtener amor, o
incluso darlo a los que están más cerca de ti, sino que el amor se convirtiera
en una forma de ser que abarcara toda nuestra vida. Al actuar con amor, nos
transformamos.
La gente me hablaba de cómo, al avanzar en la vida,
era cada vez más consciente de la importancia de actuar con amor, de la
decisión de ser amable. Lo que aprendí es que actuar con amor no sólo es bueno
para los demás, sino que también nos transforma en el proceso. Cuanto más nos
centramos en actuar con amor, más encontramos la felicidad. […]
Hace muchos años, una chica de veintitantos me contó
una historia conmovedora sobre su madre que resulta un gran ejemplo del poder
de este tercer secreto. Me dijo que su padre y su madre habían ido a verla. Al
final de la visita los llevó al aeropuerto y embarcaron para su vuelo de cuatro
horas de regreso a casa. Ese mismo día su padre la llamó. <Me dijo que tenía
muy malas noticias. En el vuelo de regreso mi madre había sufrido un ataque de
corazón cuando el avión iniciaba el descenso. Cuando aterrizaron, ya había
muerto. Dos días más tarde, tuve que subir a un avión para regresar a casa para
el funeral de mi madre.>
Me contó el largo y triste viaje a casa. Mientras
observaba el paisaje que sobrevolaba, no podía evitar pensar cómo habrían sido
los últimos momentos de su madre. ¿Estaba satisfecha con su vida? ¿Había muerto
con un sentimiento profundo de satisfacción o se arrepentía de algo? ¿Tenía
miedo o se sentía en paz? ¿Sabía lo mucho que la querían? En numerosas
ocasiones los ojos se le llenaron de lágrimas y sollozó.
Al aterrizar, se fue directa al tanatorio y se
encontró una sala abarrotada de personas que habían compartido la vida de su
madre. Su madre era musulmana, pero aquella sala estaba llena de personas de
todos los colores y religiones. La sala estaba repleta de amor. Dado que la
hija vivía fuera desde hacía algún tiempo, no conocía a todo el mundo y se pasó
todo el rato preguntándole a su padre quién era toda esa gente.
Había una mujer sentada sola en una esquina. Cuando le
preguntó a su padre quién era ella, él dijo que no lo sabía. Después de
preguntar a algunos de los mejores amigos de su madre, pronto se dio cuenta de
que nadie parecía saber quién era la desconocida de mediana edad que estaba
sentada sola en una esquina. La chica fue hacia ella, se sentó a su lado y le
dijo:
-Soy la hija pequeña, y todos nos estamos preguntando
de qué conocía a mi madre porque nadie parece saber quién es usted.
-Siento decir que no conocía a tu madre –contestó la
desconocida.
-¿Y por qué está aquí? –le preguntó la chica, perpleja
-Hace muchos años estaba pasando un momento muy
difícil en mi vida. Un día estaba tan desanimada que pensé seriamente en
quitarme la vida. Había tomado un autobús para ir al centro y me senté junto a
una mujer que leía un libro. Pero a mitad de camino lo cerró, lo dejó sobre su
regazo, se volvió hacia mí y me dijo: <Señora, me parece que necesita
hablar>. No sé por qué, pero fue tan amable y tan abierta que le conté lo
que sucedía y lo que pensaba hacer. Cuando llegué a casa, el rato que habíamos
pasado juntas me hizo tomar una decisión distinta, que no sólo afectó a mi vida
sino a la vida de muchos otros.
-Pero ¿qué tiene esto que ver con mi madre? –preguntó
la hija.
-Bueno, estaba tan absorta en mis pensamientos que ni
me presenté a aquella mujer, ni siquiera sabía su nombre. Pero hace dos días vi
una foto en el periódico y he venido aquí esta tarde porque no conocía a tu
madre, ni sabía cómo se llamaba, pero los veinte minutos que pasé con ella me
salvaron la vida.
La joven lloró y luego esbozó una sonrisa. Luego
volvió a llorar hasta que acabó llorando y sonriendo al mismo tiempo. Me
comentó que se dio cuenta de que su madre había vivido toda la vida así. Tanto
con sus hijos como con su marido, sus amigos o una desconocida a la que nunca
más volvería a ver, el amor y la ternura eran su forma de entender la vida. Eso
hizo que fuera una mujer muy feliz, y ahora su hija se daba cuenta de que
además había sido muy especial en cosas que nunca hubiera imaginado. <La vida
de mi madre giraba alrededor del amor, y así trajo la felicidad a otras
personas y la encontró para sí misma. Pronuncié una oración: *Deja que tenga
esa misma vida*.> …”
Como habrán podido
observar, este libro resulta ser -desde mi punto de vista- un “auténtico Canto a
la Vida”. Sin duda alguna, una “Obra Maestra” que debería integrar cualquier
plan de estudios. Emocionante. Convincente. Motivadora.
Quiero finalizar este
compartir, haciéndome eco de las palabras de la contratapa del libro cuando
dice: “¿Por qué esperar un solo día
más cuando podemos tener acceso, hoy mismo, a los secretos que garantizan una
vida plena y feliz?”.
Bendiciones.
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Cuando el Silencio, Habla ...
Retomando la lectura del libro “El silencio habla”, cuya autoría
corresponde a Eckhart Tolle (profesor espiritual contemporáneo que no se halla
alineado con religión o tradición alguna. Su libro “El poder del ahora” lleva vendidos más de un millón de ejemplares;
lo que ubica a dicha obra en la categoría de bestseller. En sus escritos y
seminarios transmite el mensaje de los antiguos maestros espirituales: “hay un camino para salir del sufrimiento y
sentirse en paz”), me sentí motivada -una vez más- a compartir con todos
ustedes, algunas reflexiones y/o conceptos que me han conmovido profundamente.
En el capítulo tres, que se encuentra
desarrollado en las páginas 27 a 36, bajo el título de “El Yo
Separado”, Eckhart se expresa con un lenguaje muy elocuente al describir perfectamente
bien a nuestro “ego”. Desde mi punto de vista, una explicación contundente que
no deja lugar a dudas de “quiénes somos”. Con un vocabulario claro y sencillo,
nos hace amena la lectura. Una verdadera radiografía que revela el aspecto más
oculto de nuestra personalidad, accediendo a lo más profundo de nuestra
“naturaleza humana”.
Los invito -a continuación- a que lo
comprueben por ustedes mismos:
“… La
mente busca alimento incesantemente, y no sólo para el pensamiento; está
buscando alimento para su identidad, para su sentido del yo. Así es como el ego
(el yo separado) viene a la existencia y se recrea a sí mismo.
*******
Cuando
piensas o hablas sobre ti, cuando dices <yo>, sueles referirte a <yo y
mi historia>. Este es el <yo> de lo que te gusta y de lo que te
disgusta, de tus miedos y deseos, el <yo> que nunca está satisfecho por
mucho tiempo. Es un sentido de quien eres creado por la mente, condicionado por
el pasado y que trata de encontrar su realización en el futuro.
¿Puedes
ver que este <yo> es pasajero, que es una formación temporal, como una
onda que recorre la superficie del agua?
¿Quién
ve que esto es así? ¿Quién es consciente de que tus formas física y psicológica son pasajeras? Yo
soy. Este es el <yo> profundo que no tiene nada que ver con el pasado y
el futuro.
*******
¿Qué
quedará de todos los temores y deseos asociados con tu problemática situación
existencial, que consumen cada día la mayor parte de tu atención? Un guión de
varios centímetros de largo entre la fecha de tu nacimiento y la fecha de tu
muerte inscritas en tu lápida.
Para el
ego, éste es un pensamiento deprimente. Para ti es liberador.
*******
Cuando cada pensamiento absorbe tu atención
completamente significa que te identificas con la voz que suena en tu cabeza.
Entonces los pensamientos quedan investidos de un sentido de yo. Esto es el
ego, el <yo> creado por la mente. Este yo fabricado por la mente se
siente incompleto y precario. Por eso el temor y el deseo son sus emociones
predominantes y sus fuerzas motivadoras.
Cuando reconoces que hay una voz en tu cabeza
que pretende ser tú y que nunca deja de hablar, estás saliendo de la
identificación inconsciente con la corriente de pensamientos.
Cuando notas esa voz, te das cuenta de que tú
no eres la voz -el pensador-, sino quien es consciente de ella.
La libertad estriba en conocerte a ti mismo
como la conciencia que está detrás de la voz.
*******
El ego siempre está buscando. Busca añadirse
algo más de esto o de lo otro para completarse. Esto explica su preocupación
compulsiva por el futuro.
Cuando te des cuenta de que estás viviendo
<para el momento siguiente>, ya has salido del patrón mental del ego, con
lo que surge la posibilidad de elegir prestar toda tu atención a este momento.
Prestando toda tu atención a este momento,
una inteligencia mucho mayor que la inteligencia de la mente egótica entra en
tu vida.
*******
Cuando vives a través del ego, siempre
reduces el momento presente a un medio para un fin. Vives para el futuro, y
cuando consigues tus objetivos, no te satisfacen, o al menos no por mucho
tiempo.
Cuando prestas más atención a lo que haces
que al resultado futuro que quieres conseguir con ello, rompes el viejo
condicionamiento del ego.
Entonces tu hacer no sólo es mucho más
eficaz, sino infinitamente más alegre y satisfactorio.
*******
Casi cada ego contiene algún elemento de lo
que podríamos llamar <identidad de víctima>. La imagen de víctimas que
algunas personas tienen de sí mismas es tan fuerte que se convierte en el
núcleo central de su ego. El resentimiento y los agravios forman parte esencial
de su sentido del yo.
Aunque tus agravios estén completamente
<justificados>, te has construido una identidad de víctima que se parece
mucho a una prisión cuyos barrotes están hechos de formas mentales. Mira lo que
te estás haciendo a ti mismo o, más bien, lo que te está haciendo tu mente.
Siente tu apego emocional por tu historia de víctima y date cuenta de la
tendencia compulsiva a pensar o hablar de ella. Mantente presente como testigo
de tu estado interno. No tienes que hacer nada. Con la conciencia vienen la transformación y la libertad.
*******
Los hábitos mentales favoritos del ego, los
que le fortalecen, son la queja y la reactividad. Buena parte de la actividad
emocional-mental de muchas personas consiste en quejarse o reaccionar contra
esto o lo otro. Ello hace que los demás, o la situación, estén
<equivocados>, mientras que tú <tienes razón>. Teniendo razón te
sientes superior, y sintiéndote superior fortaleces tu sentido del yo. En
realidad sólo estás fortaleciendo la ilusión del ego.
¿Puedes observar estos hábitos dentro de ti
mismo y reconocer tu quejumbrosa voz interior por lo que es?
*******
El sentido del yo característico del ego necesita
el conflicto porque su identidad separada se fortalece al luchar contra esto o
lo otro, y al demostrar que esto soy <yo> y eso no soy <yo>.
Es frecuente que tribus, naciones y
religiones consigan fortalecer su sentido de identidad colectiva teniendo
enemigos. ¿Quién sería <creyente> sin el <infiel>?
*******
En tus tratos con otras personas, ¿puedes
detectar ligeros sentimientos de superioridad o inferioridad hacia ellas? Lo
que estás viendo es el ego, que vive de la comparación.
La envidia es un derivado del ego, que se
siente disminuido cuando a otra persona le pasa algo bueno, o cuando alguien
tiene más, sabe más o puede hacer más que tú. La identidad del ego depende de
la comparación y siempre quiere más.
Se agarra a cualquier cosa. Si todo lo demás fracasa, puede fortalecer tu
ficticio sentido del yo sientiéndote más maltratado
por la vida o más enfermo que
otras personas.
¿Cuáles son
las historias, las ficciones de las que derivas tu sentido del yo?
*******
La
necesidad de oponerse, de resistirse y de excluir está incorporada a la
estructura misma del ego, ya que esto le permite mantener el sentido de
separación del que depende su supervivencia. De modo que <yo> soy contra
el <otro>, <nosotros> contra <ellos>.
El ego
necesita estar en conflicto con alguien o algo. Eso explica por qué buscas la
paz, la alegría y el amor, pero no puedes tolerarlos por mucho tiempo. Dices
que quieres la felicidad, pero eres adicto a tu infelicidad.
El último
término, la infelicidad no surge de las circunstancias de tu vida, sino del
condicionamiento de tu mente.
*******
¿Albergas sentimientos de culpa respecto a algo que hiciste -o dejaste de
hacer- en el pasado?
Lo cierto es que actuaste de acuerdo a tu nivel de conciencia, o más bien
de inconsciencia, de aquel tiempo. Si hubieras estado más alerta, si hubieras
sido más consciente, habrías actuado de otra manera.
La culpa es otro intento del ego de crear una identidad, un sentido del yo.
Al ego no le importa que el sentido del yo sea positivo o negativo. Lo que
hiciste o dejaste de hacer fue una manifestación de inconsciencia, de la
inconsciencia humana. El ego, no obstante, lo personaliza y dice: <Yo hice
aquello>, y así te creas una imagen mental de ti mismo como persona
<mala>.
A lo largo de la historia, los seres humanos han cometido incontables actos
de agresión, crueldad y violencia hacia sus semejantes, y continúan
realizándolos. ¿Son todos ellos condenables? ¿Son todos culpables? ¿O dichos
actos son expresiones de la inconsciencia, de una etapa evolutiva que ahora
estamos dejando atrás?
Las
palabras de Jesús: <Perdónalos porque no saben lo que hacen>, también son
aplicables a ti.
Si con
el fin de liberarte te marcas metas egóticas que te potencian o te hacen
sentirte importante, aunque las consigas, no te sentirás satisfecho.
Márcate
metas, pero sabiendo que alcanzarlas no tienen la menor importancia. Cuando
algo surge de la presencia, significa que este instante no es un medio para un
fin: la acción es satisfactoria por sí misma en cada momento. Ya no reduces el
Ahora a un medio para un fin, que es lo que hace la conciencia del ego.
*******
<Cuando
el yo desaparece, desaparecen los problemas>, dijo el maestro budista cuando
le pidieron que explicara el significado profundo del budismo. …”
En mi opinión, queda perfectamente claro que
“somos precisamente aquello que no creemos y/o pensamos que somos”. Se me
ocurre que dos palabras podrían acercarnos a una definición al respecto:
“Consciencia Absoluta”. Entiendo que algunas religiones, tradiciones o
creencias espirituales encuentran en el término “Dios”, “Ser Superior” o
“Divinidad”, una forma de expresar aquello que “realmente somos” al situarnos
como “criaturas o creaciones divinas”.
Me parece oportuno que cada uno de nosotros,
que cada “Ser Humano” inicie una profunda re-visión de sí mismo; que nos
avoquemos a una “intensa búsqueda interior que nos lleve a comprender el
sentido de nuestra Vida”; que empecemos a “re-conectarnos” con nuestra
“Verdadera y única Esencia”; que demos rienda suelta a nuestra “Verdadera
Identidad”, que bien podría traducirse como la “Eternidad del Aquí y Ahora”.
Te invito a que te animes a “adentrarte en el
maravilloso mundo del Silencio que Habla” …
Bendiciones.
martes, 9 de septiembre de 2014
Un Faro Muy Especial ...
Hace
un tiempo, leí un relato que me pareció
por demás ilustrativo del peligro que entraña dejarse llevar por la soberbia.
En un intento por recordar -lo más fielmente posible- la estructura del mismo y
de transmitir su espíritu, voy a reproducirlo a continuación:
“Era
noche cerrada y por altavoz, se escuchaba desde lejos: <se solicita al
capitán del barco que desvíe su curso>. Dicho capitán, ofuscado por la
pretensión de realizar una maniobra que él no había ordenado, replicó diciendo:
<¡en ejercicio de la autoridad que me ha sido conferida y en mi condición de
capitán del barco, le ordeno que sea usted quien se haga a un lado!>. En
dirección contraria, se volvió a escuchar por altavoz: <se solicita
respetuosamente al capitán del barco que desvíe su curso>. El capitán, para
entonces fuera de sí, replicó muy duramente pero -esta vez- agregando una serie
de insultos e improperios muy poco dignos -por decirlo de alguna manera- de su
rango. Fue entonces que, por última vez, se escuchó decir por altavoz: <se
informa al señor capitán del barco, con el
mayor de los respetos que la autoridad que le ha sido conferida me
merece, que la solicitud para que desvíe
el curso del barco obedece a una poderosa razón: estamos en un faro>.”
¡Qué
importante es tener la humildad suficiente para poder escuchar una advertencia
hecha a tiempo! ¡Qué peligroso se torna cuando la soberbia nubla el
entendimiento y nuestra mente conecta con la humillación! ¡Cuántas veces
creemos que nuestro prestigio es rebajado frente a una voz que nos invita a
revisar el curso de nuestro viaje, en pos de nuestro beneficio!
Me
pareció muy interesante reflexionar sobre el particular. A todos nos puede
suceder; de hecho, creo a todos nos ha sucedido alguna vez en nuestra vida. Si
analizamos el curso de los acontecimientos a gran escala, podremos observar que
nuestro bendito planeta Tierra se halla amenazado por algo mucho más grande que
desastres naturales: se halla amenazado por el accionar de los “Seres Humanos”.
Somos absolutos responsables de aquello que nos acontece. Personalmente, creo
que estamos muy lejos de poder darnos el lujo de seguir transitando los caminos
de la violencia, el miedo, la soberbia, la indiferencia; en definitiva, el camino del des-Amor.
Día
tras día, las noticias que llegan a nuestros oídos -de todas partes de mundo-
dan cuenta de una insatisfacción creciente que lleva a toda clase de desmanes,
actos de abuso, destrucción, perversión. La enajenación y la alienación están
al tope del ranking de las acciones humanas. Y yo me pregunto: ¿no será que la
“des-Humanización” nos ha llevado a semejante comportamiento? Un aforismo que
leí en un libro de José Narosky dice que: “Las fieras no pueden comprender
la ferocidad del hombre”. Bien por José. Coincido.
Quizás,
haya llegado el momento de cuestionarnos seriamente el sentido de nuestra vida.
¿Estamos respondiendo a nuestra “Verdadera Esencia”? Mario Benedetti nos ha
dejado una excelente reflexión: “Me gusta la gente capaz de entender que el
mayor error del ser humano es intentar sacar de la cabeza aquello que no sale
del corazón”. Bien por Mario. Coincido nuevamente.
Tal
vez, sea tiempo de re-inventarse a uno mismo. Tal vez, sea tiempo de llamarnos
a una profunda re-visión en todo sentido. Tal vez, sea tiempo de soltar las
amarras que nos atan, nos esclavizan y nos impiden ser “Verdaderamente Libres”.
Hoy
quiero invitarlos a que se animen a cuestionarse; a que se animen a sentirse; a
que se animen a re-conocerse; a que se animen a superarse. Yo creo que es una
meta posible. Si cada uno de nosotros empieza a transformarse personalmente,
todo lo demás seguirá nuestros pasos. Tengamos siempre presente que “TODO ES
UNO”, “TODOS SOMOS UNO” ...
Bendiciones.
viernes, 29 de agosto de 2014
Mi Querido Viejo ...
En tu andar cotidiano
hoy de paso cansino
aún, oculto, en los años
percibo al Soplo Divino.
Nadie
sabe la hora,
ni
conoce bien el día
en
que el cuerpo que moras,
ya
no albergue más Vida.
Dolor
en el Alma
para
quien siga vivo;
uno ya
se adelanta,
otro
aún es cautivo.
Las palabras nos sobran
si el entorno enmudece,
sólo quedan las obras
cuando el cielo oscurece.
Juventud
y belleza
un
divino tesoro,
van
gestando grandeza
en
su cuna de oro.
Ya no
son esos años
los
que marcan tu tiempo,
más
allá de los daños
es tu
cuerpo, aún, tu templo.
Soy tu apoyo viviente
en tus días de otoño,
ayer fuiste simiente
cuando yo era un retoño.
Mientras fui chiquilina
muchas
veces me distraje;
de
tu férrea disciplina
aprendí
a tener coraje.
Me
convertí en adulta,
fui
quitándome las culpas,
hice
miles de preguntas,
fueron
menos las disculpas.
Te juzgué y fui juzgada,
hasta que caí en la cuenta
de la trampa disfrazada,
bajo el traje de una afrenta
el orgullo se escondía,
la batalla me ganaba
¡cuán herida me sentía!
al Corazón, poco escuchaba.
La
distancia arreciaba,
las
rencillas nos vencían;
la
Vida así desperdiciaba
¡toda
el Alma me dolía!.
Fue
Dios el que intervino
con su
mano poderosa,
allanando
los caminos,
y mis
plegarias, fervorosas.
Los momentos compartidos
agradezco hoy a la Vida,
los que aún no hemos vivido
los ansío cada día.
Cuando
debas partir
será
un día de Gloria,
es
al nacer y al morir
que
se forja nuestra historia;
más
allá de tu partida
continúa
mi camino,
peregrina
de esta Vida,
labradora
de un destino.
Bendiciones.
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