miércoles, 24 de octubre de 2012

Sobre "debilidades y manipulaciones" (segunda parte) ...


Continuando con mi incursión en el tema de los abusos, les acerco a ustedes los últimos fragmentos que he decido extraer del libro “El abuso de debilidad” – Y otras manipulaciones de la genial autora y experta en la materia, Marie-France Irigoyen (psiquiatra, psicoanalista y psicoterapeuta de familia especializada en la terapia del acoso moral o acoso psicológico. Tras centrar su investigación en todas las formas de violencia: familiar, perversa y sexual, decidió formarse en Victimología en Estados Unidos. En 1998 publicó en Francia El acoso moral, que pronto se convirtió en bestseller mundial. Es también autora de Las nuevas soledades, Mujeres maltratadas y El acoso moral en el trabajo).

“... La desresponsabilización. Cuando un manipulador/tramposo es desenmascarado, hemos visto que la solución que adopta es hacerse la víctima. Primero, la negación: <Yo no he dicho (o hecho) jamás eso>; luego, la indignación: <¿Cómo pueden decir eso de mi? ¡Los que me conocen saben muy bien que es falso!>. Después invocan la discriminación: <Es por mi origen social, es porque soy mujer/negro/judío...>. Y finalmente acusan: <Es un montaje, una intriga, un complot>. ... Culpar a los demás de las propias debilidades, atribuir la propia desgracia a la actitud injusta del otro es una manera de protegerse cuando la autoestima es frágil. Eso cada vez se practica más. Como psiquiatra, recibo a veces a personas que no vienen para interrogarse sobre ellas mismas, sino únicamente para que se les reconozca su posición de víctimas. ...

... El cambio de valores. Los valores actuales han cambiado. Se prioriza la vía rápida, que consiste en avanzar mucho más con la picaresca que con el esfuerzo, con la trampa que con el trabajo. ... En lugar de construirse un pensamiento propio, todos zapean entre las ideas de los demás. ... Nuestro mundo se ha endurecido. Tanto en los comportamientos profesionales como políticos, la bondad ya no se lleva, y hasta resulta sospechosa, se la asimila a la blandura. Lo que la ha sustituido es la obsesión por eliminar a la competencia, la necesidad de ser feroz, de no regalar nada. Hay estudios que han revelado que los que más poder tienen para hacer daño son los que más se promocionan. La naturaleza humana es así. ...

... ¿Por qué lo aceptamos?. ¿Se ha vuelto el ciudadano especialmente ingenuo o es que la presión social lo ha desengañado y lo ha hecho apático y pasivo? ... A través de los sondeos, es posible detectar nuestros deseos más profundos, nuestras debilidades ocultas, lo que luego permite apelar a nuestros puntos más vulnerables. ... Se trata por supuesto de una dominación suave, pero que, sin embargo, nos tiene sojuzgados. ... Hay que estar en forma, ser feliz, realizarse, ser eficiente. Se exalta la autogestión, la obligación de ser emprendedores de nosotros mismos. Esto agota a los individuos y les provoca esas patologías de la insuficiencia tan bien descritas por Ehrenberg. Tanto en el trabajo como en la familia o en la vida social, la gente teme <no dar en la talla> o <no estar a la altura>, y cuando vienen a la consulta es para pedir una píldora que les dé seguridad. ... De ahí que para tener el perfil requerido y evitar la exclusión haya que fingir, parecer dinámico, disimular el cansancio y la lasitud. De esta forma desarrollamos un falso self (*) adaptativo, que nos aleja de nuestros verdaderos sentimientos internos y nos sume en una existencia desprovista de autenticidad. Frente a tantas presiones y solicitaciones, tendemos a capitular, a aceptarlo todo, a renunciar a ser dueños de nuestro destino. ... <Cualquier sentido vale más que ningún sentido en absoluto>, escribía Nietzche. ... ¿Cómo discriminar entonces entre la información y la intoxicación?. ...

... La pérdida de los límites. En nuestra sociedad narcisista, ya no hay límites a los deseos y por tanto ya no hay nada que desear. Todo parece posible y da la impresión de que todo nos es debido. Hemos perdido el sentido de lo prohibido y de la renuncia pulsional. Este importante cambio ha afectado a la psicopatología de los individuos, que jamás se han sentido tan decepcionados y tan desencantados y que buscan desesperadamente la forma de aumentar su autoestima. ¿Acaso no era este atentado contra los límites lo que presentían los psicoanalistas cuando empezaron a hablar de estado límite (*)? ... El estado límite es una organización de la personalidad que oscila entre unos aspectos neuróticos y unos aspectos psicóticos. Estos individuos alternan entre momentos en que están hiperadaptados, bien insertados en lo real, y momentos proyectivos en que esa misma realidad es deformada e interpretada de forma excesiva y desmedida. En otras palabras, el estado límite no es una estructura, sino un modo de funcionamiento que consiste en saltar de un lado a otro de la frontera. ... Este modo de funcionamiento, cada vez más extendido, traduce una inseguridad interna que hace a las personas vulnerables ante la manipulación y el abuso. ...
... Aunque sea una persona formada y culta, el individuo moderno, como se ha vuelto inseguro, es eminentemente influenciable. Quiere ser libre, pero precisamente esta sensación de que goza de libertad lo hace más manipulable. Deberá pues estar al acecho, no para desconfiar de todo y de todo el mundo, sino para preguntarse por los límites de lo que le parece aceptable. ¿Qué le conviene, qué rechaza? ...
... Los tiempos han cambiado, los excesos han provocado hastío, la inseguridad se ha instalado junto con la crisis económica y financiera, el miedo a las catástrofes, a las epidemias, a los riesgos medioambientales. Tras la euforia de la liberalización ha llegado el desencanto. Nuestros contemporáneos han perdido su espontaneidad. Se han vuelto desconfiados, se repliegan en sí mismos, ya no se ilusionan con los discursos políticos. Tienen la sensación de haber sido engañados. Los que inicialmente se dejaron fascinar por la vida de placer y lujo de algunos personajes mediáticos tal vez han comprendido que se había llegado demasiado lejos. ... Pero ¡cuidado!, la actual inflación del derecho no debe sustituir a un control interno ...”


(*) el resaltado es de mi autoría

Antes de finalizar este compartir, quiero invitarlos -una vez más- a que se acerquen a la bibliografía de Marie-France Irigoyen, y así puedan disfrutar de su experiencia en el abordaje de un tema tan actual  como lo es el del “abuso”. Estoy convencida de que ningún lector quedará defraudado, luego de acceder a todo el caudal de conocimientos y experiencias que posee esta experta en la materia.

 
Bendiciones.



martes, 23 de octubre de 2012

Sobre "debilidades y manipulaciones" (primera parte) ...


En mi opinión, la “Humanidad” está transitando la antesala de una “crisis a gran escala y en todos los órdenes”. La “Humanidad” está atravesando el umbral que precede al “salto cuántico” que le permitirá, una vez más, seguir su camino de evolución. Y es entonces cuando la “degradación” se presenta para dar paso a “un mayor nivel de conciencia”, a “una mayor expansión del SER”, a “un re-encuentro con nuestra verdadera y auténtica esencia”, a “un re-conocernos como aquello que siempre fuimos, somos y seremos”: “Seres espirituales viviendo una experiencia humana y no seres humanos viviendo una experiencia espitirual” (en palabras de Teilhard de Chardin).

Es por ello que los tiempos que corren, nos encuentran presenciando todo tipo de abusos. Al respecto, me parece oportuno acercarles algunos fragmentos extraídos del libro “El abuso de debilidad” – Y otras manipulaciones de la genial autora y experta en la materia, Marie-France Irigoyen (psiquiatra, psicoanalista y psicoterapeuta de familia especializada en la terapia del acoso moral o acoso psicológico. Tras centrar su investigación en todas las formas de violencia: familiar, perversa y sexual, decidió formarse en Victimología en Estados Unidos. En 1998 publicó en Francia El acoso moral, que pronto se convirtió en bestseller mundial. Es también autora de Las nuevas soledades, Mujeres maltratadas y El acoso moral en el trabajo).

“ ... la autora analiza las situaciones en las que el individuo se aprovecha de una persona vulnerable o demasiado crédula. Un estafador que utiliza la debilidad de una mujer para que le de dinero; una anciana que convierte a un joven atento en su heredero; una esposa abandonada que persuade a sus hijos de que su padre no les quiere; un hombre rico y poderoso que fuerza una relación sexual con una subordinada y todos los chantajes afectivos que perturban nuestras vidas. ... Personas mayores, niños, adultos en situación de sometimiento psicológico: ¿dónde  comienza la influencia normal y sana, y dónde empieza la manipulación?. Basándose en su experiencia clínica, la autora esclarece el concepto de consentimiento y las derivaciones de conductas calificadas a menudo de “inapropiadas”; una palabra cuya imprecisión nos indica, tal vez, hasta que punto estamos indefensos ante la cuestión de los límites. ...”

“... A modo de conclusión. La sociedad facilitadora.
... Los aspectos que caracterizan a los perversos morales (megalomanía, seducción, mentiras y ausencia de escrúpulos) se han convertido en nuestra época en las cualidades que se requieren para <triunfar>, tanto en las empresas como en la política o en cualquier actividad social. ...

... la manipulación se ha profesionalizado y hay asesores que forman a los dirigentes y a los políticos para la seducción, las medias verdades e incluso las componendas con la moral. Saben pulir la apariencia de su cliente para hacerlo seductor, torcer los hechos para presentarlos desde una perspectiva favorable y poner en escena ciertos acontecimientos para influenciar a la opinión. También saben practicar la desinformación, desacreditar a los competidores o montar <casos> para hundir a un adversario. En el fondo, a partir de un individuo cualquiera, estos expertos en la manipulación y la estafa pueden construir un avatar adaptado a cada situación. ...

... La seducción y la manipulación. La seducción tanto interpersonal como social se ha convertido en la clave de todas las relaciones. ... Lo que importa es la apariencia, y en primer lugar la apariencia física. ... Ser seductor pasa por un porte seguro, un tono de voz y una serie de comportamientos no verbales, movimientos y utilización del espacio. ... Vivimos en un mundo de apariencias, donde importa poco lo que uno es o lo que uno hace; lo que cuenta es lo que se ve. Este culto de la imagen se ha extendido a todos los terrenos. En el mundo del trabajo, nos preocupamos mucho menos de las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones que de sus resultados inmediatos y aparentes. Ya no basta con trabajar y conseguir buenos resultados, hay que mostrarse, hacerse ver, tener una camarilla que te apoye. ... La seducción también pasa por el lenguaje. ...  se puede manipular al otro con palabras zalameras. ... Basta con envolver el mensaje en un lenguaje eufemístico y lenitivo, hablar de bienestar, de respeto y de tolerancia. ...

.... La mentira. Actualmente, la frontera entre mentira y realidad se ha difuminado. ... La mentira  se ha banalizado tanto que hay mentirosos reconocidos como tales que siguen expresándose en los medios o conservan su mandato político. ... Es la regla del juego en un mundo donde, para sobrevivir, hace falta el apoyo de una camarilla o de toda una corporación, y sobre todo <tener agarrado> al otro. Aunque prefiramos no verlo, el mundo de la empresa está contaminado por esa banalización de la mentira. ... Otro estudio de Dana Carney de la Columbia Business School afirma que las personas que tienen poder mienten mejor que el común de los mortales. El discurso del directivo es un ejemplo de esas medias verdades y otras componendas con la realidad. Quiere ser seductor de cara al candidato a ser contratado y en aras de la buena imagen exterior de la empresa, pero es sobre todo manipulador, y lo que intenta es dominar a los empleados para que obedezcan dócilmente. Ese discurso, de una aparente neutralidad y de una incontestable racionalidad, habla de valores nobles y universales como la integridad, la solidaridad y la convivencia, pero es perverso en el sentido de que instrumentaliza a las personas y prescinde de lo humano. ... La mentira es a veces más directa, como en esas empresas que con la excusa de la crisis económica despiden trabajadores a pesar de estar obteniendo excelentes resultados. ... En efecto, detrás de esa apariencia de atención y de empatía se trasluce a menudo un desprecio por el trabajador al que se culpabiliza y al que se rechaza si no se muestra sumiso. Así se crea una pantalla semántica para ocultar que se pide al trabajador más sumisión y obediencia que nunca. ...

... Falta de escrúpulos. La crisis económica ha permitido a los ciudadanos darse cuenta de la frecuencia con la cual los mercados financieros transgreden la ley. Se ha convertido casi en una norma. ...”

Desde mi punto de vista, una lectura altamente recomendada para quienes deseen incrementar su nivel de auto-conocimiento, a los fines de aventurarse en pos de lograr “una auténtica transformación personal que los impulse a ser portavoces de la Unidad”: aquella que formamos entre todos, aquella que nos congrega en “unión indisoluble con todo lo que existe, es decir, con el Universo mismo".


 Bendiciones.


jueves, 18 de octubre de 2012

Sócrates, Epicuro, Diógenes y Epícteto

En esta oportunidad quiero compartir con ustedes, algunos pasajes extraídos del libro “El camino de los sabios” – Filosofía para la vida cotidiana del destacado autor Walter Riso (cursó estudios universitarios de psicología, se especializó en terapia cognitiva y obtuvo una maestría en bioética; alterna el ejercicio de la cátedra universitaria con la publicación de textos científicos y de divulgación de diversos medios). Una vez más, y como nos tiene acostumbrados a quienes somos asiduos lectores de sus publicaciones, Walter nos deleita con reflexiones precisas, certeras e impregnadas de conciencia, producto de su amplia experiencia profesional y personal. Una lectura más que recomendada para todos aquellos que deseen -como puede leerse en la contratapa- “... aumentar nuestra calidad de vida y nuestro crecimiento personal...”.

(páginas 119-120) "...La sabiduría contagiosa ... la sabiduría silenciosa está presente en la mayoría de las enseñanzas de la filosofía antigua, y Sócrates, aunque se comunicaba verbalmente con los demás, no era la excepción. Su sola presencia imprimía en los que lo rodeaban, una curiosa forma de aprendizaje por contagio ... No hablamos de un culto a la personalidad, de una sumisión espiritual o intelectual, sino del método educativo más antiguo y eficaz: el ejemplo; se trata del modo de vida que se decanta por una observación participativa. ¿Cómo no admirar al buen maestro? El proceso de aprendizaje que proponía Sócrates partía de un acuerdo tácito con sus discípulos: una pedagogía sin el peso de la autoridad moral y sin la arrogancia del sabiondo. Pero había un ingrediente más: la pasión por lo que hacía, un sentido de vida manifiesto y coherente que se transmitía a quienes lo escuchaban. Intenta el siguiente experimento: sin violar su territorio, porque ésa no es la intención, acércate a una persona a quien respetes y admires por su sensatez o sabiduría. Trata de compartir su espacio sin otra pretensión que la de estar allí. No le preguntes nada, no intentes que te enseñe, nada de consejos. Sólo quédate allí unas horas o, si puedes, unos días. Mírala actuar, observa cómo se mueve, cómo piensa, cómo habla. Acompáñala en silencio, deja que su ser te impregne, que su amor te llegue. Después, vuelve a la rutina y sigue con tu vida, a ver qué pasa. Quizá, sólo quizá, comiences a sentirte un poco más tranquilo y tolerante, sin tantas preocupaciones. No esperes una revolución psicológica, sólo es un experimento, la oportunidad de recibir un aliento, un soplo del sosiego ajeno..."

(páginas 139-140) "...Epicuro afirmaba: <El sabio ni desea la vida ni rehúye el dejarla porque para él vivir ni es un mal ni lo considera que lo sea la muerte. Y así como entre los alimentos no escoge los más abundantes sino los más agradables, del mismo modo disfruta no del tiempo más largo, sino del más intenso placer>. En la mayoría de las culturas se defiende que los jóvenes tengan una buena vida y que los ancianos tengan una buena muerte, pero tal como sugiere Epicuro, no hay un tiempo para vivir y otro para morir. La edad cronológica nada tiene que ver con las ganas y la fuerza de querer realizarnos como personas, por eso hay ancianos y ancianas <juveniles> y chicas y chicos <avejentados> . No son los años pasados ni los bríos futuros los que justifican una vida o una muerte. Y en este punto creo que el misticismo puede tener razón: el gozo del presente vivido intensamente, seamos viejos o jóvenes, puede definir toda una existencia..."

(páginas 163-165) “...Diógenes pensaba que las bestias eran mucho más felices que los hombres ... Los animales servían como ejemplos para que el hombre pudiera recuperar su estado natural. El plan consistía en <apoyarse> en la naturaleza para después saltar a un hombre más sabio, libre y feliz ... La invitación cínica es a tener la naturaleza como guía y maestra para liberarnos un poco de la influencia del lado malo de la cultura. Cuando me encuentro con personas que alaban el avance tecnológico y promueven un culto a la civilización, suelo estar en desacuerdo. No niego que ahora vivimos más años, pero tengo mis dudas respecto a la mejoría que hayamos logrado en lo que respecta a nuestra calidad de vida. En realidad, no creo que nuestros antecesores lo pasaran tan mal ... Si pudieras elegir, ¿preferirías vivir cien años en la modernidad, agobiado por las prisas, el pago de la hipoteca, los seguros y la salud, o vivir cuarenta años y ser un recolector de bayas, no tener que pagar impuestos y sin tanta contaminación? Estoy de acuerdo en que a Diógenes le hubiera resultado difícil utilizar a un dinosaurio como modelo ético, pero tampoco se habría emocionado mucho con los Simpson...”

(páginas 190-193) “... Epícteto resumía así este punto: <Los hombres se ven perturbados no por las cosas, sino por las opiniones sobre las cosas...Así que, cuando suframos impedimentos o nos veamos perturbados o nos entristezcamos, no le echemos nunca la culpa a otro, sino a nosotros mismos, es decir, a nuestras opiniones>. Veamos algunos ejemplos de la vida cotidiana: * Dos personas de igual talla se pesan, y ambas descubren que han engordado tres kilos: una se deprime, es presa del pánico y corre hacia el nutricionista, mientras la otra se dice a sí misma, sin angustia: <Debo bajar de peso>, y empieza a ir al gimnasio. El hecho es el mismo, pero la interpretación y el significado que se da al sobrepeso es distinto. Probablemente, en el primer caso se trate de una persona que valora en exceso la delgadez y la considera un indicador de éxito social o de seguridad personal; para la segunda, la imagen corporal no es un problema. ... * A dos jóvenes no los invitan a una fiesta: el primero entra en una crisis existencial porque interpreta que no lo quieren y se autocompadece, mientras que el otro, tomando a Diógenes como modelo, se dice: <No saben lo que se pierden>, y sigue con su vida normal. Al primero se le acabó el mundo; el segundo se prepara para cosas mejores: <Habrá otras fiestas>. ...”


  
Bendiciones.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Al "carajo" o al "palo mayor" ...


Desde hace tiempo vengo escuchando por doquier, una expresión que -a simple escucha- podría ser calificada de inapropiada, tal vez, por algunas personas que han hecho de la formalidad, un cimiento para desarrollar su personalidad; siempre y cuando, su utilización, no se encuadre dentro del ámbito con el cual se la vincula, merced a su significado.

Particularmente, me incluyo dentro del grupo de personas que, poco o nada, han indagado sobre esta palabra pero cuyos oídos la escuchan habitualmente. Según dicen, “carajo” responde -en su acepción marítima- a la definición de “lugar elevado en un barco, generalmente en lo alto del palo mayor”; lugar éste desde el cual se logra la mejor vista. Hasta aquí, no me parece que dicho vocablo pueda llegar a constituirse en una expresión en la que necesite ahondar. Pero escuchando decir que allí mandaban a subirse a alguien cuando se encontraba castigado, exponiéndolo a los vientos, al frío, al calor y a los vaivenes propios de una embarcación, por encontrarse el “carajo” en el punto más alejado del centro de gravedad, entonces dicha palabra me invita a detenerme por un momento y a reflexionar acerca del sentido que tiene el castigo. En función de ello, algunas preguntas afloran en mi mente:
*     ¿qué misión cumple el castigo?
*     ¿redime o condena?
*    ¿quién resulta la víctima y quién el victimario?
*    ¿corrige solamente a la víctima o también encamina al victimario?
*    ¿qué lugar ocuparía la compasión frente al error?

Desde mi experiencia puedo asegurar que, sin dejar de reconocer la necesidad humana de reparación de un daño o perjuicio causado, la mejor vía para llegar a tomar conciencia, es la que transitamos al experimentar -en toda su plenitud- aquella situación o aquel hecho que imputamos a otro u otros. Cuando digo “plenitud” me refiero no sólo a la parte física, intelectual o psíquica sino (y principalmente) a la espiritual también. Es entonces en este punto, donde entiendo precisamente que el castigo se torna innecesario puesto que, al compartir -desde el Corazón- la misma experiencia con otro u otros, opera la redención completa de todo y todos los que se han visto involucrados en un hecho y/o situación determinada. Con ello -a  mi entender- tanto el uno como el otro (o las dos caras de la misma moneda) logran la “unidad perfecta”. Se redimen mutuamente. Si el castigo tiene como función la “redención del pecador” y la “reparación del daño” causado a la “víctima”, entonces nada mejor que “redimir y reparar desde la propia vivencia” que, en definitiva, no es otra cosa que tomar conciencia de que “somos seres espirituales viviendo una experiencia humana y no seres humanos viviendo una experiencia espiritual” (como afirmaba Teilhard de Chardin).

Dejando ya de lado el “carajo” y continuando con el lenguaje marítimo,  me parece oportuno referirme ahora al “palo mayor”, cuya definición nos remite a la idea de un “palo (el más alto) de un buque y que sirve de sostén a la vela principal”. Esto viene a recordarme una expresión que solía utilizar con cierta frecuencia -y obviamente en broma- un jefe que supe tener años atrás, cuando una compañera de trabajo cometía algún error: “...te voy a colgar del palo mayor...”. Y aquí es también donde acuden a mi mente, una serie de reflexiones a la luz de una comparación que me permite asemejar al “palo mayor” con aquello que cada uno de nosotros pueda considerar “su punto de referencia -el más elevado- y que sirve de sostén a toda su existencia; ese punto donde se sostiene la conciencia -la vela- que permite transitar el camino hacia el encuentro con nuestra verdadera esencia, con nuestro Yo Superior”. Entonces, me pregunto: ¿porqué utilizar ese “palo mayor” o “punto de referencia” para “castigar” cuando podemos emplearlo para la noble tarea de “sostener nuestro Corazón”, de “ ser una caricia para el Alma”? ¿Qué estamos esperando para ampliar nuestro nivel de conciencia (desplegar las velas) y encaminarnos hacia una Vida plena de autenticidad?. Bien vale la pena, sacar a la luz, colocar en “lo más alto de nuestro punto de referencia (sinónimo de palo mayor) todas nuestras capacidades, dones y talentos para ser puestos al servicio de toda la Humanidad”.

Antes de finalizar este compartir, quiero recordarles que: “de esta vida nadie sale vivo”. Los invito -por lo tanto- a que cada uno desde su lugar, se convierta en un manantial de oportunidades que les permita desarrollar el mayor potencial al que -como Seres Humanos- podemos acceder, en magnífica sintonía con todo lo que existe, con el Universo mismo y con nuestro verdadero y único “SER” ...



 
Bendiciones.

viernes, 28 de septiembre de 2012

El "acoso moral" también es un trabajo ...

En esta oportunidad, quiero compartir con ustedes, algunos pasajes del libro “El acoso moral en el trabajo” – Distinguir lo verdadero de lo falso de Marie-France Irigoyen (psiquiatra, psicoanalista y psicoterapeuta familiar autora del libro titulado “El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana” quien también colabora con numerosas instituciones, participa en talleres de formación y ha formado parte de un grupo de estudio relativo al tema).

En esta etapa de nuestra evolución en donde el egocentrismo está a la orden del día, algunos de los aspectos más oscuros del alma humana, parecen multiplicarse en progresión geométrica. El “acoso moral”, es uno de ellos. Es así que, con la intención de tomar conciencia de este accionar al que me he permitido incluir dentro de la categoría de “trabajo” (considerando al mismo como sinónimo de “esfuerzo”), transcribo -a continuación- una serie de consideraciones vertidas por la autora más arriba citada.

“... Hasta hoy, las personas que se han aventurado a conclusiones en este terreno no han conseguido ponerse de acuerdo acerca de una definición suficientemente pertinente, pues el fenómeno puede abordarse de muchas maneras, según la perspectiva de la que uno parta, e implica además a distintos especialistas (médicos, sociólogos, juristas...) que utilizan lenguajes y maneras de pensar diferentes ...

... Pocas agresiones como ésta comportan trastornos psicosomáticos tan graves a corto plazo y consecuencias a largo plazo tan desestructurantes. De momento, los médicos de familia y los psiquiatras apenas reconocen la especificidad de este tipo de violencias y los síntomas que resultan de ellas. Los médicos de empresa, que llevan tiempo observando este tipo de situaciones, no siempre saben cómo proteger a las víctimas ...

... En cuanto a los juristas, intentan hallar una definición que connote el mínimo de subjetividad para poder calificar penalmente estas conductas violentas ...

... Personalmente, prefiero una definición que tenga en cuenta las consecuencias de este comportamiento sobre las personas. Así, propuse la siguiente definición a los grupos de trabajo en los que he participado ...: el acoso moral en el trabajo se define como toda conducta abusiva (gesto, palabra, comportamiento, actitud...) que atenta, por su repetición o sistematización, contra la dignidad o la integridad psíquica o física de una persona, poniendo en peligro su empleo o degradando el ambiente de trabajo (*). Sea cual sea la definición final, el acoso moral es una violencia en pequeñas dosis, que no se advierte y que, sin embargo, es muy destructiva ...

... En su inicio, el fenómeno es parecido al sentimiento de inseguridad en los barrios, descrito en términos de incivilidad. Como consecuencia, todas las personas que están en su punto de mira están profundamente desestabilizadas ...

... El modo específico de agresión varía según los medios socioculturales y los sectores profesionales. En los sectores de producción, la violencia es más directa, verbal o física. Cuanto más arriba subimos en la jerarquía y en la escala sociocultural, más sofisticadas, perversas y difíciles de advertir son las agresiones ...

... El miedo es el motor esencial que lleva al acoso moral, dado que, en términos generales, es lo que nos convierte en seres violentos: atacamos antes de ser atacados. Agredimos al otro para protegernos de un peligro ...

... Es el miedo a no estar a la altura, el miedo a no complacer al jefe, a que los colegas no le aprecien a uno, el miedo al cambio, también es el miedo a una sanción o a cometer un error profesional que pueda conllevar el despido. Actualmente, dicho miedo es mucho más indirecto que en el pasado. Cada vez es menos habitual ver a un jefe que exija abiertamente la sumisión de sus colaboradores, pero, cuando se elogia la autonomía y el espíritu de iniciativa de los asalariados, lo que se pretende más bien es culpabilizarles. Se les da a entender que sus dificultades se las crean ellos mismos y que son los responsables de los quebraderos de cabeza que puedan tener si no están en conformidad con el sistema. De ese modo, el miedo contribuye a la uniformización y constituye una forma solapada de poner al empleado en vereda ...

... En algunas empresas, la estrategia de gestión del personal descansa completamente sobre el miedo. Los asalariados están siempre a la defensiva y eso repercute de uno al otro extremo de la jerarquía. Es muy difícil hablar de ello porque les da vergüenza expresar un miedo propio de los niños. Los menos sólidos caerán entonces en la tentación de hacer que sus inferiores jerárquicos paguen por la violencia que les infringen a ellos ...

... El miedo que uno le tiene al otro también induce a desconfiar de todo el mundo. Hay que ocultar las propias debilidades por temor a que el otro les saque partido. Hay que atacar antes de ser atacado y, de cualquier modo, considerar al otro como un rival peligroso o un enemigo potencial. Como en estado de legítima defensa, pretendemos desembarazarnos del otro para salvarnos. Los perversos narcisistas son los que más miedo les tienen a los demás. Para ellos, todas las personas a las que no consiguen seducir o someter son potencialmente peligrosas. El miedo nos lleva a demonizar al otro, le atribuimos sentimientos agresivos porque creemos estar en una posición inestable y nos sentimos amenazados. Ello nos puede llevar a acosar a una persona, no tanto por lo que es, sino por lo que imaginamos que es ...

... En ocasiones el miedo engendra la cobardía: es el caso de los perversos narcisistas en sus conductas irrespetuosas por miedo a ser acosados a su vez. El miedo puede nacer sin que existan necesariamente presiones por parte de la jerarquía y suele ser causa de conductas infantiles : miedo a que le riñan a uno, miedo a que le reprendan por una conducta reprochable, miedo a que se descubra una malversación. Cuando se teme que se descubra una falta o una irregularidad , se puede caer en la tentación de deshacerse de los testigos ...”

(*) el resaltado es de mi autoría

Tal vez sea hora de poner en práctica las palabras de Jesús: “No tengas miedo, sólo ten FE”. Pero ¿dónde se compra, se consigue, se encuentra o se halla la FE? ¿Es gratis o cuesta adquirirla? ¿Es para todos o sólo para unos pocos privilegiados? Por mi experiencia, puedo decirles que la FE es un bien común a todos los seres humanos cualquiera sea la creencia o el nombre con el cual se la pueda identificar. Es un atributo del Universo al alcance de quien quiera se anime a Vivir en plenitud, a vivir al calor de las inspiraciones del Corazón, a decidirse por Amar, a elegir el camino de la Unidad más allá de lo que nuestro intelecto pueda conocer o nuestros ojos puedan ver. Es confiar en que la Vida actúa de acuerdo a un orden perfecto que nos incluye. Es, simplemente, sentir en lo más profundo de nuestro SER que “en Dios vivimos, nos movemos y existimos” ...


  
Bendiciones.

martes, 18 de septiembre de 2012

Cupido es un "putto" ...

A veces, la vida nos da sorpresas ... sorpresas nos da la vida. Una de ellas es la que me ha dado años atrás cuando, mientras cursaba estudios superiores del idioma italiano (llámese literatura, pintura, escultura y geografía del país de mis ancestros), me encontré con la novedad de que nuestro tan querido y admirado “Cupido” era -ni más ni menos- que un "putto". Lo cierto es que quien me estaba anoticiando del tema era la profesora a cargo del curso, por lo cual, no existiendo motivos para dudar de los conocimientos que ella poseía (muy amplios por cierto) tomé nota de ello. Nunca hubiera imaginado semejante conexión. ¡Quien lo hubiera dicho!. En aquél entonces me decía: ¡Cuántas cosas me quedan por aprender todavía! ¡Qué bueno que la vida siempre me tenga reservada una sorpresa!. Y a decir verdad, aún continúo afirmándolo.

Seguramente, algunos de ustedes también -a esta altura del compartir- estarán sorprendidos. Tal vez, se pregunten: ¿porqué “Cupido” es un “putto”?. Para todos aquellos que deseen incorporar un conocimiento más a los que ya poseen, les comento que para el idioma italiano “putto” (ensayando una suerte de definición personal) es sinónimo de “niño angelado”. Los “putti” (tal el plural de “putto” en italiano) son diseños ornamentales con forma o figura de niños, que aparecen -en general- desnudos y con alas. Muy famosos en la época del Renacimiento italiano (período comprendido desde fines del año 1400 hasta el 1600 aproximadamente, durante el cual se produjeron grandes cambios culturales en Italia) se los puede admirar -por ejemplo- en un sinnúmero de pinturas que perduran, a través del tiempo, como el legado que los grandes artistas de aquél entonces, le ha dejado a las generaciones venideras.

Un “putto” nos invita al deleite, nos invita a conectarnos con nuestro “niño” interior, nos invita a vincularnos con la ternura que habita en lo más profundo de nuestro “Yo Superior”, nos invita a conectarnos con la inocencia de nuestra verdadera esencia, nos invita al encuentro con nuestro “SER”. Y como nuestra verdadera naturaleza es la del “AMOR”, nos invita a “AMAR”. Es por ello que cuando queremos representar este sentimiento entre dos personas enamoradas, recurrimos a la imagen de un “Cupido” (un “putto”) que lleva en sus manos las herramientas que ha utilizado para inspirarlos.

Antes de finalizar, quiero invitarlos a que por algunos minutos se permitan hacer una pausa en sus actividades y dediquen ese tiempo a admirar dos maravillosas creaciones -que encontrarán a continuación-, ambas del pintor italiano Raffaello Santi (más conocido como Rafael). Una caricia para el alma que bien sabe gozar de las cosas más sencillas ...





 
Es hora, entonces, de dar por concluído este compartir no sin antes dejarlos en una muy buena compañía: la de un simpático “putto”.





Bendiciones.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Pasa todo ... el "dolor" también

En esta oportunidad, quiero compartir con ustedes una reflexión, cuya autoría corresponde al sacerdote benedictino Mamerto Menapace (monje del monasterio de Santa María de Los Toldos -del que fuera abad durante dos períodos-, escritor de cuentos, poesías, ensayos bíblicos, narraciones y reflexiones, que cuenta en su haber con la publicación de más de cuarenta libros inspirados en temas varios, vinculados al encuentro con Dios  y al crecimiento en la fe), extraído del libro (también de su autoría) titulado “Sufrir: pasa” “Reflexiones para la cuaresma”. Si bien nos encontramos fuera del tiempo litúrgico así llamado de acuerdo a la tradición católica, me pareció interesante abordar un tema que -a mi criterio- merece nuestra atención, en momentos en los que la Humanidad se encuentra atravesando una profunda crisis, producto de sus permanentes ciclos evolutivos. El sufrimiento -a veces- parece ser un eterno compañero de ruta. Y -en mi opinión- es una “muletilla” a la que acudimos cuando no contamos con el valor suficiente para atravesar las “crisis” que se nos presentan como sinónimo de “oportunidades para crecer”, para “evolucionar como personas”, como “seres humanos que transitan un camino de aprendizaje llamado “vida”.

Los invito a que abran sus corazones a las inspiraciones que Dios (o como quieran llamarlo de acuerdo con sus creencias) pueda suscitar en cada uno de ustedes, a través de la lectura de esta magnífica reflexión.

“El propio dolor”

“Suele suceder que el sufrimiento prolongado de un pueblo va generando una determinada visión de las realidades, en la que terminan por confundirse los planos. Si es cierto que Dios es el defensor de los oprimidos, y uno se siente parte de estos, es fácil que se identifiquen los propios derechos con los de Dios. De esta manera se sacralizan muchas actitudes. Y hasta se puede llegar a desear la venganza que destruya al enemigo, identificándola con el triunfo de Dios y su proyecto. El opresor pierde así todas sus cualidades buenas, y pasa a ser el exponente mismo del mal, imposible ya de ser redimido, o de contar con la misericordia de Dios.
Su destrucción se identifica con la derrota del mal y con el triunfo del bien. En la conciencia orante de este pueblo (o de una persona) se va perdiendo poco a poco la proporción de Dios, y se va reduciendo sus intereses a las dimensiones de los propios. Dios tiene que sentir como yo siento. Pido y exijo que obre de acuerdo a los deseos y proyectos que me convienen a mí, y que, sin discusión, son los de Dios.
Y uno puede hasta llegar a caer en el escándalo de dudar de Dios y de su justicia, por el simple hecho de que se posterga o no se realiza el juicio que a nuestro parecer tendría que realizar, para volver las cosas a su lugar.
Ni remotamente se puede admitir que el enemigo y opresor, también pueda ser objeto de amor de Dios. Y menos aún , que sea el destinatario de su misericordia, y de esta manera ser llamado a la conversión, con los mismos derechos y oportunidades que nosotros. Eso sería el escándalo supremo. Sería la ausencia total de justicia. Y nos haría dudar del mismo Dios.
Sobre todo sentiríamos que se nos pone en ridículo, y que se ha estado jugando con nuestro sufrimiento, y abusando de nuestra esperanza y buena fe.
Tal vez olvidamos demasiado fácilmente todas nuestras propias infidelidades, y las veces que hemos tenido que suplicar humildemente la misericordia de Dios.
Aún admitiendo que, luego de un castigo ejemplar, algo del enemigo se pudiera rescatar y salvar, en ningún momento estaríamos dispuestos a ser los instrumentos salvadores. Más bien nos sentimos con el derecho de que Dios realice por intermedio nuestro el castigo. De esta manera, podríamos añadir a la alegría de ver realizada la justicia, la secreta gratificación de satisfacer nuestra venganza. Y por si esto no entrara en los planes de Dios, al menos nos sentiríamos merecedores del derecho de ser espectadores de su castigo ejemplar y fulminante.
¡Qué embromado es el dolor! ¡Cuántas cosas feas puede llegar a hacer brotar en nuestro pequeño y mezquino corazón! Porque si el corazón no crece en el dolor, el dolor hace crecer las sombras en el corazón del hombre.
Y en definitiva, lo que Tata Dios quiere, es que crezcamos, tanto los pueblos, como las personas. Quizás para eso utilice el instrumento del dolor.
Pero solo, no basta. No es suficiente podar un frutal , para que el frutal florezca. Tiene que intervenir la primavera. No basta con hacer sufrir un corazón, para salvarlo. Tiene que intervenir la gracia.
Pero el Señor Dios no acostumbra regalarnos las cosas ya hechas. Es tan respetuoso, que acepta la espera de verlos nacer y crecer en nosotros. En medio de toda la frondosa vegetación salvaje que brota en nuestro corazón al calor de nuestro deseo de justicia, suele sembrar, como al descuido, una experiencia que puede ser semilla de una realidad más plena. Algo nuevo, y sobre todo más de acuerdo con su propio corazón. Más conforme a su plan de salvación, que es para todos.
Es posible que un día llegue a pedirnos algo que a nosotros nos parecerá absurdo. Nos puede invitar a que seamos su instrumento de salvación, sacrificándonos precisamente por aquellos a quienes nosotros hubiéramos querido ver destruidos.
Entonces, nuestra lucha interior se volverá contra el mismo Dios. Y como nos sentiremos impotentes y con bronca, tal vez apelemos a la huida. Optaremos por disparar de las exigencias de ese Dios incomprensible. Y buscaremos alejarnos de su territorio para escapar a su mirada”.

Espero que hayan disfrutado de esta lectura tanto como yo disfruto con cada uno de los cuentos y reflexiones que este sacerdote benedictino comparte a través de sus libros, los cuales -considero- son un más que recomendable alimento espiritual.

Bendiciones.