domingo, 24 de marzo de 2013

Soledades antiguas, soledades modernas ...

A poco de comenzar a leer el libro “Las nuevas soledades” cuya autoría pertenece a Marie-France Hirigoyen (psiquiatra, psicoanalista y psicoterapeuta familiar autora del libro titulado “El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana” quien también colabora con numerosas instituciones, participa en talleres de formación y ha formado parte de un grupo de estudio relativo al tema), me siento inspirada -como otras tantas veces- a compartir con ustedes, parte de los conceptos y reflexiones de esta genial especialista en la materia. Profunda en sus análisis, esta talentosa autoridad en el tema de las relaciones interpersonales, aporta una mirada fresca y desestructurada, al sumergirse -esta vez- en el laberíntico mundo de las relaciones entre hombres y mujeres.

A continuación, reproduzco partes del texto que puede leerse en la contratapa del libro:

“En todas las sociedades desarrolladas, la soledad se ha convertido en un fenómeno social de creciente importancia. Paradójicamente, las interacciones entre individuos son permanentes e incluso invasivas, pero una gran cantidad de personas experimenta un doloroso sentimiento de aislamiento. Y al mismo tiempo, muchas otras toman decisiones de vivir solas. En este libro, la psicóloga Marie-France Irigoyen muestra que esta realidad es fruto de una profunda mutación en las relaciones entre hombres y mujeres que aún no ha llegado a su fin. A pesar de que las mujeres han obtenido una nueva autonomía, tanto en el trabajo como en la sexualidad, su independencia todavía no se ha integrado plenamente en las mentalidades. De ahí la crisis de los papeles masculino y femenino y la precarización de los vínculos íntimos: un matrimonio de cada dos acaba en una ruptura, sobre todo por iniciativa de la mujer. Asimismo se comprueba un endurecimiento de las relaciones en la pareja. Y el sobreesfuerzo que requiere la relación amorosa va acompañado por una práctica creciente de la <pareja en contrato temporal>…”.

Y acto seguido, reproduzco parte del texto de la Introducción (páginas 11 a 15):

“… No cabe duda de que el incremento de la soledad constituye un fenómeno social que se desarrolla en todos los países ricos del planeta, especialmente en las grandes ciudades. Pero si la soledad forma parte de la historia de la humanidad, con el paso del tiempo ha experimentado una profunda transformación. Por exceso o por defecto, la relación con el otro se ha convertido en el tema de preocupación fundamental de nuestra época. ... Nos encontramos ante una paradoja: un mismo término remite al mismo tiempo al sufrimiento y a una aspiración de paz y libertad. Por un lado, se nos dice que la soledad es uno de los males de nuestro siglo y que hay que crear a cualquier precio vínculos y comunicación; y por otro, se nos predica la autonomía. No obstante, a pesar del individualismo de nuestros contemporáneos, la soledad sigue arrastrando una imagen negativa, que ignora la importancia de la interioridad. La mayoría de las veces, se considera que permanecer solo es una especie de consecuencia de un fracaso relacional, o si, produce la apariencia de una elección, se percibe como un camino garantizado al ascetismo y la desdicha. ...

... Aun cuando el celibato se ha puesto <de moda>, la pareja, oficial o no, sigue siendo la norma. Los medios de comunicación pregonan las <nuevas parejas>, el amor y las vías fáciles a la felicidad. Pero apenas hacen el recuento de frustraciones, porque los vínculos amorosos se han vuelto más complejos, y el número de separaciones y divorcios no deja de crecer. La autonomía de las mujeres ha implicado un cambio importante de las relaciones hombre/mujer y una precarización de los lazos íntimos y sociales. Actualmente, hombres y mujeres zigzaguean entre su necesidad de amor y su deseo de independencia.  ... El resultado es que la pareja tradicional desaparece y las nuevas parejas que ocupan su lugar son cada vez menos fusionales y cada vez más efímeras. ...

... Indudablemente, existe un aislamiento producido por la sociedad moderna. Pregonado como un valor supremo, el individualismo lleva consigo una inseguridad en todos los terrenos. La degradación de las condiciones de trabajo y el empobrecimiento de la vida social conducen a desconfiar de uno mismo y de los demás, a dudar antes de comprometerse. Nuestra sociedad centra a las personas en los éxitos materiales, la importancia del tener y del consumo. Pero la multiplicación de elecciones, la abundancia de la información y la obligación de la felicidad no consiguen llenar a los individuos que se muestran decepcionados, frustrados y desencantados.

Podría pensarse que Internet y las páginas de encuentros vendrían a paliar el déficit de vínculos. Pero también ahí el individuo se encuentra como uno entre una multitud de <mismos>, de los que le cuesta diferenciarse. Los encuentros permitidos por estas páginas a menudo son frustrantes, ya que los candidatos desconfían, dudan en comprometerse y experimentan en ocasiones el sentimiento de servir para usar y tirar. ...

... Inevitablemente, las nuevas generaciones de hombres y mujeres estarán cada vez más solas. Sin embargo, los vínculos sociales no desaparecen, únicamente se han transformado. Si la vida contemporánea, por la multiplicidad de las elecciones que propone, ha traído consigo un mayor aislamiento de las personas, asimismo ha abierto el acceso a otros tipos de encuentros que pueden conducir a vínculos diferentes. Nuevas formas de sociabilidad se han desarrollado para oponerse a la precariedad de nuestro mundo. Y la pareja ya no es el único lugar de inversión afectiva, porque se puede estar igualmente unido a los otros de diferentes maneras: pequeños grupos asociativos no tradicionales, intensas amistades, camaraderías calurosas y solidaridades de proximidad. Lo que permite adaptar cada vínculo a las diferentes facetas de la personalidad, a fin de que cada uno pueda realizarse mejor. ...

... Tras haber explicitado, en un capítulo preliminar, el aumento general del <sentimiento de soledad> y del <aislamiento relacional>, el libro se desarrollará en tres partes. En la primera, mostraré cómo mujeres y hombres se <hacen cargo> de sí mismos afectiva y socialmente con esta mutación, las primeras con mayor facilidad que los segundos, a menudo confrontados a un endurecimiento inédito para ellos de las relaciones con su(s) compañera/o(s), más emancipada/o(s) que ayer. E insistiré en las diferencias entre las vivencias de estos cambios según las generaciones.

En la segunda parte, abordaré los efectos de las contradicciones producidas por el auge del individualismo, la intensificación del trabajo y las ilusiones nacidas de la expansión de nuevas técnicas de comunicación y de lo virtual, que siguen conviviendo con el imaginario patriarcal de ayer. El fenomenal atractivo de las páginas de Internet y las decepciones que la mayoría de las veces procuran son una de sus manifestaciones.

Sin embargo -y esto será objeto de la tercera parte-, también se experimentan nuevas prácticas de relaciones íntimas entre las personas. Algunas son radicales, como la elección de una vida sin sexo, pero todas trazan el camino de un nuevo modo de ser, en el que la ausencia de compromiso, la capacidad de estar solo y la soledad escogida pueden convivir serenamente con los períodos de <vida en pareja>. …”

Un libro cuya lectura recomiendo a todos aquellos que deseen sumarse a la consigna de “privilegiar la calidad de las relaciones interpersonales”, fundamentalmente en tiempos en los cuales el “touch and go” (toco y me voy) parece resultar el parámetro con el cual se miden las relaciones placenteras; desde mi punto de vista, sinónimo de “te uso y te descarto, me uso y me descarto”. Coincido con Marie-France cuando expresa que: “Quienes han elegido la soledad son más exigentes con la calidad de las relaciones que mantienen con los otros. Frente a un mundo en que las relaciones humanas tienden a reducirse al trabajo y al sexo, se han desarrollado nuevas formas de sociabilidad, distintos modos de relación más íntimos, de solidaridad, de amistad: relaciones desinteresadas, sólo por el placer de estar juntos. Es una forma de mantenerse aparte de la superficialidad de los encuentros efímeros, para privilegiar las amistades profundas”. 


Bendiciones.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Yo no vendí mi Ferrari ... ¡sencillamente porque no la tenía!


“... Se derrumbó en mitad de una atestada sala de tribunal. Era uno de los más sobresalientes abogados procesales de este país. Era también un hombre tan conocido por los trajes italianos de tres mil dólares que vestían su bien alimentado cuerpo como por su extraordinaria carrera de éxitos profesionales ... El gran Julián Mantle se retorcía como un niño indefenso postrado en el suelo, temblando, tiritando y sudando como un maníaco. ... Yo había conocido a Julián Mantle hacía diecisiete años, cuando uno de sus socios me contrató como interino durante el verano siendo yo estudiante de derecho. Por aquel entonces Julián lo tenía todo. Era un brillante, apuesto y temible abogado con delirios de grandeza. Julián era la joven estrella del bufete, el gran hechicero. ... Julián, fiel a su lema, era un hombre duro, dinámico y siempre dispuesto a trabajar dieciocho horas diarias para alcanzar el éxito que, estaba convencido, era su destino. Oí decir que su abuelo fue un destacado senador y su padre un reputado juez federal. Así pues, venía de buena familia y grandes eran las expectativas que soportaban sus espaldas vestidas de Armani. Pero he de admitir una cosa: Julián corría su propia carrera. Estaba resuelto a hacer las cosas a su modo ... y le encantaba lucirse.

El extravagante histrionismo de Julián en los tribunales solía ser noticia de primera página. Los ricos y los famosos se arrimaban a él siempre que necesitaban los servicios de un soberbio estratega con un deje de agresividad. Sus actividades extracurriculares también eran conocidas: las visitas nocturnas a los mejores restaurantes de la ciudad con despampanantes top-models, las escaramuzas etílicas con la bulliciosa banda de brokers que él llamaba su <equipo de demolición>, tomaron aires de leyenda entre sus colegas.

Todavía no entiendo por qué me eligió a mí como ayudante para aquel sensacional caso de asesinato que él iba a defender durante el verano. Aunque me había licenciado en la facultad de derecho de Harvard, su alma máter, yo no era ni de lejos el mejor interino del bufete y en mi árbol genealógico no había el menor rastro de sangre azul. ... El caso es que me prefirió a mí antes que a los que habían cabildeado calladamente para tener el privilegio de ser su factótum legal en lo que se acabó llamando <el no va más de los procesos por asesinato>. Julián dijo que le gustaba mi <avidez>. Ganamos el caso, por supuesto, y el ejecutivo que había sido acusado de matar brutalmente a su mujer estaba ahora en libertad (dentro de lo que le permitía su desordenada conciencia, claro está). ...

... Por invitación de Julián, me quedé en el bufete en calidad de asociado y pronto iniciamos una amistad duradera. Admito que no era fácil trabajar con él. Ser su ayudante solía convertirse en un ejercicio de frustración, lo que comportaba más de una pelea a gritos a altas horas de la noche. O lo hacías a su modo o te quedabas en la calle. Julián no podía equivocarse nunca. Sin embargo, bajo aquella irritable envoltura había una persona que se preocupaba de verdad por los demás. ...

... Pero el tiempo pasaba y, a medida que se extendía su fama de abogado brillante, su cuota de trabajo no dejaba de aumentar. Los casos eran cada vez mayores y mejores, y Julián, que era de los que nunca se amilanan, continuó forzando la máquina. En sus escasos momentos de tranquilidad, reconocía que no era capaz de dormir más de dos horas seguidas sin despertar sintiéndose culpable de no estar trabajando en un caso. Pronto me di cuenta de que a Julián le consumía la ambición: necesitaba más prestigio, más gloria, más dinero. ... Consiguió todo cuanto la mayoría de la gente puede desear: una reputación profesional de campanillas con ingresos millonarios, una mansión espectacular en el barrio preferido de los famosos, un avión privado, una casa de vacaciones en una isla tropical y su más preciada posesión: un reluciente Ferrari rojo aparcado en su camino particular. ...

... Cuanto más tiempo pasaba con Julián, más me daba cuenta de que se estaba hundiendo progresivamente. Parecía tener un deseo de muerte. Nada le satisfacía. Al final su matrimonio fracasó, ya no hablaba con su padre y, aunque lo tenía todo, aún no había encontrado lo que estaba buscando. Y eso se le notaba emocional, física y espiritualmente. A su cincuenta y tres años, Julián tenía aspecto de septuagenario. Su rostro era un mar de arrugas, un tributo nada glorioso a su implacable enfoque existencial en general y al tremendo estrés de su vida privada. Las cenas a altas horas de la noche en restaurantes franceses, fumando gruesos habanos y bebiendo un cognac tras otro, le habían dejado más que obeso. Se quejaba constantemente de que estaba enfermo y cansado de estar enfermo y cansado. Había perdido el sentido del humor y ya no parecía reírse nunca. Su carácter antaño entusiasta se había vuelto mortalmente taciturno. Creo que su vida había perdido el rumbo  Lo más triste, quizá, fue que Julián había perdido también su pericia profesional. ...

... En la caída de Julián había algo más que una conexión oxidada con su modus vivendi. Antes de que yo empezara a trabajar en el bufete, él había sufrido una gran tragedia. Algo realmente monstruoso le había sucedido, según decía uno de sus socios, pero no conseguí que nadie me lo contara. ... Sentía curiosidad, por supuesto, pero sobre todo quería ayudarle. Julián no sólo era mi mentor, sino mi amigo.

Y entonces ocurrió: el ataque cardíaco devolvió a la tierra al divino Julián Mantle y lo asoció de nuevo a su calidad de mortal. Justo en medio de la sala número siete, un lunes por la mañana, la misma sala de tribunal donde él había ganado el <no va más de los procesos por asesinato>. ...


El texto que acaban de leer fue extraído del libro titulado “El monje que vendió su Ferrari” -páginas 15 a 21- cuya autoría responde a Robin S. Sharma (profesor de derecho con una distinguida carrera como abogado en Estados Unidos; autoridad mundial en autoliderazgo, también autor de “MegaLiving!”, “The Gandhi Factor”, “Descubre tu destino con el monje que vendió su Ferrari” -entre otras publicaciones-; conferenciante y director de seminarios). Por causalidad, este libro llegó a mi de la mano de un gran amigo: Rubens. Fue suficiente que leyera el título del mismo, para que diera inmediata lectura a tan intrigante propuesta literaria. Una historia imperdible. Una VERDAD sin lugar a dudas. Para todos aquellos que deseen hacer de su Vida “UN MILAGRO DIARIO”; para todos aquellos que quieran recuperar o conservar en su Vida “LA MAGIA DEL VIVIR”; para todos aquellos que se encuentren en una encrucijada en su Vida y necesiten imperiosamente tomar una sabia decisión en cuanto al “CAMINO QUE CONDUCE A LA FELICIDAD”, se recomienda la lectura de este libro y la puesta en práctica de “Las 7 virtudes imperecederas de la vida esclarecida”, que -a modo de resumen- se detallan al final del mismo.


Bendiciones.

martes, 26 de febrero de 2013

Un S.O.S. en tiempos de crisis ...


Poco -por no decir nada- sabía, hasta el presente, acerca de la existencia de quien -en su paso por este bendito planeta Tierra- se conoció bajo el nombre de Paramahansa Yogananda; autor del libro titulado “Autobiografía de un yogui”. En estos momentos, me encuentro promediando la lectura del libro titulado “El Yoga de Jesús”; el cual responde a una concisa recopilación de la magistral obra publicada en dos volúmenes -y profusamente elogiada- de Yogananda, cuyo título es “La Segunda Venida de Cristo: La Resurrección del Cristo que mora en tu interior”.

Si bien mis raíces responden a creencias provenientes de la religión Católica Apostólica Romana, mi experiencia de Vida me ha llevado a abrir no sólo la Mente sino también el Corazón, con el fin de llegar a un mayor conocimiento de Dios (o como cada uno quiera llamarlo de acuerdo a su credo). Es precisamente en ese camino de búsqueda, donde he tenido la fortuna de poder acceder a lecturas que van enriqueciendo mis vivencias diarias. Mi eterna gratitud a todos los Maestros que han pasado, pasan y pasarán por mi Vida. Sin ellos, este tránsito nunca se hubiera producido.

Merced a ello, me pareció oportuno acercarles algunas reflexiones que se encuentran en el libro “El Yoga de Jesús”; más precisamente en las páginas 31 a 37, donde podemos leer:

“... La luz de Dios resplandece en todos por igual, pero a causa de la ilusoria ignorancia no todos la reciben ni la reflejan del mismo modo. Los rayos del sol inciden por igual sobre un trozo de carbón y sobre un diamante, pero sólo el diamante recibe y refleja la luz con brillo esplendoroso. El carbono que forma el trozo de carbón tiene la capacidad de convertirse en diamante. Lo único que se requiere para lograr esta metamorfosis es someterlo a alta presión. Por eso aquí se afirma que todos pueden ser como Cristo: todos aquellos que despejen su conciencia a través de una vida moral y espiritual y, especialmente, mediante la purificación que brinda la meditación, en la cual la rudimentaria mortalidad se sublima hasta transformarse en la perfección inmortal del alma.
La condición de hijo de Dios no es algo que deba adquirirse: más bien, se trata solamente de recibir la luz de Dios y tomar conciencia de que El ya nos ha conferido ese estado bienaventurado desde el momento mismo en que fuimos creados. ...
... Los seres humanos son en esencia hijos de Dios, reflejos inmaculados del Padre que no han sido manchados por la ilusión, los cuales se han convertido en <hijos del hombre> al identificarse con el cuerpo y olvidar su origen en el Espíritu. Quien está cautivo de la ilusión es simplemente un mendigo en las calles del tiempo; pero así como Jesús recibió y reflejó -a través de su conciencia purificada- la divina filiación de la Conciencia Crística, así también todo ser humano, por medio de los métodos de meditación del yoga, puede purificar su mente y convertirse en una mentalidad diamantina apta para recibir y reflejar la luz de Dios. ...
... Cuando los sentidos se encuentran ocupados con lo externo, el ser humano se halla absorto en el ajetreado <mercado> de las complejidades de la materia, que interactúan constantemente dentro de la creación. Incluso cuando mantiene los ojos cerrados en la oración o está concentrado en otros pensamientos, el hombre permanece en el ámbito de la actividad. El verdadero desierto, donde ningún pensamiento mortal, deseo humano o inquietud puede importunarnos, se encuentra al trascender la mente sensorial, la mente subconsciente y la mente supraconsciente, es decir, al alcanzar la conciencia cósmica del Espíritu, el <desierto> increado e inexplorado de la Bienaventuranza Infinita. ...
... Entre todas las criaturas, el ser humano es el único cuyo cuerpo posee centros espirituales, en el cerebro y la médula espinal, que están dotados de conciencia divina y en los cuales tiene su tempo el Espíritu que ha descendido. Los yoguis conocen estos centros, y también San Juan (*) los conocía y los describió en el libro del Apocalipsis como los siete sellos, y como siete estrellas y siete iglesias, con sus siete ángeles y siete escuderos de oro.
Los tratados de yoga explican el despertar de los centros espinales no como algún tipo de aberración mística sino como un hecho puramente natural, común a todos los devotos que encuentran el camino hacia la presencia de Dios. Los principios del yoga no reconocen los límites artificiales de los <ismos> religiosos. El yoga es la ciencia universal para lograr la divina unión del alma con el Espíritu, del hombre con su Hacedor.
El yoga describe el modo preciso en que el Espíritu desciende de la Conciencia Cósmica a la materia y se expresa de forma individualizada en todos los seres, y cómo, en sentido inverso, la conciencia individualizada debe finalmente ascender de nuevo hacia el Espíritu.
Muchos son los senderos religiosos y las maneras de acercarse a Dios, pero todos conducen, en última instancia, a una única autopista que constituye el ascenso final hacia la unión con El. El camino para liberar el alma de los lazos que la atan a la conciencia mortal del cuerpo es idéntico para todos: se trata de la misma vía <recta> de la espina dorsal por la cual el alma descendió del Espíritu al cuerpo y la materia.
La verdadera naturaleza del ser humano es el alma, un rayo del Espíritu. Así como Dios es la Dicha siempre existente, siempre consciente y eternamente renovada, así también el alma, al hallarse encerrada en el cuerpo, es la Dicha individualizada siempre existente, siempre consciente y eternamente renovada. ...”.


(*) el Bautista


Antes de finalizar, quiero invitarlos y alentarlos para que cada uno emprenda el camino que lo lleve a encontrarse con ese “diamante perfecto” que se encuentra en su interior, en lo más profundo de su Corazón, en su auténtico y verdadero “SER”. La Dicha siempre existente, está esperando por nosotros. Un “acto salvavidas” que responde a nuestro clamor de S.O.S. en tiempos de crisis ...



 Bendiciones.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Erotismo y algo más ...


Habiendo concluido la lectura del libro titulado “Ama y no sufras” – Cómo disfrutar plenamente de la vida en pareja, del genial Walter Riso (cursó estudios universitarios de psicología, se especializó en terapia cognitiva y obtuvo una maestría en bioética; alterna el ejercicio de la cátedra universitaria con la publicación de textos científicos y de divulgación de diversos medios), una vez más siento la moción de compartir con todos ustedes, un fragmento que -a mi criterio y mientras nos encontramos en tránsito por este bendito planeta Tierra- retrata magistralmente uno de los tantos aspectos de nuestra experiencia de “Ser Humanos”.

Como bien dice en la contratapa del libro “el amor es la emoción más arrebatadora y vital de la existencia humana. Renunciar a él es vivir sin intensidad o no vivir. Entonces, ¿por qué sufrimos tanto por amor? Esta obra es un examen serio y riguroso en el que Walter Riso descubre los tres pilares fundamentales de toda relación sana y gratificante: deseo, amistad y compasión. El autor analiza la evolución natural de estos elementos a lo largo de la vida en pareja y sus posibles desequilibrios. Las soluciones que propone son una invitación a disfrutar del sentimiento amoroso sin dejar de lado la razón. Ama y no sufras aborda los imaginarios sociales acerca del amor ideal y la dependencia afectiva que generan. Sin embargo, desde un punto de vista realista, es posible dejar de estar solo y bien acompañado.”

Dispuestos a disfrutar de la lectura, los invito a que abran todos sus sentidos y dejen que cada palabra fluya en vuestros Corazones (página 146-151):

“... Si alguien me dijera <Te amaré toda la vida>, antes de ponerme contento, preguntaría: <¿De qué amor me hablas?>. Y luego agregaría: <Si te refieres al “amor como estado”, es decir, al amor pasional del eros, pensaría que te estás comprometiendo con algo que no vas a poder cumplir, que me estás tomando el pelo, o simplemente, que tienes una idea distorsionada o sobrevalorada del amor: demasiado optimista para mi gusto. Pero si a lo que aludes es al <amor en acto>, es decir, al amor trabajado, construido y ejecutado en el día a día (la philia), podría llegar a creerte, porque el cumplimiento de la promesa dependería de ti, de tu voluntad, y no de un sentimiento. ¿Podrías entonces aclararme a qué amor te refieres?>. Es probable que la persona interesada no volviera a aparecer. ... La philia es afecto declarado, evidenciado en el vínculo y, por esa razón, lo que se concreta es lo que finalmente define la amistad: eres amigo en la medida en que te comportas como tal, no basta con sentirlo. La philia se aprende y <se hace> sobre la marcha. No sólo <hacemos el amor>, también <hacemos la amistad> en términos afectivos. La experiencia de la amistad es tan reveladora en sí misma que no tenemos un lenguaje especial para explicar su desarrollo y afianzamiento. Si alguien nos dijera: <Ayer mi pareja y yo <hicimos la amistad>, compartimos una buena película, cocinamos juntos, nos reímos, cantamos, leímos poesía y nos confesamos algunos sueños no realizados aún>, pensaríamos que no está bien de la cabeza.

<Hacer la amistad>, de eso se trata la vida de pareja regulada por la philia. Es la alegría. ¿Alegría de qué? De que la persona amada ronde nuestra vida. <Amar es la alegría de que existas>, dice Comte-Sponville, inspirándose en Spinoza. Yo supongo que cuando dos personas coinciden en semejante declaración de amor, el universo entero tiembla, ya que el amor recíproco y coincidente siempre tiene algo de milagroso. Cuando cada uno se alegra de que el otro exista, ¿habrá mejor suerte, mayor dicha?.

Pablo era un hombre que pasaba por la temible crisis de los cuarenta. Se había casado hacía quince años y, aunque llevaba una vida relativamente aceptable con su esposa y sus dos hijos preadolescentes, sentía que la rutina le estaba tomando ventaja. Su mujer era una buena compañera, pero él necesitaba emociones más fuertes: <Ya no vibro, el tedio me consume. Ella es una excelente mujer pero nuesta vida es insulsa, sigue siendo atractiva, pero se ha perdido el encanto, no hay entusiasmo ni sorpresa. Todos los días son iguales: llego de trabajar, ella habla con sus amigas, y yo me pego al televisor o al ordenador; los sábados salimos a comer fuera, y los domingos vamos a casa de mis padres>. Unos meses antes, Pablo había conocido a una mujer catorce años más joven que él, mucho más fogosa y enérgica que su esposa, así que no tardó mucho en apegarse a ella. Poco a poco se fue alejando de su familia, hasta que un día decidió separarse de su mujer e irse a vivir con su joven amante, pero el cambio no fue fácil. Pese a los buenos pronósticos, la experiencia no resultó como él pensaba: no es lo mismo verse dos veces por semana en un motel de la mano del eros o escaparse un fin de semana a la playa a disfrutar del sol, que convivir con la persona a tiempo completo o, incluso, a tiempo parcial.
Después de algunas semanas de convivencia, Pablo hizo un descubrimiento que lo dejó de una pieza: ¡su nueva consorte le generaba estrés! Era demasiado acelerada, no entendía sus necesidades y parecía incansable en cuanto a diversión y placer se trataba; odiaba la televisión, lo mimaba poco y no era muy amable con sus amigos. La amaba más de cintura para abajo que de cintura para arriba. Muy pronto el eros comenzó a verse afectado.
Un día cualquiera fue a buscar a uno de sus hijos y su ex mujer lo invitó a pasar y le ofreció un café. Se quedó hablando un buen rato con ella e hizo un segundo descubrimiento tan sorprendente como el primero: ¡su esposa lo comprendía a la perfección! En una cita me dijo: <Mire, doctor, cuando hablé con mi mujer sentí alivio. Podía ser yo mismo, no tenía que esforzarme por aparentar nada; descubrí que ella me conoce al dedillo y, lo más importante, me acepta. Me sentí protegido, de regreso a casa, ¿me entiende? Además, estaba muy linda. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir. Algo renació entre nosotros…>.

Pablo volvió a su casa en menos de lo que canta un gallo. Al otro día estaba otra vez junto a su <nueva mujer>. ¿Qué había motivado su regreso? Era obvio que el motivo no era sexual ya que ésa había sido precisamente su queja inicial. Entonces ¿de qué atracción estamos hablando? La respuesta es la philia. La tranquilidad, el acuerdo tácito que guía a los amigos y nos hace sentir que somos aceptados a pesar de nuestros defectos.
Su esposa estaba dispuesta a generar <emociones más fuertes>, eso no es difícil de lograr si todavía hay algo de deseo, pero la amante no podía ofrecer lo otro, lo que se logra con los años: la sensación de estar <en casa> y con los amigos. Por eso y a eso volvió Pablo: al gozo de la amistad.

La amistad amorosa consiste en gozar de la persona amada sin angustia y con benevolencia: <Me alegra tu alegría, me complace verte feliz>. El amor compañero es el cariño que sentimos por aquellos con quienes nuestra vida está profundamente entrelazada.

… ¿Quién dijo que el compromiso voluntario que nace del <querer amistoso> es irreconciliable con la chispa del eros? O posiblemente ocurra todo lo contrario, ¿no será que el sexo maduro, el que surge de la buena convivencia, tiene la cualidad, el cuerpo y el aroma de los vinos añejos? No se trata de excluir la pasión del compromiso, sino de integrarlos en un amor más unificado y completo. Nadie niega que con el paso de los años la atracción física tiende a disminuir, pero tal como he dicho antes, la sal, el gusto por la relación, puede estar en muchos otros elementos.

… Se trata de los compañeros de a bordo, como decía Brassens en una de sus canciones. En los años sesenta la palabra <camarada> fue adoptada por el partido comunista para referirse a los que <militaban en el mismo bando y compartían las mismas ideas>. Esta es la dimensión política del amor: personas comprometidas con la misma causa, independientemente de que sean de derechas o de izquierdas. Suena bien.
Una <comunidad> es la asociación de dos o más individuos que tienen intereses comunes y que participan en una acción común. Entonces, la amistad amorosa es una comunidad afectiva de dos que se desean.

No solamente eres <mi amor>, lo cual es entendible y hasta lógico porque te amo, sino alguien más fundamental, más cercano, más philico: eres <mi compañero>. ¿Compañero de qué? De intimidad, de vida, de sueños. …”


Palabras de SABIDURIA. Palabras de VIDA. Palabras que invitan al AMOR. Palabras que conmueven los cimientos más profundos de nuestro SER. Palabras que nos animan a cuestionarnos, a indagar en nuestro CORAZON y a producir en cada uno de nosotros una “AUTENTICA Y VERDADERA TRANSFORMACION”.

Mi agradecimiento al UNIVERSO, DIOS (o como quiera llamarlo cada uno de acuerdo a su creencia) por el genio, el talento desplegado a través de este Maestro llamado Walter Riso:¡Gracias por existir!.

  
Bendiciones.

viernes, 18 de enero de 2013

Autonomía Afectiva e Identidad Personal ...

A poco de terminar con la lectura del libro titulado “Desapegarse sin anestesia” – Cómo soltarse de todo aquello que nos quita energía y bienestar y cuya autoría corresponde a Walter Riso (cursó estudios universitarios de psicología, se especializó en terapia cognitiva y obtuvo una maestría en bioética; alterna el ejercicio de la cátedra universitaria con la publicación de textos científicos y de divulgación de diversos medios), una vez más me encuentro motivada a compartir con todos ustedes, algunos textos que -a mi entender- son una verdadera fuente de sabiduría de la cual nutrirse, fundamentalmente en los tiempos actuales; tiempos en donde puede observarse una profunda crisis existencial por la que transita gran parte de la humanidad.
 
Como dice en la contratapa del libro “... Cuantos más apegos dejes caer por el camino de la vida, más cerca estarás de encontrarte a ti mismo. Si consideras que algo o alguien es indispensable para tu felicidad, tienes un grave problema: estás a la sombra de un amo. Y no me refiero al aire que respiras, la comida que te alimenta o el sueño que te repone, sino a muchas necesidades de las cuales podrías prescindir sin que tu supervivencia emocional y psicológica se viera afectada de alguna manera. No importa la fuente del apego, llámese fama, poder, belleza, autoridad, aprobación social, internet, juego, moda o pareja, la adicción psicológica hará que tu existencia sea cada día más insalubre: te arrodillarás ante ella, le rendirás pleitesía y vivirás en el filo de la navaja por miedo a perderla. Establecer una relación dependiente significa entregar el alma a cambio de obtener placer, seguridad o un dudoso sentido de autorrealización. En Desapegarse sin anestesia, Walter Riso explica en qué consiste el apego y sus causas, proporciona las claves para enfrentarlo y prevenirlo sin perder la pasión por alcanzar nuestros sueños y metas personales. Con un sugerente cruce entre psicología cognitiva y filosofía oriental, Riso nos invita, por medio de un lenguaje claro y accesible, con ejemplos y casos concretos, a fortalecer la independencia emocional y crear un estilo de vida más libre y saludable. ...”

Desde mi punto de vista, lo que el autor ha titulado <Declaración de autonomía afectiva: “Usted no es mi felicidad”> podría considerarse como una definición de los vocablos “apego y desapego”. En las páginas 132 y 133, Walter nos dice: 

“... Lee esta pequeña reflexión y mientras lo haces imagínate que te estás dirigiendo a la persona de la cual dependes. Recuerda simplemente que si consideras que alguien es responsable de tu felicidad, tratarás de poseerla para que no te falte nunca.
Lo siento, pero usted no es mi felicidad. No, no lo es y por eso me libero. Me niego a poner mi vida emocional en sus manos. Si usted fuera mi felicidad, su ausencia sería mi acabose y viviría en el filo de la navaja. No quiero intentar <adueñarme> de usted, no va conmigo, no me interesa. Mi bienestar y mi autorrealización dependen básicamente de mí, lo demás contribuye, ayuda, pero el proceso interior que va configurando mi auténtico ser no vendrá de afuera, no será prestado. Es cuestión de principios y de estética. No solo quiero mejorar, quiero hacerlo con la inspiración del artista, como una obra de la cual me sienta satisfecho. ¡Qué pesado es hacerse cargo de la dicha de otro!  ¡Qué tarea tan difícil, por no decir imposible!.
Prefiero respirar por mí mismo, andar sin muletas y ser como soy. No quiero pertenecer a usted, ni que usted me pertenezca. Andemos juntos, si nos apetece, pero no seamos <el uno para el otro>, por favor. El bienestar psicológico o el intento de ser feliz requiere de un compromiso personal e intransferible. No es algo que nos regalen, se compre o se posea por decreto: es intransferible. Y como yo no estoy en venta, y espero que usted tampoco lo esté, tenemos la oportunidad de ser libres. Usted no define mi existencia ni yo la suya, de ser así, no podríamos vivir el uno sin el otro. Usted no es mi felicidad, afortunadamente, ni yo soy su amo y señor. La mejor relación que podemos tener es no pertenecernos. El que no posee al otro lo respeta, y eso es belleza, ternura y desapego. ...”

Antes de finalizar este compartir, quiero acercarles una “Proclama en defensa de la identidad personal”, la misma que Walter nos propone en la página 119:

“... El apego intentará definirte o engatusarte, te entregará un disfraz que no te pertenece con la esperanza de que te lo pongas. Por eso debes estar atento a que ningún deseo desvirtúe tu singularidad y defender lo que en verdad eres. La proclama que te propongo consta de cinco puntos.

  • No dejaré que nada ni nadie desvirtúe mi verdadera naturaleza. Prefiero mil veces sufrir la pérdida de un apego a dejar de ser yo mismo.
  • La espontaneidad será mi amiga e intentaré a través de ella tener acceso a lo que soy, sin evasivas ni autoengaños.
  • Revisaré cada valor que me inculcaron, cada deber que me impusieron y cada culpa que padecí. Dejaré que lo bueno permanezca en mí y echaré fuera lo que me lastima o no me conviene.
  • No imitaré a nadie. Serán mi opinión y mi parecer los que guíen mi conducta.
  • Intentaré ser auténtico y honesto en cada acto de mi vida, tratando de alinear lo que pienso, siento y hago. ...”

En cada uno de nosotros, la PERFECCION anida en lo más intimo. En cada uno de nosotros, el AMOR es el punto de partida y de llegada. En cada uno de nosotros, la VIDA se despliega en todo su esplendor. En cada uno de nosotros, la CONCIENCIA adquiere diversas formas de manifestarse. En cada uno de nosotros, la ETERNIDAD sostiene nuestra existencia.

Me sumo a la consigna: “desapegarse sin anestesia”. E invito a quienes quieran intentarlo, a sumarse también ...

 
Bendiciones.

jueves, 17 de enero de 2013

El Agua como Propiedad Emergente ...

En esta ocasión, y como en tantas otras, vuelvo a compartir con todos ustedes, parte del texto de un libro cuya autoría corresponde al Dr. Deepak Chopra.

Con su habitual sencillez y claridad para transmitir los conceptos que tan bien ha aprehendido, Deepak nos invita a transportarnos al ámbito de las “propiedades emergentes”. En su libro titulado “El libro de los secretos” (el cual ya he terminado de leer) en las páginas 133 a 136,  este Gran Maestro (el Doctor Chopra es autor de más de 50 libros traducidos a casi 40 idiomas; es una autoridad internacional en las disciplinas de superación, espiritualidad, medicina cuerpo-mente y desarrollo humano) nos alecciona respecto a la diferencia que existe entre un “cambio” y una “transformación”. Y lo que es más novedoso aún -al menos para mi- nos habla de las “propiedades emergentes”, concepto que me resultaba totalmente desconocido.

Espero que disfruten de su lectura tanto como yo lo hice ...

“... La alternativa de ser conscientes o no nos lleva a la posibilidad de la transformación. Nadie discute que la vida es cambio. Pero ¿es posible que, mediante la simple modificación de su conciencia, una persona provoque una transformación profunda y no sólo un cambio superficial?. Transformación y cambio son dos cosas distintas, como puede verse en los cuentos de hadas. La pobre chica a quien su malvada madrastra obliga a permanecer en casa fregando el suelo mientras sus hermanastras van al baile no se supera asistiendo a la escuela nocturna. Es el toque de una varita mágica el que transporta a Cenicienta instantáneamente al palacio como una criatura completamente transformada.
Según la lógica del cuento de hadas, el cambio es demasiado lento, demasiado gradual, demasiado prosaico para satisfacer los anhelos simbolizados por la rana que sabe que es un príncipe o por el patito feo que se convierte en cisne. Hay más de un elemento fantástico en el toque de magia que ofrecerá instantáneamente una vida libre de problemas. Y más importante aún: esta fantasía encubre la manera en que ocurre la verdadera transformación.
La clave de la transformación auténtica es que la naturaleza no avanza paso a paso. Da saltos cuánticos todo el tiempo, y cuando lo hace, no realiza una simple combinación de viejos ingredientes. Algo aparece por primera vez en la creación, una propiedad emergente (*). Por ejemplo, si analizamos el hidrógeno y el oxígeno, son ligeros, gaseosos, invisibles y secos. Hizo falta una transformación para que esos dos elementos se combinaran y crearan agua y, cuando esto ocurrió, surgió un conjunto completamente nuevo de posibilidades, siendo la más importante, desde nuestro punto de vista, la vida misma.
La humedad del agua es un ejemplo perfecto de propiedad emergente. En un universo sin agua sería imposible obtener humedad mezclando otras propiedades existentes. Las mezclas sólo producen cambios; no son suficientes para transformar. La humedad surgió en la creación como algo completamente nuevo. Cuando lo analizamos con atención, resulta evidente que cada enlace químico produce una propiedad emergente. (Ya he mencionado el ejemplo del sodio y el cloro, dos venenos que cuando se combinan producen sal, otro elemento básico de la vida). Tu cuerpo -que enlaza millones de moléculas cada segundo- depende de la transformación. Los procesos de respiración y digestión, por nombrar sólo dos ejemplos, se valen de la transformación. A la comida y al aire no simplemente se les revuelve sino que se les somete exactamente a los enlaces químicos necesarios para mantenernos vivos. El azúcar extraída de una naranja viaja al cerebro y sirve de combustible a un pensamiento. La propiedad emergente en este caso es la novedad del pensamiento: jamás en la historia del universo se habían combinado moléculas con ese resultado. El aire que entra por tus pulmones se combina de mil maneras para producir células que nunca han existido tal como existen en ti; y cuando utilizas oxígeno para moverte, tus músculos realizan acciones que, por muy similares que sean a las de otras personas, son expresiones tuyas únicas.
Si la transformación es la norma, la transformación espiritual es una extensión de lo que la vida ha estado haciendo todo el tiempo. Aunque sigas siendo quien eres, puedes dar un salto cuántico en tu conciencia, y la señal de que ese salto ha sido real será alguna propiedad emergente nunca experimentada en el pasado.

 Propiedades emergentes espirituales

    Claridad de conciencia
    Cognición
    Veneración por la vida
    Ausencia de violencia
    Ausencia de miedo
    Integridad

Estas pueden considerarse transformaciones espirituales porque ninguna puede obtenerse simplemente recombinando viejos ingredientes del yo. Al igual que la humedad del agua, cada una aparece como por alquimia: la escoria de la vida diaria se convierte en oro. ...”


(*) el resaltado es de mi autoría

Antes de finalizar este compartir, quiero invitarlos a que se animen a practicar el “arte de la alquimia” en sus Vidas. Todos estamos llamados a ser “alquimistas”. Intenten incorporar, aprehender y disfrutar de la maravillosa experiencia de transformación que se produce cuando reconocemos que cada instante en nuestras vidas, alberga “magia” en su seno. La VIDA (así con mayúsculas) es la recompensa que se obtiene cuando nos adentramos en el auto-conocimiento; cuando trascendemos las fronteras del miedo, cuando nos abrimos al AMOR ...

 
Bendiciones.


martes, 15 de enero de 2013

El Guerrero Pacífico


En esta ocasión -transcribo para todos ustedes- los textos que hacen las veces de introducción y prólogo del libro titulado “El Guerrero Pacífico” y cuya autoría pertence a Dan Millman (mientras llevaba a cabo sus estudios en la Universidad de California, en Berkeley, Dan Millman, fue campeón del mundo de gimnasia en trampolín y participó en todas las modalidades internacionales. Durante los últimos quince años, ha enseñado gimnasia, danza, artes marciales, yoga y otras formas de entrenamiento psicofísico en Stanford University, U. C. Berkeley y en Oberlin College. Sigue escribiendo, enseñando y dando conferencias en todo el país).


(páginas 9-10)“... Llevado recientemente a la pantalla y transcurridos ya más de 25 años desde que fuera editado por primera vez, El guerrero pacífico se ha convertido en todo un clásico de la literatura de superación personal. Dan Millman nos enseña en esta obra que lo importante no es la excelencia en las técnicas para dominar el cuerpo o la mente, sino el amor que abre todas las puertas y que nos libera de las actitudes rígidas que nos condicionan al miedo y la tensión.
Todos los medios terapéuticos utilizados en la actualidad, desde la psicología humanista o transpersonal hasta los métodos de equilibrio físico, emocional, mental y espiritual, tienen como finalidad enseñar a quienes lo deseen a vivir libres de la tiranía del ego y a ser capaces de no identificarse con ese ser social creado por la educación y las circunstancias externas.
El guerrero pacífico ilustra ese aprendizaje de manera agradable y con frecuencia humorística. Muestra cómo cada uno de nosotros puede triunfar en su vida interior, es decir, no considerarse como una víctima de los acontecimientos, sino comprender que somos los artífices de nuestra felicidad o de nuestra desgracia. En definitiva, el mundo que nos rodea no es otra cosa que el reflejo de nuestros estados de conciencia. En el camino del desarrollo, en el que vamos de descubrimiento en descubrimiento a fin de vivir de una manera cada vez más armoniosa con nosotros mismos y con el mundo, este encuentro con Dan Millman puede ser un momento precioso. Su aventura constituye un ejemplo notable, para llegar a ser un guerrero pacífico capaz de afrontar las realidades comunes, y también las menos comunes, con valor, determinación y serenidad. En este libro, que podemos situar a mitad de camino entre Richard Bach y Castañeda, un Sócrates de los tiempos modernos, extraordinario e inolvidable, se nos abren las puertas de la sabiduría. Recordemos en esta ocasión la máxima del Sócrates de la antigüedad: <Conócete a ti mismo y conocerás el mundo>. Esta máxima ha sido y es, en todas las épocas de la historia, el mejor medio para quien quiera desarrollar su salud, su bienestar y su alegría de vivir. ...”

(páginas 11-12)“... Todo comenzó en el mes de diciembre de 1966, que supuso el inicio de una serie extraordinaria de sucesos en mi vida. Me encontraba en tercero de carrera en la Universidad de California, en Berkeley. Un día, a las tres y veinte de la mañana, en una gasolinera abierta durante toda la noche, conocí a Sócrates (no me dijo su verdadero nombre, pero tras haber pasado un momento con él aquella noche, le llamé instintivamente como el antiguo sabio griego: el nombre le gustó y se quedó con él). Ese encuentro fortuito, junto con las aventuras que siguieron, iban a cambiar mi vida.
Los años que precedieron a 1966 habían sido felices para mí. Educado por unos padres llenos de amor en un medio equilibrado, había ganado el Campeonato del Mundo de Trampolín, viajado por Europa y recibido ya grandes honores. La vida me había dado numerosas recompensas, pero no paz ni satisfacción duraderas.
Hoy me doy cuenta de ello. Pasé de alguna forma todos esos años durmiendo, soñando que estaba despierto hasta mi encuentro con Sócrates, que se convirtió en mi mentor y en mi amigo. Antes había creído que una vida de calidad, de alegría y de sabiduría constituía mi herencia natural de ser humano y que se me concedería automáticamente con el paso del tiempo. Nunca había sospechado que tendría que aprender cómo vivir, que necesitaría dominar algunas disciplinas y maneras de ver el mundo antes de despertarme a una vida sencilla y feliz.
Sócrates me mostró mis errores comparando mi camino con el suyo, el camino del guerrero pacífico. Siempre se reía de mi existencia seria y problemática, para llevarme a ver con sus propios ojos, a través de su mirada de sabiduría, de compasión y de humor. Y perseveró hasta el día en que comprendí lo que significaba vivir como un guerrero.
A menudo me quedaba con él hasta altas horas de la madrugada, escuchándole, discutiendo y terminando por reírme con él muy a mi pesar. Aunque esta historia está sacada de mi aventura, no por ello deja de ser una novela. El hombre al que llamo Sócrates ha existido realmente. Pero tenía una manera tal de perderse en el mundo que a veces me resulta difícil decir cuándo y dónde se eclipsaba para dejar sitio a otros maestros y a otras experiencias. He tomado algunas libertades en los diálogos, así como en algunas secuencias. También he sembrado la historia de anécdotas y de metáforas para subrayar las lecciones que Sócrates deseaba verme transmitir.
La vida no es un asunto individual. Una historia y sus lecciones no tienen utilidad si no son compartidas. Por lo tanto, decidí honrar a mi maestro compartiendo contigo, lector, su sabiduría y su humor penetrante.
Guerreros, nos llamamos guerreros. Combatimos por la alta virtud, por las grandes causas, por la sabiduría suprema, y por ello nos llamamos guerreros. ...”

Una lectura -en mi opinión- altamente recomendada. Un film que cuenta con las actuaciones magistrales de Nick Nolte, Emy Smart, Scott Mechlowicz, Paul Wesley y Agnes Bruckner (entre otros actores y actrices) y que -a mi entender- debería ser de proyección obligatoria en las escuelas y universidades, formando parte de la educación como cualquier otra materia y/o disciplina, motivo de estudio y capacitación.

Y ante cualquier duda, acuda a ...

Guerrero, S.A.
Sócrates, Prop.
Especialidades
Paradoja, Humor y Cambio
¡Urgencias solamente!


Bendiciones.