martes, 4 de agosto de 2015

Enemigos en la vida política: una construcción cimentada en las sombras ..

Hace unos cuantos años, tuve la oportunidad de adquirir un libro cuyo título me cautivó "a primera vista". Comencé leyendo las palabras escritas en la contratapa: "Cada uno de nosotros lleva consigo un Dr. Jekyll y un Mr. Hyde, una persona afable y una entidad tenebrosa. Bajo la máscara del Yo consciente se ocultan todo tipo de emociones y conductas negativas: rabia, celos, resentimiento, codicia, lujuria, mentira, tendencias asesinas y suicidas... Este territorio inexplorado de nosotros mismos es conocido en psicología como la sombra personal. Todo el mundo tiene una sombra, contrapartida de su ego. Una sombra que comienza ya a desarrollarse en la infancia, a través de la educación, cuando negamos la parte oscura de nosotros mismos y finjimos identificarnos con nuestros ideales; una sombra que permanece siempre al acecho y que emerge con fuerza en cualquier momento. Así, por ejemplo, cuando sentimos un inexplicable sentimiento de antipatía hacia alguien, o cuando descubrimos un rasgo inaceptable en nosotros mismos, o cuando repentinamente nos invade el odio, la envidia, la vergüenza. Encontrar la propia sombra, enfrentarse con ella, aprovechar su poderosa energía, todo ello pertenece a la autorrealización más profunda del ser humano. Ya dijo Jung que uno no  alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad. Encuentro con la sombra ofrece una visión panorámica del lado oscuro de la naturaleza humana, tal y como surge de las relaciones, en el trabajo, en la familia, en la sexualidad, en la política, en la terapia, en el crecimiento personal... Encuentro con la sombra nos enseña a alcanzar una genuina auto-aceptación, a aprovechar las emociones negativas, a superar la culpa, a reconocer nuestras <proyecciones>, a usar diversas actividades -tales como la escritura, el dibujo, los sueños- para recuperar la parte rechazada de nosotros mismos. Porque en la oscuridad de la sombra está también nuestra plenitud".   Y quedé absoluta y totalmente encantada con la deslumbrante idea -desde mi punto de vista- de tener un "verdadero y genuino encuentro con mi propia sombra".

El libro al cual me refiero -y como ya habrán podido adivinar- se titula "Encuentro con la sombra" - El poder del lado oscuro de la naturaleza humana, y cuenta con intervenciones de la talla de Carl G. Jung, Larry Dossey, Ken Wilber, John Bradshaw, Joseph Campbell y muchos otros (Edición a cargo de C. Zweig y J. Abrams).

Absolutamente convencida de la importancia del tema que -en esta oportunidad- concita mi atención,  he sentido la moción de compartir con ustedes, algunas reflexiones que van a poder encontrar en las páginas 283 a 298:

"... La construcción del enemigo: ellos y nosotros en la vida política

Introducción

Por más desagradable que pueda parecernos la idea, todos nosotros necesitamos enemigos. Nuestra existencia parece depender e incluso, en ocasiones, progresar gracias a ellos. [...] 

El proceso de creación de enemigos parece cumplir con una función muy importante: la atribución incosciente y cruda a nuestros enemigos de aquellos rasgos que nos resultan escpecialmente intolerables de nostros mismos. Desde un punto de vista psicológico, el proceso de creación de un enemigo parece originarse en una proyección de nuestra sombra sobre aquellas personas que -debido a razones frecuentemente muy abstrusas- se adecuan a la imagen que tenemos de lo inferior. Basta simplemente con pensar en aquellas personas a quienes despreciamos o contra quienes albergamos algún tipo de prejuicio para caer presa de los aspectos más turbios de nuestra naturaleza.

En lo que concierne al ámbito de lo colectivo -nación, raza, religión- el proceso de creación de enemigos adquiere proporciones míticas, dramáticas y, frecuentemente, trágicas. Las guerras, las cruzadas y las persecuciones, por ejemplo, constituyen la expresión más terrible de esa sombra que forma parte de nuestro legado instintivo tribal. No es de extrañar, pues, que las mayores atrocidades de la historia de la humanidad se hayan perpetrado en nombre de causas justas cuando la sombra de toda una nación -o un grupo humano- se proyecta en la figura del enemigo y llega a convertir, de este modo, a otro grupo humano en infiel, cabeza de turco o chivo expiatorio de nuestras propias culpas.

En enfrentamiento con nuestros enemigos cumple pues con una función redentora. Según el sociólogo Ernest Becker: <Si hay algo que nos han enseñado las terribles guerras de nuestra época es que el enemigo cumple con la función ritual de redimirnos del mal. Por eso todas las guerras son consideradas "guerras santas", en el doble sentido de constituir, por una parte, una forma de librar al mundo de la maldad y, por la otra, una revelación de nuestro propio destino, una prueba de que Dios está de nuestra parte>.

Nuestra época ha derrochado una enorme cantidad de recursos humanos y materiales tratando de manterner vigente la figura del enemigo mediante la estrategia de la guerra fría. Y aunque ya hemos hipotecado el futuro de nuestros hijos armándonos hasta los dientes con todo tipo de tecnología bélica todavía podemos albergar, sin embargo, ciertas esperanzas de desmantelar toda la parnafernalia bélica obsoleta y sacar algo en limpio de toda esta sinrazón.

El mundo, no obstante, parece estar esperando una era de cooperación constructiva, un nuevo milenio en el que utilicemos nuestra energía en resolver los problemas en lugar de malgastarla en seguir creándonos enemigos. El verdadero adversario de nuestro tiempo -la contaminación ecológica, el efecto invernadero, la extinción de numerosas especies, el hambre y la pobreza de gran parte de la humanidad- está más allá de toda proyección y sólo podrán resolverse adecuadamente cuando asumamos y seamos los dueños de nuestra sombra colectiva. [...]

Si tenemos en cuenta la amplia panorámica que nos ofrece este cap¡tulo podremos comenzar a advertir que todos somos, al mismo tiempo, amigos y enemigos, aliados y adversarios. La elección depende de nosotros. [...]

El creador de enemigos

Primero creamos al enemigo. La imagen existe antes que el arma, la propaganda precede a la tecnología. Comenzamos pensando en otros a quienes matar y posteriormente inventamos el hacha de guerra o el misil intercontinental para acabar con ellos.

Sin embargo, los políticos de uno y otro signo creen exactamente lo contrario y proclaman a voz en grito que si abandonamos nuestra política armamentista el enemigo no desaprovechará la ocasión. Los conservadores, por su parte, opinan que el único modo de mantener en cintura al enemigo consiste en demostrarle que disponemos de armas más grandes y más poderosas que las suyas. Los liberales, por el contrario, piensan que el enemigo  dejaría de serlo si tuviéramos menos armas o si éstas fueran menos potentes. Ambas posturas, sin embargo, se basan en la creencia optimista y racional de que el ser humano es un animal pragmático que ha llegado a covertirse, con el correr de los años, en homo sapiens (<hombre racional>) y en homo faber (<hombre hábil>), y que, consecuentemente, es posible alcanzar la paz mediante la negociación y el control armamentístico.

Sin embargo, la realidad no parece ajustarse a esa creencia, ya que el problema no parece asentarse tanto en nuestra razón o en nuestra tecnología como en la dureza de nuestros corazones. Generación tras generación hemos inventado todo tipo de excusas para odiar y deshumanizar a nuestros semejantes. Nos negamos a admitir lo evidente y nos justificamos con la retórica política más sofisticada. El ser humano es un homo hostilis, una especie hostil, el único animal capaz de fabricarse enemigos para tratar de escapar de su propia hostilidad reprimida. De este modo, con los residuos inconscientes de nuestra hostilidad y con nuestros demonios privados creamos un objetivo, conjuramos un enemigo público y -lo que es peor- nos entregamos a rituales compulsivos, a dramas tenebrosos con los que tratamos de exorcisar aquellos aspectos que negamos y despreciamos de nosotros mismos.

Nuestra única esperanza de supervivencia radica en la capacidad de cambiar nuestra actitud hacia la guerra y la figura del enemigo. En lugar de seguir hipnotizados con la imagen del adversario debemos empezar a prestar atención a los ojos que ven al enemigo. Ya ha llegado el momento de explorar la mentalidad del homo hostilis (<humano hostil>) y de examinar minuciosamente la forma en que manufacturamos la figura del enemigo, creamos un plus de maldad y terminamos convirtiendo al mundo en un inmenso cementerio. Pero mientras sigamos ignorando la lógica de la paranoia política y el proceso propagandístico con el que tratamos de justificar nuestra violencia parece poco probable que lleguemos a tener ningún éxito sustancial en el control armamentístico. Para ello debemos tomar conciencia de lo que Carl Jung denominaba <la sombra>. Los héroes y los líderes de la paz de nuestro tiempo son aquellos hombres y mujeres que tienen el valor de sumergirse en las tinieblas de su propia personalidad y zambullirse en la oscuridad del psiquismo colectivo en busca de su enemigo interno. La psicología profunda nos ha proporcionado la evidencia incuestionable de que fabricamos al enemigo con las partes negadas de nuestro propio yo. Por tanto, el mandamiento <ama a tu enemigo como  a tí mismo> nos señala el camino que conduce al autoconocimiento y a la paz. De hecho, amamos y odiamos a nuestros enemigos en la misma medida que nos amamos y nos odiamos a nosotros mismos. En el rostro del enemigo encontramos pues el espejo en el que contemplar nítidamente nuestro verdadero semblante.

Pero ya escucho el clamor de objeciones de quienes detentan los poderes fácticos. Vayamos, pues, más despacio. <¿Qué significa eso de "crear enemigos"? Nosotros no inventamos a los enemigos. En el mundo real existen agresores, imperios malignos, hombres malvados y mujeres perversas que nos destruirían si no acabáramos antes con ellos. [...] No podemos psicologizar los acontecimientos políticos ni resolver el problema de la guerra tratando simplemente de comprender la forma de pensar del enemigo>. 

Efecivamente. Pero la causa de la paz no puede avanzar con verdades a medias, ya sean éstas de naturaleza política o psicológica. Ciertamente, debemos abstenernos de psicologizar los acontecimientos políticos pero también debemos evitar politizar los hechos psicológicos. La guerra es un problema sumamente complejo que no puede afrontarse desde un solo punto de vista. Para comprenderla deberíamos disponer, como mínimo, de una especie de teoría cuántica de la guerra. Así, de la misma manera que sólo podemos comprender la naturaleza de la luz considerándola simultáneamente como onda y como partícula, sólo podremos comprender la naturaleza de la guerra apelando a un enfoque pluridisciplinar que englobe sus diversos factores causales. Es por ello que necesitamos abordar el problema de la guerra considerando que se trata de un sistema sustentado, por igual, en:

  el psiquismo belicista    y  la polis violenta
  la paranoia                    y  la propaganda
  la imaginación              y los conflictos geopolíticos y 
                                         de valores entre naciones. 

Cualquier reflexión fructífera sobre la guerra deberá, pues, tener en consideración al psiquismo individual y a las instituciones sociales. La sociedad configura nuestro psiquismo y viceversa. Por consiguiente, debemos poner manos a la obra para acometer la ingente tarea de concebir alternativas políticas y psicológicas a la guerra, de cambiar la mentalidad del homo hostilis y de modificar la estructura de las relaciones internacionales. Esto supone, al mismo tiempo, la doble tarea de emprender un viaje heroico hacia el yo y ensayar un nuevo estilo más compasivo de hacer política. No será posible reducir la belicosidad mientras no tengamos en cuenta todos los factores que sostienen un sistema basado en la violencia. Debemos tener en consideración tanto a las raíces psicológicas de la paranoia, la proyección y la propaganda como a las prácticas contraproducentes en la educación de nuestros hijos, la injusticia, los intereses creados de las élites del poder, los conflictos religiosos, sociales, históricos, económicos, raciales y la presión de la opinión pública.

El problema de la psicología militar estriba en cómo llegar a convertir el asesinato en patriotismo, pero no suele examinarse en profundidad el proceso de deshumanización del enemigo. Cuando proyectamos nuestra sombra no nos damos cuenta de lo que hacemos. La masa genera odio y el cuerpo político debe insensibilizarse de su paranoia, proyección y propaganda. De este modo, el <enemigo> se convierte en algo tan real y objetivo como una piedra o un perro rabioso.  Nuestra primera tarea consiste, pues, en romper este tabú, tomar conciencia de los aspectos inconscientes del cuerpo político y examinar la forma en que creamos la figura del enemigo.

La paranoia consensual -la patología de una persona normal perteneciente a una sociedad belicista- nos proporciona un modelo útil para comprender este proceso. Si comprendemos la lógica de la paranoia podremos comprender la presencia recurrente -independientemente de las circunstancias históricas- del arquetipo del adversario.

La paranoia presupone un complejo de mecanismos mentales, emocionales y sociales mediante los cuales una persona -o un grupo- se atribuyen toda la justicia y la pureza mientras asignan, al mismo tiempo, toda la hostilidad y la maldad a sus enemigos. Este proceso se inicia con la división -sancionada por los mitos y los medios de comunicación de masas- entre el <buen> Yo (con el que nos identificamos conscientemente) y el <mal> Yo (que reprimimos y proyectamos inconscientemente sobre nuestros enemigos). Mediante esta artimaña escamoteamos de la conciencia aquellos aspectos inaceptables de nuestro Yo que Jung denominaba <sombra> (la envidia, la crueldad, el sadismo, la hostilidad, etcétera) que, a partir de entonces, sólo reconocemos como cualidades de nuestros enemigos. De este modo, la paranoia cumple con la función de reducir la ansiedad y la culpabilidad que sentimos y de transferir a los demás aquellas características que no queremos reconocer en nosotros mismos. Este proceso, por otra parte, se mantiene mediante la percepción y la memoria selectiva que hace que sólo nos percatemos de aquellos aspectos negativos del enemigo que se ajustan a nuestro estereotipo. [...]

Una de las principales funciones de la mentalidad paranoica consiste en librarnos de la culpa y la responsabilidad atribuyéndosela a los demás. Esta inversión puede revestir, a veces, un carácter extremo.

Es inevitable que la mentalidad infantil paranoica vea en el enemigo algunas de las cualidades paradójicas del mal padre. La fórmula necesaria para poder destruir al enemigo con total impunidad moral siempre atribuye al enemigo un poder casi omnipotente y una degradación moral casi absoluta. [...]

Lo cierto es que la mentalidad paranoica no tolera la idea de igualdad. Un paranoico debe sentirse sádicamente superior -y dominar a los demás- o bien debe sentirse masoquistamente inferior -y sentirse amenazado por ellos. Los adultos, en cambio, pueden sentirse iguales y compartir, de este modo, su responsabilidad tanto por el bien como por el mal, pero en la mentalidad infantil, el gigante -el padre, el enemigo- es el único que detenta el poder, el único, por tanto, moralmente responsable de no eliminar el mal y el sufrimiento de su vida.

El homo sapiens  es irremediablemente dualista, un dualista maniqueo:

Nosotros somos inocentes.      Ellos son culpables.
Nosotros decimos la verdad.   Ellos mienten.
Nosotros informamos.            Ellos hacen propaganda.
Nosotros tenemos un              Ellos tienen un Ministerio
Departamento de Defensa.     de la Guerra.
Nuestros misiles y armas       Las suyas son ofensivas.
son defensivos.

La más terrible de todas las paradojas morales, sin embargo, el nudo gordiano que debe ser cortado para que la historia pueda seguir su curso, es el hecho de que creamos el mal a partir de nuestros ideales más elevados y de nuestras aspiraciones más nobles. Necesitamos héroes, estar del lado de Dios, eliminar el mal, purificar el mundo y vencer a la muerte aunque para ello tengamos que sembrar la destrucción y la muerte de todo lo que se interponga en nuestro camino hacia nuestro heroico destino. Necesitamos y creamos enemigos absolutos no porque seamos intrínsicamente crueles, sino porque proyectamos nuestro odio sobre un objetivo externo, agrediendo a los extraños, tratando de agrupar a nuestra tribu o nación y permitiéndonos entrar a formar parte de un grupo cerrado y exclusivo. Creamos un excedente de mal porque tenemos necesidades de pertenencia.

¿Cómo podemos crear psiconautas, exploradores de las alturas y profundidades del psiquismo? ¿Cómo llevar a cabo una cruzada interna contra la paranoia, la mentira, la autoindulgencia, la culpabilidad, la vergüenza, la pereza, la crueldad, la hostilidad, el miedo y el absurdo? ¿Cómo puede la sociedad reconocer y recompensar el coraje de quienes combaten las tentaciones diabólicas del yo, de quienes emprenden una guerra santa contra toda la maldad, la perversión y la crueldad que anida en su interior?

Si realmente deseamos la paz debemos empezar a desmitificar al enemigo, dejar de politizar los fenómenos psicológicos, recuperar nuestra sombra, dedicarnos a estudiar minuciosamente las mil y una formas en que negamos, enajenamos y proyectamos en los demás nuestro egoísmo, nuestra crueldad y nuestros celos y, finalmente, comprender en profundidad cómo hemos creado inconscientemente un psiquismo beligerante y cómo hemos perpetrado las innumerables variedades de la violencia. [...]"


En mi opinión, una recomendable lectura que merece extenderse al libro en su totalidad.


Desde mi punto de vista, la Humanidad está atravesando una gran "crisis de identidad" que la coloca cada vez más al borde de su propia destrucción. La violencia en sus distintas manifestaciones,  parece ser la moneda corriente hoy en día; una violencia que hace oídos sordos al clamor por la Paz que se eleva desde los Corazones más conmovidos. Una violencia que parece no conocer de límites, de fronteras ni de géneros. ¡Es tiempo de elevar nuestras consciencias: no sólo es necesario, es absoluta y totalmente imprescindible!.


 Bendiciones.

martes, 28 de julio de 2015

El "mito" de la Fe y del Amor..

Seguramente por "causalidad" ya que dicen que la casualidad no existe, he topado -días atrás- con un escrito que vaya uno a saber de dónde provino... El título del mismo que me resultó por demás inquietante, hizo que decidiera dedicar unos minutos a su lectura. Operando a modo de relax, me sumergí por completo en tan encantadora actividad. ¡Qué gratamente sorprendida quedé al terminar de leer el texto!. ¡Una "Gran Verdad" develada con una Maestría propia de un Genio!. 

Para que ustedes puedan comprobar lo que acabo de relatarles, a continuación, voy a reproducir el susodicho texto, que lleva por título "¿Por qué existe el mal?":

"Un profesor universitario desafió a sus alumnos con esta pregunta.
-¿Dios creó todo lo que existe?
Un estudiante contestó valiente:
-Sí, lo hizo.
-¿Dios creó todo?
- Sí señor, respondió el joven.
El profesor contestó, -Si Dios creó todo, entonces Dios hizo el mal, pues el mal existe y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo. El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe era un mito.
Otro estudiante levantó su mano y dijo:
-¿Puedo hacer una pregunta, profesor?
-Por supuesto, respondió el profesor.
El joven se puso de pie y preguntó:
-¿Profesor, existe el frío?
-¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?
El muchacho respondió: - De hecho, señor, el frío no existe.
Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor.
-Y, ¿existe la oscuridad?, continuó el estudiante.
El profesor respondió:
-Por supuesto.
-Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe.
La oscuridad es en realidad ausencia de luz. La luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blancae en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuán oscuro está un espacio terminado? Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente.
Finalmente, el joven preguntó al profesor:
-Señor, ¿existe el mal?
El profesor respondió:
-Por supuesto que existe, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal.
A lo que el estudiante respondió:
-El mal no existe, señor, o al menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos anteriores un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó el mal. No es como la fe o el amor, que existen como existen el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz.
Entonces el profesor, después de asentir con la cabeza, se quedó callado.
El nombre del joven era: Albert Einstein."

Sin lugar a duda y desde mi punto de vista, este texto deja boquiabierto a todo ser humano que se precie de tal. Una pregunta que me surge, luego de esta lectura es: ¿cuánto tiempo más tendrá que transcurrir en este bendito planeta Tierra, hasta que la Humanidad vuelva sus ojos a Dios? Particularmente, opino que ya es tiempo de que todos reconozcamos que la salvación está muy lejos de encontrarse en la vanalidad del mundo; más bien, la encontraremos en la sencillez y la humildad del Corazón. ¿Que les parece si empezamos hoy mismo?...


Bendiciones.



domingo, 19 de julio de 2015

Dime cuánto comes y te diré de qué tienes hambre ...



Atraída por el título del libro, lo compré sin dudarlo. Supongo que la curiosidad por la temática que aborda, tuvo un peso importante en la decisión. O, tal vez, el hecho de que su autor sea el genial Deepak Chopra (doctor en medicina especializado en endocrinología; considerado uno de los pioneros de la medicina holística, basada en el equilibrio entre el cuerpo y la mente) haya influido para que no tuviera dudas respecto a la excelencia de esta obra.

El libro en cuestión se titula ¿De qué tienes hambre? y da respuestas a una problemática que resulta de sumo interés para cualquier ser humano en búsqueda del bienestar. Afortunadamente, no es una cuestión de peso lo que me ha motivado a su adquisición.

Como bien dice en la contratapa: “… Si te sobran algunos kilos o te sientes pesado, si estás bajo de energía o te notas fatigado, si tu imagen corporal no te satisface y recuerdas lo bien que te sentías cuando eras más joven y delgado… este libro es para ti.” Seguramente, muchas personas podrán sentirse identificadas con ello.

Entendiendo la importancia de este tema y convencida de la inestimable ayuda que la lectura de este libro puede reportarle a cualquier ser humano, les acerco algunas consideraciones que podrán encontrar en las páginas 15 a 21:

“… Para  superar los obstáculos que nos han llevado a aumentar de peso, sea un poco o mucho, no voy a repetir el mismo consejo sobre comer sano que existe desde hace décadas. El consejo es, sin ninguna duda, bueno. Lo que se dice es cómo cambiar. La consciencia es la clave, porque a todos nos han adiestrado, por medio de un condicionamiento masivo, a dañar nuestro cuerpo de las siguientes maneras:

  Comer insconscientemente, sin importarnos lo que hay
  en nuestra comida.
       
  Perder el control de nuestro apetito.

  Optar por raciones cada vez mayores.

  Usar la comida por razones emocionales; por ejemplo, 
   para aliviar el estrés de la vida cotidiana.
      
  Recurrir a la comida más rápida que satisfaga nuestras
  ansias.

Todos estos obstáculos están en un único lugar: la mente. El cuerpo es un reflejo físico de las decisiones que tomamos a lo largo de la vida. La información es importante, pero añadir más buenos consejos no es la solución para comer sano. La solución es transformar nuestra consciencia.

Decidí mostrar cómo funciona la consciencia transformadora, cómo se puede alcanzar y por qué. De lo contrario, el mejor consejo, aunque lleve a una manera de comer mejor, seguirá dejándonos encerrados en una idea limitada de nuestro cuerpo. Ser alguien que come <bien>, rígidamente, que sigue un conjunto de reglas y no se desvía nunca no es, tampoco, una situación feliz. Pero con la conciencia transformada, es fácil cambiar todas nuestras conductas arraigadas y autodestructivas. No se puede controlar aquello de lo que no somos conscientes. Si tuviéramos una piedra en el zapato, la eliminaríamos rápidamente. El dolor nos diría al instante que algo va mal. Comer mal no es igual. Lo más frecuente es que no emita ninguna señal de dolor, y los efectos dañinos se producen, a menudo, de modo invisible y gradual, ocultos a la vista. Debemos alcanzar una nuevo nivel de consciencia para darnos cuenta de lo que va mal en nuestro interior. Sólo entonces podemos proceder a cambiarlo. […]

La comida, el peso y el hambre

Si quiere recuperar su peso ideal, tiene dos opciones. Puede ponerse a dieta o hacer algo diferente. Este libro trata de ese algo diferente. Ponerse a dieta supone la clase equivocada de motivación, razón por la cual raramente conduce a la meta deseada. Es tomar el camino del sacrificio y la renuncia. Cada día de dieta supone luchar contra el hambre y esforzarnos por conseguir autocontrol. ¿Hay algún modo más insatisfactorio de vivir?

Para tener éxito, la pérdida de peso tiene que satisfacernos; es ese <algo diferente> que da resultado después de que la dieta haya fracasado. Si conseguimos devolver el equilibrio a las señales de hambre que nos envía el cuerpo, el impulso para comer se convierte en nuestro aliado, en lugar de en nuestro enemigo. Si confiamos en nuestro cuerpo para saber qué necesita, él cuidará de nosotros, en lugar de luchar contra nosotros. Todo tiene que ver con entender bien los mensajes que conectan la mente y el cuerpo.

Desde un punto de vista médico, me preparé para relacionar el hambre con la subida o bajada de ciertas hormonas. El hambre es uno de los mensajes químicos más poderosos que el cuerpo envía al cerebro. No deberíamos sentir hambre justo después de comer o que comer algo por la tarde nos llevara a un segundo o un tercer bocado. Pero he experimentado estas cosas -igual que millones de personas- lo cual significa que la experiencia del hambre puede existir incluso cuando no existe la necesidad de comida.

Es esta experiencia del hambre lo que es preciso cambiar cuando descubrimos que estamos comiendo en exceso. Los antojos y la falsa hambre no son lo mismo que darle a nuestro cuerpo el alimento que necesita. El cuerpo no es como un coche que engulle gasolina. Es la expresión física de miles de mensajes enviados a y desde el cerebro. En el acto de comer, está involucrada nuestra autoimagen, junto con nuestros hábitos, condicionamiento y recuerdos. La mente es la clave para perder peso y, cuando la mente está satisfecha, el cuerpo deja de ansiar demasiada comida.

Un planteamiento mente-cuerpo nos dará resultado porque nos pide una única cosa: Encuentre su satisfacción. Estar satisfechos es algo que la comida sola no puede hacer. Debemos nutrir:

  • el cuerpo con comida sana
  • el corazón con alegría, compasión y amor
  • la mente con conocimientos
  • el espíritu con ecuanimidad y autoconciencia

Con consciencia, todas estas cosas son posibles. Pero si las descuidamos, se alejan cada vez más, hasta quedar fuera de nuestro alcance.

Parece una paradoja, pero para poder perder peso, tenemos que llenarnos. Si nos llenamos con otra clase de satisfacciones, la comida dejará de ser un problema. Nunca debió llegar a serlo. Comer es un modo natural de sentirse feliz. Comer en exceso no lo es. Durante siglos, se ha celebrado la vida en festines, y algunas de estas celebraciones, como banquetes de boda o cenas de jubilación, pueden ser puntos culminantes de la vida de una persona. ¿A qué niño no se le ilumina la cara cuando aparece el pastel de cumpleaños? Pero el deleite que aporta la comida hace que comer en exceso sea un problema peculiar y único. Sentirse feliz, que es bueno para nosotros, se transforma en algo que nos perjudica.

En este momento caemos en algún lugar de la escala móvil que conecta la comida con la felicidad:

Comer normalmente --> Comer en exceso --> Ansias de comer --> Adicción a la comida

Comer normalmente produce una buena sensación.
Comer en exceso produce una buena sensación en el momento pero lleva a malos resultados a la larga.
Ceder a las ansias de comer no es una buena sensación en absoluto: casi de inmediato aparecen los remordimientos, la culpa y la frustración.
Ser adicto a la comida trae sufrimiento, deterioro de la salud y una total falta de autoestima. […]

Por mucho que lo maltratemos, el cuerpo puede restablecer el equilibrio. La primer regla es dejar de interferir con la naturaleza. En su estado natural, el cerebro controla el hambre automáticamente. Cuando el azúcar en la sangre cae por debajo de un cierto nivel, se envían mensajes a una región del cerebro, del tamaño de una almendra, conocida como hipotálamo, que es responsable de regular el hambre. Cuando recibe mensajes de que ha disminuido el azúcar, el hipotálamo secreta hormonas para hacer que sintamos hambre y, cuando hemos comido lo suficiente, las hormonas retroceden, haciendo que ya no tengamos hambre. Este bucle de retroalimentación entre la sangre y el cerebro actúa por sí mismo, como lo ha hecho durante millones de años. Cualquier animal con médula espinal (vertebral) tiene un hipotálamo, lo cual tiene sentido porque el hambre es algo muy básico.

Pero en los humanos, es posible interferir en el hambre con mucha facilidad. El modo en que nos sentimos emocionalmente puede hacer que tengamos un hambre devoradora o que seamos incapaces de comer en absoluto. Podemos estar distraídos y olvidarnos de comer o podemos estar obsesionados y pensar en la comida todo el día. Sin embargo, siempre andamos a la busca de satisfacción. Hay montones de cosas que pueden llenarnos además de comida. El deseo viene de las necesidades, empezando por las más básicas:

    Todos necesitamos sentirnos seguros y a salvo.
    Todos necesitamos sentirnos nutridos.
    Todos necesitamos sentirnos queridos y valorados.
    Todos necesitamos sentir que nuestra vida tiene
    importancia y sentido.

Si hemos satisfecho estas necesidades, la comida será sólo un placer entre muchos. Pero son innumerables los que recurren a comer en exceso para sustituir lo que de verdad quieren. Es como una transmutación y, con frecuencia, esas personas ni siquiera ven lo que está pasando. ¿Es esta la situación en la que usted se encuentra? Veamos algunos indicadores comunes.

No se siente seguro a menos que esté aletargado por haber comido demasiado. El embotamiento trae consigo una especie de calma que dura un rato corto.

No se siente nutrido, excepto cuando sus pupilas gustativas están sobreestimuladas con azúcar, sal y grasa.

No se siente querido ni valorado, así que convierte comer en <dadme algo de amor>.

Su vida carece de sentido, pero por lo menos cuando come, puede ignorar el vacío interior durante un ratito. […]

Mi meta es llevarlo a un estado de satisfacción. Una vez que eso empiece a suceder, dejará de comer por las razones equivocadas. La solución es sencilla, pero profunda: para perder peso, cada paso del camino debe satisfacernos. No tiene que psicoanalizarse; puede dejar de obsesionarse con su cuerpo y de sumergirse en la decepción y la frustración. Sólo hay un principio aplicable: La vida gira en torno a la satisfacción. Si no tiene una vida plena, su estómago nunca podrá proveer lo que le falta. …”


Como habrán podido observar, un tema que podría parecer un tanto trivial como lo es el hambre, puede llegar a transformarse en un auténtico problema de salud, en un verdadero mal-estar. Desde mi punto de vista, este libro es un “manantial de salud”. Una lectura que nos propone un camino seguro hacia el bien-estar. Con lenguaje sencillo y claro, nos anima a transitar los senderos de la conexión mente-cuerpo; es decir, nos garantiza una “Vida plena de sentido”.

 Bendiciones.

jueves, 25 de junio de 2015

¿Temor o Humildad?: una elección radical ...




En esta ocasión, quiero compartir con todos ustedes, un comentario de Santa Faustina Kowalska -llegó a mi a través del grupo "Unidos en el Amor a Jesús"- y que fue extraído de su diario:

“¿Por qué tener miedo?
Navega la barca de mi vida
Entre las oscuridades y las sombras de la noche,
Y no veo ningún puerto,
Estoy a la merced del mar profundo.

La más pequeña tempestad podría hundirme,
Sumergiendo mi barca en el torbellino de las olas,
Si no vigilaras sobre mi Tu Mismo, oh Dios,
En cada momento de mi vida, en cada instante.

En medio del estruendo de las olas
Navego tranquilamente con confianza
Y, como una niña, miro adelante sin temor,
Porque Tu, oh Jesús, eres mi luz.

Todo alrededor es horror y espanto,
Pero mi paz es más profunda que las profundidades del mar
Porque quien está Contigo, Señor, no perecerá
Me lo asegura Tu amor divino.

Aunque alrededor hay muchos peligros,
No los temo, porque miro el cielo estrellado.
Y navego con denuedo y alegría,
Como corresponde a un corazón puro.

Pero sobre todo, únicamente
Por ser Tu mi timonero, oh Dios,
La barca de mi vida navega tan serenamente
Lo reconozco en la más profunda humildad".

Para quienes no conocen su historia, a continuación les acerco una breve reseña que extraje del sitio denominado Wikipedia:

Helena Kowalska, es conocida como Santa María Faustina Kowalska (25 de agosto de 1905-5 de octubre de 1938) y es llamada "Apóstol de la Divina Misericordia". Fue una religiosa católica, nacida en Polonia. Escribió un diario con más de 600 páginas en el que plasmó todos los mensajes que supo recibir de Jesús. Relató encontrarse en una fiesta con su hermana Josefina y mientras bailaba ver a Jesús parado junto a ella, lleno de llagas y con un mensaje para ella: -Helena, hija Mía ¿cuándo cesarás de ignorarme y cuánto más estarás alejada de Mi lado?. Entonces, abandonando la fiesta, cuenta haberse dirigido a la catedral de San Estanislao de Kostka. Y allí, pedir al Señor que le dijera qué debía hacer. Dice haber orado, pedido perdón y luego haber escuchado las siguientes palabras: -Ve inmediatamente a Varsovia; allí entrarás en un convento. Semanas después de entrar al convento escribe haber tenido tentaciones de abandonar, pero que nuevamente el Señor se presentó en su celda pidiéndole que no lo hiciera.

El 22 de febrero de 1931, Sor Faustina relata tener la primera revelación de la Divina Misericordia estando en su celda. Según cuenta en su diario, entres otras cosas Jesús pidió que pintasen una imagen suya. Debido a esta petición, el pintor Eugenio Kazimiroski realizó un retrato siguiendo las instrucciones de Sor Faustina. Dicha imagen fue presentada y venerada públicamente en Lituania, entre el 26 y el 28 de abril de 1935, siendo la primera imagen pintada del Señor de la Misericordia. Posteriormente, Adolf Hyla -en agradecimiento por los favores recibidos- pintó una imagen que se hizo famosa en todo el mundo.

Santa Faustina esciribió un diario en el que recogió los mensajes que recibió de Jesús. De aquí surgió la devoción a la Divina Misericordia. Esta devoción considera que la principal prerrogativa de Jesús es la misericordia y que es la última tabla de salvación. Se accede a la misericordia por la confianza. Esta devoción está integrada por el mensaje de la Divina Misericordia, la Coronilla de la Divina Misericordia, la Imagen de la Divina Misericordia, la Fiesta de la Divina Misericordia y hora de la misericordia (las 3 de la tarde).

En los últimos años de la vida de Sor Faustina, se vieron incrementados sus padecimientos interiores de tinte espiritual y las dolencias de su cuerpo: contrajo tuberculosis, lo cual afectó sus pulmones y su sistema digestivo. Falleció a los 33 años de edad.

Transcurridos 27 años desde su muerte, se inició el proceso de canonización, gracias a dos casos de sanaciones milagrosas: uno acaecido en Massachusetts a la Sra. Maureen Digan y el otro debido a la sanación de una condición congénita del corazón del Padre Pytel en el día del aniversario de la muerte de Sor Faustina, el 5 de octubre de 1995.

El 18 de abril de 1993, en ocasión de celebrarse la Fiesta de la Divina Misericordia (coincidente con el segundo Domingo de Pascua), el entonces Papa Juan Pablo II, declaró beata a Sor Faustina. Y el 30 de abril de 2000, segundo Domingo de Pascua y Fiesta de la Divina Misericordia, fue canonizada.

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Bendiciones.



domingo, 21 de junio de 2015

Adivina, adivinador: ¡cuidado! las interpretaciones pueden engañarnos …



Continuando con un compartir anterior, donde les comentaba que me había topado con unas páginas sueltas, lo suficientemente amarillas como para deducir que se trataba de los restos o vestigios de lo que -tiempo atrás y seguramente- había sido un libro, les acerco -en esta oportunidad- el texto de un cuento que me ha parecido un tanto tragicómico, pero que -no obstante- puede conducirlos a una muy útil reflexión. 

Y dice así:

“Un caballero despidió el mes pasado al criado. Otro se presentó, y el amo le dirigió el discurso siguiente:

- Mira, hijo: a mí me gusta hablar poco, y quiero que a media palabra que diga se me entienda y se me adivinen los pensamientos. Así, cuando te diga: - Voy a afeitarme, debes entender que quiero agua, jabón, la navaja bien limpia, el navajero, la tohalla y todo lo que necesita un hombre para afeitarse. Y como te digo para esta operación, así para todo lo demás.

Así lo hacía el criado y el dueño estaba muy contento. Pero el otro día se sintió indispuesto: llama el criado, y le dice que está malo y que avise al médico. A pesar de que el médico vivía cerca, el criado tardaba en volver. Al fin, al cabo de tres horas, entra y dice a su amo:

- Ya está ahí todo.

- ¿Qué es todo? - preguntó el amo. - Ya podrías haber venido antes.

- Señor, come usted me ha dico que le adivine los pensamientos, he hido a buscar el médico, y el Viático, y un escribano, y los sepultureros, y la caja, y el hábito, y ya quedaban enganchando los caballos en un carro muy malo para que le lleven a usted. Y usted me dirá si quiere que vayan pobres de San Bernardino.”

Esta transcripción que cuenta con los que podrían denominarse algunos “errores de ortografía” (no he querido modificar el texto original), en mi opinión, nos presenta una situación que puede llegar a acontecernos en el cotidiano vivir.
  • ¿Cuántas veces urgidos por la prisa o por el desinterés, pretendemos hablar poco y que nuestro prójimo inmediatamente nos entienda por completo como si pudiera estar dentro de nuestra mente y adivinar nuestros pensamientos?
  • ¿Cuántas veces nos quejamos luego de los mal-entendidos que ello pueda generar y hacemos únicos responsables a nuestros interlocutores?
  • ¿Cuántas veces nos arrepentimos de haber callado algo que de haberlo manifestado en tiempo y forma, nos hubiera evitado el desperdiciar una oportunidad maravillosa de mantener un verdadero encuentro con nuestro prójimo?

A veces, la cultura del “touch and go”, se cuela en todas nuestras relaciones y en todos los ámbitos de nuestra vida. Parece que todo es “prisa” y “aceleración”. La “urgencia” se impone frente a la “importancia”. Invertimos las coordenadas y en lugar de “ser” – “hacer” – “tener” queremos “tener” – “hacer” y por último “ser” … Nos identificamos con la materia en lugar de dedicarnos a vivir desde el Espíritu, que es donde reside nuestra “Verdadera y Unica Identidad”. 

Tal vez en este tiempo, sea imperioso cuestionarnos: ¿realmente estamos “VIVIENDO LA VIDA” o “la vida nos está viviendo”? …


Bendiciones.