sábado, 17 de octubre de 2015

Original versus Copia: inspiración o imitación ¡that is the question!...... ...

Era una hermosa noche de primavera. Estaba esperando que pasaran a buscarme para compartir una velada que prometía ser encantadora. Mientras tanto, había ingresado en una librería para adquirir un libro. Una vez hecho el pago correspondiente, me había encaminado hacia la salida cuando -de repente- algo me hizo volver sobre mis pasos para comentarle a la empleada que me había atendido, que me interesaba hechar un último vistazo a las novedades que se exhibían en el fondo del local. No era mi intención efectuar otra compra; pero el  título de un libro por demás sugestivo me atrapó completamente: "Maravillosamente Imperfecto, Escandalosamente Feliz". ¡Cuán grande fue mi sorpresa al darme cuenta de que se trataba de la obra de un autor sumamente admirado por mí! Nada más y nada menos que Walter Riso. Para quienes no lo conocen, les comento que cursó estudios univesitarios de psicología, se especializó en terapia congnitiva y cuenta con una maestría en bioética; es autor de publicaciones que incluyen textos científicos. ¡Toda una garantía de calidad y excelencia! Y desde mi punto de vista "un Gran Maestro" de nuestro tiempo. Está de más decir que, ni lerda ni perezosa, adquirí un ejemplar del mismo.

¡Estaba tan contenta con esta adquisición que hice gala de ella en la cena!. Y ¿adivinen que sucedió?... terminé regalando el libro a un caballero que, mientras lo abría al azar y leía una frase, presurosamente comentó: "¡este libro es para mí!"... ¿Casualidad o causalidad?... Feliz de saber que estaba en buenas manos, me propuse adquirir otro ejemplar a la brevedad. Y así lo hice. Y ¿adivinen que sucedió?... Ni bien comentar el título con una amiga del Alma ¡quedó encantada!... y terminé regalándole el libro... Nuevamente feliz de saber que también estaba en buenas manos, ese mismo día, compré dos más: uno para mi y otro para regalar a el/la próximo/a destinatario/a... 
Me parece buena idea, a modo de resumen sobre la temática que aborda este libro, hacerme eco de las palabras de la contratapa: "Muchas personas son víctimas de lo que Walter Riso denomina mandatos irracionales perfeccionistas o <antivalores exitosos>. Estos mandatos pretenden que seamos <hombres y mujeres que han alcanzado el top ten>, es decir, seres excepcionales en algún área, no importa el costo emocional que eso implique. Preceptos publicitados y transmitidos que se convierten en una forma de autoexigencia o en la búsqueda de una <perfección psicológica> agotadora e irracional. Un sufrimiento inútil que se instala y echa raíces en nuestra mente, con la anuencia y premeditación de una cultura obsesionada por los <ganadores> y <los fuera de serie>. El objetivo del presente libro es rebelarse contra esos mandatos y promover una autoaceptación incondicional y sin excusas. Su consigna -aunque los amantes de la excelencia entren en crisis- es categórica: puedes se escandalosamente feliz en medio de tu maravillosa imperfección."
 

El texto que hoy quiero compartir con todos ustedes (pueden encontrarlo en las páginas 58 a 73), es el siguiente:

"... La comparación que inspira vs. la comparación que plagia

Aceptemos que ciertas comparaciones pueden ser herramientas motivadoras, pero deben ser inspiradoras y no simplemente fuentes de imitación. Aunque reproducir la conducta de un modelo adulto es uno de los principales métodos de aprendizaje en la niñez, la imitación obsesiva en los que ya no son niños, tiende a corromper el verdadero <yo>. En estos casos, la conducta no se produce desde adentro, ni se desprende de los propios talentos o de las convicciones más profundas, es una mera copia y un comportamiento sin sustento.

Cuando hablo de la <buena comparación>, no me refiero a <copiar>, sino a que adaptes las conductas y pensamientos del modelo a tu realidad única e intransferible. No se trata de plagiar, sino de transitar por la senda que te suscitan, según tu modo y parecer. Que el referente inspirador sea un horizonte que entusiasma y no un proceso que te convierte en un clon o en un triste identikit. Clonarse es reconocer que uno ya no tiene identidad propia, que se ha vendido a alguien <especial>. Debes elegir entre ser una reproducción o ser un original, entre ser alumno de un maestro, lo cual es bueno, o ser su fan.

[...] Apóyate en las musas que te genera la gente que admiras y, a partir de ahí, reinvéntate sin ser la sombra de nadie.

Isaac Newton, en una carta dirigida a Robert Hooke, afirmaba lo siguiente: <Si he visto más lejos, es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes>. Y esos gigantes habían sido, entre otros, Galileo Galilei, Johannes Kepler y Nicolás Copérnico. No reprodujo ni calcó lo que hicieron esos colosos de la ciencia, a quienes admiraba sin duda: se fundamentó en los descubrimientos de ellos, para hacer los suyos.

Esculpir tu propia estatua

Nuestra sociedad es una máquina de crear gente insegura, porque el <yo verdadero> casi siempre tiene que competir con un <yo prestado>. [...]  El crecimiento personal puede verse como una estética de la existencia: recrearte a ti mismo como una obra única, en la que eres arte y parte. En mi librio El camino de los sabios, cito a Plotino, un filósofo romano del siglo III d.C., quien aconsejaba un método para hallar la belleza o la virtud interior:

Regresa a ti mismo y mira: si aún no te ves bello, haz como el escultor de una estatua que debe llegar a ser hermosa: quita, raspa, pule y limpia, hasta que hagas aparecer un bello rostro en la estatua. También retira todo lo superfluo, endereza todo lo que sea tortuoso, limpia todo lo que esté oscuro, abrillántala y no ceses de esculpir tu propia estatua hasta que aparezca en ti el divino esplendor de la virtud. Hasta que veas la sabiduría en pie sobre su sagrado pedestal. ¿Has llegado a esto? ¿Has visto esto? (pág.27).

Quizás no estemos acostumbrados a mirar la cosa de este modo. La idea que tenemos es que el aprendizaje implica <agregar> algún tipo de conocimiento, más que eliminar y/o depurar el que ya poseemos y no sirve. La pregunta clave es: ¿Qué le sobra a mi mente y qué debería echar a la papelera de reciclaje? Cuando eliminamos un miedo, prescindimos de un mal hábito, extirpamos una adicción, sin darnos cuenta, en términos de Plotino, estamos esculpiéndonos a nosotros mismos. Desaprender, para aprender. [...] Duplicar a otra persona es perderse en un espacio psicológico que no nos pertenece, tratando de hallar alguna similitud que calme la ansiedad de no ser tan <imperfectos>. No es lo mismo ser un muy buen pintor que falsifique La Gioconda a ser Leonardo Da Vinci, al menos en lo que a originalidad se trata. Si vas a esculpir tu estatua, hazlo a partir de tu propio mármol.

Apropiarse de uno mismo 

[...] Es un hecho: la comparación excesiva y ambiciosa te aleja de tu ser auténtico. [...] Raspa tu mente, tu historia, escucha tu voz interior. Pregúntate qué cosas de las que haces te apasionan de verdad. ¿Qué te nace? ¿Cuáles son los atributos o cualidades que posees y casi siempre te han acompañado? Cuando toques la tecla apropiada, te asombrarás, porque todo fluirá sin tanto esfuerzo: no habrá inseguridad, sino evidencia. Te celebrarás a ti mismo y sentirás un profundo deseo de agradecer lo que eres. Descubrirás que no hay nada mejor ni nada más intenso que ser fiel a uno mismo. [...]

Algunos antídotos para evitar la comparación injusta e inncesaria 

Existen al menos cuatro factores que te harán menos vulnerable a los efectos devastadores de la comparación excesiva y/o injusta. Cuatro esquemas o maneras de ser que disminuyen la tendencia a <copiar a los mejores>: (a) la seguridad en uno mismo, (b) reconocer el valor personal, (c) ser auténtico y (d) defender la propia naturaleza.

LA SEGURIDAD EN UNO MISMO

La cultura de la perfección sostiene que eres valioso si eres el mejor en algo, así sea clavar clavos o rascarte la barriga. El problema surge cuando comienzas a darte cuenta de que te alejas de ese estándar ideal y tu <yo verdadero> no concuerda con tu <yo soñado>. Cuanto mayor sea la distancia entre lo que percibes que eres y lo que te gustaría o ansías ser, más serán tus sentimientos de inseguridad. Con un agravante: esta discrepancia no te servirá de motivación; por el contrario, te hundirá cada vez más en una percepción insufrible de incapacidad. Tu mantra será: <No soy capaz>.

Me pregunto qué pasaría si cambiáramos de objetivo e intentáramos ser felices, escandalosamente felices, lejos de los grandes modelos y de los individuos considerados <superiores>. ¿Y si hiciéramos añicos los ideales prestados? No hablo de ser mediocre, sino de avanzar con un crecimiento razonable y propio: <Voy para adelante con lo que en realidad tengo y soy, con mi lado bueno y el malo. No niego ni oculto mis "imperfecciones", porque sería negarme a mí mismo>. Dejemos de mirar a los destacados, hagamos un time out a los mediáticos y festejemos lo que somos, no importa el puesto que ocupemos en la lista de los más vendidos o condecorados. Insisto: la seguridad personal se logra cuando tu <yo idealizado> coincide con tu <yo real>. Ese es el secreto: estar sincronizado, interiormente, en lo básico.

RECONOCER EL VALOR PERSONAL

¿Cuánto vales? ¿Tienes precio? ¿Te venderías al mejor postor? Una persona segura de sí misma no solo se acepta como es, también tiene claro que su valía individual está más allá de cualquier precio. No se considera mercancía y se niega a ser cosificado. Así que siéntete orgulloso u orgullosa de lo que eres, sin miedo, sin excusas, sin disculpas. Que tus <imperfecciones> no mermen tu valor intrínseco. Ubícate más allá de las apariencias y del temor que a veces te invade por no ser como te indican los preceptos sociales. [...] Reconocer el valor personal es conocer las propias fortalezas y los talentos que posees y ponerlos a trabajar sin comparaciones absurdas y sin esperar el visto bueno de nadie. Cuando quieres a una persona de verdad no estás comparándolo con alguien para saber si lo amas. [...] Como leí alguna vez: <No amas a alguien porque es valioso, lo ves valioso porque lo amas>. Cambia en la frase anterior la palabra <alguien> por <ti mismo> y tendrás una proposición que exaltará tu amor propio saludablemente. 

SER AUTENTICO

Ser auténtico es pensar y actuar de acuerdo con lo que verdaderamente eres, de manera honesta y sin disfraces. Es mostrarte de manera completa, obrar conforme al propio ser y según lo sientas y pienses. Una persona auténtica es genuina y por lo tanto confiable, y es fiel a su propia identidad en cada acto de su vida, sencillamente porque le nace. La persona auténtica no responde a modas o patrones externos establecidos, sino a la concordancia interior.

Cuando eres auténtico las cosas fluyen sin tanto esfuerzo porque no hay nada que ocultar. Al no ser una copia, lo original se manifiesta libremente. Una vez más: no tienes que ser un premio Nobel o que te colmen de reconocimientos, solo basta ser tú mismo con el mayor ímpetu posible. Recuerda que al ser como eres, sin pretextos y de frente, además de tus atributos positivos saldrán a flote también tus defectos naturales, pequeños o grandes, que alimentarán la crítica de los chismosos. Ser auténtico es ser bellamente imperfecto e íntegro hasta la médula, digan lo que digan.

La gente que se traiciona a sí misma queriendo adoptar una personalidad o una condición que no le corresponde, tarde o temprano mostrará problemas de identidad. [...]

DEFENDER LA PROPIA NATURALEZA

Cada quien tiene una naturaleza que comparte con su especie, pero también tiene una que le es propia y se personaliza en su verdadero ser. Cuando la descubres, querrás mantenerte allí, porque ese estado será de tranquilidad y equilibrio interior. No se negocia la identidad, se cuida y se potencia. [...]

Posees una esencia que te define, unas características que te son propias. Esos atributos y ese carácter son tu identidad. Es verdad que no es inmutable y que puedes moldearte a ti mismo, pero existe un núcleo duro que te define en tanto humano, o mejor, dos núcleos, que estarán acompañándote siempre: tu capacidad de amar y tu capacidad de pensar sobre lo que piensas. Tu humanidad radica en ellas. Tómalas como un regalo y hazlas tuyas: desarróllalas, explótalas, estrújalas hasta sacarle el mayor aprendizaje posible y, sobre todo, disfruta la dicha de tenerlas. Esa es tu naturaleza, defiéndela. [...]" 
 

Sin duda alguna, puedo afirmar que, me encuentro esculpiendo la estatua de Mi Vida sentada sobre los hombros de gigantes de la talla de: Walter Riso, Deepak Chopra, Caroline Myss, Carlos Vallés, Anthony De Mello, Papa Francisco y tantos otros/as "Maestros/as de Vida" de quienes estoy aprendiendo a ser "Escandalosamente Imperfecta y Maravillosamente Feliz"... A todos ellos: ¡Gracias por existir!.
 


Bendiciones.



miércoles, 23 de septiembre de 2015

Perderse y Encontrarse ...




¡Tan fácil es perderse y

cuán difícil encontrarse...!



Cuando la luz resplandece,

algo en nos se desvanece,

son las sombras más que brunas,

que en dentorno, nos abruman.


Sed que arrasa como un fuego,

derritiendo las corazas;

surge el miedo, el desconsuelo,

el tormento nos abraza.


¡Qué agonía la del Alma!


Presa de un escalofrío,

nuestra mente se debate,

no hay escape en esta vida,

ante tan certero embate.


La esperanza nos anima,

fortalece nuestra entrega;

el dolor que nos lastima,

a la razón, no le da tregua.


Se despiertan los sentidos,

nuestros sabios más aliados,

lo que estaba reprimido,

se rebela frente al hado.


Es la lucha de la vida

enfrentada con la muerte,

no hay guarida, no hay salida

que nos libre de lo inerte.


¡Noche oscura la del Alma!

que por fin se purifica;

es aurora redentora,

que al nacer nos glorifica.


Liberada de las sombras,

nuestra esencia se revela:

Luz Divina que se asoma,

Infinito Amor que nos eleva.



¡Es tan fácil encontrarse y

cuán difícil es perderse...!


Bendiciones.

martes, 22 de septiembre de 2015

Morir antes de morir: el nacimiento a la VIDA ...

En esta ocasión quiero compartir con todos ustedes, unas reflexiones sumamente profundas y muy sabias -desde mi punto de vista- extraídas del libro titulado "El poder curativo de las crisis" - Edición a cargo de Stanislav y Christina Grof -.

Seducida por el título y atraída por el convencimiento del inestimable valor que esta obra tendría para mí (ya que conocía otras cuya autoría también responde a Christina y Stanislav Grof), ni lerda ni perezosa, me hice de un ejemplar (obviamente previo pago del mismo). Y, sin duda alguna, puedo decirles que este libro colmó mis expectativas mucho más ampliamente de lo que jamás hubiera imaginado.

Me parece una buena forma de sintetizar el tema que aborda esta magnífica obra, el hacerme eco de las palabras de la contratapa, cuando dice que: "Son muchas las personas que, implicadas en procesos de transformación personal, sufren crisis y trastornos de diversa índole. Algunos sienten que su sentido de identidad se rompe, o que sus sistema de valores ya no es válido. Surgen experiencias espirituales o incluso <místicas> que producen miedo y confusión. La vida cotidiana se hace difícil, y hasta cabe llegar a dudar de la propia cordura. La psiquiatría moderna no siempre ha sabido distinguir entre los estados alterados de crisis y los estados alterados de enfermedad. Es por esto que hoy se está fraguando una nueva y más amplia perspectiva que considera las crisis como procesos de transformación, con un enorme potencial de nueva salud. Las crisis espirituales se convierten entonces en vías de acceso a niveles más altos de autorrealización y plenitud.
En El poder curativo de las crisis, un conjunto de eminentes piscólogos, psiquiatras y maestros espirituales se plantea el alcance y concepto de las crisis, la relación entre espiritualidad, <locura> y curación. Se habla de distintas  formas de trastornos <espirituales>, de la concomitancia entre crisis y arte, de los escollos más frecuentes en la práctica del crecimiento personal. Rompiendo muchos de los esquemas establecidos, este libro nos transmite así un mensaje enormemente liberador: en el interior de toda crisis se encuentra el germen de una radical renovación.
Christina y Stanislav Grof son mundialmente conocidos por sus investigaciones en el campo de los estados no ordinarios de conciencia y de la psicología transpersonal".

Particularmente, creo que la Humanidad está atravesando una gran "crisis de identidad" que encaja perfectamente en los presupuestos que en este libro se describen tan detallada y acertadamente. Me animo a decir que siendo así, bien podría tener cabida una ligera modificación a un conocido parlamento cuando afirma que "cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia" por el de "cualquier semejanza con la realidad, está muy lejos de ser una mera coincidencia"...

Dada la importancia del tema que en este compartir ocupa mi atención, me parece momento oportuno para remitirme a las páginas 212 a 216, donde podemos notificarnos de que:

"... Sólo existen momentos de ver, oír, oler, gustar, tocar y fenómenos mentales que se consideran claramente [...] como impermanentes, insatisfactorios e inasibles. No podemos aprehenderlos y decir: <Aquí es donde seré feliz>. Desde este punto de observación todos los movimientos del cuerpo y de la mente tienen una irrealidad intrínseca y una condición de insatisfacción.

Este nivel de ecuanimidad conlleva una especie de profundo descanso, en el que la mente se vuelve como un vaso de cristal o como el cielo, en el que todas las cosas están en equilibrio. Uno se vuelve transparente, como si cualquier fenómeno pasase sólo a través de la mente y del cuerpo y uno es simplemente espacio. Toda la identidad cambia y se revela el vacío o la verdadera naturaleza de la mente antes de ser encerrados en un cuerpo y en el pensamiento de identificación -<esto es lo que soy>-, y de empezar a tener miedo de perderlo, preocupados por su apariencia, y de tener que ocuparnos de él de las mil maneras en que lo hacemos.

Este largo y profundo proceso espiritual de disolución y de apertura nos conduce a lo que la tradición mística cristiana llama la <divina apatía>. No es una falta de amor, sino que es como el ojo de Dios que ve la creación y la destrucción y la luz y la oscuridad del mundo con un corazón que lo abarca todo, porque El es todo ello. Entonces vemos que no somos nada y que somos todo.

La posibilidad de liberación procede finalmente de esta condición de equilibrio en la que se vuelven más nítidas que cualquier otra cosa las características de impermanencia, ausencia de yo e insatisfacción. Captamos el sabor de cómo es estar en el mundo, pero no nos dejamos atrapar por ninguno de sus contenidos. Fuera de este equilibrio se tiene acceso a estados extrarordinarios de la mente, en donde se puede entrar en el vacío, y todo desaparece y vuelve a aparecer por sí mismo. Todo el universo va y viene, como la mente y el cuerpo, la vista y el sonido. También se percibe la perfección e integridad de todas las cosas en sí mismas. La liberación no significa cambiar el mundo, sino tocar su verdadera naturaleza.

Estas son experiencias  que tienen muchas personas cuando entran en meditación profunda. A través de ellas se descubre el magnífico equilibrio y la grandeza potencial del corazón humano. Sabemos lo que es liberarse de la codicia, el odio, la ilusión, el miedo y la identificación. E incluso si no permanecemos constantemente en este estado, es como haber escalado a lo alto de una montaña. Hemos saboreado lo que significa la liberación y esto informa y afecta en adelante toda nuestra vida. Nunca más podemos ya tener realmente miedo a morir, porque ya hemos muerto. A esto se le llama <morir antes de morir> y lleva consigo el desapego y ecuanimidad más admirables. 

[...] Vemos claramente las Nobles Verdades de Buda: que existe el sufrimiento en la vida, que este sufrimiento es intrínseco a ella, que su causa es nuestro apego y nuestra identificación. Cuando aprendemos a ser libres en este sentido, nada puede afectarnos. Descubrimos entonces que existe una liberación real y posible para todos los seres humanos. Llegamos a entender las enseñanzas del corazón y comprobamos que éste puede abrirse y contener todo el universo. Nos damos cuenta de que es tal la grandeza del corazón que cualquier cosa en la vida -las diez mil alegrías y los diez mil sufrimientos- puede ser contenida dentro de la totalidad del corazón.

Al final llegamos a ver que la práctica espiritual es realmente muy simple; es un camino de apertura y de dejar pasar, de ser consciente de todo y de no apegarse a nada. [...] <Toda la enseñanza es simple. Cuando veo que alguien se está perdiendo por un sendero de la derecha del camino o que va a caer en una zanja, le grito que vaya a la izquierda. Si la misma persona camina por la carretera y se va a perder por un sendero de la izquierda le grito que vaya a la derecha. Eso es todo lo que hago. Cuando os vayáis a apegar a algo, dejadlo pasar y volved al centro para contemplar el movimiento de la vida desde una posición que tiene la cualidad de la gracia, el equilibrio y la apertura>.

Pero incluso después de este enorme viaje iluminador, uno vuelve abajo inevitablemente. Con mucha frecuencia se encuentra uno de nuevo con las dificultades del itinerario, pero al menos se puede enfrentar con un sentimiento más grande de equilibrio y desidentificación, con una sensación de facilidad y de ternura del corazón y de la mente.

Para concluir, he aquí la historia de un viejo monje chino que decidió abandonarlo todo y practicar en lo alto de una montaña, hasta iluminarse o morir. Había meditado en un monasterio Zen y había pasado muchos años de pacífica meditación, pero nunca se había iluminado. Finalmente acudió al maestro y le dijo: <Por favor, déjeme ir a las montañas a terminar esta práctica. Esto es lo único que quiero ahora en la vida, ver en qué consiste la iluminación>. El maestro. sabiendo que estaba maduro, le concedió el permiso.

En su ascenso de la montaña encontró a un viejo con un gran fardo. El viejo era en realidad bodisatva Manjusri. Dicen que se aparece a las personas cuando están preparadas para la iluminación. Normalmente se le representa llevando una espada que corta a través de la ilusión. Pero en este caso llevaba ese fardo.

El viejo baja de la montaña y le pregunta: <Monje, ¿a dónde te encaminas? El monje le responde: Voy a lo alto de la montaña con mi taza y unas cuantas pertenencias. Me sentaré allí arriba y o me ilumino o muero. Eso es lo único que quiero. He sido monje durante mucho tiempo y ahora tengo que saber en qué consiste la iluminación>.

Como el viejo parecía muy sabio, el monje preguntó: <Dime, buen hombre, ¿sabes algo de esta iluminación?>. En este punto el viejo simplemente dejó caer el fardo al suelo. Como en todas las buenas historias Zen, en este momento nuestro monje ¡se iluminó! <¿Quieres decir que es tan simple, que basta con dejar pasar en este mismo momento y no aferrarse a nada?>.

Esta verdad es muy difícil de aprehender, porque nuestro apego al proceso del cuerpo y de la mente -los fenómenos físicos y mentales- es muy fuerte. Tomamos con tanto empeño ser nosotros mismos que se necesita todo el intenso proceso que he descrito para desenmarañar y deshacer el nudo del yo. Para la mayoría de las personas se requiere un camino de práctica profunda, sistemática y disciplinada para deshacer la fuente de la atadura interna.

Y en este proceso se pasa por todos los territorios del fuego y de la disolución, las tormentas y las emociones, toda la serie de tentaciones, obstáculos y dificultades. Y, al final, aún tenemos que volver. Así, el monje recién iluminado mira al viejo y le pregunta: <¿Y ahora qué?>. Como respuesta, el viejo llega hasta el fardo, lo recoge de nuevo y se encamina hacia la ciudad.

La historia contiene los dos aspectos de la práctica. Nos enseña a abandonar de una manera profunda nuestra manera de aferrarnos, nuestros miedos, nuestra identificación con todas las cosas. Nos ayuda a ver directamente que no somos este cuerpo, que no somos los sentimientos, que no somos los pensamientos, que sólo alquilamos esta casa por un tiempo. Y una vez nos hemos dado cuenta de esto, nos enseña que debemos volver al mundo con un corazón bondadoso, con una compasión universal, y con un gran sentido del equilibrio y de la sabiduría. Debemos tomar nuestro fardo y llevarlo de nuevo a los dominios de las formas, al reino de los humanos. Pero ahora podemos viajar como bodhisatvas, como alguien que ha pasado por el terreno de la vida y de la muerte y los entiende con la suficiente profundidad como para ser libre de una manera totalmente diferente. Y desde esta libertad puede aportar una honda sabiduría y un corazón sabio y compasivo a un mundo que tanto los necesita. ..."


Este libro llegó a mis manos para que a través de su lectura, yo pudiera comprender el proceso de transformación que venía desarrollándose en mi interior, desde hacía unos cuantos años, sin que yo pudiera siquiera adivinar de qué se trataba. Este libro me ha brindado respuestas a los interrogantes que se me planteaban día a día; me ha ayudado a entender que ese "aterrador sentimiento" de encontrarme frente a un "abismo insalvable" era, ni más ni menos, que la medida del "salto cuántico" que estaba dando; representaba la ruta de acceso a otro "nivel de evolución de conciencia". Un "terrible sentimiento de soledad" que me invadía por momentos y que parecía atenazarme sin darme tregua alguna, descubro hoy que era el campo fértil donde la "Divinidad" había plantado la semilla de su "Amor Infinito" y que -por fin- empezaba a germinar en todo mi "Ser". Una semilla que se abría paso a través de las sombras y entre los fantasmas de la denominada por San Juan de la Cruz, "noche oscura del Alma". El camino está emprendido y ya no hay vuelta atrás. Sólo queda mirar hacia adelante, con los ojos puestos en la meta y con la certeza de estar transitando la senda que me conduce de regreso al hogar: al "verdadero y auténtico hogar de todo Ser Humano" que es la "Consciencia Universal" o también conocida bajo el nombre de "Dios" o "Ser Superior"....

Christina y Stanislav Grof: ¡Gracias por existir!.


Bendiciones.