martes, 19 de agosto de 2014

HONRAR LA VIDA: algo más que el título de una canción ...

Era un día cálido, soleado y podría definirse como de primavera aunque la estación que aún estaba transcurriendo era el invierno. Me encontraba en el jardín de mi casa absorta en labores de jardinería -vale aclarar que estoy lejos de ser una experta en esta materia pero que me siento especialmente atraída por plantas y flores- cuando de repente, tuve una experiencia absolutamente enriquecedora.

Mi padre -quien también se encontraba compartiendo conmigo las mismas labores- había padecido algunos meses atrás, un accidente cerebro vascular que -merced a la milagrosa intervención de Dios- no le había dejado secuela alguna, a pesar de sus 84 años. Para mí ello ha sido un “verdadero milagro”: más allá de haberlo diagnosticado al momento y de haber contado con la asistencia médica necesaria, lo más asombroso es que “este episodio se manifestó en el preciso instante en que yo llegaba a casa”. Es bien sabido que en este tipo de casos, actuar con suma rapidez, es decisivo para que el paciente evolucione satisfactoriamente. ¿Quién tuvo la “magnífica visión” de coordinar los tiempos de todos los seres humanos que participamos en este hecho, a los fines de que sus intervenciones dieran origen a un óptimo desenlace, sino Dios?.

Debo confesar que si bien ha sido un padre atento a las necesidades materiales de la familia, aplicar todas sus energías a este aspecto le ha quitado la posibilidad de satisfacer otras necesidades -tanto propias como ajenas- relacionadas con las emociones y los sentimientos; motivo por el cual muchas veces relacionarme con él me ha llevado a crecer en el “Amor al Prójimo”. Ha resultado bastante cuesta arriba para mí con el correr de los años, poder zanjar la diferencia que -entre ambos- era cada vez más notoria. Esa “gran diferencia” radica en la creencia en la existencia de Dios. Para mi padre, Dios no existe. Para mí, en Dios vivimos, nos movemos y existimos. El desarrollar nuestra “espiritualidad en forma consciente”, es para mí tan natural como levantarse, alimentarse, asearse, trabajar, etc.. En este aspecto coincido ampliamente con Teilhard de Chardin cuando dice que: “No somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual sino seres espirituales viviendo una experiencia humana”. Tal vez haya quien nombra a Dios de otra forma: Universo, Ser Superior, etc.. Para mí ello es irrelevante. Después de todo, cualquier nombre con el cual intentemos designar a Dios, será sólo una mera aproximación a su verdadera naturaleza.

Me ha parecido conveniente explayarme sobre el particular, porque la experiencia que he vivido tiene relación directa con lo que acabo de contarles. Ese día, en medio de mis labores, me sorprendí agradeciendo a Dios por todo lo que tenía; en ese momento me sentí “absolutamente Rica, Plena, Feliz”. Reflexionaba diciéndome que nada había cambiado en mis circunstancias: no había adquirido un auto de alta gama; no había ganado la lotería; no había logrado un ascenso en mi trabajo o verme favorecida con un mayor ingreso; no había mudado mi hábitat a uno lujoso; no había obtenido mayor belleza física y juventud; etc. y sin embargo la experiencia de “ser totalmente consciente de lo que significaba estar compartiendo la <VIDA> con mi padre que aún transitaba los caminos de este bendito planeta Tierra -más allá de nuestras diferencias-, me transportaban a un mundo de INFINITA GRATITUD A DIOS: me elevaba al Cielo”. En esos momentos me daba cuenta de que “habitaba en el Paraíso”.

¿Acaso esto no implica que “somos responsables directos de lo que hacemos, de cómo pensamos, de cómo sentimos; en definitiva de “cómo vivimos”? ¿Por qué entonces “responsabilizamos a los demás de nuestros propios errores, fracasos y desventuras”? ¿Sería posible “vivir armoniosamente los unos con los otros a pesar de nuestras diferencias” si asumiera cada Ser Humano la parte de responsabilidad que le corresponde y obrara en consecuencia? ¿Qué pasaría si en lugar de sentir miedo, vergüenza y culpa utilizáramos toda esa energía -que se desperdicia por esas vías- para “mirar en nuestro interior, para ahondar en nuestros sentimientos y emociones más profundas”? ¿Qué tal si empezáramos a disponer de unos pocos minutos al día para “escuchar” lo que “nuestro Corazón” y “nuestra Alma” tienen para revelarnos? Yo creo que con intentarlo, nada se pierde ... a lo sumo, se transforma.

Creo -también- que la Humanidad está transitando por una “crisis sumamente profunda” que nos invita a darle un giro de ciento ochenta grados a nuestra forma de concebir la Vida. Poco importa -desde mi punto de vista- el idioma, la raza, la nacionalidad, las creencias políticas o religiosas que intentan definirnos: lo “importante” -en mi opinión- es “reconocer nuestra hermandad”, una hermandad llamada “Humanidad” que desconoce fronteras y divisiones porque “TODO ES UNO”, “TODOS SOMOS UNO”.

Antes de finalizar, quiero invitarlos a que dediquen unos minutos -al inicio o al final- de su día, a re-encontrarse con su “VERDADERO Y UNICO SER, CON SU VERDADERA Y UNICA ESENCIA”, y que de ese modo puedan allanarse los caminos que los conduzcan a un renacer en la ESPERANZA, la FE y el AMOR. Es mi deseo, que la PAZ sea con todos ustedes.


Bendiciones.

viernes, 25 de julio de 2014

Hijos: de "mala madre" y del "Buen Padre Dios" ...


Entre los muchos autores que gozan de mi mayor predilección, se encuentra el sacerdote jesuita, nacido en la India, Anthony de Mello (célebre en el mundo de habla inglesa y española por sus libros espirituales, sus cursos, conferencias y ejercicios sobre liberación interior). En esta oportunidad quiero compartir con todos ustedes, algunos relatos que pueden encontrar en el libro titulado “Dios, ese desconocido” que la Editorial Lumen ha presentado integrando la colección Caminos de Plenitud, en ocasión de rendir homenaje a -en mi opinión- este “EXTRAORDINARIO MAESTRO DE VIDA”. Como bien dice en la contratapa del libro: “<Meterse en la batalla de la vida, pero con el corazón en paz”, aconseja Anthony de Mello> [...] Se plantea, así, un desafío: el lector deberá interactuar en cada página con el autor y sentir, de este modo, que el sacerdote jesuita sigue vivo a través de su mensaje clarividente, su razonar pausado, su consejo sabio y su capacidad de impelernos a realizar la gran transformación que nos libere e ilumine.”



(página 32)


Captar la esencia de Dios


¿Has notado que el día de Navidad sólo existe en tu cabeza? En la naturaleza no hay día de Navidad. Pero las personas son dominadas por sentimientos navideños.


Le preguntaron a Beethoven que quería expresar con la Tercera Sinfonía, y el gran músico contestó: <Si yo pudiera expresar con palabras lo que significa, no necesitaría expresarlo con música.>

Sólo los sensibles son capaces de disfrutar de la belleza. Sólo quienes tienen sentido del humor pueden comprender el aparente despropósito de la vida. Precisamente porque tenemos la palabra <Dios> y a ella asociamos las ideas con las que nos han programado, somos incapaces de descubrir a Dios en la vida corriente y cotidiana y en las personas que pasan a nuestro lado. Los que aman la belleza son capaces de captar a Dios, porque aman la vida y a las personas. Sólo el amor es clarividente.

Cuando ya no te haga falta agarrarte a las palabras de la Biblia, ésta se convertirá para ti en algo muy bello y revelador de la vida y su mensaje.”



(página 45)


Donde habita la verdad


Orar es hablar con Dios. Pero, piensa en una madre que está enferma y cuya hija limpia toda la casa , prepara la comida, cuida el jardín. Al hacerlo, no habla con su madre, pero ¡cuánto dice!



A Dios sólo se lo encuentra por un proceso de sustracción. Lo encontraremos sabiendo lo que no es, no añadiéndole nombres, conceptos y etiquetas. Dios es, y por ello es inaprensible, no lo podemos definir ni clasificar, porque escapa a toda objetivación. Por eso, el ser humano es también inaprensible, porque es semejante a Dios. Cuantas más añadiduras le pongamos al ser, menos lo conoceremos. Hemos de dejarlas caer todas. Y lo mismo sucede con la realidad. Si le exijo condiciones a la realidad o le pongo añadiduras, me alejaré de ella, de la verdadera realidad, y estaré siempre chocando con lo falso.

Los músicos son los que se han abierto confiadamente a la realidad, sin preocuparse por el resultado, pues saben que sólo en la realidad habita la verdad.”



(página 61)


Un corazón conmovido


Cuando oramos, Dios se fija en nuestro corazón, no en nuestras fórmulas


Al Maestro árabe Jalal ud-Din Rumi le gustaba contar la siguiente historia:

Se hallaba un día el profeta Mahoma ofreciendo la oración matutina en la mezquita. Entre la multitud de fieles se encontraba un joven catecúmeno árabe.

Mahoma comenzó a leer el Corán recitando el versículo en que el faraón afirma: <Yo soy tu verdadero Dios.> Al oírlo, el joven catecúmeno sintió tanta ira que rompió el silencio y gritó: <¡Si será fanfarrón, el muy hijo de su madre!>

El profeta no dijo nada pero, cuando acabaron las oraciones, los demás comenzaron a increpar al árabe: <¿No te da vergüenza? Has de saber que tu imprecación le desagrada a Dios, porque no sólo has roto el santo silencio de la oración, sino que además has usado un lenguaje absceno en presencia del profeta de Dios.>

El pobre árabe enrojeció de vergüenza y se puso a temblar de miedo, hasta que Gabriel se le apareció al profeta y le dijo: <Dios te manda sus saludos y desea que logres que esa gente deje de increpar a ese sencillo árabe: en realidad, su sincera exclamación ha movido su corazón más que las santas plegarias de muchos otros.>



Sin duda alguna, una lectura más que recomendable para cualquier persona, tiempo y lugar; siempre actual, perdurable, certera. Despierta nuestro sentir: ese que nos dice que DIOS está presente en nuestra vida, día a día. Una VERDAD irrefutable que nos lleva a ser conscientes de que:


“En cuanto llegas a ver con claridad,

tienes que lanzarte a volar,

y volar es no tener nada a lo que asirte.”


Bendiciones.

jueves, 3 de julio de 2014

Teresa de Avila y Caroline Myss: una Unión que es Divina ...


Hace algunos años tuve el gran placer de contar entre mis manos -por primera vez en mi vida- con un libro cuya autoría corresponde a Caroline Myss (conferenciante internacional sobre conciencia humana). Por aquél entonces, un compañero de estudio llamado Rubens, me había recomendado la lectura de una obra titulada "Anatomía del espíritu". Sabiendo de quién venía la recomendación, ni lerda ni perezosa, me avoqué a la tarea de adquirirla y, por supuesto, de leerla inmediatamente. Quedé absolutamente maravillada. De allí en adelante, cada oportunidad que he tenido de acceder a la bibliografía de esta autora, la he aprovechado totalmente. Y voy por más: "El contrato sagrado" y "El poder invisible en acción" figuran entre mis próximos objetivos. Al día de hoy, mi biblioteca cuenta con los siguientes títulos: "Anatomía del espíritu"; "La medicina de la energía"; "Desafiar la gravedad"; "Arquetipos" y con mi última y reciente adquisición, que se titula "Las siete moradas". Un título más que sugestivo, el cual cual me motiva a compartir -con todos ustedes- un fragmento de esta extrarodinaria "OBRA MAESTRA". Para disfrutar, emocionarse, vibrar, gozar con toda el ALMA, sentirla en el CORAZON y alabar a DIOS por tanto AMOR manifestado en PALABRAS DE SABIDURIA. 

(páginas 88 a 94) “... Un momento de contemplación: la conciencia del alma

¿Cuándo se ha detenido un momento, en la cotidianeidad de su vida, a preguntarse por la existencia de algo más grande que usted: una verdad o un propósito mundiales? Quizás alguna vez se haya encontrado con alguna idea, pregunta o revelación aparentemente caída del cielo, que se haya quedado grabada como un punto brillante en su radar mental, completamente nítida y diferenciada de lo que estaba haciendo o pensando en ese momento. Tal vez  pensó de pronto: <¿De verdad oirá Dios mis oraciones?> O bien: <¿Para qué servirá el sufrimiento en la Tierra?> O incluso:<¿Existe un modo de servir a la paz en tiempos de guerra?> O. <Señor, ¿cómo debo entender la esencia de tu naturaleza?> ¿Alguna vez se ha preguntado qué lugar ocupan nuestros afanes en el inmenso plano cósmico?



Estas preguntas contienen una particular clase de energía psíquica que puede producirnos sensación de atemporalidad. Nos sacan momentáneamente del cuerpo y, en ese aire enrarecido, nuestra mente trasciende la conciencia ordinaria y se abre a pensamientos y percepciones acerca de la vida, Dios y la verdad. La misma ingravidez de esos pensamientos nos alerta del hecho de que nos encontramos en un ambiente superior de conciencia que está separado y aparte del personal. De pronto, un sonido o la voz de alguien que nos llama rompe el hechizo y caemos de nuevo en la tierra, conscientes de que por un instante hemos estado en <otra parte>. A esto se lo podría llamar soñar despierto, pero imagine que pudiera entrar en ese estado transpersonal y trascendente a voluntad. Penetrar en ese nivel despejado de conciencia por decisión propia es lo mismo que entrar en nuestro castillo, o penetrar profundamente en nuestra alma. Como ocurre con cualquier esfuerzo interior, adquirir esa clase de conciencia dentro del castillo requiere práctica, concentración y contemplación. Por paradójico que pueda parecer, uno ha de ceñirse a su compromiso de aprender a desprenderse de la conciencia terrenal.



Como primer paso, para concentrarse tenga presente lo que se siente al soñar despierto. Se sueña despierto todo el tiempo, y no cuesta trabajo. Acuérdese de eso. Soñar despierto es una forma muy real de desprenderse de la conciencia ordinaria y trascender el aquí y ahora de nuestra vida. Soñar despierto es cambiar conscientemente del modo supervivencia condicionado por los cinco sentidos a la percepción interna. Una de las maneras más eficaces de hacerlo consiste en repetir una plegaria o un verso que eleve nuestro pensamiento mediante la inspiración. Permítame que le sugiera la oración que sigue a continuación como ejercicio para retirar la conciencia del mundo físico del tiempo y el espacio. Dicha oración la escribió Teresa de Avila, y yo le tengo un cariño especial, porque podría servir fácilmente a quienes son místicos sin monasterio en el mundo actual. Usted puede sustituir el nombre de Cristo por un término más universal (Dios, lo divino), si ello le ayuda a oír el alma cósmica contenida en las palabras de la santa.



TU ERES LAS MANOS DE CRISTO

Dios no tiene cuerpo en la tierra sino el tuyo,

No tiene manos sino las tuyas,

No tiene pies sino los tuyos;

Tuyos son los ojos con los que la

compasión de Dios mira al mundo;

Tuyos son los pies con los que El camina

para ir haciendo el bien;

Tuyas son las manos con las que ahora tiene que bendecirnos.

TERESA DE AVILA



EL CAMINO PROFUNDO: EL EXAMEN DE UNO MISMO Y LA CONTEMPLACION



Otra manera de llegar a conocer el alma es mediante el examen de uno mismo y la contemplación. Ambos van de la mano como prácticas espirituales; la primera parte de la práctica revisa la personalidad o el ego, y también la conciencia, y la segunda parte alimenta el alma.



El examen de uno mismo es rendir cuentas al alma. Uno revisa hasta qué punto vive en congruencia con las verdades que conoce y en las que cree más profundamente. Vivir en la verdad es más crucial que decir nuestra verdad. Teresa de Lisieux escribió que <era mucho más valioso hablar a Dios que hablar de Dios, porque en las conversaciones espirituales hay mucho narcisismo>. En un tono similar, es mucho mejor <convertirnos> en nuestra verdad que hablar de nuestra verdad. Esta es una práctica esencial para toda persona que entre conscientemente en el castillo del alma.



Es espiritualmente seductor imaginar nuestro interior como un castillo en el que sólo podemos entrar nosotros, un espacio secreto rebosante de gracia, un lugar de curación, una fuente de inspiración. Ese lugar interior -nuestro castillo- es real, de igual modo que nuestra alma es real, de igual modo que son reales nuestros pensamientos y nuestras emociones. No se trata sólo de palabras o un ejercicio de la imaginación activa. Son formas e imágenes sagradas que nos conducen a la esencia de la naturaleza espiritual, la unidad del alma y de Dios, psique y cuerpo, espíritu y cuerpo. Entrar en el castillo nos permite iniciar un diálogo con nuestra alma y con Dios. No me cansaré de hacer hincapié en ello, ni de decir cuán exquisito termina siendo dicho diálogo. Pero supone esfuerzo. Supone esfuerzo llegar a conocerse a uno mismo, y saber por qué somos como somos, y por qué amamos lo que amamos y tenemos las pasiones que tenemos. Se requiere esfuerzo. No somos un simple acto de creación; somos complejos, creativos, conscientes e inconscientes.



Entre las muchas voces que oirá inevitablemente cuando entre en su castillo -que serán muchas, ya que cada miedo tiene una voz propia-, hay una que es un residente permanente: la de su conciencia. Al entrar en el castillo, también se entra directamente en el sistema nervioso de la conciencia. Santa Teresa localiza las actividades de la conciencia en la primera y segunda moradas.



La gente tiene miedo de su conciencia, lo que hace que resulte todavía más esencial practicar el autoexamen  y la contemplación. Nuestra conciencia es la voz de la que más huimos, la voz del <en este momento no quiero hablar de eso>. En nuestra conciencia hay una caja de Pandora llena de culpa, vergüenza y todos los fragmentos de nuestra sombra que de momento no deseamos -que nadie desea- confrontar. Sin embargo, el hecho de confrontar nuestra sombra, de reconocer nuestra conciencia, es esencial en cualquier camino espiritual. Uno se siente culpable no sólo por lo que dice cuando se enfada y no puede ya borrar, sino por los actos de traición que no puede deshacer. También nos sentimos culpables por las oportunidades que hemos dejado escapar debido a razones múltiples: miedo de abordar algo a solas, miedo de fracasar, miedo de lastimar a alguien que no desea que cambiemos de vida o que prosperemos o que nos vayamos. Podemos sentirnos culpables simplemente por empeñarnos en trabajar con el ahínco suficiente para lograr que nos suceda algo. Afrontémoslo: siempre hay algo de lo que sentirse culpable.



Pero el castillo no es un <balneario de salud para el alma>. El autoexamen y la instrospección no son prácticas fundamentalmente curativas, aunque desde luego tienen ese efecto. Hay que seguir con esas prácticas se tenga o no un motivo espiritual personal, como por ejemplo trabajar el sentimiento de culpa. A continuación se ofrece un ejemplo de cómo utilizar una técnica clásica de autoexamen para trabajar el sentimiento de culpa. El objetivo no es conseguir sentirse mal consigo mismo sino comprender qué es lo que le motiva, cuáles son las fuerzas que actúan en lo más hondo de su psique y su alma.



1.     Como sucede con todo esfuerzo interior, usted debe estar solo y sin que lo molesten.

2.     Separe el problema de las personas involucradas.

3.     Reflexione sobre sus propios actos, no los actos de los demás.

4.     Busque los motivos y las razones, los miedos y las debilidades de sus actos.



Cuando descubra una motivación o un miedo, sáquelo a la luz para curarlo, lo cual requerirá un proceso completamente distinto que incluirá contemplación y oración. Es posible que también necesite la ayuda de un director espiritual o de un acompañante de espíritu, tal como describe santa Teresa a las personas que entienden el proceso de despertar y las necesidades del alma.



El examen de uno mismo es exactamente lo que implica la palabra: es la disciplina de mirarse por dentro y examinar el yo. Dios no es el único gran misterio que hay en este universo. Usted es un desconocido para sí mismo en muchos sentidos, sobre todo si todavía no conoce su máximo potencial, o el poder que tiene su alma, o, ya puestos, la profundidad de su propia sombra.



La contemplación, complemento del autoexamen, alimenta el alma. Estimula nuestra relación con lo divino. <El silencio es el amigo que nunca traiciona>, escribió Confucio. <El silencio es la única y exclusiva voz de Dios>, escribió Melville. Todas las tradiciones religiosas tienen una historia de búsqueda del silencio como senda que lleva a Dios, la Luz y el Camino.



El silencio es una invitación a que lo divino se acerque, a que se revele a nosotros, como una presencia más que como una guía activa. Debemos aguardar a experimentar la presencia de Dios sin una agenda, sin una lista de plegarias repleta de peticiones que abarcan miríadas de miedos e inseguridades. Esta es una experiencia nueva para muchas personas que por lo visto carecen de paciencia para esperar a Dios. Quieren <rezar y salir corriendo>, soltar la lista de peticiones que tienen en mente como quien suelta la lista de la compra a Santa Claus, y luego se dicen a sí mismas que están oficialmente protegidas por Dios porque acaban de rezar pidiendo protección.



La contemplación es la disciplina de abrirse paso a través del egocentrismo y la impaciencia. Puede que incluya soportar el aburrimiento -que a veces dura años- de esperar a que Dios haga acto de presencia. La contemplación es como caerse dentro del alma, lejos del mundo. Buda habla del mundo como <fantasía>, lo que puede entenderse mentalmente, pero desasirse de las fantasías es lo que cuesta trabajo. Hay que darse cuenta de lo fuertemente entrelazados que estamos con las fantasías, como la de necesitar la aprobación de una persona determinada. A continuación, hay que ponerse a la larga y ardua tarea de examinar hasta qué punto ese apego al deseo de contar con la aprobación de tal persona da forma a nuestro carácter, nuestra integridad y hasta nuestra sinceridad para con nosotros mismos. Luego hay que calcular en qué medida cambiará nuestra vida si por fin reunimos el valor necesario para quitarnos la idea de que necesitamos desesperadamente la aprobación de esa persona. Cuando nos hayamos librado de dicha idea, nos habremos librado de la fantasía de que una persona externa a nosotros nos dirige por dentro. Pero antes, para hacer todo eso, hemos de persuadirnos a nosotros mismo, sobornarnos, encontrar la fuerza interior necesaria para hacer frente al hecho de que nuestro mundo cambiará cuando hagamos pedazos esa fantasía. Y esa fuerza la encontraremos gracias a la contemplación y la oración.



Para sumirse en un silencio contemplativo, vacío y sin acción alguna, se puede rezar y meditar, escribir o llevar un diario sobre cuestiones espirituales. Por ejemplo, asígnese este tema para escribir en el diario: <Alegría, pena, esperanza y miedo son las cuatro pasiones del alma. De las cuatro, ¿en cuál hago más hincapié yo? ¿Cómo entiendo la alegría y el alma? ¿Genero alegría en mi vida, o espero que los demás la generen para mí?>



Un momento de contemplación



Este breve ejercicio contemplativo le preparará para entrar en su castillo Pregúntese: ¿Dónde encuentro a Dios?



¿Su primera reacción es levantar la vista, como si Dios viviera en el cielo o en el techo abovedado de su Iglesia? ¿Se imagina un paisaje favorito, un bosque, un jardín? Sea sincero con su primera reacción visceral, no con una reacción intelectual. Primero tiene que bajar la imagen de Dios a su corazón y a sus tripas para poder contestar: <¿Dios está dentro de mí?> ¿Piensa en Dios como algo interior, o para usted es más bien una fuerza externa? Contemple esta verdad: <Lo divino está presente dentro de mí>. ¿Puede aceptar eso y sentir la verdad de esa presencia?



Este ejercicio de contemplación lo llevará al lugar donde usted <ubica> a Dios, un lugar ya fijado, como la dirección de una calle, y que procede de una mezcla de su infancia y sus tradiciones religiosas y supersticiosas. Una de las tareas que tendrá que llevar a cabo en la primera y segunda moradas será desmantelar el Dios de sus ideales y de su infancia para poder recibir a Dios como Dios en su vida. Así como el alma no tiene ninguna ubicación física en el cuerpo, pero en cambio usted la imagina dentro de su castillo para poder trabajar con ella, para trabajar con Dios hay que imaginar su paradero. ...”



La HUMANIDAD necesita despertar, de una vez por todas. Estamos transitando una época de CAMBIOS PROFUNDOS Y TRASCENDENTALES. Cada uno de nosotros tiene una parte de la tarea asignada. Mi YO (mi ALMA) está dispuesta a realizarla. Y ¿la TUYA? ...

 
 

Bendiciones.






sábado, 28 de junio de 2014

Aforismos que son de Oro ...

Hace un tiempo tuve la oportunidad de adquirir una obra titulada “Aforismos de Oro”, cuya autoría corresponde a José Narosky. Para quien no lo conozca, le comento que este autor es escribano de profesión y escritor por elección. Varias veces galardonado, ha publicado once libros cuya venta estableció un verdadero récord. Es fácil adivinar, entonces, el por qué he decidido adquirir este libro y, en esta ocasión, compartir -con todos ustedes- algunos de los aforismos que el mismo contiene. Quien tenga intención de disfrutar de una lectura amena, reconfortante, plena de sentido e imbuida de calidez humana -entre otros atributos- sin duda alguna encontrará en esta obra, la oportunidad de llevarlo a cabo.

“La autenticidad pierde amistades. Pero gana amigos.”

“Hay quien cultiva la amistad y quien solamente la cosecha.”

“El verdadero artista vibra con la creación, no con el aplauso.”

“Se aprende el lenguaje de la vida cuando queda poca voz.”

“Las acciones más valiosas no se cotizan en bolsa.”

“Los años no modifican el amor. Sólo cambian su impulso.”

“Abrir el corazón a todos. Entregarlo a pocos.”

“Dios no es invisible. Los hombres somos ciegos.”

“No critiquemos lo diferente. Puede ser superior.”

“Todos pueden seguir la corriente. Pocos enfrentarla.”

“La verdad encadenada vuela más alto que la mentira libre.”

“Cuando el amor es rey no necesita palacio.”

“La calumnia es poderosa. Pero la verdad es invencible.”

“Los principios sanos resisten todas las enfermedades.”

“El hombre inferior cree en ídolos. El superior, en ideales.”

“Iniciar un camino ya es acercarse al final.”

“Todos tienen corazón. Pero sólo algunos laten con fuerza.”

“La envidia es un impuesto al éxito.”

“Las fieras no pueden comprender la ferocidad del hombre.”

“Los iluminados combaten la oscuridad. Los oscuros, la luz.”

“Las huellas más transitadas, no siempre indican los mejores caminos.”

“Más alto sube el hombre, vientos más fuertes soporta.”

“Muchas alturas están al borde de precipicios.”

“La inteligencia ayuda a comprender la vida. La sabiduría, a vivirla.”

“La memoria olvida. El sentimiento graba.”

“Los sueños más hermosos se viven despiertos.”

“Muchos miran sin ver. Pocos ven sin mirar.”

“Un gran error puede mostrarnos la verdad.”

“La vida enseña. Pero pocos aprenden.”


Quiero finalizar este compartir, con una cita de este libro que se le adjudica a Lao Tsé:

“Proyecta lo difícil, partiendo de donde aún es fácil.
Realiza lo grande, partiendo de donde aún es pequeño.
Todo lo difícil comienza siendo fácil.
Todo lo grande comienza siendo pequeño.”


Imperdible. Un deleite para el Alma que perdurará por siempre. Una invitación a la reflexión. Una llamada al re-encuentro con nuestro verdadero “SER”, con nuestra verdadera “ESENCIA”. Este libro y su contenido -en mi opinión- es realmente de “ORO”.


Bendiciones.

miércoles, 25 de junio de 2014

Ave Fénix ...


Un maravilloso texto -una vez más- ha llegado a mis manos, hace algunos días. Ello no fue debido a obsequio alguno, sino a la “causalidad” (intuición) que me impulsó a regalarle a una compañera de trabajo, amiga y hermana del Corazón -Karina- un libro. El texto del que les voy a hablar -en esta ocasión- se titula “La biología de la transformación”, cuya autoría -conjunta- pertenece al Dr. Bruce H. Lipton y Steve Bhaerman. 

Me parece oportuno -acto seguido- acercarles una breve reseña de cada uno de los autores:
  • Dr. Bruce H. Lipton - estudió biología celular; realizó estudios pioneros en la Universidad de Stanford y es internacionalmente reconocido por su labor en el acercamiento entre ciencia y espíritu, convirtiéndose en una voz pionera de la nueva biología. Es autor del libro “La biología de la creencia”.
  • Steve Bhaerman - escritor, humorista, comentarista político y cultural; es pionero en la educación alternativa y las publicaciones holísticas; está a favor de las políticas transpartidistas y de la aplicación práctica de la evolución espontánea.
Dos grandes “MAESTROS” de nuestro tiempo. Dos “GENIOS” que se han unido para acercarnos una “VERDADERA JOYA DE SABIDURÍA”. Como bien dice en la contratapa del libro: “...Durante milenios, los maestros espirituales nos han señalado la dirección del amor. Ahora la ciencia confirma esa antigua sabiduría. Todos y cada uno de nosotros somos las células del cuerpo de un superorganismo gigante en desarrollo al que llamamos <humanidad>. Los humanos podemos decidir ascender hacia ese nuevo nivel de existencia o, a la manera de los dinosaurios, quedarnos en el camino. ...”

Con la intención de motivarlos a la lectura -desde mi punto de vista más que recomendada- del libro, les acerco algunos conceptos extraídos de las páginas 21 a 23:

“... LA ASCENSIÓN DEL FÉNIX

En la actualidad, muchas personas se encuentran paralizadas por molestos síntomas que parecen marcar la degeneración de la civilización. Sin embargo, esta visión miope nos impide ver la Luz en la oscuridad.

Independientemente de que le des el nombre de amor o conocimiento, su llama resplandece cada día más. La Luz revela que la civilización se encuentra en un proceso de nacimiento porque la antigua forma de vida se está deshaciendo para dar paso a una nueva.

Este patrón evolutivo recuerda al fénix, ave sagrada de la mitología egipcia. Al final de su vida, el fénix construye un nido de ramas de canela al que posteriormente prende. Tanto el nido como el ave se queman con intensidad, pero de las cenizas surge un nuevo fénix, más joven, cuyo destino es experimentar el mismo ciclo vital.

La película El vuelo del fénix, que ofrece un ejemplo de resolución de conflictos, dominio de los desafíos y transformación, propone una versión moderna del mito. La historia comienza cuando un equipo de detectores de hidrocarburos abandona una plataforma petrolífera en el Sáhara. En la carretera, los hombres se encuentran con un extraño que está haciendo autostop y que finalmente se une a ellos para partir en un avión de carga de dos motores. Pero la nave se estrella en mitad del desierto, y tanto la tripulación como los pasajeros quedan varados allí. Mientras tanto, una banda de nómadas asesinos sigue los restos de la carga dispersa y consigue llegar al avión caído.

Como en el mundo real, en esta pequeña comunidad surge una lucha de poder por el control. ¿Quién prevalecerá: el individuo más fuerte o el que controla los recursos? Al final descubrimos que ninguno de los dos. Frente a la gravedad de las disputas internas que amenazan destruir la comunidad y poner en peligro a todos, el grupo se ve obligado a concebir un plan. El extraño que había hecho autostop, que asegura ser diseñador de aviones, presenta lo que parece un plan improbable para construir una nave viable a partir de los restos del aparato estrellado. Sin otra alternativa, la comunidad decide dar una oportunidad a tan estrafalaria idea y, entusiasmados ante esa nueva posibilidad, todos se unen para crear lo imposible. Al verdadero estilo de Hollywood y en el momento preciso, con los nómadas disparando sus armas a la aeronave destartalada, el avión -que hasta entonces no ha sido probado- despega en su viaje inaugural hacia la seguridad.

La historia de una estructura que cae y otra que se alza hasta el cielo es similar a la que se repite una y otra vez en la biosfera. La vida se encuentra en un perpetuo estado de re-creación.

<DESTINO HUMANIFIESTO>

Si te cuesta imaginar que podamos salir de la crisis que estamos atravesando ahora para entrar en un mundo más acogedor y funcional, piensa en la historia de otro mundo en transición. Imagina que eres una célula de las millones que forman una oruga en crecimiento. La estructura que te rodea ha estado actuando como una máquina bien engrasada, y el mundo de la etapa larvaria ha ido avanzando muy lentamente, como es de esperar. Pero un día la máquina comienza a vibrar y a sacudirse. El sistema falla. Las células empiezan a suicidarse y reina una sensación de oscuridad y de fatalidad inminente.

Es entonces cuando, entre la población agonizante, se desarrolla una nueva raza de células, conocidas como células imaginales. Agrupadas en comunidad, desarrollan un plan para crear algo totalmente nuevo a partir de los escombros, y es así como de la decadencia surge una gran máquina voladora -una mariposa- que permite a las células supervivientes escapar de las cenizas y conocer un mundo hermoso, mucho más espléndido de lo que puede concebir la imaginación. Y aquí llega el dato más sorprendente: la oruga y la mariposa tienen exactamente el mismo ADN. Se trata del mismo organismo, solo que en cada fase recibe y responde a una señal organizativa diferente.

Precisamente allí nos encontramos hoy en día. Cuando leemos el periódico y buscamos las noticias, los medios nos cuentan historias del mundo de las orugas. Y, sin embargo, en todas partes aparecen células imaginales humanas que están despertando a una nueva posibilidad. Se están agrupando y comunicando para sintonizar una nueva y coherente señal de amor.

El amor, como veremos más adelante, no es un sentimiento sensiblero, sino el aglutinante vibracional que nos ayudará a construir esta nueva aeronave y manifestar nuestro destino como humanidad, que nosotros hemos llamado <destino humanifiesto>.

Es posible que tú te encuentres entre las células imaginales que están contribuyendo al nacimiento de esta nueva versión de la humanidad. Si bien es posible que ahora mismo no nos parezca evidente, lo cierto es que el futuro está en nuestras manos y que para asegurarlo debemos descubrir primero quiénes somos en realidad. Si comprendemos bien de qué manera nuestra programación modela nuestra vida y qué necesitamos saber para cambiar la programación, sin duda conseguiremos reescribir nuestro destino.

La biología de la transformación plantea la idea de que a este planeta le espera una cura milagrosa una vez que aceptemos la nueva responsabilidad de cuidar del Jardín colectivamente en lugar de pelear por el césped. Cuando una masa crítica de personas adopte realmente esta idea como propia, tanto en sus corazones como en sus mentes, y comience a vivir a partir de esa verdad, nuestro mundo emergerá de la oscuridad gracias a un fenómeno equivalente a una evolución espontánea. ...”

Quiero concluir este compartir, haciéndome eco de las palabras de Bruce y Steve, que nos dicen: “...Para cuando acabes de leer este libro esperamos que hayas comprendido mejor la programación pasada, el conocimiento actual y las posibilidades futuras. Lo más importante es que entiendas de qué manera podemos cambiar nuestra programación, es decir, la de nuestra propia civilización, para crear el mundo que siempre hemos soñado. ...”

Es tiempo de “RE-CREAR, AQUI EN LA TIERRA, EL JARDÍN DEL EDEN CON EL QUE SIEMPRE HEMOS SOÑADO”. “EN NUESTRAS MANOS SE ENCUENTRA EL DESTINO DE LA HUMANIDAD”.  Muchos “GRANDES GENIOS y MAESTROS” nos están ayudando en esta ardua tarea. Aprovechemos la oportunidad, que tenemos, de aprender de ellos.

A “Bruce y Steve” les digo -en nombre del género humano-: ¡GRACIAS POR EXISTIR!


Bendiciones.

viernes, 30 de mayo de 2014

Paul: el Hombre Corazón de Hojalata ...



Promediando la lectura del libro “Desafiar la gravedad”, cuya autoría corresponde a Caroline Myss (lleva veinte años investigando en el campo de la medicina energética y la conciencia humana. Está especializada en ayudar a la gente a comprender las razones emocionales, psicológicas y psíquicas por las que su cuerpo ha desarrollado determinada enfermedad), me pareció muy acertada la idea de compartir una historia que -desde mi punto de vista- es sumamente conmovedora y -a la vez- aleccionadora. Una historia real que le ha sucedido a un ser humano, a un hombre de “carne y hueso”. Una experiencia enriquecedora, motivadora y que nos invita a profundas reflexiones. 



Como bien dice el título que precede al texto (páginas 109 a 113), es:



... La historia de Paul: una transformación hacia la salud interior y la riqueza



Paul era el típico chico de los años sesenta, alguien a quien le gustaba decir: <No me acuerdo de los sesenta, pero he oído que me lo pasé muy bien.> Irónicamente, Paul salió de aquello, se sacudió el residuo de las drogas y se convirtió en un hombre de negocios de éxito. <La tecnología informática es mi segunda naturaleza -decía-. Estaba en el lugar adecuado en el momento preciso, una vez y otra.> Paul convirtió su capital informático en capital inmobiliario y acabó siendo muy rico. <La vida era perfecta, pero como todas las historias perfectas, me preguntaba: “¿Cuándo se acabará la fiesta?” Y entonces me salió un tumor en el pecho. Ni siquiera sabía que pudiera salir un tumor ahí.>


El tratamiento de Paul incluía cirugía, quimioterapia y un período de recuperación considerablemente largo. Las pruebas indicaban que se había producido metástasis y, aunque los médicos esperaban que la quimio fuera capaz de conseguir que el cáncer remitiera, no había desde luego ninguna garantía de que fuera a hacerlo. Durante la convalecencia Paul empezó a evaluar su vida. Hasta entonces, todo le había salido según lo planeado o incluso mejor. Se había rodeado de los magos informáticos más brillantes, porque podía permitirse pagarlos y le encantaba su excentricidad. Todas y cada una de sus inversiones daban dinero, ya fuesen en inmuebles, ideas o personal administrativo. En lo único en lo que las cosas no le iban como una seda a Paul era en sus relaciones íntimas. Después de tres matrimonios fracasados, se encontró recuperándose de un cáncer en una casa vacía. A pesar de todo su éxito como mago de la informática y hombre de negocios, Paul era un fracaso completo en lo referente a los asuntos del corazón.



No respetaba en absoluto las emociones ni los sentimientos, para ser honesto. Me   irritaban y siempre me hacían sentir manipulado. Rememorando cómo había sido en los años sesenta, tenía vagos recuerdo de estar hablando siempre de mis sentimientos y poco más. Pero corté aquello en cuanto decidí que ya era hora de sentar cabeza, porque los sentimientos no producen beneficios sino que impiden tenerlos. Mi credo era que los sentimientos nublan el juicio y, si alguien se emocionaba, como todas mis ex esposas tenían que hacer para que les prestara atención, lo rechazaba tachándolo de histérico. Las sacaba de quicio. Ahora lo entiendo, pero también entiendo que trataba de mantener mi posición de figura de poder impenetrable. No soportaba que me consideraran vulnerable. Las mujeres son vulnerables, los niños son vulnerables, los empleados son vulnerables, pero yo no.



A veces hace falta el comentario acertado de boca de la persona adecuada en el momento preciso para que dé comienzo un profundo cambio. En el caso de Paul, fue Sam, un obseso de la informática, quien le hizo ese comentario. Le visitó una noche y le preguntó que cómo iban las cosas. <Bastante bien>, le dijo Paul, a lo que Sam respondió: <Eh, ¿porqué crees que te ha salido un tumor en el pecho? ¿Crees que es porque te sobra demasiado espacio ahí? Quiero decir que... eres como el Hombre de Lata de El mago de Oz, ¿verdad?>

Paul empezó a oír mentalmente la canción If I Only Had a Heart [Si por los menos tuviera un corazón] una y otra vez, no podía sacársela de la cabeza. Se preguntaba si así era como lo veía la gente, como un hombre sin corazón, un autómata. Cuanto más reflexionaba acerca de ello, más cuenta se daba del pavor que le producían sus emociones y acercarse a los demás. Su definición de poder se fundamentaba en ser una <computadora humana>. Al cabo de pocos días, Paul comunicó a su equipo que necesitaba pasar algún tiempo solo. Descolgó el teléfono y se dedicó a reflexionar sobre una pregunta: <¿Cómo me siento respecto a mi vida?> Se dio cuenta de que se sentía solo, vacío y de que le daba pavor morir solo. Me dijo:



Nunca olvidaré ese momento. Miraba el mar por la ventana, pensando en el hecho de que era posible que no me quedara mucho de vida. Miré la casa -mi gran casa provista de todas las comodidades imaginables- y pensé: <Nada de todo esto puede ayudarme ahora.> De repente me sentí como si me estuvieran dando una segunda oportunidad para convertirme en una clase de persona diferente, para volverme humano de nuevo... o quizá por primera vez. No sé explicarlo de otro modo. Empecé a llorar de pena. Los recuerdos de todos los sentimientos dolorosos de mis matrimonios me invadieron como un ataque de náuseas. Vi las caras de mis ex esposas, todas ellas intentando salvar nuestro matrimonio. Me di cuenta de cuánto me querían, aunque de por qué lo hacían... ¡no tenía ni idea!
La culpa que sentí casi me ahoga. No podía dejar de llorar, lamentándome por la facilidad con la que había cometido abusos entonces y el modo en que había racionalizado mi comportamiento. Me había permitido hacer todo lo que me daba la gana, porque yo era quien ganaba mucho dinero y pagaba las facturas. Podía decirles: <Si no te gusta lo que hay, lárgate.> Y, por supuesto, lo hacían. Y luego yo me decía que me daba igual, porque alguien con dinero siempre puede encontrar otra compañera. Pero no puedes volver a encontrar siempre el amor, ni a alguien que esté a tu lado cuando el cáncer te invade.



Durante ese período de silencio, Paul  ideó un nuevo plan de vida. Decidió contratar a otro presidente para la compañía. Así tendría tiempo para preguntarse: <¿Hacia dónde voy de aquí en adelante?> Entre otras cosas, Paul se volvió más accesible y más respetuoso con su personal. También se volvió más respetuoso con la vida en general, pasando a verla no como algo que estaba a su servicio sino como algo a lo que sería grato servir para recuperar la salud. Paul se dedicó más a descubrir su vida interior de lo que se había dedicado a la tecnología y la diagnosis informáticas.



En la actualidad está más sano que nunca, y sus relaciones también son saludables. Paul considera el mundo un lugar al que aportar y no del que tomar, un lugar para vivir la belleza y lo asombroso, no sólo un lugar de posibles ventas. No podría haber imaginado nada de eso antes de enfermar; habría estado fuera del alcance de su capacidad de análisis racional. Paul sigue siendo un hombre de éxito en lo material, porque ha descubierto que para llevar una vida llena de sentido no hace falta hacer voto de pobreza, pero hacer cosas por los demás es ahora una parte tan importante de su vida profesional como lo era antes ganar dinero: Me dijo:



Detesto decir esto, pero no me parezco sólo al Hombre de Hojalata, también me parezco a Scrooge. Tengo la sensación de que me enseñaron mi posible futuro y me dieron la oportunidad de sanar, pero para eso tenía que convertirme en una persona generosa y cariñosa. Ahora pienso en ello constantemente, porque si ésas eran condiciones para que sanara, ¿qué dice eso acerca de la esencia del universo? ¿Es el universo -es Dios- esencialmente amor? Para mí, la respuesta es que sí, y ésa es la mayor verdad <más allá de la razón> que extraigo de mi experiencia personal. ...”

Esta es sólo una de las magníficas historias que contiene el libro. Además de toda una serie de enseñanzas que nos acerca Caroline, esta obra nos invita a “recuperar la Perfecta Salud”. Recomiendo su lectura, al igual que la de cualquier otro libro de esta “Gran Maestra” de nuestro tiempo. Una verdadera garantía de “Sabiduría”. Cada página de sus escritos nos “trasmite Vida y Vida en abundancia”.



Bendiciones.