domingo, 19 de julio de 2015

Dime cuánto comes y te diré de qué tienes hambre ...



Atraída por el título del libro, lo compré sin dudarlo. Supongo que la curiosidad por la temática que aborda, tuvo un peso importante en la decisión. O, tal vez, el hecho de que su autor sea el genial Deepak Chopra (doctor en medicina especializado en endocrinología; considerado uno de los pioneros de la medicina holística, basada en el equilibrio entre el cuerpo y la mente) haya influido para que no tuviera dudas respecto a la excelencia de esta obra.

El libro en cuestión se titula ¿De qué tienes hambre? y da respuestas a una problemática que resulta de sumo interés para cualquier ser humano en búsqueda del bienestar. Afortunadamente, no es una cuestión de peso lo que me ha motivado a su adquisición.

Como bien dice en la contratapa: “… Si te sobran algunos kilos o te sientes pesado, si estás bajo de energía o te notas fatigado, si tu imagen corporal no te satisface y recuerdas lo bien que te sentías cuando eras más joven y delgado… este libro es para ti.” Seguramente, muchas personas podrán sentirse identificadas con ello.

Entendiendo la importancia de este tema y convencida de la inestimable ayuda que la lectura de este libro puede reportarle a cualquier ser humano, les acerco algunas consideraciones que podrán encontrar en las páginas 15 a 21:

“… Para  superar los obstáculos que nos han llevado a aumentar de peso, sea un poco o mucho, no voy a repetir el mismo consejo sobre comer sano que existe desde hace décadas. El consejo es, sin ninguna duda, bueno. Lo que se dice es cómo cambiar. La consciencia es la clave, porque a todos nos han adiestrado, por medio de un condicionamiento masivo, a dañar nuestro cuerpo de las siguientes maneras:

  Comer insconscientemente, sin importarnos lo que hay
  en nuestra comida.
       
  Perder el control de nuestro apetito.

  Optar por raciones cada vez mayores.

  Usar la comida por razones emocionales; por ejemplo, 
   para aliviar el estrés de la vida cotidiana.
      
  Recurrir a la comida más rápida que satisfaga nuestras
  ansias.

Todos estos obstáculos están en un único lugar: la mente. El cuerpo es un reflejo físico de las decisiones que tomamos a lo largo de la vida. La información es importante, pero añadir más buenos consejos no es la solución para comer sano. La solución es transformar nuestra consciencia.

Decidí mostrar cómo funciona la consciencia transformadora, cómo se puede alcanzar y por qué. De lo contrario, el mejor consejo, aunque lleve a una manera de comer mejor, seguirá dejándonos encerrados en una idea limitada de nuestro cuerpo. Ser alguien que come <bien>, rígidamente, que sigue un conjunto de reglas y no se desvía nunca no es, tampoco, una situación feliz. Pero con la conciencia transformada, es fácil cambiar todas nuestras conductas arraigadas y autodestructivas. No se puede controlar aquello de lo que no somos conscientes. Si tuviéramos una piedra en el zapato, la eliminaríamos rápidamente. El dolor nos diría al instante que algo va mal. Comer mal no es igual. Lo más frecuente es que no emita ninguna señal de dolor, y los efectos dañinos se producen, a menudo, de modo invisible y gradual, ocultos a la vista. Debemos alcanzar una nuevo nivel de consciencia para darnos cuenta de lo que va mal en nuestro interior. Sólo entonces podemos proceder a cambiarlo. […]

La comida, el peso y el hambre

Si quiere recuperar su peso ideal, tiene dos opciones. Puede ponerse a dieta o hacer algo diferente. Este libro trata de ese algo diferente. Ponerse a dieta supone la clase equivocada de motivación, razón por la cual raramente conduce a la meta deseada. Es tomar el camino del sacrificio y la renuncia. Cada día de dieta supone luchar contra el hambre y esforzarnos por conseguir autocontrol. ¿Hay algún modo más insatisfactorio de vivir?

Para tener éxito, la pérdida de peso tiene que satisfacernos; es ese <algo diferente> que da resultado después de que la dieta haya fracasado. Si conseguimos devolver el equilibrio a las señales de hambre que nos envía el cuerpo, el impulso para comer se convierte en nuestro aliado, en lugar de en nuestro enemigo. Si confiamos en nuestro cuerpo para saber qué necesita, él cuidará de nosotros, en lugar de luchar contra nosotros. Todo tiene que ver con entender bien los mensajes que conectan la mente y el cuerpo.

Desde un punto de vista médico, me preparé para relacionar el hambre con la subida o bajada de ciertas hormonas. El hambre es uno de los mensajes químicos más poderosos que el cuerpo envía al cerebro. No deberíamos sentir hambre justo después de comer o que comer algo por la tarde nos llevara a un segundo o un tercer bocado. Pero he experimentado estas cosas -igual que millones de personas- lo cual significa que la experiencia del hambre puede existir incluso cuando no existe la necesidad de comida.

Es esta experiencia del hambre lo que es preciso cambiar cuando descubrimos que estamos comiendo en exceso. Los antojos y la falsa hambre no son lo mismo que darle a nuestro cuerpo el alimento que necesita. El cuerpo no es como un coche que engulle gasolina. Es la expresión física de miles de mensajes enviados a y desde el cerebro. En el acto de comer, está involucrada nuestra autoimagen, junto con nuestros hábitos, condicionamiento y recuerdos. La mente es la clave para perder peso y, cuando la mente está satisfecha, el cuerpo deja de ansiar demasiada comida.

Un planteamiento mente-cuerpo nos dará resultado porque nos pide una única cosa: Encuentre su satisfacción. Estar satisfechos es algo que la comida sola no puede hacer. Debemos nutrir:

  • el cuerpo con comida sana
  • el corazón con alegría, compasión y amor
  • la mente con conocimientos
  • el espíritu con ecuanimidad y autoconciencia

Con consciencia, todas estas cosas son posibles. Pero si las descuidamos, se alejan cada vez más, hasta quedar fuera de nuestro alcance.

Parece una paradoja, pero para poder perder peso, tenemos que llenarnos. Si nos llenamos con otra clase de satisfacciones, la comida dejará de ser un problema. Nunca debió llegar a serlo. Comer es un modo natural de sentirse feliz. Comer en exceso no lo es. Durante siglos, se ha celebrado la vida en festines, y algunas de estas celebraciones, como banquetes de boda o cenas de jubilación, pueden ser puntos culminantes de la vida de una persona. ¿A qué niño no se le ilumina la cara cuando aparece el pastel de cumpleaños? Pero el deleite que aporta la comida hace que comer en exceso sea un problema peculiar y único. Sentirse feliz, que es bueno para nosotros, se transforma en algo que nos perjudica.

En este momento caemos en algún lugar de la escala móvil que conecta la comida con la felicidad:

Comer normalmente --> Comer en exceso --> Ansias de comer --> Adicción a la comida

Comer normalmente produce una buena sensación.
Comer en exceso produce una buena sensación en el momento pero lleva a malos resultados a la larga.
Ceder a las ansias de comer no es una buena sensación en absoluto: casi de inmediato aparecen los remordimientos, la culpa y la frustración.
Ser adicto a la comida trae sufrimiento, deterioro de la salud y una total falta de autoestima. […]

Por mucho que lo maltratemos, el cuerpo puede restablecer el equilibrio. La primer regla es dejar de interferir con la naturaleza. En su estado natural, el cerebro controla el hambre automáticamente. Cuando el azúcar en la sangre cae por debajo de un cierto nivel, se envían mensajes a una región del cerebro, del tamaño de una almendra, conocida como hipotálamo, que es responsable de regular el hambre. Cuando recibe mensajes de que ha disminuido el azúcar, el hipotálamo secreta hormonas para hacer que sintamos hambre y, cuando hemos comido lo suficiente, las hormonas retroceden, haciendo que ya no tengamos hambre. Este bucle de retroalimentación entre la sangre y el cerebro actúa por sí mismo, como lo ha hecho durante millones de años. Cualquier animal con médula espinal (vertebral) tiene un hipotálamo, lo cual tiene sentido porque el hambre es algo muy básico.

Pero en los humanos, es posible interferir en el hambre con mucha facilidad. El modo en que nos sentimos emocionalmente puede hacer que tengamos un hambre devoradora o que seamos incapaces de comer en absoluto. Podemos estar distraídos y olvidarnos de comer o podemos estar obsesionados y pensar en la comida todo el día. Sin embargo, siempre andamos a la busca de satisfacción. Hay montones de cosas que pueden llenarnos además de comida. El deseo viene de las necesidades, empezando por las más básicas:

    Todos necesitamos sentirnos seguros y a salvo.
    Todos necesitamos sentirnos nutridos.
    Todos necesitamos sentirnos queridos y valorados.
    Todos necesitamos sentir que nuestra vida tiene
    importancia y sentido.

Si hemos satisfecho estas necesidades, la comida será sólo un placer entre muchos. Pero son innumerables los que recurren a comer en exceso para sustituir lo que de verdad quieren. Es como una transmutación y, con frecuencia, esas personas ni siquiera ven lo que está pasando. ¿Es esta la situación en la que usted se encuentra? Veamos algunos indicadores comunes.

No se siente seguro a menos que esté aletargado por haber comido demasiado. El embotamiento trae consigo una especie de calma que dura un rato corto.

No se siente nutrido, excepto cuando sus pupilas gustativas están sobreestimuladas con azúcar, sal y grasa.

No se siente querido ni valorado, así que convierte comer en <dadme algo de amor>.

Su vida carece de sentido, pero por lo menos cuando come, puede ignorar el vacío interior durante un ratito. […]

Mi meta es llevarlo a un estado de satisfacción. Una vez que eso empiece a suceder, dejará de comer por las razones equivocadas. La solución es sencilla, pero profunda: para perder peso, cada paso del camino debe satisfacernos. No tiene que psicoanalizarse; puede dejar de obsesionarse con su cuerpo y de sumergirse en la decepción y la frustración. Sólo hay un principio aplicable: La vida gira en torno a la satisfacción. Si no tiene una vida plena, su estómago nunca podrá proveer lo que le falta. …”


Como habrán podido observar, un tema que podría parecer un tanto trivial como lo es el hambre, puede llegar a transformarse en un auténtico problema de salud, en un verdadero mal-estar. Desde mi punto de vista, este libro es un “manantial de salud”. Una lectura que nos propone un camino seguro hacia el bien-estar. Con lenguaje sencillo y claro, nos anima a transitar los senderos de la conexión mente-cuerpo; es decir, nos garantiza una “Vida plena de sentido”.

 Bendiciones.

jueves, 25 de junio de 2015

¿Temor o Humildad?: una elección radical ...




En esta ocasión, quiero compartir con todos ustedes, un comentario de Santa Faustina Kowalska -llegó a mi a través del grupo "Unidos en el Amor a Jesús"- y que fue extraído de su diario:

“¿Por qué tener miedo?
Navega la barca de mi vida
Entre las oscuridades y las sombras de la noche,
Y no veo ningún puerto,
Estoy a la merced del mar profundo.

La más pequeña tempestad podría hundirme,
Sumergiendo mi barca en el torbellino de las olas,
Si no vigilaras sobre mi Tu Mismo, oh Dios,
En cada momento de mi vida, en cada instante.

En medio del estruendo de las olas
Navego tranquilamente con confianza
Y, como una niña, miro adelante sin temor,
Porque Tu, oh Jesús, eres mi luz.

Todo alrededor es horror y espanto,
Pero mi paz es más profunda que las profundidades del mar
Porque quien está Contigo, Señor, no perecerá
Me lo asegura Tu amor divino.

Aunque alrededor hay muchos peligros,
No los temo, porque miro el cielo estrellado.
Y navego con denuedo y alegría,
Como corresponde a un corazón puro.

Pero sobre todo, únicamente
Por ser Tu mi timonero, oh Dios,
La barca de mi vida navega tan serenamente
Lo reconozco en la más profunda humildad".

Para quienes no conocen su historia, a continuación les acerco una breve reseña que extraje del sitio denominado Wikipedia:

Helena Kowalska, es conocida como Santa María Faustina Kowalska (25 de agosto de 1905-5 de octubre de 1938) y es llamada "Apóstol de la Divina Misericordia". Fue una religiosa católica, nacida en Polonia. Escribió un diario con más de 600 páginas en el que plasmó todos los mensajes que supo recibir de Jesús. Relató encontrarse en una fiesta con su hermana Josefina y mientras bailaba ver a Jesús parado junto a ella, lleno de llagas y con un mensaje para ella: -Helena, hija Mía ¿cuándo cesarás de ignorarme y cuánto más estarás alejada de Mi lado?. Entonces, abandonando la fiesta, cuenta haberse dirigido a la catedral de San Estanislao de Kostka. Y allí, pedir al Señor que le dijera qué debía hacer. Dice haber orado, pedido perdón y luego haber escuchado las siguientes palabras: -Ve inmediatamente a Varsovia; allí entrarás en un convento. Semanas después de entrar al convento escribe haber tenido tentaciones de abandonar, pero que nuevamente el Señor se presentó en su celda pidiéndole que no lo hiciera.

El 22 de febrero de 1931, Sor Faustina relata tener la primera revelación de la Divina Misericordia estando en su celda. Según cuenta en su diario, entres otras cosas Jesús pidió que pintasen una imagen suya. Debido a esta petición, el pintor Eugenio Kazimiroski realizó un retrato siguiendo las instrucciones de Sor Faustina. Dicha imagen fue presentada y venerada públicamente en Lituania, entre el 26 y el 28 de abril de 1935, siendo la primera imagen pintada del Señor de la Misericordia. Posteriormente, Adolf Hyla -en agradecimiento por los favores recibidos- pintó una imagen que se hizo famosa en todo el mundo.

Santa Faustina esciribió un diario en el que recogió los mensajes que recibió de Jesús. De aquí surgió la devoción a la Divina Misericordia. Esta devoción considera que la principal prerrogativa de Jesús es la misericordia y que es la última tabla de salvación. Se accede a la misericordia por la confianza. Esta devoción está integrada por el mensaje de la Divina Misericordia, la Coronilla de la Divina Misericordia, la Imagen de la Divina Misericordia, la Fiesta de la Divina Misericordia y hora de la misericordia (las 3 de la tarde).

En los últimos años de la vida de Sor Faustina, se vieron incrementados sus padecimientos interiores de tinte espiritual y las dolencias de su cuerpo: contrajo tuberculosis, lo cual afectó sus pulmones y su sistema digestivo. Falleció a los 33 años de edad.

Transcurridos 27 años desde su muerte, se inició el proceso de canonización, gracias a dos casos de sanaciones milagrosas: uno acaecido en Massachusetts a la Sra. Maureen Digan y el otro debido a la sanación de una condición congénita del corazón del Padre Pytel en el día del aniversario de la muerte de Sor Faustina, el 5 de octubre de 1995.

El 18 de abril de 1993, en ocasión de celebrarse la Fiesta de la Divina Misericordia (coincidente con el segundo Domingo de Pascua), el entonces Papa Juan Pablo II, declaró beata a Sor Faustina. Y el 30 de abril de 2000, segundo Domingo de Pascua y Fiesta de la Divina Misericordia, fue canonizada.

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Bendiciones.



domingo, 21 de junio de 2015

Adivina, adivinador: ¡cuidado! las interpretaciones pueden engañarnos …



Continuando con un compartir anterior, donde les comentaba que me había topado con unas páginas sueltas, lo suficientemente amarillas como para deducir que se trataba de los restos o vestigios de lo que -tiempo atrás y seguramente- había sido un libro, les acerco -en esta oportunidad- el texto de un cuento que me ha parecido un tanto tragicómico, pero que -no obstante- puede conducirlos a una muy útil reflexión. 

Y dice así:

“Un caballero despidió el mes pasado al criado. Otro se presentó, y el amo le dirigió el discurso siguiente:

- Mira, hijo: a mí me gusta hablar poco, y quiero que a media palabra que diga se me entienda y se me adivinen los pensamientos. Así, cuando te diga: - Voy a afeitarme, debes entender que quiero agua, jabón, la navaja bien limpia, el navajero, la tohalla y todo lo que necesita un hombre para afeitarse. Y como te digo para esta operación, así para todo lo demás.

Así lo hacía el criado y el dueño estaba muy contento. Pero el otro día se sintió indispuesto: llama el criado, y le dice que está malo y que avise al médico. A pesar de que el médico vivía cerca, el criado tardaba en volver. Al fin, al cabo de tres horas, entra y dice a su amo:

- Ya está ahí todo.

- ¿Qué es todo? - preguntó el amo. - Ya podrías haber venido antes.

- Señor, come usted me ha dico que le adivine los pensamientos, he hido a buscar el médico, y el Viático, y un escribano, y los sepultureros, y la caja, y el hábito, y ya quedaban enganchando los caballos en un carro muy malo para que le lleven a usted. Y usted me dirá si quiere que vayan pobres de San Bernardino.”

Esta transcripción que cuenta con los que podrían denominarse algunos “errores de ortografía” (no he querido modificar el texto original), en mi opinión, nos presenta una situación que puede llegar a acontecernos en el cotidiano vivir.
  • ¿Cuántas veces urgidos por la prisa o por el desinterés, pretendemos hablar poco y que nuestro prójimo inmediatamente nos entienda por completo como si pudiera estar dentro de nuestra mente y adivinar nuestros pensamientos?
  • ¿Cuántas veces nos quejamos luego de los mal-entendidos que ello pueda generar y hacemos únicos responsables a nuestros interlocutores?
  • ¿Cuántas veces nos arrepentimos de haber callado algo que de haberlo manifestado en tiempo y forma, nos hubiera evitado el desperdiciar una oportunidad maravillosa de mantener un verdadero encuentro con nuestro prójimo?

A veces, la cultura del “touch and go”, se cuela en todas nuestras relaciones y en todos los ámbitos de nuestra vida. Parece que todo es “prisa” y “aceleración”. La “urgencia” se impone frente a la “importancia”. Invertimos las coordenadas y en lugar de “ser” – “hacer” – “tener” queremos “tener” – “hacer” y por último “ser” … Nos identificamos con la materia en lugar de dedicarnos a vivir desde el Espíritu, que es donde reside nuestra “Verdadera y Unica Identidad”. 

Tal vez en este tiempo, sea imperioso cuestionarnos: ¿realmente estamos “VIVIENDO LA VIDA” o “la vida nos está viviendo”? …


Bendiciones.

martes, 26 de mayo de 2015

Cómo vivir cien años y no morir en el intento ...



A veces, la vida nos sorprende cuando menos lo esperamos. Esto me ocurrió cuando me topé con unas páginas sueltas, lo suficientemente amarillas como para comprobar que habían pertenecido a un libro impreso hace unos cuantos años. ¡Y vaya uno a saber a cuál! … Evidentemente, sería propiedad de algún antepasado en mi familia a quien le ha interesado el tema de la “longevidad” y cómo lograrla. No puedo confirmar que haya tenido éxito en tamaño desafío pero sí puedo afirmar que las reflexiones contenidas en algunas de estas páginas, parecen resultar eternas … Hoy quiero compartir con todos ustedes, un texto que me ha resultado sumamente interesante y que dice:

“Siempre ha sido cosa muy grata para los humanos el alargar esta miserable vida, de la que a diario decimos mil perrerías.

Si al que se suicida le fuera dado transmitir los días que voluntariamente desdeña, sería cosa de ver cuánto valdrían sacados a subasta.

Varios periódicos franceses se han dedicado de algún tiempo a esta parte a publicar el modo de prolongar la vita, y a fuer de prácticos, nuestros colegas traspirenaicos no piden consejo a los médicos sino historia a los viejos.

Mr. Lodin de la Lalaire, que ha cumplido 98 años, escribe el método que ha seguido.

< Podéis, -dice al periodista a quien se dirige,- satisfacer la curiosidad de vuestros lectores dándoles el secreto de mi longevidad, que es el siguiente:

< Huir constantemente de los licores.

< Comer sin exceso, teniendo cuidado de tomar alimentos todos los días a la misma hora.

< Hacer siempre que se pueda la misma vida, todo lo que sean novedades, impresiones excitantes, en fin, del sistema nervioso, es malísimo.

< En cuanto al tabaco, aseguran que es nocivo, y yo no lo dudo; pero lo que aseguro a mi vez es que fumo una montaña de tabaco cada día.

< Amas mientras se es joven todo cuanto pida el corazón; pero jubilándose temprano de los quehaceres de Adonis.

< Si se ve llegar un disgusto -a veces se ven llegar- huir de él, dejar el negocio o la mujer que lo puedan procurar, y si el disgusto es inevitable, hacer que no le importe a uno, que aunque parezca mentira, algo y aún mucho puede hacer en esto la firme voluntad.

< Esto es lo que se me ocurre como más saliente. Siguiendo estas reglas he logrado ser algo más que mayor de edad y no verme precisado a llamar al médico.

< La primera vez que he solicitado los servicios de un doctor ha sido a los 96 años, para que me curara la primera enfermedad que he padecido.

< Soy un hombre que ha tenido el sarampión a los 96 años.

< Si se juzga por ahí resulta que estoy comenzando a vivir.>

Bueno será tener en cuenta que antes de este señor dijo otro jovencito de 100 años que lo mejor era no seguir método ninguno, comer cuando se siente gana, dormir cuando se tiene sueño, dar gusto al cuerpo y nada más.”


Llegados a este punto, me pregunto: ¿cuál será el verdadero secreto para llegar a vivir 100 años y no morir en el intento …?  Sin duda alguna, habrá que averiguarlo por cuenta propia …


Bendiciones.