miércoles, 23 de diciembre de 2015

Arbol transgeneracional e inconsciente: una "poderosa unión" que yace oculta...

Este compartir tiene la intención de acercarlos a un conocimiento -desde mi punto de vista- sumamente importante ya que se trata, nada más ni nada menos, que de "reconocer y despejar los obstáculos que nos impiden vivir una Vida Plena". De la mano de Enric Corbera (licenciado en psicología, biodescodificador, naturópata, máster en Hipnosis Ericksoniana y Programación Neurolingüística; de formación humanista, es experto en Psicología Espiritual) y Rosa Rubio Palomo (licenciada en Farmacia, es Técnica Superior en Acupuntura y en Medicina Tradicional China; posee estudios de Homeopatía y es Máster en Estudios Biológico-Naturistas especializado en Acupuntura y Fitoterapia Tradicional China) esto es posible.  Hace años ya que tengo la inmensa fortuna de acceder a la bibliografía de Enric y, confieso que, sigo maravillándome con cada nueva obra suya como si fuera la primera vez. 

Sin duda alguna, creo que este libro es una herramienta muy útil en tiempos donde las patologías son tan variadas como numerosas. Vivimos en una era donde "la enfermedad" parece ser una constante sombra de la cual el "Ser Humano" vive escapando sin poder lograrlo. Tal vez, la solución consiste en dejar de huir de "la enfermedad" para ir en pos de "la salud", sencillamente, tomando consciencia de que en nuestro interior se encuentra la "llave maestra que nos libra de todo mal-estar". El bien-estar se revelará -entonces- como nuestro "estado natural: seremos auténticamente humanos".

La temática que aborda este compartir se encuentra ampliamente desarrollada en el libro titulado "Visión cuántica del transgeneracional" - Libro de casos BioNeuroEmoción.

Como bien dice en la contratapa: "... nos presentan una nueva visión del árbol genealógico en la que incorporan algunos principios clave de la física cuántica que simplifica la lectura. [...] Esta disciplina demuestra una y otra vez que todo está unido a través del campo o la matríz, tal y como postulaba Max Planck, padre de la física cuántica. [...] Es un principio simple: la información del inconsciente colectivo de un árbol se encuentra en cada uno de sus miembros..."

Para ello, y sin más preámbulos, los remito al capítulo 6, páginas 53 a 59 :


"EL INCONSCIENTE, ESE GRAN DESCONOCIDO

Cuando se nombra al inconsciente, normalmente todo el mundo arruga la nariz. Es el gran desconocido, vendría a ser como un mar ignoto: en él se encuentran todos los arquetipos, los recuerdos ancestrales, los deseos ocultos, los pecados y secretos que gobiernan nuestras vidas.
Al inconsciente se lo suele concebir como una serie de compartimentos superpuestos, como las capas de una cebolla. Uno envuelve al otro, y así sucesivamente.

Lo que sí es cierto es que el inconsciente rige nuestras vidas, nuestras elecciones y decisiones, nos guía al escoger pareja, una casa, una vocación. No razona, es muy visceral, al menos en algunos de sus programas. Controla todo lo que nos sucede, sobre todo los acontecimientos impactantes e inesperados en los que la carga emocional domina la situación, y se graba en él. El cerebro reptiliano, que es el principal soporte del inconsciente biológico, tiene por misión fundamental salvarnos la vida, es totalmente visceral y reacciona con la máxima rapidez; pero, sobre todo, tiene una función vital, que es grabar todo lo que los sentidos perciben en cada situación estresante a fin de evitar que en otra situación parecida repitamos el mismo error. Para dar mayor luz a lo que estoy explicando, podemos considerar el caso de un niño pequeño que con su dedito toca una lámpara encendida; le quedará grabado para siempre que no tiene que volver a hacerlo si no se quiere quemar. Asimismo, lleva programas heredados de nuestros ancestros que nos vuelven más sensibles a situaciones cotidianas, y ello hace que vivamos experiencias muy exageradas, cuando, en realidad, no tendrían por qué ser así. La emoción es el principal vehículo de anclaje o grabación del acontecimiento, sin ella el inconsciente no reacciona.

El inconsciente nos hace repetir una y otra vez situaciones, sean estas felices o enfermizas. Muchas veces, lo hace de una forma compulsiva y, sobre todo, irracional.

Obviamente, a la consulta de un especialista en BNE vienen personas con problemas enfermizos, y nunca nadie que quiera desprogramar o desaprender conductas felices.

Podría decir, sin miedo a equivocarme, que el pasado se repite en nuestras vidas, se halla oculto en el inconsciente, un pasado que llamamos futuro. Hace falta un acto de conciencia, diría que supremo, para poder cambiar el propio futuro. Se trata de cambiar la propia emoción en un momento importante: el presente, cambiar la relevancia que se le da. Comprender que se trata de un suceso impregnado de emoción, y que es esencial cambiarla para modificar el pasado y, por ende, el futuro. Con ello quiero decir que, desde una posición cuántica, cada momento es un momento de elección, y en esta elección determinamos el instante siguiente, que más tarde llamaré futuro. Si respondo a un estímulo y me dejo invadir por la emoción resultante, el programa seguirá manifestándose e inevitablemente viviré los acontecimientos. Por eso, el acto de conciencia en cada instante es una oportunidad de regir tu vida y evitar que la rijan los programas inconscientes.

Voy a poner un ejemplo que acabo de vivir hace unas horas. Un conocido mío se ha roto un hueso de la mano, concretamente en el dedo pequeño. Mi experiencia en BNE me indica que se trata de un secreto y, por lo tanto, empiezo a indagar en esa dirección. Le pregunto dónde sucedió, qué estaba pasando, con quién estaba, de qué se hablaba. Las respuestas son rápidas: su novia le preguntó si la había engañado alguna vez. Todo esto venía a cuento porque habían visto al padre de él con otra mujer. No importa el resto de la historia que me cuenta; lo fundamental es que, ante una situación emocionalmente impactante, el inconsciente, que reclama alimento, alimento emocional, activa la emoción de programas que yacen ocultos en el inconsciente de la persona, programas que, a su vez, se mantienen conectados con el inconsciente familiar o inconsciente transgeneracional, como en este caso.

Si estuviéramos alerta a cualquier impacto emocional, si nos disociásemos lo suficiente de este, reduciríamos la emoción que nos reclama el inconsciente; podríamos poner otra y cambiar la relación causa/efecto1 por otra relación causa/efecto2. Esto haría que los acontecimietnos futuros fueran otros. Lo importante es saber que el inconsciente se alimenta de nuestra atención; pero cuidado: de atención emocional, y esta puede ser cambiada con un acto consciente si se entrena suficientemente a la mente para hacerla observadora. Es imprescindible desarrollar este <estado de alerta> si queremos desvincularnos de relaciones adictivas, de repeticiones, que nos hacen vivir una y otra vez las mismas situaciones, los mismos problemas, con actores diferentes.

Nuestro trabajo en el estudio del árbol generacional, o transgeneracional, es buscar estos programas tóxicos que inundan la vida emocional y que nos hacen sentir impotentes y esclavos de algún destino o cruz.

Cuando el consultante toma conciencia de que sus relaciones tienen que ver con un programa heredado de un antecesor, puede respirar aliviado y desaprender ese programa con un acto pleno de conciencia, libre de emoción y, sobre todo, libre de juicio. Así, el inconsciente ya no recibe la atención necesaria para volver a activarse y repetir.

El inconsciente necesita atención incesante y consciente. Se expresa continuamente en nuestras vidas en situaciones repetitivas que nos hacen buscar soluciones externas, cuando la solución está en los programas aprendidos y heredados de los ancestros, que crean un fantasma de información y lo transmiten a sus descendientes con la esperanza de ser liberados por un acto consciente de ellos.

El fantasma emocional resuena en el presente del consultante en emociones que llamamos secundarias o sociales. Nuestro trabajo consiste en buscar la emoción oculta, desvelarla y transformarla para que no cree más resonancia y el consultante pueda experimentar otras emociones libremente, en lugar de emociones encadenadas a un suceso ocurrido en el pasado del árbol transgeneracional.

Estas emociones van atadas a una serie de síntomas físicos que también tienen que ver con estos programas, y cuando se desaprende todo ello, el síntoma es liberado y puede ser tratado con cualquier terapia médica. La terapia funciona, y funciona rápidamente, porque ya no hay nada que la emoción sujete al inconsciente. Decimos entonces que la persona vuelve a nacer o renace; ya puede redirigir su vida.  

La sutileza del inconsciente

El inconsciente lo graba absolutamente todo, hasta el más mínimo detalle. No nos podemos imaginar hasta qué punto es sensible y lo almacena todo. Una emoción reprimida de una madre gestante puede provocar en el hijo tendencias que no podremos explicar racionalmente. [...]

Recuerdo un caso extraordinario que explica hasta qué punto estamos encadenados a historias de nuestros padres y abuelos.

Vino a consultarme una señorita con un problema de relación de pareja. Al empezar a analizar el árbol, encontré algo extraordinario: su pareja y ella tenían los mismos bisabuelos. Estos tuvieron una hija y un hijo; la madre murió cuando estos eran jóvenes y la hija cuidó de su hermano con un amor maternal. Cada uno de los hermanos se casó y tuvo hijos, y uno de estos tuvo un hijo y otro tuvo una hija, que, al conocerse, se enamoraron locamente. Al ver el árbol, ellos comprendieron que manifestaban el amor imposible de dos hermanos, de los cuales eran los biznietos. 

Al desaprender este programa inconsciente, sintieron la libertad de seguir juntos o separarse, sin imposiciones. Ya no había ningún programa que desestabilizara sus relaciones interpersonales.

Si se trata a los padres y se los libera de sus programas, sus hijos pequeños quedan libres de futuros problemas de relación o de enfermedades.

El inconsciente siempre avisa

Si los acontecimientos futuros son la reverberación de aprendizajes pasados, seguro que, de alguna forma, recibimos mensajes del inconsciente antes de que suceda el desastre. [...]

Esta manera de manifestarse el inconsciente nos dirige a algo muy importante y particular: la necesidad de mantenernos alerta y de tomar conciencia de que los procesos psicológicos se manifiestan tarde o temprano en la biología.

Esta propuesta puede parecer reduccionista, pero nada más lejos de la realidad. Pensemos por un instante que usted gobierna el inconsciente y tiene toda la información, información que es crucial transmitir al piloto de su vida (el consciente), que es el que toma las decisiones. Lo que este piloto ignora es que él hace lo que usted le señala mediante indicaciones sutiles, haciéndole vivir circunstancias, situaciones y relaciones que responden a programas y aprendizajes que solo usted conoce.

Usted es el dueño del inconsciente, guardián de todos los secretos, cuya misión principal es preservar la vida. Como tal, debe transmitir su mensaje al consciente. Pero ¿cómo hacerlo? La respuesta es a través de aquello a lo que el consciente presta atención, es decir; del cuerpo. Entonces, usted enviará su mensaje a distintas partes del cuerpo para que el consciente perciba que lo que pasa quizá no sea fruto de la casualidad y empiece a hacerse preguntas.

Desde esta perspectiva, la psicología busca la interpretación del lenguaje del cuerpo; no se separa de la biología, sino que se une a ella en un intento común de comprender los males del sujeto, sus rutinas y repeticiones.

La BNE es como la <piedra Rosetta> que desentraña los jeroglíficos de la mente y su expresión en el cuerpo y en las conductas, conectando los diferentes aspectos de la ciencia: la física, la química, la biología y la psicología.     

Las repeticiones

Nuestro trabajo diario, cuando el consultante nos consulta, consiste en buscar los excesos, entendidos como los aspectos repetitivos de su vida. Las reiteraciones se pueden manifestar de múltiples maneras: en las relaciones, en el trabajo, accidentes, con la pareja, con la descendencia (por ejemplo, personas con muchos hijos, pero todos del mismo sexo, o la imposibilidad de quedarse embarazada sin tener ningún problema fisiológico, o el abuso sexual repetitivo).

Las repeticiones o excesos, como yo los llamo, son indicadores de que hay algo oculto en el inconsciente muy relacionado con programas y aprendizajes que vienen de los ancestros. El inconsciente familiar los guarda para poder expresarlos en el miembro más adecuado, con el fin de que este los haga conscientes y libere al clan familiar tanto en los ascendientes como en los descendientes.

No toda repetición esconde un gran trauma familiar; muchas veces, son pequeños traumas, sin mucho impacto emocional, que marcan una conducta y hacen repetir hechos pasados de la propia vida. ..."


En mi opinión, una "visión absolutamente novedosa" que aporta una "mirada evolucionada" ante los conflictos que emergen desde lo más profundo de nuestra psique. Una "alternativa muy sugestiva" que se revela como la "bocanada de aire fresco" que todo "Ser Humano" está esperando...




Bendiciones.
 

martes, 10 de noviembre de 2015

"Ensalada Mindfulness" y ... ¡Buon Appetito!

En mi compartir anterior -que he titulado "Mindfulnes: un antídoto para vencer el miedo y la ansiedad"- he intentado acercarlos (para quien aún no la hubiera descubierto) a una práctica denominada precisamente "Mindfulness"Cabe aclarar que hasta ese entonces, a mí me resultaba absolutamente desconocida dicha práctica. Y a medida que iba dando lectura al libro “Mindfulness en la era del miedo y la ansiedad” – El arte de elegir la paz de Clara Badino (diferentes procesos de enfermedad la acercaron a las prácticas psicofísicas del yoga y la meditación; es embajadora de esta práctica en la Argentina donde imparte entrenamientos -desde hace años- en la Asociación Visión Clara, siendo éste su primer libro) me iba maravillando cada vez más por los extraordinarios beneficios que esta práctica garantizaba. 

Avanzada en la lectura del libro y casi a punto de llegar al final del mismo, me he sentido motivada a compartir con todos ustedes, una propuesta que Clara nos hace en las páginas 128 a 132:


"Transformar cada experiencia

[...] Les propongo ahora algunos ejercicios de práctica informal de Mindfulness, que consisten en hacer lo mismo... pero de modo diferente. ¡No teman!

En este caso, la propuesta no es lentificar sino descubrir que, entre la velocidad sin tregua con la que hacemos tantas acciones cotidianas y la lentitud, hay una medida justa:  ni rápido, ni lenta. Relativa, exacta, precisa.

Preparar una ensalada

Intente comprometerse para estar presente en esta acción. La presencia atenta surgirá a través de los cinco sentidos vivos y encendidos, más el sexto: la mente atenta.

Vista: Elija cuidadosamente cuatro colores diferentes para preparar una atractiva <ensalada Mindfulness>. Elija y decida cuál será el primer vegetal o fruta a incluir. Mírelo y véalo desde diferentes ángulos. Acérquelo y aléjelo de los ojos, juegue con la luz, sea natural o artificial. Observe sin etiquetar y con curiosidad si al darle la luz, usted descubre que no es de un solo color uniforme, sino que tiene matices. Explore su forma, su tamaño. Vea si alguna zona le indica que el vegetal estuvo ligado a la planta por medio de un cabo, o debajo de la tierra. Tal vez eligió tres vegetales y una fruta para la ensalada. Tal vez la fruta muestra claramente que cayó por madurez o fue arrancada, como suele ocurrir en este momento donde la mayoría de los cultivos son manipulados por el hombre.

Tacto: Cierre los ojos y dé lugar al sentido del tacto. Explore la textura del vegetal o fruta, sienta su peso, su forma que puede resultar diferente a través de este sentido. Quédese unos momentos explorando el vegetal o la fruta sosteniéndola entre las manos, procurando descubrir realidades más pequeñas que quizás pasaron inadvertidas al sentido de la vista. Descubra presionando suavemetne si el vegetal o la fruta responden a la presión o son de una dureza que hace que se mantenga inamovible.

Olfato: Manteniendo los ojos cerrados, abra un espacio para dar lugar al olfato. El olfato es un sentido que suele gatillar de inmediato rechazo, apego, recuerdos asociados... Simplemente intente darse cuenta de lo que está sucediendo en la mente cuando entra en conexión con los aromas. Para una exploración más refinada, puede taparse suavemente una fosa nasal para que el olor llegue por la opuesta, y luego cambiar. A veces descubrimos con asombro... que el aroma llega de una manera diferente por una fosa nasal que por la otra.

Oído: Otro pasito en la preparación de la ensalada. Quédese unos segundos en quietud: escuche y oiga. No etiquete los sonidos, recíbalos sin nombrarlos... dispóngase a recibirlos todos. ¿Está la mente presente en la experiencia? Si no está, simplemente invítela a volver a la experiencia, a lo que está sucediendo en el momento presente: usted persona, la respiración, el cuerpo, la mente, las emociones, los sentimientos... un infinito momento presente.

Gusto: Invite ahora al último sentido, el gusto. Acerque el vegetal o la fruta y dé un muy pequeño mordisco. Permita que el sabor inunde la cavidad de la boca. Un mundo de sutilezas se pondrá en marcha si usted está presente. Deje el pequeño bocado dentro de la boca hasta que decida comenzar el proceso de masticación, trituración con atención pura, renovada a cada momento. Intente no tragar, ese será el siguiente paso. Descubra cómo las glándulas salivales envuelven el alimento generando más secreción de saliva. Permita que el alimento se vaya ablandando y triturando; ahórrele al resto del aparato digestivo un gasto innecesario de energía. Elija y decida tragar solo cuando se dé cuenta de que el alimento está totalmente triturado.

Renueve la intención de estar presente.

Cuando haya concluído la experiencia, comience a lavarlos cuidadosamente, secándolos atentamente presente y comenzando el proceso de cortarlos.

Descubra con qué facilidad la mente se va del presente... Cada vez que se dé cuenta, vuelva a traer la mente donde está el cuerpo, en la acción del procesado de los alimentos.

Cuando la ensalada esté lista, observe neutralmente la mezcla de colores. Las sutilezas de diferentes aromas entremezclados, pero tal vez también individualizados.

Coloque los aderezos desde el estado de presencia.

Pruebe, descubra si según su percepción le falta algo...

Permita que en este momento los sentidos y la mente Mindfulness lo guíen sin confusión. Confíe en la presencia. 

Por fin, ¡a comer la ensalada!

Simple... no fácil, comer con atención pura, darse cuenta cuando se distrae, cuando la mente se va, y volver, siempre volver. Mire y vea, oiga y escuche. Si se atreve, tome el alimento con la mano, al menos una vez.

¿Recuerda cuando dejábamos que los hijos, en la etapa de aprendizaje, comieran vivencialmente? Por momentos usaban las manos, exploraban los alimentos curiosamente. Si el olor que les llegaba les resultaba desagradable, apretaban los labios y nada ni nadie podía hacer que ese alimento amenazante entrara en la boca.

Vuelva a ser ese niño en este momento. Use el tacto, reciba los sonidos del masticar, los sonidos del ambiente.

Haga de este comer un momento único. Transfórmese y transforme la experiencia cotidiana, ordinaria en una experiencia nueva, única, extra-ordinaria. [...]"   


Desde mi punto de vista y sin duda alguna, una propuesta sumamente interesante que nos viene como "anillo al dedo" en una época donde la velocidad en todos los órdenes de la vida, se nos presenta como "el estímulo primordial"... un estímulo cargado -en mi opinión- de una "gran sordera y ceguera espiritual". 

Los invito a que cada uno de ustedes ponga en práctica la "reconfortante experiencia" de prepararse una "exquisita  y apetitosa ensalada Mindfulness" y ... ¡Buon Appetito!.




Bendiciones. 

domingo, 25 de octubre de 2015

Mindfulness: un antídoto para vencer el miedo y la ansiedad...



Quiero iniciar este compartir contándoles que actualmente me encuentro realizando un curso intensivo de “Neurociencias cognitivas”. Atraída por la temática que aborda, ni lerda ni perezosa, me inscribí en él. Y debo confesar que -hasta el presente- ha superado todas mis expectativas. Así fue que en una de las clases, el neurocirujano a cargo del dictado del mismo, mencionó una práctica muy recomendable (en mi opinión para todo ser humano que aprecie su bienestar psico-físico) denominada “Mindfulness”. Entonces y en vista de los interesantísimos conocimientos que el curso me está brindando, decidí apersonarme por la librería donde -generalmente- adquiero la mayoría de los libros que hoy forman parte de mi biblioteca. Y una vez allí, me topé con una obra titulada “Mindfulness en la era del miedo y la ansiedad” – El arte de elegir la paz de Clara Badino (diferentes procesos de enfermedad la acercaron a las prácticas psicofísicas del yoga y la meditación; es embajadora de esta práctica en la Argentina donde imparte entrenamientos -desde hace años- en la Asociación Visión Clara), siendo éste su primer libro.

Esta obra -desde mi punto de vista- es magnifica. Con lenguaje sencillo, claro y que resulta por demás ameno y comprensible para cualquier persona, nos explica de qué se trata esta práctica,  cómo realizarla y cuáles son los beneficios que reporta. Particularmente, sólo con leer el título fue suficiente para tener un atisbo de esa paz que supone este novedoso método que ya tiene unos cuantos años de vigencia.

Me parece oportuno, antes de continuar desarrollando el tema objeto de este compartir, comentarles una anécdota al respecto: habiendo puesto al tanto de esta última adquisición en materia de lectura a una gran amiga y compañera del Alma, llamada Laura, y ante su interés, me ofrecí a prestarle el libro para que pueda hecharle un vistazo. Obviamente, quedó muy complacida con su lectura, lo cual me motivó a comprar otro ejemplar del libro y … a regalárselo; lo mismo que me había sucedido con otro (cuya autoría corresponde a Walter Riso y se titula “Maravillosamente Imperfecto Escandalosamente Feliz”) unos días antes.

En las páginas 11 a 14, Clara nos explica:

“Qué es Mindfulness y porqué lo necesitamos

Le propongo un experimento. A medida que lee estas líneas pregúntese -como quien no quiere la cosa- qué está haciendo su mente. ¿Está tranquila y concentrada? ¿Curiosa por saber qué tendrá para enseñarle este libro? ¿Inquieta y apurada, ansiando llegar rápido al punto para poder seguir con la próxima asignatura? Acaso esté deseando algo: un café, un descanso, una siesta, un poco de compañía. O por ahí está molesta con algo que ocurrió, algo que alguien dijo, y aunque ya casi no lo recuerda, es posible que una nube negra ensombrezca en este momento sus pensamientos.

Y su cuerpo, ¿cómo está? ¿Tenso, rígido, alerta? ¿Relajado y distendido? ¿Cuán cómoda es la posición que eligió para la lectura? ¿La eligió?

Ultimo, pero no menos importante, ¿cómo está respirando? Ante este interrogante, quizás se pregunte si hay más de una forma de respirar. Y la respuesta será: tantas como personas en el mundo, y como momentos en que se haga la pregunta. Entonces, observe: ¿es pausada y tranquila? ¿Es rápida, entrecortada? ¿Profunda? ¿Superficial? ¿Pareja en tiempos de inhalación o exhalación? ¿Proclive a retener el aire entre una y otra?

Este reconocimiento interno de vivencias, este detenerse, observar sin juicios, estar donde uno está pura y simplemente ser, es el corazón palpitante de la sencilla pero revolucionaria práctica llamada Mindfulness, y es la propuesta de este libro.

Sencilla, porque no pide de nosotros nada complicado ni sofisticado. No requiere de un equipamiento especial, un lugar particular para realizarla ni una condición física determinada. Y revolucionaria, porque puede transformar nada menos que la forma de percibir el mundo y vivir la vida.

Sin embargo, voy a ser clara y sincera: sencilla no significa fácil.

¿Por qué? Veamos.

La cultura en la que vivimos es generosa en estímulos, conocimientos y oportunidades. Pero lo es tanto en tiempo para absorber esos estímulos, procesar esa información y aprovechar esas oportunidades. Más bien, tendemos a vivir inmersos en un maremoto de presiones y apuros, saltando de una actividad a otra, barajando dos o tres a la vez, con una conciencia muy limitada de lo que estamos sintiendo, pensando y necesitando, ajenos al único momento real, el momento presente.

Como una pequeña muestra, comparto con ustedes los sorprendentes resultados de una investigación reciente de la Universidad de Virginia, que revelan los límites a los que estamos dispuestos a llegar par evitar permanecer un momento de estado de quietud: dos tercios de los hombres y un cuarto de las mujeres que participaron en el estudio sintieron tanto ansiedad y nerviosismo ante la propuesta de pasarse 15 minutos solos con los pensamientos, que optaron por administrarse una descarga eléctrica que poco antes habían dicho que pagarían por evitar.

Este estado de desconexión no es gratuito. Bajo su reinado, la ansiedad y el miedo se han convertido en epidemia, y cada día cobran nuevas formas: hiperquinesis, síndrome de déficit de atención, trastornos, obsesivo-compulsivos, adicciones de toda clase: al alcohol, al cigarrillo, a los psicofármacos, al trabajo, al consumo, al sexo, a las pantallas, a la adrenalina misma. ¡Estímulos, estímulos, estímulos!

Pero aun si pudiéramos procurarnos una vida simple en un paraje apartado de la sociedad, sin presión alguna, veríamos que la mente se las ingenia de todos modos para crear temores, dudas, penas, preocupaciones. El malestar puede surgir en cualquier momento, ya que es parte de la experiencia humana. Y la mente se ha ido condicionando para reaccionar a ella, generando un círculo vicioso de sufrimientos, insatisfacción, desregulación y manejo desacertado de las emociones, que impacta en forma directa sobre nuestra salud.

Por eso decimos que Mindfulness atención pura no es una práctica fácil, aunque sí simple. Porque nos invita nada menos que a desaprender condicionamientos sociales y culturales tan antiguos como el hombre. Y nos ofrece algo simple de experimentar: más rechazamos la incomodidad, más aumenta. A mayor resistencia, mayor tensión.

Acerquémonos a la propuesta.

Mindfulness es un estado de consciencia caracterizado por la atención pura libre de distracción, y es estar presentes en el presente con una actitud de indagación neutral, curiosidad, recepción, paciencia, compasión y apertura. Este estado de integración e integridad nos permite observar nuestros estados internos -pensamientos, emociones, sentimientos, sensaciones- y todo lo que ocurre a nuestro alrededor, como si lo percibiéramos por vez primera.

En realidad, esta capacidad está presente en nuestras vidas: la consciencia es quizás nuestro más valioso acervo como seres humanos. Pero no solemos experimentarla más que por instantes, a niveles muy superficiales, antes de sumirnos nuevamente en un sinfín de elucubraciones, recuerdos o fantasías que nos alejan de esa percepción pura, de ese estado de cognición claro que nos permite ver la realidad tal cual es.

Mindfulness tiene el poder de transformarnos, operando por momentos como un ancla que nos trae de vuelta a nosotros mismos, y a la vivencia de cada momento. Nos trae una y otra vez a la posibilidad real de transitar receptiva y afectuosamente los procesos, observar neutralmente los sucesos y dar respuestas, inhibiendo la reacción ligada a la distracción y al automatismo.

La práctica de Mindfulness no persigue ningún objetivo, lo que propone realmente es reconocernos como personas con personalidad: quiénes somos en esencia, más allá del nombre, edad, sexo, profesión; quiénes fuimos cuando llegamos al mundo.

Pero aun sin perseguir objetivos -o quizás por ello-, quien practica esta disciplina con compromiso y compasión descubrirá sus beneficios: cambios a corto, mediano y largo plazo que irán enraizando en lo profundo. Ya veremos en qué consisten estos cambios en subsiguientes capítulos.

A modo de adelanto, digamos que veremos modificada nuestra percepción de las cosas, especialmente de todo aquello que nos resulta amenazante y estresante. Y que, al tomar nota de tantos detalles que pasaban inadvertidos, tomaremos consciencia de que la vida nos fue dada para vivirla en su totalidad. Así, habitaremos cada minuto, sentiremos cada segundo. Podría decirse que viviremos más, no por alargar nuestra vida en años, sino por transitarla tanto más interesantemente.

¡Los invito a compartir esta gran aventura!...”


Y en las páginas 21 a 23, Clara nos informa acerca de:

Lo que comprueba la ciencia

[…] El objetivo de este capítulo es más modesto y puntual: señalar la gran riqueza y amplitud de beneficios que ha demostrado generar la práctica, en diversos estudios de laboratorio. Los veremos segmentados por planos, aunque, por supuesto, son interdependientes.

Beneficios en el plano emocional:

  • Descenso en los niveles de la ansiedad, el miedo, la preocupación y la impulsividad.
  • Reducción en los niveles de estrés, percepción de soledad y depresión.
  • Aumento en la autoestima y la autoaceptación.
  • Mejora de la resiliencia ante situaciones de enfermedad y dolor.
  • Incremento del optimismo, la relajación y la lucidez.
  • Mejora en la calidad de vínculos e interacciones sociales, especialmente en la cualidad de la empatía.
  • Disminución de síntomas ansiosos como comer o fumar compulsivamente.

En el plano físico:

  • Baja de la presión sanguínea.
  • Baja en la incidencia de desórdenes inflamatorios, colon irritable y asma.
  • Mejora en la sintomatología de cuadros de diabetes.
  • Menor severidad en las manifestaciones de la psoriasis.
  • Mejora en el índice respiratorio y la variabilidad cardíaca.
  • Reducción de síndromes premenstruales y menopáusicos.
  • Mejora en la inmunidad y los niveles de energía.
  • Alivio de dolencias en pacientes con fibromialgia, artritis y HIV.
  • En pacientes de cáncer, algunos estudios demuestran bajas en la morbilidad y en la recurrencia.

En el plano mental:

  • Mejora en las habilidades cognitivas y en la creatividad.
  • Incremento en la memoria y agudización de la concentración.
  • Optimización del proceso de toma de decisiones y la resolución de problemas.
  • Mejor manejo de las distracciones y disminución de los síntomas en desórdenes como el ADD y el ADHD.
  • Mayor eficiencia en el procesamiento de información.
  • Más autonomía y maestría.

Entre los efectos constatados específicamente en el cerebro, se incluye una mayor activación de la corteza prefrontal izquierda, un área relacionada con el manejo adaptativo de las situaciones amenazantes o de alta demanda interna y externa y una mayor inmunidad (aumento de anticuerpos).

Este cambio de activación cerebral provee una nueva base neurológica para la resiliencia. En los capítulos siguientes exploraremos y profundizaremos cómo la práctica de la atención pura va desarrollando la capacidad de concentración y la de observar neutralmente sucesos y procesos, aumentando la tolerancia a la incomodidad y el poder de adaptación, como un camino de evolución personal. Esto es, en esencia, lo que la práctica de Mindfulness propone para descubrir y cultivar la paz. …”


Como habrán podido observar, los beneficios que plantea el método descrito en este libro resultan ser absolutamente recomendables para lograr una “Vida Plena”.  Sin duda alguna, nos encontramos frente a un libro que merece ser leído y a una práctica que merece ser adoptada.




 Bendiciones.