sábado, 2 de mayo de 2015

Sobrepeso: un intento fallido de protegerse...



En esta oportunidad quiero abordar un tema que, en mi opinión, resulta de interés común. Es sabido que una de las patologías más extendidas a nivel mundial es la del “sobrepeso”. Creo que poco importa el haber pasado por una situación de sobrepeso o no; nadie está exento de padecerla alguna vez en su vida. Para quienes no saben de qué se trata como para aquellos que poseen conocimientos al respecto -ya sean profundos o no-, entiendo que les será sumamente interesante conocer el enfoque que en el capítulo 21 del libro “Manifestación radical” – El arte de crear la vida que quieres, nos presenta su autor, Colin Tipping (reconocido autor, docente y conferenciante de fama internacional. Es una autoridad mundial en la aplicación de la terapia del Perdón Radical y de la Manifestación Radical, métodos enfocados a sanar y potenciar a las personas, las empresas, los pueblos y las comunidades).

Como dije anteriormente, en el capítulo 21 -más precisamente en las páginas 133 a 141- tomamos conocimiento acerca de:



“…EL SOBREPESO

De un informe de 2002 en la revista Journal of the American Medical Asociation se desprende que dos tercios de la población adulta estadounidense padece sobrepeso. Cientos de miles de personas se gastan millones de dólares cada año intentando perder peso con dietas, ejercicios, medicamentos, suplementos, hipnosis y otros medios de control de peso. La mayoría de ellos fracasan a largo plazo. Quizás produzcan una pérdida de peso a corto plazo, pero éste vuelve invariablemente. Los únicos programas que parecen tener un modesto grado de éxito son los que como Weight Watchers proporcionan apoyo comunitario importante y continuado, de naturaleza psicológica y relacionado con al estilo de vida.

La gran mayoría de los programas se concentran en los factores físicos de la ganancia de sobrepeso e ignoran prácticamente o, en el mejor de los casos, reconocen de pasada los factores emocionales.

Por eso mi intención en esta sección es tratar algunos de los temas emocionales que parecen explicar por qué la gente acumula peso y adopta patrones de comportamientos que no hacen más que acentuar el problema.

Lo físico y lo emocional

En mi experiencia ayudando a la gente a tratar sus temas emocionales mediante el Perdón radical, he notado que los temas emocionales de una persona se reflejan a menudo en su cuerpo físico de una manera u otra.

Pueden manifestarse como enfermedad, destrucción de tejidos, etc., no obstante, para la mayoría de la gente es como exceso de peso.

La proporción entre factores físicos y emocionales determinantes en la ganancia de peso es difícil de precisar, pero me atrevería a estimar que la mayoría de los problemas de peso se basan aproximadamente en un 75 por 100 en factores de naturaleza física y el estilo de vida y un 25 por 100 en factores emocionales. Obviamente, estas cifras pueden variar según las personas. He conocido personas para las que dicha proporción era inversa. No obstante, es una falsa diferenciación puesto que muchos de los factores físicos tienen una causa emocional, o como mínimo un componente emocional.

Los factores físicos

Los factores físicos incluyen más o menos elementos con los que las personas nacieron, como el tipo de cuerpo, el metabolismo, la inapetencia por cierta comida, el grupo sanguíneo, la genética y en general la predisposición a retener kilos.

Factores de estilo de vida

Estos incluyen cosas como el ejercicio, el estrés, preferencias adquiridas por cierta comida, adicciones, hábitos de comida, abuso de sustancias, comer demasiado, etc. La presión de los demás, las normas culturales, la influencia de los medios de comunicación e incluso la mismísima industria de las dietas contribuyen al problema con su constante obsesión por las modas alimenarias y de estilo de vida.

No diré mucho más acerca de los factores físicos y de estilo de vida en esta sección. Existen cientos de libros que tratan de ellos y tengo poco o nada que añadir al respecto. Lo que sí quiero subrayar es que dichos factores, y en particular los de estilo de vida, pueden ser modificados energéticamente usando el proceso de Manifestación radical. En tal caso, estaríamos usando la ley de atracción para atraer el tipo de apoyo necesario para manifestar el cuerpo que queremos.

Dicho esto, sin embargo, he dejado claro que para que podamos manifestar lo que sea, nuestro campo energético debe estar relativamente despejado y nuestra vibración debe ser alta. Los temas del cuerpo no son una excepción. Si tenemos asuntos emocionales subyacentes a nuestros problemas de peso, es preciso despejarlos primero a fin de poder hacer ese tipo de cambios. Esto significa utilizar la técnica del Perdón radical antes de hacer el proceso de manifestar el <cuerpo ideal>.

De nuevo <¡Son las emociones, estúpido!>

Tengo claro que nuestros cuerpos reflejan nuestra salud emocional. Mucha gente se las arregla con sus emociones suprimiendo y reprimiendo sus sentimientos, lo cual es una estrategia sumamente insana. El bagaje emocional suprimido puede manifestarse como enfermedad o literalmente como bagaje en forma de exceso de peso.

Ninguna dieta acabará con el exceso de grasa física si ésta sirve a un propósito emocional. Su función más común es la de proteger. Puede ser protección de una herida generalizada y del rechazo, pero a menudo es para protegerse de un ataque sexual imaginario o real.

Protección

El abuso sexual sufrido por los niños a manos de padres, abuelos, familiares políticos, el novio de la madre, hermanos, canguros y otros es galopante en nuestra sociedad. La estimación es que un adulto de cada cinco fue agredido sexualmente en su infancia.

El único medio que un niño indefenso tiene para gestionar ese tipo de cosas es con los mecanismos de negación, represión y desvinculación. No obstante, tales agresiones dejan una poderosa marca energética en el cuerpo, generada y sostenida por una potente mezcla de miedo y culpa. La culpa viene de que casi siempre el niño piensa que es culpa suya. A menudo, esto empeora mucho las cosas porque su propia madre se niega a creerle si llega a juntar suficiente valor para contárselo. El resultado es que termina simplemente aún más condenado y castigado.

El cuerpo se acuerda

Aunque la mente lo bloquee todo, la estructura celular del cuerpo recuerda todo demasiado bien y procura protegerse apilando grasa en aquellas partes del cuerpo antes más afectadas y que considera más vulnerables. Esto no sólo proporciona un muro de protección física contra la agresión, sino además protección psíquica.

Ser atractivo es peligroso

La mente llega a la conclusión que ser atractivo físicamente es un ofrecimiento arriesgado; así, la mejor manera de resguardarse de insinuaciones físicas es volverse indudablemente repelente. ¿Qué mejor manera de volverse sexualmente no atractivo que siendo obeso?

El autoodio

El cuerpo también puede acumular exceso de peso como una manera de reforzar los sentimientos de insuficiencia y de no ser amado. Se autocumple entonces una profecía que se alimenta de sí misma. Cuanto peor me sienta conmigo mismo, más gordo me vuelvo. Cuanto más engordo, peor me siento conmigo mismo. Y así cada vez más y más.

No es fácil saberlo con certeza, pero me atrevo a estimar que más de la mitad de los obesos lo están por haber sepultado profundamente un dolor emocional del que no son conscientes o con el que no quieren tratar.

La solución

La respuesta evidente es el Perdón radical. Es la técnica que cientos de víctimas de abuso sexual y de otras formas de abuso han utilizado para neutralizar y disolver patrones de energía que mantenía la culpa, la vergüenza y el miedo congelados en sus cuerpos y envueltos en grasa.

La gran ventaja del planteamiento del Perdón radical es que no necesita que la persona recuerde lo que pasó ni vuelva a atravesar el dolor de revivir la experiencia. Sorprendentemente, el proceso basta.

Terapia para terapeutas

Es bien conocido que las personas que ejercen una profesión de ayuda tienden a elegir esa línea de trabajo para tratar el dolor de los demás en lugar de ocuparse del suyo. Muchos profesionales ahí fuera que se <especializan> en trabajar con víctimas de abuso sexual, son en gran parte ellos mismos <supervivientes> que no han sanado su propio dolor. Como se niegan a enfrentarlo, lo mantienen sepultado y alejado de su plena consciencia.

El problema es que proyectan inconscientemente su propia rabia reprimida en sus pacientes y los animan a participar en toda clase de actividades que parecen algo sano de llevar a cabo pero en realidad sólo son formas de revancha disfrazada. El resultado es que la gente se queda atrapada en Victimlandia y no sana. Siguen viéndose como <víctimas de abuso> o como <supervivientes de abuso> y siguen acumulando grasa funcional a modo de protección.

Por ejemplo, es una moda que los terapeutas insistan en que la persona se enfrente a su acosador y lo acuse de su crimen. Aún estoy esperando algún tipo de resultado sanador. Eso empeora drásticamente la relación e incrementa el dolor para ambas partes. Lo que sí parece es que el terapeuta ¡se siente mucho mejor!

Con el Perdón radical, el enfrentamiento no es necesario. De hecho, es contraproducente. Es mejor que la tarea se realice de modo energético y, al menos de entrada, sólo en la consciencia de la persona que está perdonando. Se extenderá luego naturalmente a todos los demás involucrados.

Una experiencia energética

El volumen de dolor que la persona siente es directamente proporcional a la energía emocional invertida en torno al hecho, no tanto en el hecho mismo sino en la <historia> acerca de lo que ocurrió. (La historia se compone de todos los pensamientos, supuestos, creencias, sentimientos, recuerdos y miedos conectados con el abuso. La mayor parte se encuentra reprimida y por consiguiente en el inconsciente).

Esto no quiere decir que el dolor no sea real, pero evidente es que la energía emocional invertida en la historia es responsable de un volumen desproporcionado de sufrimiento. (El dolor es lo que sentimos directamente frente a un acontecimiento. El sufrimiento es una consecuencia de los pensamientos y las creencias que creamos a partir del evento).

Por ejemplo, es típico que las víctimas de abusos hayan creado creencias tan autodespreciativas e hirientes como: <Soy defectuoso; no soy bueno; no merezco respeto; no cuento; mis necesidades no importan; estoy estropeado; estoy sucio; no puedo decir que no; nunca me valorarán por lo que soy, etc.>. Esto es lo que crea el sufrimiento.

La energía emocional invertida acaba cristalizando en un campo de energía sumamente integrado y localizado en el cuerpo. Es ese campo energético el que ancla la historia y mantiene vivo el sufrimiento. […]
 
Entonces, el modo de sanar el dolor y el sufrimiento es sencillamente disolver ese campo energético que al colapsarse hace que la historia misma pierda su poder y empiece a marchitarse. Para nada es necesario escarbar en el pasado, revivir la experiencia o enfrentarse al acosador. […]

El proceso de Perdón radical no sólo consigue que la persona que perdona se sienta mejor y que se colapse el campo energético ligado con su propia historia personal, sino que se empieza a colapsar el campo energético que envuelve la situación de abuso y todos los involucrados, incluido el acosador. Porque todos pertenecen al mismo <campo morfo-genético>, todos lo sienten y usan su libre albedrío para responder de la manera que mejor les sirva espiritualmente.

Salvo la persona que perdona, ninguna de las personas involucradas es consciente de que algo cambia porque todo ocurre a nivel energético. Sin embargo, pueden empezar a sentirse de otra manera y quizás espontáneamente hagan algo como comunicarse o tomar alguna iniciativa que conduzca a algún tipo de autentica sananción. Por experiencia sabemos que ese tipo de cosas ocurre y la probabilidad de que se opere de esta manera es mucho mayor que a través de la confrontación.

También resuelve el dilema de si el abuso tuvo o no lugar. Numerosas personas tienen lo que llamamos reminiscencias o recuerdos espontáneos de episodios de abusos en su tierna infancia, y a menudo se sienten inseguros acerca de la fiabilidad de esos recuerdos. Por ejemplo, existe la teoría de que un terapeuta con temas de abusos no resueltos pueda transferir su energía al cliente. Incluso podría ser el recuerdo de vidas anteriores o un goteo proviniendo del inconsciente colectivo.

Cuando nos ocupamos de ello con el Perdón radical, ninguna de esas posibilidades es determinante. Sea cual sea el origen del campo energético, éste se disuelve. La persona es libre de seguir adelante con su vida, nadie es acusado, con o sin motivo, y las probabilidades de sanar las relaciones son buenas. Todo el mundo sale ganando.

Modificar hábitos

El hecho de soltar las razones emocionales de mantener sobrepeso es un gran paso hacia delante, no obstante, quien desee perder peso tendrá que prestar cierta atención a ajustar algunos de los hábitos físicos y de estilo de vida que ha adoptado a lo largo de los años y le han apoyado en la utilización del peso como protección.

Herramientas para sanar las causas de la acumulación de peso

A quien  tenga temas de sobrepeso y perciba que éste pueda estar relacionado con experiencias y traumatismos pasados, le recomiendo que considere seguir el programa de pérdida de peso (info@perdonradical.es) A lo único que tendrás que renunciar en ese programa es a las historias que te hicieron engordar. …”

  
Desde mi punto de vista, un enfoque absolutamente innovador. Un método que brinda respuestas y soluciones que pueden ser puestas en práctica por cualquier lector. Una obra increíblemente esclarecedora en este aspecto y en otros tantos que en ella se plantean. En mi opinión: ¡imperdible!

Ustedes, ¿están dispuestos a crear la vida que quieren? …

 

Bendiciones.

miércoles, 15 de abril de 2015

Testigos "solidarios" y testigos "silenciosos": partícipes indispensables en el mobbing ...



En esta oportunidad, abordaré un tema que -a mi criterio- merece una especial atención y que, en los tiempos actuales, se viene observando cada vez con mayor frecuencia: me refiero al denominado “mobbing”. Bajo el título “Los sujetos intervinientes en el mobbing, Daniel E. Stortini se explaya sobre este tema tan complejo. Merced a la edición de la Revista Doctrina Laboral y Previsional Nº 355 – Marzo 2015 de Editorial Errepar, he tenido la oportunidad de tomar contacto con este -en mi opinión- magnífico trabajo de doctrina.

Como trabajadora en relación de dependencia que ha sido y sigue siendo objeto de “mobbing” en su ámbito laboral, tanto de parte de personas que ocupan puestos jerárquicos como de compañeros/as de trabajo, me siento motivada a compartir con todos ustedes, algunos de los conceptos vertidos en este excelente trabajo de editorial, en el convencimiento de que muchas personas se sentirán plenamente identificadas con el rol de “blancos de ataque”. Es sabido que tomar consciencia de una situación, es empezar a cambiarla. Gracias a Dios, el hecho de profesar la religión Católica Apostólica Romana y de ser una asidua practicante de la oración, reflexión, meditación y contemplación, me ha servido de inestimable ayuda para poder comprender, compadecer y -fundamentalmente- perdonarlo todo: las agresiones, a los/as agresores/as y a los testigos ya sea solidarios como silenciosos. En definitiva, me he dado cuenta de que si fueran personas Felices, nunca actuarían de ese modo. Si fueran personas cuyos Corazones se encuentran en Paz, jamás recurrirían a semejante forma de manifestarse en la Vida. Si fueran personas Libres, nunca se conducirían de esa manera pues ello significa esclavizar y esclavizarse, porque no caben dudas de que todos ellos terminan absolutamente esclavizados. Si fueran personas Mentalmente Sanas, elegirían comportarse como lo hacen las personas Sabias … ¡Qué pena tan grande derrochar toda una Vida en actitudes y comportamientos tan vanos, tan vacíos de contenido, tan sin sentido! ¡Dios se apiade de sus Almas! …

Me parece, entonces, que ha llegado el momento de remitirlos a las páginas 259 a 266, donde podrán tomar nota de que:


“El acoso psicológico o mobbing está conformado por actitudes sistemáticas y reiteradas de una persona o grupo de ellas a través de distintas exteriorizaciones (palabras, gestos, escritos), capaces de ocasionar una lesión a la dignidad e integridad psicofísica de otra persona, con la finalidad última de que esta se aleje o abandone el lugar de trabajo.

Se trata de un proceder que no se agota en un acto aislado sino que debe repetirse sistemáticamente con cierta duración y finalidad en el autor (recaudo subjetivo). Esto se desprende del propio Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia en cuanto indica que <acosar> significa <perseguir a una persona, sin dar tregua ni reposo> 19a ed. – Ed. Espasa-Calpe – Madrid – 1970).

Adelantamos que en el universo laboral los casos más frecuentes suceden a partir del jefe respecto de un subordinado, pero también se da entre pares de un mismo nivel jerárquico (compañeros de trabajo) e incluso desde los subordinados respecto de un empleado jerarquizado. […]

EL SUJETO ACTIVO

Generalmente el acosador es una persona con ansias desmedidas de poder y gustoso de ser reconocido y elogiado, presentando asimismo una tendencia a acosar, pero con la particularidad de que no lo hace respecto de personas débiles de carácter, sino paradójicamente sobre aquellas que le pueden hacer <sombra> en su quehacer en la empresa, sea por la fuerza de trabajo o la inteligencia o capacidad de gestión. Es decir, personas que puedan llegar a superar la reputación del agresor en el mismo lugar de trabajo.

Suele ser una persona que tiene un notable poder de convencimiento y se relaciona y se exhibe de una manera muy agradable en público, pero en privado adopta de manera antojadiza y caprichosa comportamientos violentos. Desprecia a los demás como también envidia al exitoso o al que tiene méritos propios e idoneidad para el respectivo trabajo. Y ello debido al temor que le suscita perder la ubicación de preponderancia que tiene en el ámbito laboral donde cumple su función.

Pareciera que su perfil sería embestir contra el débil. Pero todo lo contrario, pues se dirige contra el individuo que lo puede desmerecer en su entorno laboral y por ende materializa su voluntad a través de actos agresivos en procura de que esa persona se retire del lugar de trabajo, en lo posible impulsándola para que sea ella misma la que tome la decisión.

Puede advertirse entonces que la persona del agresor presenta características muy definidas. Las más salientes son las siguientes: egocéntrico, egoísta, inseguro, intolerante a las críticas, celoso del éxito de los demás, absolutamente necesitado de que lo admiren por creerse <único>, anhelo de que lo vean como un triunfador, poco o nulo aprecio hacia los demás aunque se muestre amistoso y simpático, etc. Generalmente el acosador ocupa un nivel jerárquico en la empresa (gerente, jefe), no obstante que también pueden ocupar el rol de acosadores -según se dijo al inicio- los compañeros de trabajo e incluso los subordinados.

El ataque siempre va a ser, además de incesante y repetitivo, dirigido en concreto a una sola persona y siempre a la misma (o a un mismo grupo). Recordemos que hay dos elementos que necesariamente deben estar presentes para dar lugar al mobbing: a) la existencia de actos de hostigamiento permanentes durante una cierta secuencia temporal; y b) la finalidad del acosador de que la víctima, al resultar dañada psíquica o moralmente, <se vaya> del concreto ámbito laboral. Este proceder, desarrollado de manera continua y reiterada, puede llegar a afectar la salud del individuo: ansiedad, estrés, depresión, trastornos psicosomáticos, etc. […]

EL SUJETO PASIVO

¿Quién puede ser víctima de mobbing? Es difícil la respuesta, pues puede ser cualquier persona que sea visualizada por el acosador al constituir para él una amenaza en el ejercicio de su tarea en la empresa. A partir de ese momento comenzará a soportar la violencia psicológica del agresor.

Pero intentaremos acercarnos a clarificar, al menos, las características más salientes de la potencial víctima. En una primera aproximación podríamos creer equivocadamente que el agredido es un individuo que carece de personalidad o de méritos para trabajar en la empresa. Sin embargo, esto es un absoluto error.

Llamativamente la víctima es una persona de elevada personalidad, autoestima, confianza en sí misma y llena de energía y aptitudes en el ámbito laboral. Estas cualidades, entre otras, son las que empiezan a motivar la envidia del acosador. Ello se origina porque la potencial víctima comienza a destacarse en la comunidad empresaria por su idoneidad y además por su carisma, su trato agradable y su capacidad para relacionarse con el grupo e imponer el trabajo <en equipo>.

Es común que el perfil de la víctima esté colmado de ideas renovadoras e iniciativas personales en orden a mejorar la organización del establecimiento y la calidad de gestión del grupo, colaborando asimismo con sus integrantes y motivándolos a través del diálogo para elevar el autoestima de ellos y haciéndose cargo de los inconvenientes suscitados (tanto los de él como los de sus compañeros) durante la jornada de trabajo.

Lo que no advierte la víctima es que está siendo seducida por la actitud embrolladora del acosador y así empieza a tener confianza en él. De esta manera comienza, poco a poco, a caer en sus redes sin sospechar para nada esa finalidad destructora que moviliza al agresor. […]

Suele ser la víctima una persona con prestigio en su oficio o profesión, para nada sumiso, con capacidad de decisión propia y de gestión en su labor. Estas condiciones no son bien vistas por el acosador en tanto que -como antes se dijo- puede ensombrecer su papel en el establecimiento.

Como bien sostiene la psiquiatra Marie-France Hirigoyen (especialista en acoso moral), las víctimas, contrariamente a lo que los agresores pretender hacer creer, no son personas afectadas de alguna patología ni presentan una personalidad débil. Al contrario, el acoso empieza cuando el individuo reacciona contra el autoritarismo de un superior y no se deja avasallar. Su capacidad de resistir a la autoridad, a pesar de las presiones, es lo que lo señala como <blanco>. Por ende, las víctimas no son <holgazanas> sino que son muy centradas en su trabajo, desean ser impecables. Se quedan hasta muy tarde en la oficina, no dudan en ir a trabajar durante el fin de semana y no faltan siquiera cuando están enfermos pues tienen, en palabras de la autora, un <presentismo patológico> (Hirigoyen, Marie-France: <El acoso moral> - 13a ed. - Ed. Paidós - Bs. As. - 2008 - pág. 50). […]

LOS TESTIGOS <SOLIDARIOS> Y LOS TESTIGOS <SILENCIOSOS>

Es necesario remarcar -aunque parezca extraño- que en el mobbing intervienen, además del agresor y la víctima, otras personas a las que vamos a integrar en dos grupos que denominaremos, por un lado, los testigos <solidarios> y, por el otro, los testigos <silenciosos>, a los cuales hemos detectado en nuestra investigación sobre esta problemática social.

Aunque no se crea, es difícil que exista mobbing sin la presencia de estos individuos aparentemente ajenos a la relación entre el sujeto activo y el sujeto pasivo.

En el primer grupo encontramos a los testigos <solidarios> que, de una u otra manera, avalan la actitud del agresor porque, luego de la reiteración de actos peyorativos durante un tiempo, los compañeros de trabajo llegan a creer en los dichos del acosador. Por ende, estas personas <acompañan> -por así decirlo- la gestión permanente y perversa del agresor, suscitando en el lugar de trabajo una situación sumamente engorrosa y crítica en la medida en que la víctima se convierte en <punto> de todo el personal que así se <solidariza> con el acosador.

Los testigos <silenciosos>, en cambio, son los que permanecen callados no obstante que ven el reiterado proceder arbitrario del acosador; es decir que nada dicen, pero así lo hacen en su propio beneficio por temor a ser perjudicados en su empleo e incluso despedidos.

En otras palabras, el agresor comienza el procedimiento con un cuestionamiento perverso acerca del modo de trabajar o el carácter o la personalidad de la víctima. El resto del personal, en un principio, se ve confundido acerca de la certeza o no de los asertos maliciosos del acosador, pero  luego paulatinamente, ante la reiteración sistemática de esos actos hostiles, empieza a creer que esas manifestaciones desmerecedoras son verdaderas.

Al mismo tiempo, el panorama negativo se va profundizando respecto de la conducta laboral de la propia persona acosada. Ella misma va a ir perdiendo su autoestima y confianza e incluso va a dudar de sus aptitudes, lo cual la lleva a incurrir en equívocos en orden a su desempeño laboral (es decir, errores que antes no cometía). Ya no tendrá un rendimiento laboral óptimo porque ha perdido poco a poco su autoestima como también su capacidad de concentración en la tarea. Todo esto favorecerá el objetivo final del agresor.

A partir de dicho momento, los compañeros de trabajo comenzarán a criticarla en razón del escaso rendimiento o eficacia de su labor y se olvidarán de cómo era la víctima antes de que empezaran los actos hostiles. El acosador, en definitiva, la ha convertido en lo que pretendía y ha obtenido su propósito.

Los propios compañeros de tareas finalmente darán crédito a las aseveraciones infundadas del agresor y de esa manera todo el personal pensará que la acosada es incompetente e incumplidora o que no presta atención o que tiene un pésimo carácter o que no recepta o no entiende las <amables> órdenes e instrucciones de trabajo dadas por el jefe. Es decir que los comentarios adversos de los compañeros de tareas aumentarán la pérdida de autoestima del afectado y finalmente él terminará por creer que es merecedor de esos ataques.

En suma, el entorno laboral adquiere cierta solidaridad con el acosador al justificar las críticas efectuadas a la víctima y consecuentemente complementan la persistente actividad hostil del agresor. Paralelamente, otro sector del personal adopta un temperamento silencioso o <mudo> (no ven ni oyen nada) y asumen esa actitud por temor a las represalias del acosador y, en definitiva, a perder ellos el empleo.

Los integrantes de la comunidad de trabajo que en un primer momento valoraban y justipreciaban las cualidades personales y laborales de la acosada, finalmente comparten el proceder del agresor, ya sea por convertirse en solidarios o por silenciar y no inmiscuirse en esa actividad hostil (empezarán a decir que <por algo será> o <algo habrá hecho>).

CONCLUSION

Una conclusión a la que hemos arribado es que el proceder del agresor está dirigido, en un comienzo, a ir eliminando la posibilidad de comunicación de la víctima con sus compañeros por cuanto ella se irá aislando cada vez más y, al no mantener contacto verbal con los restantes miembros de la empresa e incluso con los clientes y proveedores, se irá deteriorando en su aspecto psicológico a punto tal de creer ella misma que el acosador tiene razón.

También hemos extraído de nuestra investigación sobre esta temática que, como consecuencia de esas agresiones, pueden originarse diversas dolencias y trastornos físicos o psicológicos que pueden encontrar nexo causal con el trabajo debido al acoso y conformar así una enfermedad profesional dentro del marco normativo, sea de la ley especial y tarifada (L. 24567 de riesgos del trabajo) o mediante una reparación integral y plena con fundamento en las disposiciones del Código Civil que determinarán la responsabilidad del acosador y/o el empleador, haya o no actuado como ejecutor del acoso psicológico. […]


Llegados a este punto, sólo me resta decirle a la Editorial Errepar y al Señor Daniel E. Stornini: ¡chapeau!, simple y sencillamente ¡chapeau!.


Bendiciones.

domingo, 12 de abril de 2015

Sabotaje: habilidad para negar nuestra verdadera naturaleza...



Tiempo atrás, he compartido con todos ustedes algunas consideraciones vertidas en el libro titulado “Perdón radical”, cuya autoría corresponde a Colin Tipping. Antes de continuar, me parece apropiado recordar (a quien ya lo conoce) o informar (a quién aún no sabe de él) que Colin Tipping (como se explica en la contratapa del libro): “es un reconocido autor, docente y conferenciante de fama internacional. Nacido en Inglaterra, emigró a Estados Unidos y allí fundó junto a su esposa el Instituto para la Terapia del Perdón Radical y Coaching. Tipping es una autoridad en la aplicación de la terapia del Perdón Radical y de la Manifestación Radical, métodos enfocados a sanar y potenciar a las personas, las empresas, los pueblos y las comunidades.”
Hoy, es mi deseo volver a compartir con todos ustedes, más reflexiones -de este autor- que podrán encontrar en otra de sus obras titulada “Manifestación radical” – El arte de crear la vida que quieres. Llegué al conocimiento de esta última, cuando “causalmente” me topé con ella al entrar en una librería con la intención de comprar un libro para regalar. Sin duda alguna -en mi opinión- se trata de una "verdadera joya bajo la forma de texto". Dicen que nada es casualidad: coincido plenamente.


Es tiempo entonces de pasar vista al capítulo 10, titulado “EL SABOTAJE” (Páginas 79 a 83) para tomar nota de que:

“Tenemos que recordarnos a menudo a nosotros mismos que el universo es un lugar de abundancia infinita y que ser capaz de manifestar no es nada extraordinario. Podemos estar seguros de ello sabiendo que la física cuántica demuestra que es un fenómeno perfectamente natural.

Lo único que bloquea nuestra capacidad de manifestar libremente es nuestro compromiso con un sistema de creencias que duda de que sea así.

Para demostrarnos a nosotros mismos que tenemos razón, nos las arreglamos subconscientemente para sabotear nuestra habilidad para manifestar. A continuación encontraras variantes de cómo lo hacemos a las que te interesa prestar atención.

1. Obsesionarse con B y perderse C

Como hemos tratado en el capítulo anterior, el propósito real de ponernos una meta (B) es la ocasión de avanzar desde A y estar en movimiento el tiempo suficiente para encontrarse con C. Sin embargo, podemos empeñarnos tanto en llegar a B que no percibamos C. Mientras B es energía bruta y quizás ya tiene forma tangible, C es normalmente más sutil, latente y a veces tan sólo un potencial. Si nos obsesionamos con B, no veremos las sutiles señales y los mensajes que C utiliza para llamar nuestra atención y entonces nos perderemos la oportunidad que entraña, o fallaremos en generar la intención y en darle forma.

Por lo tanto, mantente alerta a las sutiles señales y a los mensajes que parecen llegar desde un ángulo aproximado de 90º y verifícalos para ver si tienen sentido. Por supuesto, hazlo con discernimiento e incluso escepticismo para no acabar viendo señales hasta en las cosas más insignificantes. Un buen indicio es cuando algo ocurre tres veces y sientes que tu conexión con esos acontecimientos es demasiado evidente como para ser ignorada. Entonces te conviene prestarles mayor atención.

2. Ir en la dirección de B con tibieza

El lado opuesto de la moneda es ser tibio en el deseo de alcanzar (B). Si invertimos poca energía en este recorrido, entonces no habrá mucha energía disponible para crear (C). Tenemos que proporcionar materia al Espíritu con la que pueda trabajar. Dedica el 100 por 100 de intención en crear (B) y al mismo tiempo permanece abierto a lo que podría abrirse camino desde un lateral.

3. Acobardarse

El hecho de haber vivido toda tu vida creyendo en un paradigma que no sólo funcionó sino que además parecía obviamente cierto, hace que te sea muy difícil confiar en un paradigma totalmente distinto que por el momento tu propia experiencia no avala. Ni qué decir del hecho que desde la mente parece a todas luces descabellado y ridículo. Por eso no sorprende que en el momento de la verdad, volvamos a lo seguro y familiar y a la vieja manera de pensar. Seamos honestos, nuestra confianza en la idea de que exista un universo pletórico es muy frágil y, como vimos al final del anterior capítulo, no somos capaces de soltar nuestro apego a recibir las cosas de cierta manera.

Jerry Stocking es un mentor espiritual y el autor de un libro titulado How to Win by Quinting (<Cómo ganar soltando> - N. de la T. -) donde afirma que si tienes el trabajo equivocado y no eres feliz, entonces déjalo. Y su mensaje esencial es <déjalo antes de tener otro>. Su idea es que si buscas un nuevo trabajo sin antes dejar el antiguo, no estás dando a la Vida (al Espíritu) la oportunidad de concederte todo lo que tu imaginación no alcanza a concebir. En otras palabras, suelta todo apego a cómo se va a presentar y suelta la necesidad de controlar tu vida. Esto requiere un tremendo acto de fe, de confianza y mucho valor espiritual.

Frente a este tipo de desafío, damos a continuación ejemplos del tipo de cosas que hacemos para volver a la seguridad y la familiaridad del viejo paradigma y así saboteamos cualquier posibilidad de manifestar nada.

a) Reducir las expectativas

Haciendo esto reduzco mi apuesta. Si mantengo unas débiles expectativas sobre la probabilidad de que se manifieste lo que he pedido, entonces reduzco mi decepción y no me sentiré molesto si no ocurre. Esto se confunde a menudo con el desapego, sin embargo es bastante diferente. Es más acorde con resignarse o intentarlo tibiamente. Esto en lugar de atraer lo que pedimos lo repele. Resignarnos a la posibilidad de no lograrlo destruye completamente cualquier intención.

b) Perder la paciencia y recuperar el control

A causa de nuestra falta de confianza, tenemos tendencia a mantener la entrega un corto período de tiempo. Si no conseguimos lo que queremos dentro del margen de tiempo que hemos previsto al expresar nuestra intención, tenemos tendencia a asumir que el universo no estaba escuchando, que no oyó bien o se ha equivocado.

El peor escenario es retomar el control y asumir la responsabilidad de hacerlo ocurrir. Pero incluso si no hacemos esto, tan sólo el hecho de tener esa duda pone la zancadilla al proceso. La entrega es entrega. No hay vuelta atrás.

c) Crear escenarios basados en el miedo del tipo <¿Y si…?>

<¿Y si dimito y nada aparece?> <¿Y si consigo algo y no me gusta?> <¿Y si con el desapego pierdo mi voluntad, me vuelvo perezoso y apático con la vida?> <¿Y si no percibo las señales?>

Todas esas historias <¿Y si…?> están enraizadas en el miedo de perder el control, un tema grave para muchas personas. Asimilan desapego con perder el control. El hecho es que nunca han estado conscientemente al control en primera línea. Su Yo Superior siempre ha sido quien ha orquestado las cosas. El caso es que si nos quitamos de en medio y dejamos a nuestro Yo Superior hacer el trabajo, todo funciona mucho mejor.

Abraham y Hicks, en su libro Ask and It Is Given: Learning to Manifest Your Desires (<Pide y se te dará: aprendiendo a manifestar tus deseos> - N. de la T. -), recomienda un sistema muy útil de uso diario a fin de desarrollar la actitud correcta en esta materia. Lo llaman el place-mat (es lenguaje urbano, entre otras cosas significa posavasos, un lugar donde poner cosas - N. de la T. -) y es esencialmente una lista de cosas por hacer.

Sin embargo, no es la línea de siempre al estar dividido en dos columnas. En un lado está lo que quieres que Dios haga y en el otro es lo que tienes que hacer tú. Das a Dios (tu Yo Superior) todas las tareas importantes mientras tú te encargas de lo que tienes delante.



Lista de tareas

      Tareas mías                                            Tareas de Dios



1. Sacar la basura.                                        1. Encuéntrame mi socio ideal.

2. Hacer la lista de lo que quiero en un         2. Haz las conexiones pertinentes

    nuevo socio.                                                   para que resulte útil a los demás.

3. Leer y contestar e-mails.                           3. Gestiona los detalles importantes

4. Planificar mi reunión de junta para              de la reunión de junta para que el

    mañana que se prevé tormentosa.                resultado sea el óptimo y el mejor

                                                                         para cada uno.    
                 


De esta manera solucionas lo que toca en términos de vida humana diaria en el mundo, pero lo haces todo sabiendo que los detalles importantes son cosa del universo. Tu parte es relativamente pequeña, pero como de ahora en adelante dejas todo lo importante e imposible de conocer en manos de tu Yo Superior, tu contribución a la posibilidad de un buen resultado se vuelve enorme, a menudo muchas veces mayor que si hubieses intentado gestionarlo todo tú sólo. En este sentido, tu verdadero poder es directamente proporcional a tu disposición a entregar el control al universo y confiar en el proceso.

d) Bajar tus vibraciones

Cuando tus vibraciones son altas, tienes el poder de atraer todo lo que quieras a voluntad desde el orden implícito. Cuando tu campo energético se encuentra contaminado por patrones tóxicos que reducen tu vibración, es mucho más difícil, si no imposible, hacer lo mismo. A continuación indicamos cómo estarías inconscientemente bajando tu vibración a fin de sabotearte a ti mismo.

I. Hablando con las personas equivocadas

Si compartes tus sueños con escépticos y personas que aún están comprometidas con el viejo paradigma, no te extrañe que tus sueños no se manifiesten. Su incredulidad es muy contagiosa. Incluso si no están diciendo nada negativo, su energía dañará seriamente tu intencionalidad.

En este sentido, incluso tus mejores amigos pueden llegar a ser tus peores enemigos. Esto lo descubrí a principios de los noventa, cuando me encontraba batallando con serios temas económicos. En aquella época frecuentaba gente maravillosa tan interesada como yo en crear su propia realidad, pero igualmente trabada en relación con la prosperidad.

Un día caímos en la cuenta de que quizás estábamos apoyándonos unos a otros en seguir trabados. Observándonos nos dimos cuenta de que si cualquiera de nosotros parecía progresar, sentíamos un pellizco de celos o envidia. Entonces emergía un pensamiento: <Si él sale adelante, esto significa que yo me quedo atrás y aislado con mi falta de éxito>. Aunque decíamos que estábamos contentos por él y que apoyábamos sus progresos, nuestra energía indicaba lo contrario. Lo que realmente queríamos era que todos los del grupo siguieran donde estaban para poder lamentarnos indefinidamente de nuestra mala suerte. Nos volvimos expertos en eso.

Al final nuestra solución fue organizar un retiro en las montañas con todo el grupo. La intención era encontrar la forma de superar los miedos y los temas que nos llevaban a querer seguir limitados. El primer día y medio fue difícil y surgieron muchas cosas desagradables hasta que finalmente alguien se volvió auténtico y empezó a compartir desde el corazón. Esto llevó a todos a la entrega y a soltar. Después de este retiro, todos los integrantes del grupo empezaron a manifestar grandes oportunidades y progresaron en sus vidas. El sabotaje de grupo por fin se había acabado.

II. Negando tus emociones

En la historia anterior, el avance se produjo en dos puntos importantes. El primero fue cuando tomamos conciencia de nuestros auténticos sentimientos de celos, envidia y miedo en cuanto uno de nosotros parecía generar éxito. El segundo vino cuando empezamos a compartir esos sentimientos y exploramos qué encubrían.

Sigue tus sentimientos. Te proporcionan una excelente retroalimentación y te llevarán a detectar creencias negativas profundas, como <No merezco prosperidad>, o <No valgo nada>, etc., que de otra manera seguirían limitándote.

III. Negando tus dudas

El mayor impedimento para manifestar tus sueños es tu propia duda. Sin embargo, superar las dudas exige primero reconocerlas, aceptarlas y estar presentes a ellas. Sólo entonces podemos soltarlas. El antídoto de la duda es la experiencia del éxito, incluso si sólo va llegando a través de pequeños y crecientes pasos. (Veáse capítulo siguiente).

IV. Aferrándose al pasado

Nada rebaja más tus vibraciones que negarte a soltar tu historia de víctima acerca de cosas que ocurrieron en el pasado y por las que guardas resentimiento, pesar, decepción, ira, duelo, etc. Uno de los principales temas del presente libro y del programa Radical Empowerment (no disponible en español pero accesible desde la Manifestación radical - N. de la T. -), es empezar por el Perdón radical que te lleva a transformar totalmente tu historia de víctima al estar dispuesto a reconocer la perfección en lo que ocurrió y darte cuenta de que no hay nada que perdonar….”


Lo que acabo de compartirles a mi me ha parecido “simple y sencillamente ¡magnífico!” ... Y a ustedes, ¿qué les parece? …


Bendiciones.

domingo, 15 de marzo de 2015

Autenticidad: el verdadero camino hacia la Independencia ...



Carlos González Vallés es un sacerdote que, habiendo ingresado en la Compañía de Jesús en 1941, fue luego destinado a la India donde regentó la cátedra de ciencias exactas en la Universidad de San Javier, Ahmedahad, hasta el momento de jubilarse. También es conocido por incursionar en el ámbito de la literatura gujariti; ha lllegado a ser galardonado con la medalla de oro Ranjitram, el mayor galardón literario en esa lengua. Durante muchos años vivió como huésped ambulante, mendigando hospitalidad de casa en casa en barrios pobres de Ahmedahad. Dicha experiencia enriqueció grandemente su propia cultura y pensamiento, y le inspiró a escribir libros en inglés y en castellano, lo que le permitió fomentar -de acuerdo con la enseñanza del Concilio Vaticano II- el encuentro de culturas.

Esta breve reseña, tiene por objeto poner en conocimiento del lector, la talla y magnitud de la figura de este -desde mi punto de vista- Maestro de la Vida. Hace ya muchos años que tengo la inmensa fortuna de contar con unos cuantos libros de su autoría. Y les puedo asegurar que me produce un verdadero placer el tiempo dedicado a la lectura de alguna de sus obras. Sin duda alguna, sus palabras nutren la Mente, el Cuerpo y el Espíritu.

Es por ello que hoy he sentido la particular moción de acercarles algunos textos que pueden encontrar en el libro de su autoría titulado “Autenticidad”. A tal fin, los remito a:

(páginas 13 a 25)

“… Un muchacho italiano de quince años, a quien le dijeron que escribiera, en forma de poema, cómo veía su vida; escribió muchos, pero eligieron éste para publicarlo. Léanlo suavemente, a ver si les dice algo, a ver si los toca. Lo importante, ante la vida es abrirse. Oídos alerta, actitud, mente y vida abiertas.

<Yo quería leche y me dieron un biberón,
quería unos padres y me han dado un juguete,
yo quería hablar y me han regalado un televisor,
yo quería aprender y he recibido apuntes,
quería pensar y me han dado un título,
quería una visión y he recibido ideas,
yo quería ser libre y me han dado disciplina,
quería amor y he recibido moral,
quería una profesión y he recibido un puesto de trabajo,
quería felicidad y me han dado dinero,
quería libertad y me han regalado un automóvil,
quería una orientación y me han dado una carrera,
quería esperanza y me han dado miedo,
quería cambiar y me han impuesto modas,
quería vivir…>

Me sacudió cuando la leí, un muchacho de quince años, que tenía la ilusión de recibir lo mejor del mundo y recibe un biberón, un televisor, un título, un juguete, un puesto de trabajo. Qué bien dicho todo ello.

Es para ustedes, es lo que se está fraguando, lo que les espera. Exactamente, por eso es por lo que hay que abrirse. Descubrir los problemas que nos esperan, ser auténticos con nosotros mismos para empezar, para poder ser auténticos con los demás. Descubrir nuestros problemas para poder enfrentarnos a ellos.

Lo más importante para resolver un problema de matemáticas es el planteamiento, los datos y la formulación de la ecuación, que refleja el problema. Resolver la ecuación es fácil, plantearla es difícil. Y a lo que voy es eso, plantear provechosamente estos problemas que son los que pueden hacernos sufrir en la vida. Este muchacho lo dice de una manera muy seria. […]

En el Japón, donde tienen riqueza y porvenir; tienen todo, <nuestros muchachos crecidos en el Japón del milagro no han alcanzado la madurez emotiva>, sentimientos educados, seguridad afectiva, ¡no! <Tienen el coeficiente intelectual más alto del mundo, pero son terriblemente frágiles por dentro>. Estos japoneses que trabajan, que estudian, son disciplinados, seguirán adelante, viajarán por todo el mundo, tendrán todo, pero son terriblemente frágiles por dentro. Basta una nadería, incluso la muerte de uno de sus ídolos para caer por tierra. <Hemos llegado a ser una gran potencia que siembra la envidia en todas partes, pero el precio que hemos tenido que pagar ha sido la total ruina psicológica>. Así habla un psicólogo japonés de los japoneses: éxito, exportaciones, producto nacional bruto, prosperidad. Japón, número uno, pero pagan un precio muy alto: <Total ruina psicológica>. <El ansia de éxito, la necesidad de triunfar, salir adelante, competir, demostrar al mundo, a mis padres, a mí mismo que valgo, el ansia del éxito que hemos tenido que pagar ha destruido valores, virtudes y símbolos>. Con frecuencia los adolescentes se vienen abajo frente a esa ruina.

Es importante ponernos serios ante la vida, porque así evitamos que eso nos suceda a nosotros. Esta competencia trae tensiones enormes; se nota en cada examen; salen las notas, se ve quién está más arriba, quién está más abajo, yo podría, no he podido, me dicen en casa, me ilusiono, me desilusiono; lo he hecho bien este año, menos mal, pero el año que viene ¿cómo podré hacerlo? Sé muy bien las tensiones que eso causa, lo que sufre tanto el buen como el mal estudiante. He sentido a veces, y más en matemáticas que es una asignatura con muy mala prensa, que se supone difícil, desagradable, abstracta y molesta; el muchacho, la muchacha no entiende las matemáticas y sufre. Si tiene esa asignatura como obligatoria y tiene que preparar el examen, sufre mucho. El primero de la clase sufre tanto como el último. El éxito hace sufrir tanto como el fracaso.

Las situaciones que voy describiendo son sencillas pero reales, son conflictos de los que más adelante saldrá la persona equilibrada, alegre, triunfadora en el buen sentido o la persona fracasada, molesta, que sufre, que acaba la vida de una manera o de otra pero mal, esto viene del comienzo, de cómo enfoquemos las cosas. Estas experiencias nos sirven para fomentar la autenticidad que debemos tener como individuos que vamos avanzando en la vida, en un gran terreno, muy importante, fundamental, en el campo de la relación que tenemos en la familia, padres e hijos: los padres dar lo mejor a los hijos y los hijos querer recibirlo, pero como hay tal diferencia se impone ver esa resistencia que existe también. […]

Los padres justamente porque aman a los hijos quieren que sean lo que ellos han sido, quieren prolongarse, que tengan lo mejor y con el mejor deseo del alma, imponen su postura a sus hijos y esto no resulta; los padres quieren presumir de sus hijos, que mi hijo, mi hija lo haga bien, mira qué notas más buenas saca, mira es número uno en deportes y todo eso es obligar al muchacho, a la muchacha; limitar la independencia.

Por buena que sea mi familia, no quiero ser el <hijo de papá>, lo soy con mucho gusto, pero yo soy yo, que no me identifiquen, que no me obliguen, que no me lleven por donde yo no quiero ir. […]

En un chiste ilustrado, aparecía un escaparate con la moda de la temporada. Dos chicas miraban aquellos vestidos y modelos que se usarían y una de ellas decía a su amiga, con un suspiro: <Fíjate qué cosas tan horribles vamos a tener que usar la próxima temporada>. Aún así entran y lo compran, porque si todos lo llevan yo también para ser aceptado, para identificarme. Esto nos enfrenta con la realidad cuando el muchacho o la muchacha visten de manera desaliñada, tan frecuente ahora, sino con ese desprendimiento tan espontáneo y original, a veces los he oído decir: <Yo visto como me da la gana>; eso no es verdad, tú no vistes como te da la gana, te vistes como te hacen vestir las compañeras, las revistas de hoy. Hemos vencido la servidumbre de los padres, pero hemos aceptado la servidumbre de la sociedad en que vivo, del grupo en que vivo. Si lo importante es la libertad, hagan lo que les plazca enteramente dentro de la decencia y el buen gusto, libertad absoluta, pero sepan por qué lo hacen; está realmente fomentando mi personalidad o me está sencillamente cuadriculando y haciéndome uno de tantos. A veces cuando en un grupo de chicos, chicas parece que todos son iguales, uniformados por la moda como una serie de automóviles, saliendo todos iguales. Por favor, sea cada uno personal, distinto, original; no sean esclavos. Vestiré como a mí me plazca, como a mí me dé la gana pero bien dicho, bien sentido, bien asimilado, esa es la verdadera libertad, no dejarse influenciar, no dejarse dominar por toda esta situación externa que es importante y hay que tener en cuenta porque vivimos en esta sociedad, pero la gran tarea de los jóvenes, en estos años, en cualquier parte donde se encuentren es desarrollar su personalidad, auténtica, original, creativa y después se verá el fruto esté donde esté, haga lo que haga, y viva lo que viva, pero esta libertad interior, este no ser sencillamente un producto de la sociedad industrial de ahora, es lo que necesitamos y queremos, liberarse uno por dentro, no someterse a lo que hacen, no repetir sencillamente lo que todos me dicen, sino lo contrario, saber ser independiente. […]

Freud dice muy bien que lo importante no es lo que aparece por fuera, lo consciente, lo que expresamos, sino el subconsciente y la manera de llegar a él, dijo Freud, son las equivocaciones, los errores. ¿Por qué los errores nos ayudan? ¿Por qué no tenemos que sentir miedo a equivocarnos? Porque son parte de la vida, del valor, del arriesgarse. Algo aprendo porque mis equivocaciones abren paso a la realidad. Cuando hablo serio, controlado, con la responsabilidad que siento, entonces hay una especie de censor, que me está diciendo esto sí, esto no, esto puedes decirlo, cuidado con esto. Este censor no deja que salga lo auténtico, lo personal, lo subconsciente porque puede ser peligroso, puede meterme en líos. En cambio cuando, a veces, me equivoco, dice Freud, la equivocación hace que nos escapemos del censor; cometes una equivocación y piensas, he dicho lo que no quería decir; si lo analizas esa equivocación te ha ayudado a conocerte mejor. Un ejemplo bien claro, alguna vez le pregunté a un señor: ¿Eres soltero?, y me contestó: <No, llevo cinco años cansado>, en vez de decir llevo cinco años casado. No le iba muy bien en el matrimonio, se le escapó. Fue un error freudiano, una equivocación verbal, dijo lo que no quería decir pero lo estaba sintiendo. El error, en esos términos, es una ventana a lo auténtico.…”

Me gustaría finalizar este compartir, con una reflexión habida en la página 24 y de la cual me hago eco:

“La primera autenticidad es la de dentro.
Empecemos por conocernos a nosotros mismos,
saber las propias ideas, no las heredadas,
no las repetidas, sino las personales”.


Bendiciones.