martes, 22 de octubre de 2013

La Noche Oscura del Alma ...


A poco de comenzar a leer el libro titulado “Ondas del Espíritu” - Formas prácticas de enfrentar los desafíos de la vida, cuya autoría corresponde a Eileen Caddy (junto con su esposo Peter y con Dorothy Maclean fue fundadora de la Fundación Findhorn, comunidad espiritual del norte de Escocia. Publicó numerosos libros que sirven de guías inspiradoras), una vez más me siento motivada a compartir con todos ustedes, parte de la experiencia y sabiduría de esta Gran Mujer que, como bien dice en la contratapa del libro “... Habiendo transitado desde el concepto de un Dios externo hacia la experiencia profunda de unión con El, Eileen comparte en este libro su sabiduría sobre la Esencia Divina, presente en todos nosotros y en todas las cosas. En su habitual lenguaje directo y sencillo, ella ofrece consejos y asistencia sobre muchos aspectos de la vida ... Ondas del Espíritu incluye varias meditaciones y ejercicios, para ayudar a los lectores a trabajar interiormente en sus vidas. Como lo ha demostrado la propia vida de Eileen, el trabajo interior influye profundamente en las circunstancias externas. Este libro nos muestra cómo dar pasos simples pero seguros hacia un mayor contacto con la Fuente Divina y expresar esa esencia en nuestra vida cotidiana. Sin duda alguna, una Gran Maestra del Espíritu.

Como integrante de la Iglesia Católica, muchas veces sentí una profunda curiosidad por saber exactamente qué era esa tan famosa -y a la vez tan temida- “Noche Oscura del Alma” de la que dan cuenta -entre otros- San Juan de la Cruz, San Francisco de Asís, San Pío de Pietralcina, el Papa Juan XXIII, Madre Teresa de Calcuta y Santa Teresa de Jesús. En una de sus cartas, la Madre Teresa dice: <¡Hay tanta contradicción en mi alma: un profundo anhelo de Dios, tan hondo que hace daño; un sufrimiento continuo, y con ello el sentimiento de no ser querida por Dios, rechazada, vacía, sin fe, sin amor, sin celo... El cielo no significa nada para mí, me parece un lugar vacío!>. Este sufrimiento lacerante, provocado por el vacío de Dios, es el signo de un fenómeno positivo. Es una presencia-ausencia por la que Dios está presente pero no es experimentado. El que la Madre Teresa pudiera pasar horas ante el Santísimo, como dicen los testigos que la vieron, casi extasiada y lo hiciera en estas condiciones, demuestra que es un verdadero martirio, porque para quien no experimenta a Dios y siente ese vacío, estar durante horas quieta ante el Santísimo significa estar entre llamas. No hay que escandalizarse por estos escritos de la Madre Teresa, pues esto hace más grande su figura, no la empequeñece, pues los ateos “normales”, “comunes”, no se afligen por la ausencia de Dios; por el contrario, para la Madre Teresa era la prueba más terrible que podía vivir.

Al respecto, Eileen nos cuenta su experiencia en las páginas 12 a 13 y nos dice que:

"... Me encontré atravesando lo que se denomina la Noche Oscura del Alma, en la que mi fe fue sometida a una prueba suprema. ¿Cómo era mi relación con Dios? ¿Podría soportar todas las pruebas sin bajar los brazos desesperada y echarme a correr? Fue éste un período extremadamente difícil.  

He pasado por varias Noches Oscuras del Alma. En algún momento pensé bastaba con que una persona lo sufriera una vez y luego siguiera adelante, pero al parecer no es así. Recuerdo haberle escrito a un amigo que formaba parte de la Iglesia y preguntarle cuántas veces era preciso hacerlo. Me contestó sugiriéndome que contemplara la situación general y tratase de ver el cuadro completo de lo que pasaba por uno de estos períodos de prueba, lo hacía mucho más rápido que las veces anteriores. Lo que antes me había llevado meses o años, ahora me llevaba semanas o días. No necesitaba revolcarme en las tinieblas durante mucho tiempo.
 
En verdad, en esos negros momentos no ocurría que yo me detuviese y, observando la situación, dijera: <Estoy pasando por una Noche Oscura del Alma>. No. Simplemente era como si hubiese sido despojada de todo, como si Dios me hubiese abandonado y yo hubiese quedado desvalida, librada a mí misma.

¿Cómo lograba avanzar en esas circunstancias? Mediante la plegaria y la meditación. En esos oscuros momentos era muy difícil ver el bosque y no los árboles, y sin esas dos herramientas no habría podido salir a flote.

Unidad, Totalidad

Después de haber sido sometida a pruebas hasta que pensé que no daba más, llegué a un punto en que lo que más ansiaba era ser una persona íntegra. Ya no me satisfacía depender de otro o ser sólo una mitad: quería ser sostenida por mi propia luz y no ser la sombra de nadie. Quería reconocer las energías masculinas/femeninas presentes en mi propio ser. Esto no significa que quisiese ser autosuficiente, sino que deseaba ser <suficiente en Dios>. Al cabo comprendí en lo profundo que <no hay separación, y Yo y mi Padre somos Uno>. Ya no existía Dios y la guía. YO SOY la guía. Dios está en mi interior. Somos Uno. ...”

Antes de concluir este compartir, quiero acercarles una plegaria -a mi criterio- maravillosa, que se encuentra en la página 7 de llibro:

Plegaria Matinal

Cuando nos encontremos hoy con otras personas,
miremos a cada una de ellas con ojos de amor,
escuchémosla con oídos de amor, hablémosle
con voz de amor y toquémosla con manos de amor.

Concédenos la gracia que nos permita abrazar
a todas las personas con comprensión, paciencia y
tolerancia. A través de los cambios que les impusieron
el tiempo y las circunstancias de su vida, veamos al Cristo
en cada rostro y oigamos al Cristo en cada voz.

Sepamos cuándo tenemos que hablar y cuándo debemos
permanecer callados. Sepamos expresar libremente nuestra
herencia divina de la manera más auténtica posible,
y brindemos a otros la misma libertad. Que nuestra fe sea
vigorosa en cualquier situación, y si ella parece flaquear,
sosténla con tu espíritu lleno de gracia y amor.

Que nuestros pensamientos creen la maravilla de
tu mundo, nuestras palabras sean la demostración
de nuestro amor hacia ti y nuestras acciones honren
y glorifiquen tu Nombre. Te agradecemos, Dios, por todos
los seres maravillosos que pueblan nuestro mundo y con
los que compartimos la espléndida experiencia de la vida.
Ojalá seamos dignos de ese amor y sólo reflejemos
para ellos tu luz, tu amor y tu sabiduría.

Así sea. ¡Gracias a Dios!


Bendiciones.


domingo, 20 de octubre de 2013

Hechizo: ¿de Amor? ...



En esta oportunidad voy a compartir con todos ustedes, algunos conceptos relacionados con una problemática que atañe -por igual- a hombres y mujeres. En las tan consabidas “relaciones de pareja”, es frecuente encontrarse con desilusiones y desengaños amorosos. Si sentimos que fuimos engañados: ¿quién es el responsable?. ¿Por qué tenemos la bendita costumbre de adjudicarle errores únicamente al otro como si nosotros no hubiéramos aportado los nuestros también?. Si la moneda tiene dos caras que resultan inseparables para que la misma tenga valor: ¿por qué miramos un solo lado de la relación? ¿Creemos acaso que de esa forma y mágicamente estaremos en condiciones de no repetir la “nefasta” experiencia con la próxima pareja que formemos?. Como alguien dijo alguna vez: “el pez es el último que nota el agua en que nada” … 

Es por ello que vuelvo a remitirlos al libro titulado "Volver al amor", cuya autoría corresponde a Marianne Williamson (auténtica celebridad en EstadosUnidos, donde expone sus ideas sobre espiritualidad y enseña los principios básicos de Un curso de milagros. Es fundadora de organizaciones sin ánimo de lucro que proporcionan servicios no médicos a personas con enfermedades graves). En las páginas 154 a 158, esta magnífica escritora que cuenta con una vasta experiencia en la materia, nos alecciona "amorosamente" cuando dice:
 
“… Los corazones cerrados

<Nadie puede dudar de la pericia del ego para presentar casos falsos.>


Conocí  una vez a un hombre que empezaba sus relaciones con mucha energía, pero al parecer no podía evitar que el corazón se le cerrara tan pronto como una mujer le había abierto el suyo. He oído comentar que este tipo de comportamiento en las relaciones es <una adicción a la fase de atracción>. Ese hombre no andaba por el mundo hiriendo a las mujeres por pura maldad. El quería sinceramente tener una auténtica relación comprometida, pero le faltaba la capacidad espiritual que le permitiría asentarse en un lugar durante el tiempo suficiente para construir algo sólido con una pareja a quien sintiera como su igual. Tan pronto como veía fallos y debilidades humanas en una mujer, salía huyendo. La personalidad narcisista va en busca de la perfección, con lo cual se asegura que el amor jamás tendrá ocasión de florecer. La exaltación inicial es tan embriagadora, tan tentadora, que el verdadero trabajo de crecimiento que debe seguir necesariamente a la atracción inicial puede parecer demasiado opaco y difícil para comprometerse con él. Tan pronto como ve que el otro es un ser humano real, el ego siente una repulsa que lo lleva a querer encontrar a otra persona para <jugar> con ella.


Al final de una relación con alguien así, nos sentimos como si hubiéramos tomado cocaína. Ha sido un viaje rápido y muy excitante, y en su momento pareció que sucedía algo importante. Después nos estrellamos y nos dimos cuenta de que no había pasado nada significativo, en absoluto. Todo era ficticio. Y lo único que nos queda es un dolor de cabeza, la sensación de que <eso> no es bueno ni saludable y la determinación de no volver a hacerlo.


Pero hay una razón para que este tipo de relaciones nos atraigan. Lo que nos arrastra es la ilusión de su significado. A veces, alguien que no tiene nada que ofrecer en una relación auténtica puede presentarse como si te ofreciera el mundo. Son personas tan disociadas de sus propios sentimientos como para haberse convertido en actores sumamente hábiles, que interpretan inconscientemente cualquier papel que les asigne nuestra fantasía. Pero la responsabilidad del dolor que sentimos sigue siendo nuestra. Si no hubiéramos andado en busca de un hechizo barato, no habríamos sido vulnerables a la mentira.


¿Cómo pudimos ser tan estúpidos? Esta es la pregunta que siempre nos hacemos cuando estas experiencias acaban. Pero enseguida admitimos para nuestros adentros que en realidad no fuimos estúpidos, en absoluto. Se trataba de una droga, y el problema era que la deseábamos. Vimos exactamente cómo era el juego con aquella persona desde el principio, pero sentimos hasta tal punto la atracción del <vuelo> que estábamos dispuestos a fingir -durante una noche, una semana o el tiempo que durase- que no lo veíamos. El hecho de que un hombre te diga: <Eres maravillosa, una mujer estupenda. Este es un gran día para mí. Cualquiera se sentiría afortunado de poder salir contigo>, cuando apenas hace una hora que te conoce es una luz roja que parpadea en señal de peligro para cualquier mujer que tenga cerebro. El problema es que nuestras heridas pueden ser tan profundas, es decir que podemos estar tan ávidas de oír esas palabras, aunque en lo más hondo sepamos que no son verdad, que dejemos de lado toda consideración racional. Cuando la gente se muere de hambre, está desesperada.


Muchas mujeres me preguntan por qué siempre conocen a hombres que abusan de ellas, y lo que yo suelo contestarles es esto:
-El problema no es que los conozcas, sino que les des tu número de teléfono.


El problema, en otras palabras, no es que atraigamos a cierto tipo de persona, sino más bien que nos atrae cierto tipo de persona. Quizás alguien emocionalmente distante nos recuerde, por ejemplo, a nuestro padre o nuestra madre… o a ambos. <Su energía es distante y tiene un sutil matiz de desaprobación -nos decimos-; me siento como en casa>. El problema, entonces, no es sólo que nos ofrezcan dolor, sino que nos sentimos cómodos con ese dolor. Es lo que siempre hemos conocido.


El reverso de la medalla de esas peligrosas atracciones que nos echan en brazos de personas que no tienen nada que ofrecernos es nuestra tendencia a encontrar aburridas a aquellas que sí lo tienen. Nada que sea ajeno a nuestro sistema puede metérsenos dentro y quedarse mucho tiempo allí. Y esto es válido tanto para algo ingerido por el cuerpo como para lo que nos entra en la mente. Si me trago un trozo de papel de aluminio, el cuerpo lo regurgitará hasta expulsarlo. Si me piden que me trague una idea que <no va> conmigo, mi sistema psicológico pasará por el mismo proceso de regurgitación para deshacerse del material que le repele.


Si estoy convencida de que no valgo lo suficiente, me resultará difícil aceptar en mi vida a alguien que cree que sí valgo. Es el síndrome de Groucho Marx, que no quería tratar con nadie que lo quisiera aceptar a él como socio de su club. La única manera de admitir realmente que alguien me encuentre maravillosa es encontrarme yo misma maravillosa. Pero para el ego, la autoaceptación es la muerte.


Por eso nos atrae la gente que no nos quiere. Desde el principio sabemos que no están con nosotros. Más tarde, cuando estas personas nos traicionan y se van, tras una estancia intensa pero bastante breve, fingimos que eso nos sorprende pero lo sucedido encaja perfectamente en el plan de nuestro ego. <No quiero que me quieran>. ¿Por qué las personas agradables y bien dispuestas nos parecen aburridas? Porque el ego confunde la excitación con el riesgo emocional, y encuentra que una persona amable y accesible no es suficientemente peligrosa. La ironía es que la verdad es lo opuesto: las personas accesibles son las peligrosas, porque nos confrontan con la posibilidad de una intimidad auténtica. Son gente que realmente podría frecuentarnos durante tanto tiempo que llegaría a conocernos. Podrían socavar nuestras defensas, valiéndose no de la violencia, sino del amor. Y eso es lo que el ego no quiere que veamos. La gente accesible nos asusta porque amenaza la ciudadela del ego. La razón de que no nos atraigan es que nosotros somos inaccesibles. …”


Una lectura -sin lugar a dudas- que puede llegar a despertar a cualquier Corazón, aún al más dormido. Una lectura imperdible que nos invita a preguntarnos desde qué lugar estamos eligiendo nuestras “relaciones de pareja”. Una lectura que nos hace reflexionar al tiempo que nos motiva a cambiar la mirada, a abrirnos al AMOR (así con mayúsculas). Una lectura inspiradora que nos invita a crecer y a evolucionar. Una lectura que recomiendo a cualquier persona que se atreva a “mirarse el Corazón” …



 Bendiciones.

 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Mucho más que el estudio de la Psicología ...


Quiero comenzar este compartir, contándoles que desde mi época de adolescente profeso un especial interés por esta ciencia -a mi criterio- tan fascinante. Asidua lectora de temas relacionados con el auto-conocimiento, en esta ocasión me vi sorprendida por un libro que me impactó desde la primera vez que leí su título: “Psicología de la posible evolución del hombre”, cuya autoría corresponde a P. D. Ouspensky (1878-1947, filósofo e investigador ruso que estudió el sistema del maestro griego-armenio G.I. Gurdjieff y que logró reunir la geometría euclidiana y no euclidiana en sus numerosos libros sobre la psicología y las dimensiones más elevadas de la existencia). Una mirada absolutamente nueva para mí. Una concepción totalmente ignorada por mi y, tal vez, por muchos de ustedes también.

Para quienes sientan curiosidad o interés acerca de esta ciencia -la Psicología- y nunca hayan tenido oportunidad de leer algún texto de este autor, les acerco algunas reflexiones que encontrarán en las páginas 9 a 27:

“ ... Hablaré sobre el estudio de la psicología, pero debo advertirles que la psicología de la cual me ocupo es muy diferente de cuanto ustedes puedan conocer bajo ese nombre.

Para comenzar debo decir que prácticamente nunca en su historia la psicología ha estado a un nivel tan bajo como en la actualidad. Ha perdido todo contacto con su origen y su significado, hasta tal punto que aún hoy es difícil definir la palabra <psicología>, esto es, precisar qué es la psicología y qué estudia. Y es así a pesar de que nunca en la historia ha habido tantas teorías psicológicas ni tantos escritos psicológicos.

A veces a la psicología se le llama una nueva ciencia. Esto no tiene ninguna razón. Quizá la psicología es la ciencia más antigua, y en sus rasgos más esenciales, desafortunadamente, una ciencia olvidada.

Para comprender cómo se puede definir la psicología es necesario darse cuenta de que la psicología nunca ha existido bajo su propio nombre, excepto en tiempos modernos. Por una u otra razón siempre se ha sospechado de tendencias equivocadas o subversivas de la psicología, ya sean religiosas, políticas o morales, y por tanto ha tenido que usar diferentes disfraces.

Durante miles de años la psicología existió bajo el nombre de filosofía. En la India todas las formas de Yoga, que son esencialmente psicología, se describen como uno de los seis sistemas de filosofía. Las enseñanzas sufíes, que ante todo son psicológicas, se consideran en parte religiosas y en parte metafísicas. En Europa, hasta no hace mucho tiempo, en las últimas décadas del siglo diecinueve, muchos trabajos sobre psicología eran considerados como filosofía. Y a pesar de que casi todas las subdivisiones de la filosofía, tales como la lógica, la teoría del conocimiento, la ética, la estética, se referían al trabajo de la mente humana o de los sentidos, la psicología era considerada como inferior a la filosofía y como relacionada sólo con los lados más bajos o más triviales de la naturaleza humana.

Paralelamente a su existencia bajo el nombre de filosofía, la psicología existió aún por más tiempo conectada con una u otra religión. Esto no quiere decir que la religión y la psicología alguna vez fueron una y la misma cosa, ni que la conexión entre religión y psicología fuera reconocida. Pero no hay duda de que casi todas las religiones conocidas -por supuesto no me refiero a las falsas religiones modernas- desarrollaron uno u otro tipo de enseñanza psicológica conectada a menudo con cierta práctica, de manera que el estudio de la religión, muy frecuentemente, incluía en sí mismo el estudio de la psicología.

Hay muchos trabajos excelentes sobre psicología en la bastante ortodoxa literatura religiosa de diferentes países y épocas. Por ejemplo, en los primeros tiempos del Cristianismo, había bajo el nombre general de Filocalia una colección de libros de diferentes autores, usada en la actualidad en la Iglesia Oriental, especialmente para la instrucción de los monjes.

Durante el tiempo en que la psicología estuvo conectada con la filosofía y la religión, también existía bajo la forma de Arte. La Poesía, el Drama, la Escultura, la Danza y aun la Arquitectura eran medios de transmisión del conocimiento psicológico. Por ejemplo, las catedrales góticas eran en su sentido primordial tratados de psicología.

En la antigüedad, antes de que la filosofía, la religión y el arte adoptaran formas separadas, bajo las cuales las conocemos ahora, la psicología había existido en forma de Misterios, tales como los de Egipto y de la antigua Grecia.

Posteriormente, luego de la desaparición de los Misterios, la psicología existió en forma de enseñanzas simbólicas, que algunas veces estaban ligadas a la religión de la época y otras no, como en los casos de la astrología, la alquimia, la magia; y entre los más modernos, la Masonería, el Ocultismo y la Teosofía.

* * *
 
Aquí es necesario notar que todos los sistemas psicológicos y doctrinas, tanto los que existen o los que existieron abiertamente como los que fueron ocultos o disfrazados, pueden dividirse en dos categorías principales.

Primero: los sistemas que estudian al hombre tal como ellos lo encuentran, o tal como ellos suponen o lo imaginan ser. La psicología <científica> moderna, o lo que se conoce bajo este nombre, pertenece a esta categoría.

Segundo: los sistemas que estudian al hombre no desde el punto de vista de lo que es, o de lo que parece ser, sino desde el punto de vista de lo que puede llegar a ser; esto es, desde el punto de vista de su posible evolución.

Estos últimos sistemas son en realidad los originales, o en todo caso los más antiguos, y sólo ellos pueden explicar el origen olvidado y el significado de la psicología.

Cuando comprendemos la importancia del estudio del hombre desde el punto de vista de su posible evolución, comprendemos que la primera respuesta a la pregunta: ¿qué es psicología? Debería ser que la psicología es el estudio de los principios, leyes y hechos de la posible evolución del hombre. ...

... La verdad es que antes de que el hombre adquiera cualesquiera nuevas facultades o poderes, que no conoce ni posee ahora, tiene que adquirir facultades y poderes que tampoco posee, pero que se arroga a sí mismo; es decir, que cree que las conoce y que las puede usar o controlar.

Este es el eslabón que falta, y este es el punto más importante.

Por el camino de la evolución, que ha sido descrito como un camino basado en el esfuerzo y en la ayuda, el hombre debe adquirir cualidades que cree que ya posee, pero sobre las cuales se engaña a sí mismo.

Para poder comprenderlo mejor y saber qué facultades y poderes puede adquirir el hombre, tanto completamente nuevos como inesperados, y también aquellos que se imagina que ya posee, tenemos que partir del conocimiento general que tiene el hombre de sí mismo. 

Y así llegamos, de inmediato, a un hecho muy importante.
El hombre no se conoce a sí mismo.
No conoce ni sus propias limitaciones ni sus propias posibilidades.Ni siquiera conoce lo mucho que no se conoce. 

El hombre ha inventado muchas máquinas, y sabe que una máquina complicada necesita algunas veces años de estudio cuidadoso antes de poder usarla o controlarla. Pero no aplica este conocimiento a sí mismo, aunque él mismo sea una máquina mucho más complicada que cualquier máquina que haya inventado.

Tiene toda clase de ideas falsas acerca de sí mismo. Ante todo, no se da cuenta de que él es verdaderamente una máquina.

¿Qué quiere decir que el hombre es una máquina?.

Quiere decir que no tiene movimientos independientes, ni dentro ni fuera de él. Es una máquina puesta en movimiento por influencias externas y por impactos exteriores. Todos sus movimientos, acciones, palabras, ideas, emociones, humores y pensamientos son producidos por influencias exteriores. Por sí mismo, es tan sólo un autómata con cierta provisión de recuerdos de experiencias previas y cierta cantidad de energía de reserva.

Tenemos que comprender que el hombre no puede hacer nada.

Pero él no se da cuenta de ello y se atribuye la capacidad de hacer. Esta es la primera cosa falsa que el hombre se arroga.

Esto tiene que comprenderse con toda claridad. El hombre no puede hacer. Todo lo que el hombre cree que hace, en realidad sucede. Sucede exactamente como <llueve> o <nieva>.

En español no hay formas impersonales de verbos que se pueden usar en relación con las acciones del hombre. De manera que tenemos que seguir diciendo que el hombre piensa, lee, escribe, ama, odia, comienza guerras, pelea, etc. En realidad todo ello sucede.

El hombre no puede moverse, pensar o hablar de motu propio. Es una marioneta tirada de aquí y de allá por hilos invisibles. Si así lo comprende puede aprender más sobre sí mismo, y tal vez entonces las cosas comiencen a cambiar para él. Pero si no puede darse cuenta ni comprender su total mecanicidad, o si no quiere aceptarla como un hecho, no puede aprender nada más y las cosas no pueden cambiar para él.

El hombre es una máquina, pero una máquina muy peculiar. Es una máquina que, en las circunstancias adecuadas, y con el tratamiento adecuado, puede saber que es una máquina. Al darse plena cuenta de ello puede encontrar los medios para dejar de ser una máquina. ...”

Espero que hayan disfrutado de esta lectura, tanto como yo lo he hecho.  Dicen que existen testimonios de que entre los más asiduos asistentes a las conferencias de Ouspensky, se hallaban figuras de la talla de Aldous Huxley, T. S. Elliot, Gerard Heard y Maurice Nicoll entre otros periodistas, escritores y científicos famosos. Hoy, nosotros también -de alguna forma- hemos sido partícipes de alguna de ellas ...


Bendiciones.


viernes, 13 de septiembre de 2013

Matrimonios y algo más ...


Habiéndome adentrado en la lectura del libro “Volver al amor” cuya autoría corresponde a Marianne Williamson (auténtica celebridad en Estados Unidos, donde expone sus ideas sobre espiritualidad y enseña los principios básicos de Un curso de milagros. Es fundadora de organizaciones sin ánimo de lucro que proporcionan servicios no médicos a personas con enfermedades graves) y del cual ya les he acercado algunas reflexiones en un compartir anterior, nuevamente me siento motivada para citarles otro texto que -a mi entender- contiene una sabiduría y una riqueza de Vida absolutamente imperdible. En un tema tan fundamental como lo es el de las “relaciones matrimoniales”, el aporte que Marianne nos acerca en las páginas 177 a 186 -desde mi punto de vista- resulta de capital importancia a los efectos de realizar un profundo análisis de nuestros sentimientos, conceptos y/o vivencias habidas con respecto al “matrimonio”.

Comienza el texto con el título de “El matrimonio” y, seguidamente, nos dice que:

“<Juntos asumisteis la empresa de invitar al Espíritu Santo a formar parte de nuestra relación.>

Al matrimonio, como a todo lo demás, tanto lo puede usar el ego como el Espíritu Santo. Su contenido no está nunca predeterminado. Es un organismo viviente que continuamente refleja las opciones de los individuos que lo forman.

Muy poco hay en este mundo que siga siendo sagrado, pero hay algo que debe ser tratado con reverencia para que la trama moral del mundo no se desintegre: un acuerdo entre dos personas. Un matrimonio iluminado es un compromiso para participar en el proceso de recíproco crecimiento y mutuo respeto, compartiendo el objetivo común de servir a Dios.

Un hombre me contó una vez que su relación con su ex mujer funcionó estupendamente durante el primer año que vivieron juntos. En aquella época ambos participaban activamente en una organización dedicada al crecimiento personal, pero cuando la abandonaron, el matrimonio se fue a pique. De todos modos, esto no significa que el matrimonio no tuviera nada a su favor, sino que más bien revela la importancia de un contexto mayor que las preocupaciones personales de uno de los miembros de la pareja e incluso de los dos.

¿Por qué el matrimonio es un compromiso más profundo que otras formas de relación, como la de una pareja que simplemente convive? Porque es un acuerdo en el sentido de que, por más que pueda haber una buena cantidad de sacudidas y gritos, nadie se irá dando un portazo. Ambos tenemos la seguridad de que podemos expresar cualquier emoción que brote de nuestras profundidades -y si somos honestos-, de que hacerlo en este ámbito es seguro. Nadie se irá.

El compromiso del matrimonio se declara públicamente. Cuando hay invitados a la boda y la ceremonia es religiosa, se cumple con un ritual en el que las plegarias colectivas forman un círculo de luz y de protección en torno de la relación.

Un matrimonio es un regalo de Dios para un hombre y una mujer, un regalo que después Le ha devuelto. La esposa de un hombre es literalmente un regalo que le hace Dios. El esposo de una mujer es el regalo que le hace Dios. Pero los regalos de Dios siempre son para todos. Por lo tanto, se supone que un matrimonio ha de ser una bendición para el mundo, porque es un contexto en el que dos personas pueden llegar a ser más de lo que habrían sido solas. Para el mundo entero es una bendición la presencia de gente sanada. Uno de los ejercicios del Libro de ejercicios reza así: <Cuando me curo, no soy el único que se cura>.

El apoyo y el perdón de nuestra pareja nos permiten situarnos más magníficamente en el mundo. Un curso de milagros nos dice que el amor no ha de ser exclusivo, sino inclusivo. Hace varios años se popularizó una canción cuyo estribillo decía: <Tú y yo contra el mundo>. Si alguna vez un hombre me dijera eso, yo le diría que me cambio de lado. No nos casamos para escapar del mundo, sino para sanarlo y unirlo.

Bajo la guía del Espíritu Santo, un matrimonio se compromete a crear un contexto en el que los recursos individuales de cada uno, tanto materiales como emocionales y espirituales, estén puestos al servicio del otro. Lo que demos recibiremos. Servicio no significa sacrificio de uno mismo, sino dar a las necesidades de otra persona la misma importancia que a las nuestras. El ego insiste en que una persona gane a expensas de la otra. El Espíritu Santo entra en cualquier situación llevando el triunfo a cada uno de los que participan en ella. En el matrimonio tenemos una maravillosa oportunidad de ver a través del espejismo de las necesidades separadas. La pareja no ha de pensar solamente en lo que es bueno para él o ella, sino en lo que es bueno para los dos. Esta es una de las muchas maneras en que el matrimonio puede colaborar en la sanación del Hijo de Dios.

Como sucede con todo, la clave del éxito de un matrimonio es la percepción consciente de Dios. El matrimonio Le es ofrecido para que lo use para Sus propios fines.

Es verdad el refrán que dice que la familia que reza unida se mantiene unida. El matrimonio iluminado incluye la presencia de un tercero místico. Se pide al Espíritu Santo que guíe las percepciones, los pensamientos, los sentimientos y las acciones para que en esto, como en todas las cosas, se haga la voluntad de Dios así en la tierra como en el Cielo. ...”


Espero que hayan ustedes disfrutado de esta lectura tanto como yo lo he hecho. Poco y nada quedaría por agregar; aunque sería oportuno -tal vez- recordar unas célebres palabras que dicen: “no separe el hombre lo que Dios ha unido”. TODOS SOMOS UNO. TODO ES UNO.


Bendiciones.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La Ley del Exito ...


En esta oportunidad, les acerco un texto que me parece de suma importancia para toda persona deseosa de “... lograr prosperidad, salud y felicidad mediante el poder del Espíritu”, según puede leerse en la portada del libro titulado “La Ley del Éxito” y cuya autoría corresponde a Paramahansa Yogananda (1983-1952; mundialmente conocido como una de las personalidades más ilustres de nuestro tiempo, habiendo dado a conocer a millones de lectores la perenne sabiduría de Oriente a través de la célebre historia de su vida).

Coincido con lo expresado en la solapa delantera del mismo cuando dice que “Mientras más rápidamente se mueve el mundo, más importante se torna la necesidad de disminuir nuestro propio ritmo y mirar hacia el interior de nosotros mismos, a fin de descubrir qué es lo que nos hace verdaderamente feliz. Este libro de extraordinaria visión constituye una guía, profundamente motivadora y de extraordinario sentido práctico, para el desarrollo de los atributos innatos que nos permitirán alcanzar las más altas metas y el éxito perdurable. Obra plena de sabiduría práctica y perceptible, La ley del éxito examina los orígenes espirituales de la creatividad, el pensamiento positivo y la voluntad dinámica, así como también el poder que tienen el autoanálisis y la meditación para conducirnos al éxito. La ley del éxito nos muestra cómo cada uno de nosotros puede atraer en forma natural la armonía y la felicidad -lo cual es la medida de la eficacia real con que vivimos cada fase de nuestra existencia-, desarrollando los potenciales ilimitados que provienen de las fuerzas más recónditas de nuestro ser.”

En mi búsqueda permanente de lograr una unión plena con Dios, siento que esta clase de lecturas me ayudan a transitar el extenso camino de regreso a nuestro verdadero hogar: nuestro Yo Superior. Ese Yo que se hace uno con Dios y que se simboliza con la palabra “AMOR”.

A mi criterio, resulta por demás interesante reflexionar sobre un tema que para todos los seres humanos, es origen de vaivenes emocionales de diversa índole. En las páginas 40 a 49, encontramos una referencia más que válida -en mi opinión- a los efectos de dirigir nuestro accionar hacia metas viables de ser alcanzadas:

“... La vía de la meditación ...

... A través del poder de la concentración y de la meditación, es posible encauzar el inagotable potencial de tu mente en tal forma que te conduzca hacia la materialización de tus deseos, protegiendo a la vez todas las puertas contra la entrada del fracaso. Todos los hombres y mujeres de éxito dedican un tiempo considerable a la concentración profunda. Ellos son capaces de sumergirse hondamente en el océano de sus propias mentes, descubriendo allí las perlas de las soluciones correctas para los problemas que les preocupan. Si aprendes cómo retirar tu atención de todos los objetos de distracción, concentrándola por entero en un solo objeto, aprenderás también cómo atraer a voluntad todo cuanto necesites.

Antes de comprometerte en cualquier asunto de trascendencia, siéntate serenamente, aquieta tus sentidos y tus pensamientos, y medita profundamente; serás guiado entonces por el gran poder creador del Espíritu. A continuación, deberás emplear todos los medios materiales necesarios para conquistar tu meta.

No necesitas en tu vida sino solamente aquellos objetos que te servirán de ayuda en la realización de tu propósito fundamental. Todo aquello que tal vez deseas, mas no necesitas, puede desviarte de tal propósito. Sólo se alcanza el éxito cuando se subordina todo lo demás en función de su objetivo primordial.

El éxito se mide por la felicidad

Piensa detenidamente si acaso la conquista de la meta que has elegido te significará o no el éxito. ¿Qué es lo que constituye el éxito? Si dispones, por ejemplo, de salud y de riquezas, mas tienes conflictos con todo el mundo -incluso contigo mismo- entonces tu vida no es ciertamente exitosa. Vana se vuelve tu existencia cuando no puedes encontrar en ella la felicidad. Cuando pierdes tu fortuna, has perdido poco; cuando pierdes la salud, has perdido algo de mayor trascendencia; mas cuando pierdes tu paz mental, entonces has perdido, en verdad, el mayor tesoro.

El éxito, por lo tanto, debería medirse por el criterio de la felicidad, es decir, por tu capacidad para permanecer en serena armonía con las leyes del cosmos. No es posible medir correctamente el éxito aplicando los barómetros mundanos de la riqueza, el prestigio y el poder, ya que ninguno de ellos garantiza la felicidad, salvo que sean empleados en forma correcta. Y para poder hacer un uso correcto de tales dones, debemos poseer sabiduría, y amar a Dios y a los hombres.

Dios no te premia ni te castiga. El te ha dotado del poder de autopremiarte o de autocastigarte, por medio del uso o abuso que hagas de tu propia razón y de tu fuerza de voluntad. Cuando se transgreden las leyes de la salud, la prosperidad y la sabiduría, inevitablemente se debe sufrir la enfermedad, la pobreza y la ignorancia. Así pues, deberías fortalecer tu mente, y rehusar continuar soportando la carga de tus propias debilidades psicológicas o morales, adquiridas en el pasado: quémalas en el fuego de tus divinas resoluciones presentes y de tus buenas obras actuales; a través de esta constructiva actitud, alcanzarás la libertad.

La felicidad depende en cierto grado de las condiciones externas, pero, fundamentalmente, de nuestras actitudes mentales. Para ser felices deberíamos poseer buena salud, una mente equilibrada, una vida próspera, un trabajo adecuado, un corazón agradecido y, sobre todo, sabiduría o conocimiento de Dios.

Si adoptas la firme resolución de ser feliz, ello te ayudará. No esperes que las circunstancias se modifiquen, pensando erróneamente que es en ellas en donde yace el problema. No hagas de la infelicidad un hábito crónico, afligiendo así a quienes te rodean y a ti mismo. El hecho de que seas feliz constituye una verdadera bendición, tanto para ti mismo como para los demás. Si posees la felicidad, lo posees todo; ser feliz es estar en armonía con Dios. Tal capacidad de ser feliz viene a través de la meditación.

Permite que el poder de Dios guíe tus esfuerzos

Pon en acción el poder que ya tienes, empleándolo en propósitos constructivos, y desarrollarás así mayor poder. Avanza en tu sendero con una actitud de inquebrantable determinación, empleando todos los atributos del éxito en tu empresa. Sintonízate con el poder creador del Espíritu. Estarás entonces en contacto con la Inteligencia Infinita, capaz de guiarte y de resolver todos los problemas. Así, desde la dinámica Fuente de tu ser, manará un ininterrumpido flujo de poder que te capacitará para desempeñarte en forma creativa en cualquier esfera de actividad.

Antes de decidir cualquier asunto de trascendencia, siéntate en silencio, pidiéndole al Padre su bendición. Si obras así, en el fondo de tu poder, actuará el poder de Dios; en el fondo de tu mente, estará su mente; y en el fondo de tu voluntad, su voluntad. No puedes fracasar si Dios trabaja contigo; y cuando así sucede, todas tus facultades aumentan su poder. Cada vez que realizas tu trabajo con la idea de servir a Dios, recibes sus bendiciones.

Aun cuando tu trabajo en esta vida sea humilde, no te sientas obligado a justificarte por ello; siéntete más bien orgulloso de estar cumpliendo con la tarea que el Padre te ha dado. El te necesita en tu lugar particular; no todos pueden desempeñar el mismo papel. Mientras trabajes con el objeto de complacer a Dios, todas las fuerzas cósmicas colaborarán armoniosamente contigo.

Cuando convenzas a Dios de que le deseas a El por encima de todo, estarás en armonía con su voluntad. Cuando continúas buscándole, a pesar de todos los obstáculos que surgen a tu paso para alejarte de El, estás empleando la voluntad humana en su forma más altamente constructiva. Y es en esa forma como pondrás en acción la ley del éxito, conocida por los sabios de la antigüedad, y comprendida por todo ser humano que haya alcanzado el verdadero éxito. El poder Divino está en tus manos, si realizas un decidido esfuerzo por hacer uso de él para alcanzar la salud, la felicidad y la paz. En la medida en que abarques estas metas en tu vida, avanzarás ciertamente por el camino de la autorrealización (o realización de tu Ser espiritual), hacia tu verdadera morada en el Señor.

Afirmación

Padre Celestial, yo razonaré, ejerceré mi voluntad y actuaré, mas te pido que seas Tú, Padre Celestial, quien guíe siempre mi razón, mi voluntad y mi acción, hacia la meta correcta.” (*)

(*) resaltar es de mi autoría


Bendiciones.


martes, 10 de septiembre de 2013

El Perdón en Los Milagros ...

A poco de comenzar a leer el libro titulado “Volver al amor” me sentí inspirada a compartir, con ustedes, algunas reflexiones contenidas en el mismo. La autoría de tan magnífica obra -cuya lectura recomiendo- corresponde a Marianne Williamson (auténtica celebridad en Estados Unidos, donde expone sus ideas sobre espiritualidad y enseña los principios básicos de Un curso de milagros. Es fundadora de organizaciones sin ánimo de lucro que proporcionan servicios no médicos a personas con enfermedades graves). Su genuino talento para trasmitir las efusiones que el Espíritu infunde en todos los Seres Humanos (sin distinción alguna) y su expresión abierta a la hora de relatar experiencias de su propia existencia, invitan a aquietar nuestra Mente y a re-conectarnos con nuestro Corazón, dejando una estela de Paz a medida que vamos adentrándonos en la naturaleza de nuestro verdadero SER.

Como bien dice en la contratapa del libro: “Con los años hemos ido perdiendo la enorme capacidad de amar, nos alejamos del poder de la imaginación y de la fe en los milagros de que disfrutan los niños. Lo hemos ido sustituyendo por normas, obligaciones y obsesiones que nos impiden ser felices. Volver al amor es una guía espiritual para recuperar esa capacidad perdida, para regresar al prodigio de nuestro nacimiento, para aceptar el amor que nos hemos estado negando. A partir de su experiencia en Un curso de milagros, Marianne Williamson da un nuevo sentido a la terminología religiosa y busca su esencia, su significado más íntimo y profundo. Con su guía, podremos acercar lo milagroso a los problemas de cada día, el trabajo, la salud, las relaciones personales...”


“Tu santidad invierte todas las leyes del mundo. Está más allá de cualquier restricción de tiempo, espacio, distancia, así como de cualquier clase de límite”.

Esta expresión puede leerse en la introducción que se encuentra en el capítulo 5, titulado Los milagros; precediendo al texto que bajo la denominación El perdón, nos acerca otra expresión tan cierta como la anterior:

“Ante el glorioso Resplandor del Reino, la culpabilidad se desvanece, y habiéndose transformado en bondad, ya nunca volverá a ser lo que fue.”

En las páginas 79 a 84, descubrimos que:

“<Los milagros ocurren naturalmente como expresiones de amor>. Reflejan un cambio en nuestra manera de pensar, un cambio que libera el poder de la mente hacia los procesos de sanación y rectificación.

Esta sanación asume muchas formas. A veces, un milagro es un cambio en las condiciones materiales, como puede ser una cura física. Otras veces es un cambio psicológico o emocional. Y no tanto un cambio en una situación objetiva -aunque con frecuencia también eso ocurra- como en la forma en que nosotros la percibimos. Lo que cambia es, principalmente, la manera como se nos aparece en la mente una experiencia, es decir, la vivencia que tenemos de ella.

El mundo humano, con nuestra absoluta concentración en el comportamiento y en todo lo que acontece fuera de nosotros, es un mundo engañoso. Es un velo que nos separa de un mundo más real, un sueño colectivo. El milagro no consiste en disponer de otra manera las imágenes del sueño. El milagro es despertarnos.

Al pedir milagros, lo que buscamos es un objetivo práctico: un retorno a la paz interior. No pedimos que cambie nada externo a nosotros, sino algo que está en nuestro interior. Vamos en busca de una perspectiva vital más suave, más tierna.

La vieja física newtoniana sostenía que las cosas tienen una realidad objetiva independientemente de cómo las percibimos. La física cuántica, y más especialmente el principio de incertidumbre de Heisenberg, nos revela que a medida que nuestra percepción de un objeto cambia, el objeto mismo, literalmente, también cambia. La ciencia de la religión es la ciencia de la conciencia, porque en última instancia toda creación se expresa por mediación de la mente. Así pues, tal como se afirma en Un curso de milagros, nuestra herramienta más eficaz para cambiar el mundo es nuestra capacidad para <cambiar de mentalidad con respecto al mundo>.

Como el pensamiento es el nivel creativo de las cosas, cambiar la mente es la potenciación personal fundamental. Aunque escoger el amor en vez del miedo sea una decisión humana, el cambio radical que ésta produce en todas las dimensiones de nuestra vida es un regalo de Dios. Los milagros son unas <intercesiones en nombre de nuestra santidad>, procedentes de un sistema de pensamiento que se encuentra más allá del nuestro. Es la presencia del amor, las leyes que rigen el estado normal de las cosas quedan superadas. El pensamiento que ya no tiene ningún límite nos aporta una experiencia que ya no tiene ningún límite.

Nuestra herencia son las leyes que rigen el mundo en que creemos. Si nos consideramos seres de este mundo, entonces nos regirán las leyes que lo rigen: las de la escasez y la muerte. Si nos consideramos hijos de Dios, cuyo verdadero hogar se encuentra en un nivel de conciencia allende este mundo, nos percataremos entonces de que <no nos gobiernan otras leyes que las de Dios>.

Nuestra percepción de nosotros mismos determina nuestro comportamiento. Si creemos que somos criaturas pequeñas, limitadas, inadecuadas, tenderemos a comportarnos de esa manera, y la energía que irradiaremos reflejará esa creencia, no importa lo que hagamos. Si pensamos que somos criaturas magníficas, con una abundancia infinita de amor y de capacidad de dar, entonces tenderemos a conducirnos de esa manera, y la energía que nos rodee reflejará nuestro estado de conciencia.

<Los milagros, como tales, no se han de dirigir conscientemente>. Se producen como efectos involuntarios de una personalidad amorosa, de una fuerza invisible que emana de alguien cuya intención consciente es dar y recibir amor. A medida que nos liberamos de los miedos que bloquean el amor que llevamos dentro, nos convertimos en instrumentos de Dios, en Sus obradores de milagros.

Dios, en cuanto amor, se expande constantemente, floreciendo y creando nuevas pautas para la expresión y el logro del júbilo. Cuando a nuestra mente, centrada en el amor, se le permite que sea un canal abierto por el que Dios se expresa, nuestra vida se convierte en el medio de expresión de ese júbilo. Este es el significado de nuestra vida. Estamos aquí como representaciones físicas de un principio divino. Decir que estamos en la tierra para servir a Dios significa que estamos en la tierra para amar. ...”

“... El Curso habla del plan de Dios para la salvación del mundo, lo llama <el plan de los maestros de Dios>. El plan llama a los maestros de Dios a sanar el mundo valiéndose del poder del amor. Esta enseñanza tiene muy poco que ver con la comunicación verbal, y todo que ver con una cualidad de la energía humana. <Enseñar es demostrar>. Un maestro de Dios es cualquiera que opte por serlo. <Los maestros de Dios proceden de todas partes del mundo, y de todas las religiones, aunque algunos no pertenecen a ninguna religión. Los maestros de Dios son los que han respondido>. La frase <Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos> significa que <a todos se los llama, pero pocos se preocupan por escuchar>. La llamada de Dios es universal, se emite para todas las mentes en todo momento. Sin embargo, no todos optan por atender a la llamada de su propio corazón. Como demasiado bien lo sabemos todos, poco les cuesta a las voces chillonas y frenéticas del mundo exterior sofocar la tímida vocecita interior del amor.

Nuestro trabajo como maestros de Dios, si decidimos aceptarlo, consiste en buscar constantemente, en nuestro interior, una mayor capacidad de amor y de perdón. Hacemos esto mediante una <forma selectiva de recordar>, mediante una decisión consciente de recordar únicamente los pensamientos amorosos y de desaferrarnos de cualesquiera pensamientos atemorizantes. Este es el significado del perdón, una importante piedra angular de la filosofía de Un curso de milagros. Como muchos de los términos tradicionales usados en el Curso, también éste se utiliza de una manera nada tradicional.

Tradicionalmente, pensamos que perdonar es algo que debemos hacer cuando creemos que alguien es culpable de algo. En el Curso, sin embargo, se nos enseña que nadie es culpable, que no hay culpa, porque sólo el amor es real. Nuestra función consiste en ver, a través de la falsa idea de la culpa, la inocencia que está más allá. <Perdonar no es otra cosa que recordar únicamente los pensamientos amorosos que diste en el pasado, y aquellos que se te dieron a ti. Todo lo demás debe olvidarse>. Lo que se nos pide es que extendamos nuestra percepción más allá de los errores que nuestras percepciones físicas nos revelan -lo que alguien hizo, lo que alguien dijo-, para captar la santidad en ellos que sólo el corazón nos revela. Entonces, de hecho, no hay nada que perdonar. Lo que tradicionalmente se ha entendido por perdón -lo que en el Canto de la oración se llama <perdón para destruir>- es, por lo tanto, un acto de enjuiciamiento. Es la arrogancia de alguien que se ve a sí mismo como mejor que otra persona, o quizá como igualmente pecador, lo que sigue siendo una percepción errónea y una expresión de la arrogancia del ego.

Como todas las mentes están conectadas, que alguien rectifique su percepción es, en algún nivel, una sanación de la mente de la raza humana como tal. La práctica del perdón es la contribución más importante que podemos hacer a la sanación del mundo. De personas enfadadas no se puede esperar que creen un planeta pacífico. A mí  me divierte recordar cómo me enojaba cuando la gente no quería firmar mis escritos en petición de paz.

El perdón es un trabajo de dedicación completa, y a veces muy difícil. No conseguimos perdonar siempre, pero hacer el esfuerzo es nuestra vocación más noble. Es la única probabilidad real que podemos ofrecer al mundo de volver a empezar. Un perdón radical es una liberación completa del pasado, tanto respecto a las relaciones personales como respecto a las tragedias colectivas. ...”

¡Cuánto bien nos haría que nuestros semejantes Barack Obama y Bashar al-Assad entendieran esto y lo pusieran en práctica!. ¡Cuánto bien nos haría como “Humanidad” (recordemos que TODO ES UNO y que TODOS SOMOS UNO) que estas palabras calaran hondo en el Corazón de estas dos personas que ocupan un lugar tan destacado en este bendito planeta Tierra!.

En sentida unidad con todos aquellos que eleven plegarias y/o alcen sus voces -en todas partes del Universo- abogando por la Paz Mundial, los invito a reflexionar sobre todo lo que acaban de leer y a interceder, los unos por los otros, a fin de contribuir en la gestación de un nuevo orden mundial basado en el AMOR.


Bendiciones.

lunes, 26 de agosto de 2013

Intoxicados ... pero de Amor

Hace un par de días, y debido a que mi mascota -un caniche toy llamado Tony- fue diagnosticado como diabético (¡jamás había escuchado que la diabetes también fuera patrimonio canino!), me enteré -gracias a las sendas explicaciones de la veterinaria que lo atendió- de cuán peligroso puede ser el hecho de que los riñones no funcionen como la Madre Naturaleza les ha indicado que sí lo hagan. Según fui informada, este par de órganos -tanto en humanos como en los animales- cumplen la función de limpiar la sangre de las impurezas del cuerpo (son filtros sumamente selectivos), procediendo a su eliminación a través de la orina. Y no sólo se encargan de tan saludable tarea sino de otras muchas, tan importantes como ésta; pero ¿saben ustedes qué sucede cuando no funcionan correctamente?. Pues resulta que realizan la tarea inversa: desechan todo lo que sirve y se quedan con todo lo que no sirve. En pocas palabras: las toxinas no son eliminadas y comienzan a intoxicar a todo el organismo. ¡Un verdadero desastre!.

Esto me llevó a reflexionar acerca de un tema que nos atañe a todos los Seres Humanos. Como tales, contamos con un cuerpo físico -el cual puede enfermarse producto del mal funcionamiento de un órgano-  pero también contamos con un cuerpo psíquico, uno mental y uno espiritual. Entonces me pregunto: ¿Dónde se encuentra ese “sosias” del “riñon” que debería filtrar los pensamientos, los sentimientos y las emociones tóxicas para luego proceder a eliminarlas? ¿Qué pasará cuando aquello que pensamos o sentimos está “intoxicado”? ¿Qué pasará cuando nuestras emociones están “intoxicadas”?. Tal vez, sea la cultura del “ego” aquella que sin darnos cuenta, va introduciendo -lenta pero certeramente- hábitos y costumbres que van intoxicando -poco a poco- nuestros pensamientos, emociones y sentimientos.

Al parecer, la Humanidad está transitando una época que se podría definir como caótica y muy convulsionada por una serie de sucesos, tantos naturales como gestados por la mano del hombre. Y en este proceso, todas nuestras vivencias se ven afectadas por todo tipo de vibraciones que impactan en nuestros distintos cuerpos: físico, mental, psíquico y espiritual. De todos ellos, sólo uno permanece invariable: nuestro cuerpo espiritual. Nuestra verdadera naturaleza se halla en el Espíritu. Como bien dijo alguna vez Teilhard de Chardin: “Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana y no seres humanos viviendo una experiencia espiritual”. ¿Por dónde empezar entonces a “desintoxicarnos”? ¿Cómo es el proceso de “Sanación” que nos lleva a purificar nuestras emociones, sentimientos y pensamientos?. Al respecto, algunas religiones o creencias ofrecen herramientas tales como la “meditación” o la “oración” (entendida esta última como plegaria) para ayudarnos en nuestro camino de regreso a casa, de retorno a nuestra verdadera morada, a nuestro verdadero hogar: el Espíritu que todo lo anima. Nos ayudan a “filtrar”, a “eliminar” todo lo que no sirve -y que por ende nos “intoxica”- y a rescatar todo aquello que nos hace sentir plenos, felices.

A propósito de ello, en el libro “Poder Gracia Libertad” – La fuente de la felicidad permanente, cuya autoría corresponde al talentoso Deepak Chopra, en las páginas 155 a 158, contamos con una excelente reflexión acerca de un tema muy afín como lo es el de las “adicciones”. Al respecto nos dice que:

“… La adicción es la enfermedad número uno de la civilización, y está directa e indirectamente relacionada con todas las demás enfermedades. Además de las adicciones físicas, como la adicción a la comida, el tabaco, el alcohol y las drogas, hay adicciones psicológicas, como la adicción al trabajo, al sexo, a la televisión, a comprar, a parecer joven, a controlar, a sufrir, a la ansiedad, al melodrama, a la perfección.

¿Por qué somos adictos a todas estas cosas? Somos adictos porque no estamos viviendo desde nuestra fuente; hemos perdido la conexión con nuestra alma. Usar la comida, el alcohol o las drogas es esencialmente una respuesta material a lo que no es realmente físico en su base. La embriaguez, por ejemplo, es en realidad un olvido de la memoria personal para poder experimentar la alegría de lo no personal, lo universal. Lo que buscamos es alegría pura en vez de la mera sensación, o incluso el olvido de la sensación. El comportamiento autodestructivo es un anhelo espiritual no reconocido. Todas las adicciones son en realidad una búsqueda del júbilo del espíritu, y esta búsqueda tiene que ver con la expansión de la consciencia, la intoxicación del amor, que es consciencia pura.

Una y otra vez, la gente ha intentado superar sus adicciones con métodos psicológicos y conductistas. Ninguno de ellos ofrece una cura permanente. La única cura para la adicción es espiritual. Anhelamos la experiencia extática, que es una necesidad tan básica como la necesidad de comida, agua o cobijo. Extasis, o ekstasis, significa literalmente salirse. El verdadero éxtasis es salirse de la esclavitud del mundo del materialismo, sujeto al tiempo y sujeto al espacio. Ansiamos salirnos de las limitaciones del cuerpo. Ansiamos ser libres del miedo y la limitación. Anhelamos el olvido de nuestro ego para poder experimentar nuestro Ser infinito.

Empieza hoy a trascender tus comportamientos adictivos observándolos sin juzgar. Despierta cada día con una oración: <Gracias, Dios, por hacerme tal como soy>, y luego obsérvate a ti mismo. Sé un testigo de tus pensamientos, tus estados de ánimo, tus reacciones, tus comportamientos. Representan tus recuerdos del pasado, y al observarlos en el presente te liberas del pasado. Al observar tus comportamientos adictivos observas tu condicionamiento. Y cuando observas tu condicionamiento te liberas de él, porque no eres tu condicionamiento; eres el observador de tu condicionamiento.

Observa el silencio entre tus pensamientos, tus acciones, tus reacciones, y sentirás la presencia del espíritu en la quietud de esos espacios. Con la mera observación de ti mismo das comienzo al proceso de curación y transformación. Y si continúas practicando la conciencia siempre presente de tu propio ser, comenzarán a florecer el entendimiento, la intuición, la imaginación y la intención. …

… No importa lo histérico que parezca tu entorno, permanece alerta y sobrio en tu conciencia observadora siempre presente. Toma la determinación de no involucrarte en el melodrama que te rodea. Recuérdate a ti mismo: no soy ni superior ni inferior a nadie que existe. Santo o pecador, el espíritu que reside en mí, es el espíritu divino.

… Ninguno de nosotros somos los papeles que desempeñamos. Una vez que reconocemos esta verdad resulta fácil perdonar todo lo que percibimos como ofensas. No sentimos el deseo apremiante de poner etiquetas, evaluar, analizar o juzgar, ni a nosotros mismos ni a los demás. Cuando no necesitamos poner etiquetas o juzgar es más fácil abandonar el deseo de controlar y manipular a los demás.

Conociendo la verdadera naturaleza de la realidad es posible trascender el sufrimiento. Cuando trasciendes el sufrimiento, ayudas a los demás a trascender el sufrimiento. Según prosigues en tu viaje de curación, ayudas a los demás a curarse. Y puedes empezar a curarte observando sin juzgar tus comportamientos adictivos. Cuando encuentras tu verdadero ser, cuando te vuelves total, la única intoxicación que tienes es la intoxicación de la consciencia pura, el Ser puro. …”


Luego de tan magnífica explicación, creo que muy poco queda por agregar. Tal vez, sencillamente baste con recordar -una vez más- que TODO es UNO. TODOS SOMOS UNO.


 Bendiciones.